jueves, febrero 16, 2012

Freedom



Ay, la libertad: qué rica está. Queremos ser libres. We want to break free. Ser un wild spitit. Queremos freedom, y la queremos now!. Y un coche grande.

Es la palabra más prestigiosa de todas las que están cautivas en los diccionarios, y no es para menos: ¿qué tipo de enfermo podría estar en contra de la libertad?

Pero la cosa no es tan fácil. Como dijo el poeta, no se puede generalizar, y es peligroso utilizar este término en genérico. Por ejemplo, los liberales económicos persiguen la libertad en los mercados: la mano de invisible de Adam Smith (que hace honor a su nombre no apareciendo por ningún lado) traería el progreso de un supuesto equilibrio entre el egoísmo de cada uno. Así que laissez faire, laissez passer, impongamos la jungla en el mundo económico. Entonces vienen Reagan, la Thatcher y, sobre todo, el presidente de la Reserva Federal estadounidense, Alan Greenspan, comienzan la desregulación de los mercados y de aquellos barros estos lodos. Todo vale, las finanzas se convierten en casino, y, voìla, una crisis económica arrasa el planeta, arrastrando el dinero de nuestros bolsillos y depositándolo, abracadabra, en los de los ejecutivos financieros y banqueros de diverso pelaje. Viva la libertad. Como escribió en el XIX nuestro querido Mijail Bakunin: "Libertad sin socialismo es privilegio e injusticia; socialismo sin libertad es esclavitud y brutalidad." Acertó punto por punto.

¿Qué libertad? Cuando el Parlament de Cataluña prohibió las corridas de toros en la región, con muy bien criterio (aunque luego se acojonaran con los correbous), a los aficionados a los toros, perdón, a los aficcionados a las corridas de toros, y, sobre todo, a los pérfidos empresarios taurinos, se les llenó la boca con la libertad. La prohibición era coartar la libertad, argumentaban, y estoy de acuerdo: se coartaba la libertad para torturar a un animal haciendo de ello un espectáculo público, no sé si más denigrante para el animal o para la sociedad que alberga tales prácticas bárbaras. Tampoco damos libertad para la extorsión, el asesinato, el estacionamiento en doble fila, o la violación, aunque algunos, supongo, les congratularía.

En una ocasión el ínclito José María Aznar, que había bebido unos vinos de más, apeló en un acto público a la libertad para conducir con las copas encima que quisiera. Luego, según me pareció a mí, se dio cuenta de lo que estaba diciendo y añadió con la boca trastabillante y pequeña “siempre que no ponga en riesgo a los demás”. Precisamente lo que provoca conducir bebido: poner en riesgo a los demás. Por seguir con el tema automovilístico. Cuando, en febrero del pasado año, el gobierno socialista impuso el límite de velocidad a 110 km/h en vez de 120, ya ven ustedes qué drama, se produjo un buen revuelo entre algunos automovilistas patrios que defendían su libertad para ir a la velocidad que les saliese del chasis. Unos meses después, en junio, comparecía el entonces ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, para anunciar el fin de la medida provisional, y volver al límite anterior. Dijo Rubalcaba, como recordó el profesor Carlos Taibo en Radio 3 el otro día, que la medida había sido un éxito: se había reducido el consumo energético, se habían ahorrado 450 millones en la balanza de pagos, se habían evitado accidentes, se habían reducido las emisiones de CO2 a la atmósfera. Tan buena había sido la decisión, tantos beneficios había traído, que el Gobierno había decidido eliminarla. Qué monstruosa lógica la de nuestros gobernantes.

La libertad tiene sus límites y debe tenerlos. Bakunin otra vez: "Yo soy libre solamente en la medida en que reconozco la humanidad y respeto la libertad de todos los hombres que me rodean". En plata: tu libertad acaba donde empieza la de los demás. Así que, ojito, y a ver qué hacen por ahí, que estoy mirando.

Y luego está Estados Unidos donde, como dicen, la libertad es una estatua.

lunes, febrero 13, 2012

Cultura al día



Por el supermercado descuento DIA de debajo de mi casa se puede ver desfilar a lo más florido de la cultura española. Está muy céntrico, en la Plaza de San Miguel, un barrio con solera muy apropiado para la bohemia, el arte y los letraheridos, al menos en apariencia (esas viejas callejuelas de piedra iluminadas por la tenue luz amarillenta de las farolas), porque en realidad es bastante caro y sus establecimientos, mayormente de hostelería, están dedicados a saciar las bocas, y esquilmar los bolsillos, de nuestros glotones turistas. Bien por ellos. Queremos sus ecus.

Anyway, por aquí vive mucho artista y agente de la cultura. Como el barrio carece de una buena red de supermercados, la gente de otros ámbitos mejor remunerados y que me consta también viven por aquí (léase arquitectos, ingenieros, catedráticos, políticos o emprendedores de éxito) se van a comprar a El Corte Inglés de Sol, porque su calidad y servicio son incomparables y si no te quedas satisfecho te devuelven el dinero. Pero en el DIA nos quedamos los que somos pobres y de izquierdas, precisamente por este orden, que si no ya nos replantearíamos las cosas. Aquí hace la compra la cultura alternativa, inconformista, indignada, desde los titiriteros de la ceja hasta el infinito y más allá. Y los mendigos. Aquí se ve nuestro zeitgeist abierto en canal como una res. La gente de la cultura del PP, véase Raphael, Arturo Fernández, o las hermanas Valverde, la verdad, no sé dónde compran las cebollas.

Como los dos elementos claves de la creatividad son el hambre y las toxinas, yo siempre fantaseo con crear entre las estanterías del DIA. Encontrarme a Bill Viola e idear un videopoema con guisante congelados, o encontrarme a Daniel Canogar y montar una rompedora instalación con latas de conserva de marca blanca, una obra transgresora y visionaria que luego, el finde que viene, triunfe en ARCO y flipe doble, y mole triple. Montarme una juerga flamenca con Bebe y Javier Limón y unos botes vacíos de Colón a modo de cajón. Uy, que rima. Poner a Javier Bardem en el papel de reponedor o a Verónica Echegui de cajera. No sé, entre pescado congelado y birras Lager a 70 cents/litro, las posibilidades se me presentan infinitas y fantabulosas. Ya está bien de Mostras, Niemeyers, Laborales, Musac’s y Festivales de Cine de Xixón. Que pongan más DIAs con cajeras expresidiarias. Porque el DIA va de lo central a lo periférico, de lo local a lo universal, de lo metonímico a lo metafórico y viceversa. Porque el DIA es la mejor forma de crear la marca España.

martes, febrero 07, 2012

5 econopoemas


desahucio

el deshauciado vive en un buzón de correos amarillo y ve el mundo  a través de la ranura por la que se echan las cartas de despido. el desahuciado vive dentro de una hucha, un cerdo rosa, donde hay mucho espacio para siestas infinitas. el desahuciado vive dentro de un cajón, donde duermen las tijeras esperando otro recorte.

