sábado, enero 05, 2008

Da fuckin' kiosko

A veces creo que vivo rodeado de gente estúpida. Es tan desesperante. Pero esto no es el tema de hoy, sino este:

Esa es la kioskera de la esquina. Cuando de niño me llevaban muy temprano al colegio, mientras la ciudad parecía aún adormilada y la luz todavía era escasa, al pasar frente al kiosko la veía colocando afanosamente los periódicos sobre el mostrador de su pequeño cubículo, abrigada con una bufanda, bajo la luz tenue de una bombilla. Eran los años ochenta y la kioskera tenía el pelo negro y cardado, los periódicos eran más grandes que ahora y ella, que siempre fue una mujer pequeña, más bien parecía estar levantando una trinchera de papel con la que protegerse del mundo y que, con el transcurso de las horas, iría menguando tras la visita de cada cliente fiel. Cuando volvía del colegio ella seguía allí, en su hueco de un metro cuadrado, rodeada de papel aunque ya más visible. Por la tarde me quedaba mirando los cromos que tenía expuestos, colgados en la puerta de cristal, imaginando que dentro de aquellos precisos sobres estaban los cromos que me faltaban para mis colecciones que, por lo demás, nunca conseguía terminar. Los años pasaron y ya nadie me acompañaba al colegio, ahora, antes de ir a coger el autobús, fumaba al lado o en frente del kiosko, cada mañana, temeroso de que me sorprendiese cualquier vecino con un cigarro en la mano, observando como el humo del tabaco se mezclaba con el vaho del amanecer sin que uno pudiera discernir cual era el origen de cada bocanada. Durante los primeros años de universidad ya no madrugaba tanto, ahora caminaba por la ciudad a mediodía, algo totalmente novedoso cuando uno lleva tantos años pasando la jornada completa en el colegio, ahora podía ver las calles de otra manera totalmente inédita, el bullicio de la una de la tarde, la gente tomando un vino después del trabajo, los que iban a comer el menú del día antes de reanudar la labor, el tráfico, y todo iluminado por la luz que venía de la posición más alta del sol y que daba a todo un aspecto diferente. Ella seguía allí, la kioskera, en la penumbra, despachando revistas y periódicos y acompañada, a esas horas, por un anciano deficiente mental –una especie de tonto del pueblo del centro de Oviedo- que se sentaba allí dentro en un taburete y pasaba unas horas con ella charlando sobre Dios sabe qué. Luego yo me mudé a Madrid a acabar la carrera, entre otras muchas cosas –demasiadas-. Al principio regresaba a menudo, cada mes, tenía más que hacer en Oviedo que en Madrid, llegué a la capital totalmente solo, con un pan bajo un brazo. A cada vuelta seguía viendo a la kioskera, enmarcada en revistas y fascículos, con la radio puesta, mirando aburrida a la gente que pasaba por la acera a través de los pocos huecos que las publicaciones dejaban libre en el cristal. Cuando mi vida se fue aposentando en Madrid y, paralelamente, casi todos mis amigos mudándose siguiendo mi camino, dejé de volver tan a menudo. Solo en las vacaciones. Como hago ahora, que ya he terminado muchas de las cosas que había iniciado y me dispongo a comenzar muchas otras. La kioskera sigue ahí, es esa que ya tiene que teñirse las canas -ya no cardadas- y que ha descubierto que las cremas antiarrugas no son la panacea que algunos dicen. Pienso en la cantidad de cosas que he pasado en más de veinte años. Todo lo que he visto. Todos las mudanzas, los cambios de ocupación, incluso de amigos. Y pienso en el horror de pasar veinte años en un metro cuadrado, menos que una celda, parapetada detrás de una montaña de papel, mirando el mundo cambiar día a día en las portadas de los periódicos. Cerrando al anochecer, volviendo bien de mañana. Nada más.

29 comentarios:

Miriam G. dijo...

Efectivamente vives rodeado de gente estúpida.

Meha gustado el texto, la moral(eja/ina) final menos.

Un beso, Miriam G.

Sebas dijo...

A mi tampoco me ha gustado la moraleja final. Estaría bien la historia contada por la vendedora de periodicos... Viendo todos los días las mismas caras, saludando a sus vecinos, viendolos crecer.. La vida a través de su cubiculo.

Saludos Txe.

Anónimo dijo...