dentro de los huecos de un ladrillo, caben seis desahuciados delgaditos.


tragaperras

una mujer normal ropa de zara
peinada en una peluquería del centro
chueca o malasaña entra en el bar
labios rojo carmín tacones
que resuenan contra la tragaperras
las alegres melodías de la tragaperras resonando
en un día gris plomo una mujer moderna
una mujer de su tiempo del mío casi
cuarenta años atractiva pendientes dorados
ejecutiva tal vez abogada de una empresa
temible e invencible una mujer con maquillaje
independiente y triunfadora
que se acerca a mi mesa donde tomo café
con leche dos de azúcar me intimida su presencia
y se dirige a mí y me dice por favor
necesito algo de dinero no creas que esto
no me da vergüenza pero todo está muy mal
y luego están las niñas seis
y siete años no sé
lo que puedas cinco euros


cielo

arriba, más arriba aún, cerca del cielo,
donde se huelen las nubes y la atmósfera se hace vacua,
allí donde los ángeles resuenan rozando sus alas con esferas,
cerca de dios, de la estrella de cristal más delicada,
donde gira y gira el hispasat tocando el cosmos,
cerca del sol

donde acaba la escalera del inem,
un hombre se rocía el cuerpo en gasolina
y prende fuego


anuncios

veía mi vida en los anuncios

el coche de mis sueños
surcando paisajes de delirio,
el fairy con que dar finalizadas
no se qué cenas familiares,
la cuenta naranja en la que guardar
mi improbable fortuna
a un buen tanto por ciento,
el abdominazer que, después de usado,
se podía plegar cómodamente
y guardar bajo la cama,
la mujer de mi vida,
tras un teléfono que empezaba por ocho,
gimiendo desnuda,
llama, llama ahora.
no sabéis cuánto la quería

a las tres de la mañana apagaba el televisor
y, a este lado de la pantalla,
mi vida se quedaba en silencio y a oscuras
 

dinero

te juro
que a final de mes
te lo devuelvo




jueves, febrero 02, 2012

¡Qué bello es vivir!

 A tiempos duros, cara de perro. Conseguido: si se trataba de hacer un Gobierno temible y malcarado, Mariano Rajoy lo ha conseguido de pleno. Hurra. Al  lado de alguno de sus ministros Rajoy parece una hermanita de la caridad democristiana. Yo ahora a Rajoy me lo imagino más eligiendo con Viri el color de los visillos de La Moncloa o preparando una caldeirada para sus colegas de Pontevedra (“Coño, Mariano, menuda choza te has agenciado”), que gobernando un Costa Concordia, que es lo que tenemos entre manos. Soltad los mastines, que cabalguen por los desolados páramos los cuatro caballeros del Apocalipsis. Hasta Alberto Ruiz Gallardón, el blando, el rojo, el enrollado, el Ned Flanders, el “a mí si tuviera que elegir a uno del PP elegiría a Gallardón”, se ha estrenado como ministro de Justicia con el recorte del aborto (quitando los plazos y permitiendo solo los casos de violación, malformación del feto o enfermedad mental de la madre en una medida que el calificó de ¿progresista?) y la cadena perpetua.  A tiempos duros, mano dura, y con fundamento.

¿Qué hacía Rajoy diciéndoles a dos primeros ministros europeos en Bruselas que su reforma laboral le iba a costar una huelga general? ¿Es eso lo que se estila en los pasillos del poder? Eso parece: presumir de ser el más duro a la hora de hacer los recortes, de que a uno no le tiembla la mano a la hora de enfrentar su heroico Destino, de que una caterva de sindicalistas trasnochados o de ancianitas hambrientas no le va a impedir caminar orgulloso en el sentido en el que corre la Historia, que es aquel que señala Angela Merkel y que, muy probablemente, conduce al abismo. Pero, caramba, ahí vamos, y sin miedo. Veamos quién la tiene más larga.

De este Grupo Salvaje de ministros (de Luis de Guindos ya hablamos la otra tarde), el que más ganas tenía de ser famoso es José Ignacio Wert (el super titular de Educación, Cultura, Deporte y a saber cuántas cosas más), pues se le venía viendo hace tiempo como opinador en medios de comunicación como Intereconomía o El País (tío ecléctico) y porque desde que ha tomado posesión parece un rabo de lagartija: que si la recuperación de la Ley Sinde (ahora es Sinde/Wert, ¡estamos haciendo Historia!), que si su aparición en los premios Forqué, que si la supresión de Educación para la Ciudadanía, entre otros highlights. Estoy deseando ver su modelito en los Goya. Dicen nuestros nuevos próceres que, respecto a esta asignatura, que ahora se va a llamar Educación Cívica y Constitucional, van a tratar de evitar todos los temas que puedan implicar un adoctrinamiento ideológico.

La verdad, parecen querer dar la impresión de que no vivimos en un ideología, de que somos libres, neutrales, de que nuestro pensamiento no está secuestrado. Ya vivimos en una ideología, nos despertamos y desayunamos en una ideología, mojamos una esponjosa ideología en el Cola Cao, nos lavamos los dientes y vamos al trabajo a bordo de una ideología, pululamos por un mundo creado en el marco de una ideología. Esa ideología es el capitalismo salvaje y rampante, el neoliberalismo voraz. Pero es que ya estamos viendo que esa ideología (se ve cada día en cualquier periódico, porque es imposible de maquillar, se ve en cada calle), que esa forma de moldear la Realidad  (si es que tal cosa existe) para el beneficio y los dividendos de unos pocos es un fracaso total y estrepitoso, en el caso de que el objetivo fuese crear un mundo justo y sostenible, o un éxito total, si el objetivo era el contrario, es decir, la injusticia y la destrucción.

Los keynesianos, con el premio Nobel Paul Krugman a la cabeza, no se cansan de repetir que resulta absurdo recortar en tiempos de crisis: hay que hacer una política expansiva, con gasto público, construcción de infraestructuras, carreteras, escuelas, empleo público, para que la gente tenga trabajo, dinero, consuma y la noria en la que nos vemos arrastrados vuelva a girar alegremente. Sin embargo, y aunque en esto consistió el exitoso New Deal que pusieron en práctica Roosevelt & Keynes para salir de la Gran Depresión, ahora la doctrina parece distinta, porque ahora parece que ya no hay grandes hombres de Estado, sino mezquinas ratillas buscando los resquicios del poder. Rescates y recortes que, en una espiral viciosa, empeoran cada vez la situación. Los que primero le vienen a uno la cabeza para revertir esta situación, es decir, los partidos socialdemócratas europeos, no se terminan de aclarar de en qué bando están, aunque últimamente han estado del lado de la destrucción total siguiendo las políticas descritas. ¿Coca Cola o Pepsi? ¿H&M o Zara? ¿Rubalcaba o Chacón? Por lo pronto, tras el rescate de Portugal, las cosas vuelven a estar chungas, su prima de riesgo tocando el cielo, y, según las últimas informaciones, en Grecia ya andan repartiendo mantas para dormir en la calle. Eso sí, a cuenta de las empresas privadas, porque el muy recortado presupuesto público no da ni para eso.


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En efecto: vamos de culo

viernes, enero 27, 2012

De El Corte Inglés al Cielo


Subí a la cafetería del Corte Inglés de Callao a tomarme un descafeinado y una rosquilla. Allí, para mi enorme sorpresa, en una mesa al lado del ventanal, vi a mi padre, con un gin tonic en una mano y un cigarrillo, inserto en su boquilla negra, en la otra. No me sorprendió el hecho de que estuviera fumando impunemente en un local público (que también) si no su presencia allí, ya que, hace 17 años, a papá le reventó el corazón, precisamente por sus excesos con el Gordon's con tónica (precisamente Schweppes,  la marca que se anunciaba alegre allí enfrente, en el cartel luminoso del edificio Capitol) y el Winston americano de contrabando, que tenía un águila dorada impresa en el paquete. Desde entonces papá está muerto.

- ¡Papá! – le dije.
- Coño, Txe, ¿cómo estás? – respondió tan tranquilo (cuando él murió yo me llamaba de otra manera, pero, de alguna forma, conocía mi nombre actual). Allí estaba, con su abrigo de piel marrón, su calva y su poderosa barba canosa, como siempre, pero aún sobrio.
- Pero, ¿qué haces aquí? ¿No estabas muerto?

Papá me hizo una señal para que me acercara, para que tomara asiento a su lado. Me senté, se inclinó hacia a mí, y me habló en voz baja.

- Sí, es que estoy muerto – dijo.
- Pues tienes muy buen aspecto para llevar ¿cuántos? ¿17 años muerto?
- Sí, eso es, 17 años, cómo pasa el tiempo para vosotros, los vivos. Caramba, casi no te reconozco. Me reconozco, más bien, a mí mismo. Cuando era niño te parecías más a tu madre, pero ahora eres clavadito a mí.
- Espero no quedarme así de calvo –dije, y pensé más cosas.

Miré por el ventanal algo desconcertado, tratando de comprender la situación. Estaba anocheciendo y, desde allí, se dominaba la Gran Vía, los tejadillos del barrio de Ópera, el Teatro y el Palacio Real, el crepúsculo violeta tras la Casa de Campo. Por ahí debía de estar mi choza. Se acercó un camarero, le pedí otro gin tonic.

- Entonces, ¿aquí se puede fumar? – pregunté
- Sólo si estás muerto, es una de las ventajas.
- Veo que sigues a full, bebiendo, fumando, como si esa mierda tan rica no te hubiera matado.
- En el Cielo, porque yo ascendí al Cielo, se puede beber lo que quieras. Por eso es el Cielo. Y lo mejor es que no existen las resacas. Las resacas se tienen en el Infierno. O mejor dicho, el Infierno es una gran resaca.
- Cojonudo. Seré piadoso, entonces.

La verdad, a papá se le veía muy ¿cómo decirlo? ¿vital? Tenía buen aspecto, buen color, aunque, eso sí, no le había salido el pelo. Se conoce que el Cielo no da para tanto.

- Y ¿qué hace Dios? ¿Cómo es?
- Dios es cojonudo. Es anarquista. Comunista libertario. Nos lee a Kropotkin. Estamos todo el rato con asambleas y chorradas de esas para decidir qué cosas placenteras vamos a hacer. Al resto eso nos da igual, la verdad, pero simulamos interés en el rollo asambleario para tenerlo contento. Al fin y al cabo es el jefe, aunque no quiera parecerlo, y si cambia de idea podía hacer del Cielo un lugar horrible. Y ahora estamos de puta madre.
- Pues podía arreglar un poco las cosas por aquí abajo. Que regule al capitalismo financiero ¿no? Que de crédito. Dicen que se acaba el mundo. Y también lo parece.
- Ya, pero prefiere no intervenir. Que os apañéis solos, dice, que montéis comunas y asambleas, otro gallo os cantaría.

El camarero trajo un vaso de tubo con hielo, le puso tres dedos de ginebra y vertió parte de la tónica. Recordé que mi intención era tomar rosquilla y descafeinado, pero ya era demasiado tarde. Miré alrededor, las señoras con sus permanentes y sus mejores pieles tomaban tortitas con nata, probablemente recién llegadas de misa de ocho.

- ¿Y qué haces en la cafetería de un Corte Inglés, si puede saberse?
- Bueno, en el Cielo esto es lo más. Es un punto de conexión interdimensional. Aquí podemos convivir los vivos y los muertos. Dios hizo un acuerdo con don Isidoro Álvarez, el presidente de la empresa. Y está la calidad propia de El Corte Inglés, que nunca defrauda. Me encanta el Sandwich Club, y la hamburguesa con queso y ensalada de col. El servicio es impecable; además, en los otros pisos, encuentro productos que a veces escasean en el Cielo (papel de celo, por ejemplo, sogas, palas, cal viva o sobres pequeños), cuando Dios se olvida de hacer los pedidos, cosa que ocurre a menudo, porque Dios se pasa el día fumando marihuana y tocando la guitarrita rodeado de ángeles asexuados. Y si no te quedas satisfecho, te devuelven el dinero.
- Así que hay muchos muertos en las cafeterías de El Corte Inglés...
- Bastantes, pero no sabrías distinguirlos. Como ves hay muchas viejas. Para ellas es ideal: como se acerca la fecha de su muerte vienen aquí y van haciendo contactos para cuando suban al Cielo (si suben). Así, cuando llegan arriba ya tienen una vida social más o menos arreglada. Son muy listas, las hijas de puta.
- Joder, qué flipe.

Papá apuró entonces el gin tonic que le quedaba y se levantó. Quitó el cigarrillo de la boquilla, lo arrojó al suelo y lo piso con el botín (ahora yo tengo unos botines iguales a los suyos, por cierto). Se puso el abrigo de piel marrón. Tenía el mismo aspecto que en mi niñez, no habían pasado los años, ni por papá ni por su abrigo.

- Bueno hijo, dame un beso que me tengo que ir – me dio dos - y pásate por aquí de vez cuando, quizás coincidamos. Y prueba el Sandwich Club, está de muerte. Jajaja, de muerte, qué gracia, no me había dado cuenta…

Se giró y abrió la puerta de cristal que daba a la terraza dejando entrar un aire frío. La voz de una vieja protestó a mis espaldas. Luego papá se subió a la barandilla y se arrojó al vacío. Corrí a asomarme muy agitado, pero cuando miré abajo no había nada, ni cadáver ensangrentado destrozado contra el suelo, nueve pisos más abajo, ni un mogollón de gente observando el destrozo, ni policías instando a los peatones a circular, ni nada. Entré y me acabé el gin tonic, hipnotizado por las coloridas luces de neón del anuncio del Schweppes que corona el edificio Capitol mientras se hacía completamente de noche. Quizás, pensé, me tome otro.