¿Quién no se siente quiosquera de vez en cuando? POr cierto, creo haberle visto Señor txe, el otro día, en un par de bares. No le dije nada, por que nada que decir tenía, pero le reconocí. divertido esto de ser kioskera, from time to time... ;)

Alnitak dijo...

A mi me pasa mucho con mis compañeros de colegio, vuelvo y siguen con los mismos amigos en el mismo sitio, el mismo trabajo y la misma novia, pero con los años me he dado cuenta de que ellos son felices así.

juan rafael dijo...

Bueno, yo estoy en una tienda, no en las mismas circunstancias, pero sí, un poco la entiendo.

Jo dijo...

Sacrificado es, desde luego. A mí de pequeño lo que más me preocupaba era que en los quioscos no hubiera cuarto de baño.

Anónimo dijo...

Yo le preguntaría a la mujer si es feliz así. Posíblemente ella prefiera pegarse un tiro antes de hacer la vida que haces tú: "Señora, váyase usted a Madrid, comparta piso con dos o tres cualquiera, estudie una carrera bien rara y luego busque trabajo". Igual a ella lo suyo le parece bien. Está claro que es más simple, pero es malo? Paco

txe dijo...

qué grande el Paco... Has resumido mi vida..

Inés Toledo dijo...

Voy a ser osada y a hacer una sugerencia, partiendo de que me ha gustado el asuntillo.

Tal vez, para suavizar lo que más arriba han considerado moraleja, podrías omitir algunas frases que contienen juicios muy evidentes, y pasar a lo del "metro cuadrado", "parapetada", y las tres últimas líneas. Tu opinión sobre la vida de la kioskera estaría bastante clara, implícita, y el lector se formaría la suya (es inevitable), sin sentir que le meten en un juicio amañado.

Bueno, perdona si soy yo la que me meto en donde no me llaman.

La quiosquera de mi niñez se llamaba Oliva y nos cobraba los vasos de agua a peseta. Supongo que habrá muerto. Yo nunca terminé un álbum de cromos.

Como digas algo de sequedades creativas, voy date.

ana martinez dijo...

No está demás tu primera frase.
Es estúpido pensar que la kioskera sea menos feliz que tú por el hecho de vivir en un metro cuadrado y no poder abrazar el mundo con sus brazos. Muy estúpido.
Para desesperarse, deprimirse, desencantarse o frustrarse da la mismo ser kioskera, aventurera, artista, broker o poeta.
El gran Fernando Pessoa decía "si extiendo el brazo, llego exactamente a donde mi brazo llega, ni un centímetro más allá". Disfrutarás en cada momento del metro cuadrado que te rodea, ni más ni menos. No por ser diferente el lugar va a ser menos intenso el momento.

Saludos

Inés Toledo dijo...

En todo caso, opina y simplifica sólo el narrador.

No sé si algún Rey Mago habrá traído tontería. Me voy a cantar el Himno de Riego a la ducha.

claudia dijo...

La mía traspasó el negocio. Tenía un perro que se llamaba Atila y se pintaba una boca que no tenía. Me hacía gracia ver el carmín desdibujado alrededor de la línea del labio, casi inexistente.
(Siempre hay un cromo que no venden). Feliz año, digo.

Batiscafo dijo...

pues no pienses en lo que te queda...
oye, espero verte la próxima vez que vengas!!!
un beso y feliz día de reyes

txe dijo...

se me están rebelando mis comentaristas. qué hacer?!?!?

:)

que os traigan mucho y que os lleven más.

Lola García dijo...

Me encanta. Qué historia tan sencilla y tan fácil de leer. Y tan cruda según se mire.
Perdona que ahora tocan mis comentarios de alagos,
pero es que estoy ahora empezando a leerte y me sorprendes.
Son textos sencillos y frescos que me hacen pasar unos minutos muy agradables. En serio, me gusta mucho.

Y sobre la kioskera, pues mira, probablemente sea una desgraciada y se arrepienta de no haber buscado otra vida todos los días a las 6 de la mañana.
O puede ser que tenga 3 hijos maravillosos, guapos, cariñosos e inteligentes y un marido que se muere por ella y sea un toro en la cama.
Quién sabe.

Besos,
Lola.

saturni_ana dijo...

Feliz 2008, Txe, que bónito texto, las kioskeras de nuestra vida todas mezcladas en una!

Luna Carmesi dijo...

No todo el mundo sirve para permanecer en ese faro. En ese peñasco rodeada de mares de humanidad...
Mirad que si tiene un blog...
¿Cuantas entradas tendria?