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Foto de Luis Díaz para La Razón

lunes, enero 23, 2012

Cómo conocí a mi eBook



El eBook entró en mi vida la Navidad pasada. Es un bonito Sony Reader, negro, muy elegante, como una pluma Mont Blanc. Como es muy elegante he decidido utilizarlo para leer las mejores novelas del 2011 según la prensa especializada y que yo no había leído. ¿Qué donde estaba yo en 2011? Pues en Facebook, que es la Gran Novela de Nuestro Tiempo, una Novela Río, una Novela Mundo, la Novela Recontradefinitiva. El Poema.

La verdad, el cacharro me viene de perlas, porque la novela es un género que no venía yo practicando mucho ultimamente y cada vez me dan más miedo los libros gordos. ¿Cómo puede Jonathan Franzen escribir las 600 páginas de Libertad para una audiencia acribillada por Facebooks, tweets, smartphones, críos recién nacidos o películas on line? Dicen que la brevedad en literatura es cortesía con el lector. Lo suscribo. Pero bueno, hay que ponerse al día.

He aquí la ventaja high tech: con el eBook puedo leerme la novela de Franzen engañando a mi subconsciente, haciéndole creer que, en vez de estar tirando el tiempo en la Literatura, estoy embarcado en alguna apasionante aventura digital. Así que empecé, antes de Libertad, por Los enamoramientos, de Javier Marías (como digo, voy a dedicar el eBook a la caza del mastodonte), y en un trayecto entre Oviedo y Madrid, a lomos de mi fiel Alsa, casi me lo ventilo entero. Cosa rara para mí, que en los viajes de autobús suelo sujetar el libro entre las manos mientras mi mente vuela libre por el horrendo patchwork de la meseta castellana. Al final me leo 30 páginas en 5 horas y media, porque se me va mucho la olla y estoy to loco tía, tía, tía.

(Inciso: Los enamoramientos de Javier Marías es muy Javier Marías. El autor se entrega totalmente a ese tiempo en suspenso que dice que aprendió del Tristam Shandy, de Lawrence Sterne (habrá que leerse sus tropecientas páginas en el eBook) y a la digresión más monótona. Dice Ricardo Piglia que lo que engancha de una novela y hace que no la sueltes no es la trama ni el argumento ni las peripecias que se den en ella, sino la voz del narrador, que nos engancha, que queremos seguir escuchando. La voz de Marías es constante, repetitiva y monótona, es decir, muy placentera, igual que el dulce estado de duermevela que precede al sueño, ay qué rico. Así que uno se queda ahí, enganchado, y cuando se despista y lee tres páginas sin haber leído realmente, da lo mismo, porque la historia no ha avanzado: nunca te pierdes. Es como un run-run de fondo para tus pensamientos. Por lo demás todos los personajes de Marías piensan y hablan igual entre ellos, e igual, a su vez, que el propio Marías en sus artículos, lo cuál es bastante inverosímil, poco logrado. Esto le lleva  a uno a preguntarse: si Marías quería reflexionar sobre el enamoramiento, el crimen, los triángulos amorosos, la culpa, el olvido y demás de esta manera ¿por qué no escribió un ensayo o unos cuantos artículos y pasó de esta historia inane? ¿Por qué no escribió un haiku? A mí el libro me gustó y lo leí rápido, me meció en viajes interprovinciales y noche de insomnio. Pero, ¿lo que me gustó fue la novela o mi flamante Sony Reader?)

Lo que he visto hasta ahora en mis experiencias de bucanero literario en la Red es que la oferta de libros para la descarga ilegal no es ni por asomo tan amplia ni exhaustiva como la de libros y discos. Se pueden encontrar fácilmente libros clásicos que no tiene derechos de autor o los grandes títulos de las últimas temporadas. Fiodor Dostoievsky y Carlos Ruiz Zafón, por ejemplo. Es como si solo se pudieran bajar las pelis de la edad de oro de Hollywood y Transformers 2. O la discografía completa de los Rolling Stones y lo ultimísimo de David Bisbal. Bueno, estoy exagerando. Hay muchos, muchísimos, títulos intermedios que ni siquiera existen en formato digital o que es muy dificil encontrar. Lo que se percibe, by the way, es que el público lector es menos dado al pirateo que el melómano o el cinéfilo, y eso me lleva a preguntarme si realmente el eBook será un problema de tal magnitud para la industria editorial o se quedará en un pequeño bluff. Nuse. Yo, como digo, lo voy a dejar para las novelas, que pocas veces se releen. Y dejaré mis disputadas estanterías para los siempre útiles ensayos y para la poesía, que, como ustedes saben, nunca se acaba, ni de escribir, ni de leer.

¿Saben lo que molaría? Un Reader de verdad, es decir, un aparato que leyese por tí mientras tú te dedicas plácidamente a cortarte las uñas de los pies o ver Tú sí que vales. La transmisión de información secuencial a través de la interpretación de una hilera de signos impresos durante líneas y líneas, páginas y páginas, resulta prehistórica. La vida es cada día más corta, el mundo gira más rápido y se acerca el Fin del Mundo. ¿Para cuándo un puerto USB en la nuca a través del cual volcarte los libros en el cerebro? El conocimiento transmitido en estado puro, a bloque y sin piedad. El futuro, una vez más.


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(La imagen es un fotograma de la peli Canino (Yorgos Lanthimos) que no tiene nada que ver con este tema, pero es la primera que sale en Google Images si se introduce la búsqueda "ebook chachi")



miércoles, enero 18, 2012

Reina el Kaos (feat. el Oso Soso)

Iba en el metro tan tranquilo cuando, de pronto, me di cuenta de que estaba completamente vestido. Me quedé seco, perplejo, como si el tiempo se hubiese parado súbitamente o yo hubiera ingresado en una extraña dimensión paralela muy alejada de esta Realidad. Miré bien: dos zapatillas deportivas, unos vaqueros, una sudadera y un abrigo militar, en efecto, estaba completamente vestido, y en medio de un vagón de la Línea 3. Levanté la cabeza lentamente, algo avergonzado, preocupado por si algún viajero (o cliente, como le dicen ahora) se hubiera o hubiese percatado de mi situación. Pero, ¡estaban todos vestidos! Allí una joven de tez morena con una chaqueta de cuero y unos pantalones ajustados leía repantingada un libro forrado con papel de periódico (a saber), allá una vieja con un gran foulard y un abrigo de piel sintética perdía su mirada en su reflejo en la ventana de enfrente. Un chaval de chándal, al lado de la puerta, movía rítmicamente la cabeza y mascaba chicle animado por el techno guarrindonguer que se escapaba de sus cascos. Nadie me miraba. Me pellizqué para comprobar que no estaba despierto en una pesadilla. Aguanté la respiración y permanecí muy quieto, con la mirada perdida en el cartel del trayecto, contando las paradas que me faltaban para Sol y tratando de que nadie reparase en mí, y mucho menos en mi lamentable estado.

Al salir a la superficie me fulminó un sol esplendoroso. No había ni una sola nube hiriendo el cielo y la temperatura era odiosamente agradable. Los niveles de contaminación debían de estar por los suelos. Miré alrededor atónito: la gente caminaba ordenadamente y sonriente por la plaza, sin prisas ni malos rollos, el tráfico fluía sin problemas y un joven de aspecto punk ayudaba amablemente a una vieja beata de luto a cruzar la calle. Un señor trajeado le daba un billete de 500 euros al hombre sin brazos que mendiga con un vaso de plástico en la boca. Todo era horroroso. Corrí a casa entre transeúntes totalmente vestidos que se apartaban para facilitarme el paso; al pasar al lado del kiosko pude leer los escalofriantes titulares de los periódicos: “La crisis, vencida”, “El P.I.B. en la eurozona crece al 250%”, “Erradicado el hambre mundial”, “Lady Gaga se retira a las islas Caimán”. Una niña primorosamente vestida de rosa me ofreció un caramelo multicolor, que, por supuesto rechacé.

Tras llegar al portal y sortear a la portera, que me tendía un jamón ibérico de regalo, “por ser tan buen vecino”, subí a casa y cerré violentamente la puerta tras de mí. Por fin, resoplé. Entonces reparé en el estado de mi domicilio. ¿Dónde estaban las pelusas que frecuentaban los alrededores de los zócalos? ¿Por qué estaban todos los libros meticulosamente ordenados por autor y materia y la vajilla inmaculadamente fregada? Abrí la nevera: repleta de chuletones. Y por si fuera poco: ¡Alguien había tirado un tabique y ampliado el salón hasta los cuarenta metros cuadrados! ¡¿Y ese jacuzzi?! ¡El horror, el horror!

Me metí en la cama (las sábanas estaban suaves y perfumadas) y abracé en la penumbra reparadora al Oso Soso, que estaba como siempre haraganeando bajo la manta. Cerré los ojos muy fuerte pensando “esto no puede ser, no, no puede ser”. Entonces, sentí como el Oso Soso se giraba pesadamente, me miraba a los ojos con sus fríos y negros ojos de cristal y rompía su silencio eterno con una voz que yo nunca había oído para decir: REINA EL KAOS



miércoles, enero 11, 2012

Se acabó el Estar Guay


Entonces, cuando todo volvía a empezar de nuevo, el año, la legislatura, el horror, el horror, apareció el flamante ministro de Economía y dijo: “está por ver si el Estado del Bienestar es sostenible”. Luis de Guindos es una muy buena elección para su cargo porque tiene cara de malvado, de supervillano, de ir a destruir la humanidad a la mínima de cambio, que es la cara que tiene que tener un ministro de Economía cuando se avecinan recortes catastróficos. Luis de Guindos debe de ser una especie de Cristopher Lee de la política, siempre haciendo papeles de malo, y si no es así, que no lo he comprobado, debería de serlo. Por lo pronto sabemos que trabajó en el insidioso Lehman Brothers y colaboró con la pérfida FAES, que no es ninguna broma. He aquí la astucia de Rajoy a la hora de hacer casting: coger a este señor como uno de los sacos de arena (hay también una vicepresidenta, y un ministro de Hacienda, y un ministro de Empleo con peluca) detrás de los cuales probablemente se va a parapetar cuando empiecen a venir mal dadas. Que vendrán, porque esto solo es “el inicio del inicio”, otro slogan de peli de terror en boca de los populares. Por lo demás, Rajoy es amante del vino (“¡viva el vino!”), de los puros, de la buena mesa y de la buena conversación. A mí no me importaría darme una cenorra en su compañía.

El Estado del Bienestar es una cosa que, como somos unos desmemoriados y vivimos mirando alternativamente nuestro ombligo y nuestro smartphone (el ombligo del futuro), nos da la impresión de que siempre ha estado ahí y no valoramos, igual de insensatos que las señoras que se quejan insistentemente en el Centro del Salud por tener que esperar su turno para la consulta ("¡Qué mal funciona la sanidad pública!"). Pero no. Hubo un tiempo, y no tan lejano, en el que los servicios públicos eran mínimos si no inexistentes, no había sanidad, ni educación, ni subsidio de desempleo, ni unas condiciones laborales decentes, ni pensiones; eran épocas en las que cada uno tenía que apañárselas como bien pudiera. El concepto del welfare state como tal, aunque sea una idea que podríamos rastrear hasta la Ilustración, nace en 1945, al finalizar la II Guerra Mundial, que a su vez venía a finiquitar de una vez por todas la Gran Depresión que venía coleando desde el 29. Por cierto, en 1948, las Naciones Unidas proclamaron la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Durante la segunda mitad del s. XX gobiernos de diferente signo y diferentes países convinieron adoptar las medidas sociales arriba mencionadas, de claro signo socialdemócrata, aunque en las que todos colaboraron. Para algunos, como Tony Judt, este fue el momento cumbre de desarrollo político en la historia de la Humanidad, que algunos bautizaron como  “la edad de oro del capitalismo”, porque, además, produjo un crecimiento fuerte y sostenido.  Esta cosa tan joven, tan bonita y tan frágil, que tanto se peleó y por la que tanta sangre se derramó, hasta que el hombre reconoció su propia dignidad, o, más bien, la de su prójimo, es lo que viene ahora a ser desmantelado sin el menor recato o cuyo desmantelamiento empezó, según algunos, con las políticas neoliberales de Margaret Thatcher y Ronald Reagan, aquella extraña pareja, durante los ominosos años 80.

Aunque se venía hablando de la evolución biológica con cierta anterioridad, no fue hasta 1859 cuando Charles Darwin, en El origen de las especies, puso orden y coherencia en el asunto, aportó pruebas y, sobre todo, encontró un motor para todo aquello: la selección natural, es decir, sólo los más aptos en determinado ambiente sobreviven y son capaces de dejar descendencia. Así, al no reproducirse las características de los menos aptos, las especies van evolucionando cada vez más adaptadas a sus entornos, cada vez más evolucionadas. La naturaleza, desde este punto de vista, es una cruel lucha por la supervivencia (una idea que a Darwin le inspiró Malthus). Desde un punto político el darwinismo fue recibido de diferentes maneras. Por un lado, Karl Marx y Friedrich Engels vieron en la evolución un trasunto de su filosofía de la historia, encaminada hacia el comunismo, y, en la lucha por la supervivencia, un reflejo natural de la lucha de clases que preconizaban. Karl Marx llegó a enviarle un ejemplar firmado de El Capital a Darwin, pero se dice que el naturalista británico, un gentleman de ideas y procedencia conservadoras, ni siquiera llegó a hojearlo. A los ateos y librepensadores también les vino muy bien el darwinismo porque excluía a Dios del hecho biológico y negaba la creación tal y como la relata el Génesis bíblico: las especies no habían sido creadas en uno de los primeros seis días por Dios, si no que provenían todas de un antepasado común. El Arca de Noé no tenía sentido.