Marta López dijo...

Precioso texto. Yo creo que a veces todos nos sentimos un poco así, como que la vida se reduce a esa rutina, incluso a ver pasar las horas delante de uno, no sé.

A mí también me llaman la atención esas personas que inalterablemente siguen haciendo lo mismo que hacían cuando yo era niña, mientras el mundo alrededor cambia, ellos se mantienen como si no hubieran pasado años, una vida entera. Verlos es extraño, da al mismo tiempo al sensación de que todo ha cambiado demasiado y de que no cambia.

MartaNoviembre dijo...

Pues yo a veces he querido ser kioskera, o barrendera, o no sé... Pero bueno, es lo que hay, no sé vivir sólo con cinco sentidos, así que a vivir aceptando que hay gente estúpida y tal.

Un beso y feliz año.

Duenda. dijo...

Pues a mí la kioskera me parece encantadora. Tendemos a pensar que los de vida sencilla / monótona son más simples. Discrepo.

muá.
d.

ALOMA69 dijo...

Es tu punto de vista. "Nada más".

Feliz año nuevo!!!

Durguita Terrosatánica dijo...

Una vez, por tontería que parezca, un amigo y esta menda disertamos un poko sobre el gremio de los kioskeros y... reconozcámoslo... son bastante peculiares,aburridos, gruñones e incluso uraños. Por lo menos, los de mi barrio. Y los del barrio del colega también.

Moraleja: Si vivís en Ventanielles o Pumarín, id a comprar el periódico a la Tenderina.

Salud y Feliz Año ;)

mos dijo...

Este tiempo post-navideño es lo que tiene. Nos entra abulia, pensamos en la rutina y nos sentimos, a veces, un poco kioskera.
Debe ser el año nuevo y el tratar de reconstuir nuestra vida con nuevos propósitos que sabemos que dificilmente se realizarán.
De todas formas, sigo pensando que tus historias son la leche. Eres un cuentero que reflexiona en alto desde tu blog y que construyes historias sorprendentes por su sencillez. Aunque esa sencillez es difícil de plasmar en el papel.
Hacía tiempo que no pasaba por aquí y me ha encantado volver.
Un saludo de Mos.
Sigue contándonos lo que quieras.

Anónimo dijo...

Esa vida es rutina pura y dura como la de cualquier persona. Puedes tener el espacio de un campo y sentirte encajonado como tu kioskera. Tal vez ella no lo sienta de esa forma.

kis.

ella lo sabe dijo...

Me ha encantado el texto.La gente es estupida por vivir en la misma parcela de 1 m2 durante toda su vida, pero tal vez es la "kioskera" es enormemente feliz en ese metro cuadrado empapelado de periodicos, su guarida.

Ana dijo...

Cuando yo era pequeña me daban una envidia tremenda las kioskeras y kioskeros...pasaban el día rodeados de tebeos y cuentos, claro que nunca vi a ninguno que los leyera. Feliz año nuevo, espero que esté lleno de estrellas y letras para ti.

Brigitte dijo...

bonita historia. sencilla y entretenida. y realista en mucho de lo que cuenta. yo durante años, tb visité a la misma kioskera. ahora ya no está y me he cambiado a otra. pero no creo que sea muy negativo estar en un metro cuadrado o en dos y ver el mundo pasar desde ahí. los bibliotecarios hacen lo mismo, pero sin ruidos, siempre en silencio, haciendo callar a la gente y en definitivas cuentas, su vista se centra en la pantalla de un ordenador, y no en la calle al mundo abierto que nos rodea y año tras año, invierno tras invierno, sencillamente cambia.

Jesús Alonso dijo...

Una vez una amiga me contó que el día que acompañó a su padre al trabajo unos días antes de jubilarse y que le dijo, mira este es el sitio donde he trabajado cuarenta años y le enseñó un lugar delante de una máquina. La hija pensó en su padre cuarenta años, por ocho horas diarias allí, era bastante más tiempo que el que había estado en casa, despierto. Se le cayó el el mundo a los pies, pero también se sintió orgulloso de que su padre hubiera tenido la fortaleza de haber sobrevivivido a aquello sin traumas aparentes, y que hubiera soportado eesa prisión a cambio de un sueldo con el que ella se había pagad, desde los pañales a la última caña de la universidad. En fin...

奇堡比 dijo...

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