Harina de otro costal fue el llamado darwinismo social. Este venía a aplicar en toda su crudeza la naturaleza descrita por Darwin a la sociedad: la lucha por la supervivencia, la ley del más fuerte, o del mejor adaptado, que en la sociedad podía tener un correlato entre ricos y pobres. Herbert Spencer, que fue un filósofo muy mediático e influyente en su tiempo, opinaba que no tenía sentido dar ayudas sociales a los más necesitados, que eso devaluaba la raza, y hacía que la población aumentase de forma insostenible, haciendo posible, incluso, la extinción. Era sostener a los inútiles, los vagos, los maleantes, los haraganes, todo esto lo argumentaba con una coartada supuestamente científica. Era contrario a cualquier política o avance social, a cualquier cosa parecida a socialismo: desde las bibliotecas públicas hasta la caridad. Unas ideas bastante parecidas a las que podían tener Thatcher, Reagan y otros ultraliberales (¿Esperanza Aguirre?).

La verdad, el desmantelamiento del Estado de Bienestar podría verse como un retorno a la naturaleza: que la libre competencia entre los seres humanos se haga efectiva, que cada palo aguante su vela, y que quién no aguante: se muera. El darwinismo social redivivo. Sin embargo, el consejo editorial de este, su humilde blog, considera que ya que no nacemos en las mismas condiciones (unos en palacios y otros en chabolas) no es posbile la justa competencia, pero que, además, ya que el hombre ha desarrollado una conciencia y ha desarrollado un cultura, y es capaz de sentir empatía y ejercer la solidaridad y, en fin, es algo más que un animal movido por sus más bajos instintos (que es lo que parecen los gobernantes, los banqueros, los patronos y sus secuaces), deberíamos mantener las políticas sociales y no volver a la jungla de los salvajes, que parece ser donde más le gusta a estar (como lo que son) a nuestros próceres, sean estos cuales sean, en Madrid, en Bruselas o en oscuros despachos de qué se yo que entidades financieras. ¡Fieras!



(En la imagen Charles Darwin le dice schhhhhh! al ministro de Economía)

lunes, enero 09, 2012

Zeta


Entonces, ¿cuándo te marchas? El lunes. ¿Y qué día es hoy? Es sábado aún, me voy pasado mañana. Ella se deja caer en el sillón y mira cansada a través del ventanal. Todavía no ha amanecido, dice. Está anocheciendo aún, le digo, son las siete de la tarde. Uy, muy pronto anochece. Es invierno. Y entonces ¿cuándo te marchas?, repite. La recuerdo hace tan solo unos años, cuando era una mujer temible, severa y examinadora, ahora permanece ahí sentada como un pájaro pequeño tratando de diferenciar el alba del crepúsculo. Del sillón a la cama, de la cama a la cocina, de la cocina al sillón en días que no se diferencian unos de otros, en un día infinito que gira y gira mientras fuera amanece, la gente vive y, luego, anochece. Y entonces ¿cuándo te marchas? El lunes ¿Y qué día es hoy? Es sábado aún, me voy pasado mañana. La recuerdo conduciendo su Peugeot 205 blanco, subiendo el monte Naranco en días nublados, yo era aún un niño, desmenuzando un pollo asado con los dedos y dándome de comer. La recuerdo planchando trajes de danza en un camerino al fondo del Teatro Campoamor, riñendo a alguna niña y recuerdo la algarabía que se formaba con sus regalos generosos el día de Reyes. Nunca le gustaron las zetas, pero eso ya no importa, ahora me mira como quién trata de descifrar un acertijo: vive dentro de un poema japonés, sola en el instante más preciso, con un brócoli dentro del cerebro, al borde de un suspiro, luego se borra en bucle y resetea. Va perdiendo su corteza. La recuerdo muy entera el día que murió su marido, mordido por un cáncer salvaje que le doblego mientras veía la tele en el mismo sillón ajado en el que ahora ella se sienta: allí me enseñó dos dedos de la mano derecha y me enseñó lo que significa la palabra filosofía. La tele, una suerte de meditación transcendental, ver y no ver al mismo tiempo, pasar las tardes dentro y fuera del planeta. Entonces, ¿cuándo te marchas?, dice la niña. El lunes. ¿Y qué día es hoy? Es sábado aún, me voy pasado mañana, mientras ella se va yendo, sumergiendo en una densa y suave bruma.

viernes, enero 06, 2012

A mí me trajeron plutonio



Como la Cabalgata de los Reyes Magos de Oviedo pasa por delante de mi casa natal, Mamá Peligro y un servidor nos asomamos al balcón a presidir. El espectáculo fue sobrecogedor: por allí abajo pasaron los dignatarios de Rajastán, los embajadores de Macedonia, el visir de Asuán y demás coloridos prohombres del colorido Oriente. ¡Oh, qué exotismo, qué soplo de aire impregnado de extraños perfumes embriagó a la ciudad de provincias! ¡Qué extraordinario séquito recorrió medio mundo para pasar debajo de mi ventana! Había casi mayor densidad de excelencia y nobleza por metro cuadrado que en los premios Príncipe de Asturias, y ya es decir. También hubo un rebaño de ocas asustadas ante la histérica algarabía infantil (lo mejor, con diferencia, del desfile), un puñado de camellos, una banda de gaiteros y otros tipos de animales. Y cómo no, sus majestades los Reyes Magos; y después un camión de bomberos vintage y una ambulancia. Decepción: Baltasar, después de tantos años dándole vueltas y más vueltas a la globalización y el multiculturalismo, sigue siendo un paisano blanco con pinta de concejal pintado con betún. Qué escándalo.

Después, los Reyes Magos dieron un discurso televisado desde (¡ale hop!) Cibeles, Madrid. Por boca del sapientísimo Rey Melchor le dieron coba a Ayuntamiento y a la nueva alcaldesa, Ana Botella. Resulta que los Reyes Magos son de centroderecha o algo peor… pero ¿qué esperaban? ¿a conspiradores comunistas? Son reyes, joder, por muchos regalos que traigan. Por lo demás, las falsedades que se oyeron en ese discurso no sobrepasaron las que suelen decir los políticos en sus speechs. Que monten un partido.

Sorprende la capacidad de tragar de los más pequeños: como son nuevos en el mundo no advierten que los supuestos pajes venidos del lejano Oriente son macarras de barrio mal disfrazados, que, como se señaló, Baltasar no es negro, o el curioso don de la ubicuidad de los tres Magos, que desfilan al mismo tiempo por todas las ciudades de esta España nuestra, como en un extraño efecto mecanicocuántico de multilocalidad navideño. 

Hace un tiempo escribí en el periódico sobre un grupo de intervención artística llamado mmmm. Estos aguerridos activistas desplegaron en la Plaza de Callao hace unos años una pancarta que decía “Los Reyes son los Padres” justo el día de la Cabalgata, en toda la pomada. Al parecer no hay nada que despierte más ira en el prójimo, sobre todo si es padre, que una pancarta de este tipo. Si hubiese sido una concentración proetarra, un grupo neonazi o una protesta nudista seguro que hubieran durado más tiempo. Los mmmm con su pancarta apenas aguantaron un par de minutos arengados por las violentas multitudes navideñas que salían de las entrañas de El Corte Inglés, lideradas por señoras viejas. Hay cosas con las que no se juega.

Si me hubiesen preguntado hace unos años, les hubiera dicho que, en caso de tener hijos, les contaría desde el principio toda la verdad sobre los Reyes Magos y sobre el pérfido consumismo capitalista. Y también que los niños nacen porque papá se corre al fondo del coño de mamá, sin necesidad alguna de la hipótesis de la cigüeña parisina. Pero ahora no lo tengo tan claro: tal vez haga falta ese periodo de ilusión para crear la capacidad de imaginar utopías y, total, lo que se van a encontrar después es una mierda, así que disfruten.

Al final la vida es el proceso por el cual uno va perdiendo la inocencia y descreyendo de todo lo que creía antes. Los Reyes son los padres, mamá no va a vivir para siempre, la Revolución no llegará, las pastillas de la regla no colocan ni sumergidas en el kalimotxo, todo va a toda hostia y lo que es una vivienda digna resulta muy discutible.

A mí, por cierto, me trajeron plutonio.

miércoles, enero 04, 2012

Las cosas que se van a acabar este año


las abejas
la vergüenza
la democracia
los chinos
los periódicos
el Psoe
la cocaína
la sanidad
el iPod
la educación
la buena educación
la poesía
el subsidio de desempleo
el kuduro
la dignidad
los discos
la Tdt
los libros
las librerías
los satélites de telecomunicaciones
la juventud
el reinado del Barça
una Era
los hipsters
los festivales de cine
los festivales de música
los festivales eróticos
los festivales
y las bienales
los solteros
el planeta Tierra
el lince ibérico
el dinero
los horarios comerciales
las tiendas
el gobierno de Rajoy
las solteras
los Peta Zetas
el ozono atmosférico
las pensiones
la paciencia
el Estado de Bienestar
la reducción de Pedro Ximenez
la Humanidad
mi querido Público
El País
y El Mundo

sábado, diciembre 31, 2011

Señales que precederán al Fin del Mundo



Que el mundo se acaba en 2012, además de una obviedad, es evidente. Se da un intenso debate entre escépticos e iluminados (yo me encuentro, y muy bien, entre los segundos), pero el acumulo de pruebas es tan abrumador que apenas deja espacio a la duda. Como agente del caos, les haré un breve resumen.

La prueba más cacareada ha sido el final del calendario maya, del que ustedes seguro ya habrán oído hablar. Hace miles de años los sabios astrónomos de este imperio precolombino, iniciaron un calendario cósmico que precisamente toca a su fin en diciembre de este año. Predijeron para esas fechas, basándose en quién sabe qué atávicas sabidurías, grandes cambios, un cambio de era o, directamente, el fin del mundo. Pero además, en esas fechas coincide con un máximo de actividad solar: en esta fase, que se repite cada once años, aumentan las fulguraciones y emisiones de viento solar, consistente en partículas cargadas que, en condiciones normales, son desviadas por el campo magnético terrestre hasta formar las auroras boreales en los polos, pero que, en un máximo, pueden causar problemas en la red de satélites y en la red eléctrica provocando apagones. Como nunca antes en la historia habíamos dependido tanto de los satélites, si nos faltan puede provocarse un caos financiero fatal para la raza humana. Además, por las mismas fechas, se alinean la Tierra, el Sol y el centro de la galaxia, que alberga un agujero negro supermasivo de varios millones de veces la masa del Sol. Esto no tiene por qué tener ninguna consecuencia, pero da cosica ¿que no? Luego está la extinción de las abejas, que se viene produciendo sin una explicación clara hace años, y que va en aumento. Las abejas, aunque no les hagamos mucho caso, son responsables de la mayor parte de la polinización y su falta rompería la cadena trófica. En poco tiempo, también acabaría con nosotros. Pero hay muchos más indicios sobre los que no me extenderé: la galopante crisis económica, la rotura de tibia de David Villa, el olvidado Cambio Climático, la toma del poder por Mariano Rajoy, la subida temporal del I.R.P.F, la continuidad de la Ley Antitabaco, el caso Urdangarín. En efecto, todo pinta mal, pero que muy mal. Igual aparece por ahí el planeta Melancolía.

Por lo demás tampoco debería preocuparnos demasiado el fin de la raza humana. Somos el que pega fuego a su casa, el que pega fuego a su bosque, el que pega a quien ama hasta matarle, el que cuelga al perro de un árbol y lo machaca y lo machaca y lo machaca. Somos la carcoma cósmica devorándose a sí misma. Yo creo que el Universo estaría mucho mejor sin nosotros, pero se ve que aumentamos exponencialmente la entropía. 

Disfruten de su última Nochevieja.

martes, diciembre 27, 2011

Ciudad de provincias: instrucciones de uso

En las ciudades de provincias, aunque haya muros opacos, persianas bajadas, puertas, portezuelas y cancelas, costosas obras de insonorización o gafas de sol Wayfarer, se vive en permanente vida pública. En las calles, en los bares, en los sex shops, siempre hay alguien que conoces, o que te conoce, o al que no conoces muy bien pero con quien  alguna vez (que no recuerdas) coincidisteis nosédónde. Así, levantas levemente la mano, o ensayas un breve gesto con la cabeza, hola, qué tal, como va eso, y luego ya a lo tuyo, a mirar los tangas o las novedades en DVD's de sexo geriátrico. Esto pasa, of course, en Oviedo, que ya en la tradición literaria (véase La Regenta (la serie me refiero, no el novelón, sino diría léase)) tiene fama de ciudad cotillera y criticona, y con razón. En Madrid, no crean, la cosa es parecida: si uno lleva un puñado de años y se mueve lo suficientemente rápido y contundente por sus saraos y sus mentideros, acaba encontrándose a conocidos con la misma frecuencia por la Gran Vía que por la recoleta calle Uría ovetense. Porque Madrid es un pueblón. Así, la sensación es la de vivir, en vez de en una ciudad, en un piso compartido en el que sabes que probablemente te encontrarás constantemente con tus compañeros en el pasillo o en la cocina, y en ropa interior. Porque cuando la gente habla mucho de la gente, y todo se sabe, vivimos en calzoncillos. Ahí está Facebook, sin ir más lejos, que es como una capital de provincias, pero sin catedral ni dulce típico (habrá que inventarlos), aunque con muchos tontos del pueblo y muchos borrachos ilustres. Por lo demás, algunos tenemos las piernas muy bonitas.

En las ciudades de provincia se cuentan muchas tragedias. A mí, cuando llego a Oviedo después de una temporada larga sin dejarme caer por aquí, en seguida se me pone al día religiosamente de fallecimientos, enfermedades degenerativas o venéreas, intentos de suicidio (fracasados o exitosos, signifique esto lo que signifique), divorcios o triunfos electorales de la derecha. O ese familiar demente al que ya le cuesta reconocerte. Las razones para esto, se me ocurre, son varias: el contacto íntimo entre todos los ciudadanos, el contacto interno entre las familias, también la falta de grandes eventos, que, tal vez, magnifica los eventos pequeños que configuran la pulpa de nuestras míseras vidas, que suelen ser desgraciados y que corren de boca en boca dándole un poco de color, aunque sea gris, a la peripecia cotidiana. Si uno se ha ido de su ciudad natal, es probable que conozca poca gente en su nueva ciudad en edad de desarrollar Alzheimer o morir de viejo. Y en las ciudades grandes hay muchos que están muy solos. Y luego están todos esos amigos que, recién entrados los 30, se embarazan. Que no digo yo que esto sea una desgracia, eso que conste.

Se aprecia muy bien el continuo paso del tiempo: las reuniones se llenan de hijos que corretean y los bares se vacían de caras conocidas. Nos arrugamos, clareamos, engordamos, lo flipamos. Igual la moraleja es que ya es hora de dejar de perrear, ponerle freno al bullate y construirnos una vida como Dios Manda, con su primogénito, su domingo por la tarde, sus tachuelas. Cada vez van pasando diez años de más cosas. Cada vez estamos más lejos de todo.

domingo, diciembre 11, 2011

Sponsoriza mi puta vida


Hace mucho tiempo, en una plaza muy muy cercana, la realidad me pegó un bofetón. Una señora se me acercó con cara de querer hacerme una pregunta:
-       
-          - Perdón, ¿el teatro jaguendazs?
¿     - ¿Cómorrrrll?
-          - Sí, ¿el teatro jaguendas?

Se refería al teatro Häagen-Dazs, como habrán adivinado, pero todavía vivíamos en aquella edad inocente en la que las cosas tenían sus propios nombres. El Teatro Calderón, de rancio abolengo madrileño, está en la céntrica plaza de Jacinto Benavente, haciendo esquina, y fue uno de los primeros en adoptar el nombre de una empresa, en este caso de la marca de helados estadounidense Häagen-Dazs. ¿A que pensaban que era alemana o escandinava? Pues no, los helados Häagen-Dazs vienen de las profundidades del Bronx, Nueva York. En cualquier caso, ¿por qué le ponían al Calderón el nombre de un helado que la mayoría de la población no sabe deletrear ni pronunciar? Estamos hablando de Pedro Calderón de la Barca, dramaturgo universal del Siglo de Oro español, que, además, en la época, vivía por allí cerca, ¿no era un nombre perfecto? (De todas formas, todo hay que decirlo, la programación del teatro deja mucho que desear, copada por musicales naïf, así que bueno...).

Algún tiempo después, en otra plaza, una chica se acercó para preguntarme por otro teatro (se conoce que tengo cara de saber dónde están los teatros, pero, ya saben, lo mío es puro vicio). ¿El teatro Movistar?, preguntó la joven. Lo de Häagen-Dazs al menos tenía cierto misterio y una diéresis, que no es moco de pavo, pero ¿Movistar? Pues sí, un teatro de la Gran Vía, el Rialto, había sido rebautizado como Teatro Movistar. Como tu teléfono. Vaya cutre.

Nada nuevo bajo el sol. Todo esto les sonará a los fans del baloncesto, el hermano pobre. Recuerdo que en mi juventud el equipo de Vitoria (el Baskonia) se llamaba Taugrés, por la empresa de gres que lo patrocinaba. En la publicidad del equipo decían: “¿Qué hora es? ¡La hora del Taugrés!”, un ripio que desde entonces, no sé por qué, se me viene a la mente cada vez que me preguntan la hora (que no solo me preguntan por teatros). Con los demás equipos pasaban cosas similares. En las retrasmisiones de la SER (creo que era la SER) llegaron a patrocinar hasta algunas jugadas: un mate era un mate Phillips, y un triple, era un Cinco Estrellas (por la Mahou Cinco Estrellas). Cada vez que había un mate o un triple decían mate Phillips o Cinco Estrellas, hasta cuando acababa el partido y repasaban las estadísticas: “El Taugrés ha encestado siete Cinco Estrellas en la segunda parte”, por ejemplo. Claro, quien no estaba al loro de estos términos vanguardistas no sabía qué coño decían por la radio. Pero hay cosas peores: hasta la Sacrosanta Liga Nacional de Fútbol, origen y fin de todos nuestros problemas, se llama Liga BBVA.

El mundo de la juerga tampoco está exento: la tradicional sala de conciertos Arena, en Plaza España, una de las más importantes de la capital, donde han tocado buena parte de los grupos que importan (yo ví allí a Chimo Bayo, por ejemplo) se llamó hace un tiempo Sala Heineken (como el Festival de Benicasim, que se transformó en FIB Heineken). Pero hace unos meses es la ¡Sala Marco Aldany!, por Marco Aldany, la cadena de peluquerías low cost que emplea a peluqueras sacadas del barrio y formadas en su propia cantera, todo muy bling bling. Esto sí que es cutre, que vengan, por ejemplo, los Sonic Youth, y toquen en un sitio apadrinado por Marco Aldany (que por otro lado es un joven y exitoso empresario con pelazo y grandes bíceps, ver foto).

¿Hasta dónde vamos a llegar? ¿Rebautizaremos las iglesias por 30 monedas? Imagínense: Catedral de la Almudena-Durex. Vaya cachondeo, ¿no? Hace poco salió en los periódicos que los autobuses de línea de Valencia llevaban publicidad de prostíbulos con el número de móvil de la madamme, ¿recuerdan? ¿Podría entonces haber una Basílica de la Sagrada Familia/Piso de Relax Conejitas? ¿Y España? ¿Rebautizaríamos España como medida de austeridad para salir de la crisis? ¿Se llamaría España entera Santander? ¿Seríamos todos Santanderinos? ¿Le gustaría la idea a Merkel? El resto es misterio.

Yo, por lo demás, cambiaría Txe Peligro por Cheetos por un buen puñado de ecus. Que también estoy muy rico.

lunes, diciembre 05, 2011

Charles Darwin y los Fraguel



Como los ricos viven en sitios muy raros (porque los ricos, créanme, existen, yo los he visto) como La Moraleja o el barrio de Salamanca y veranean en Sotogrande o Puerto Banús, cuando vienen al mundo real se sienten como Darwin en las Galapagos. ¡Qué biodiversidad, Borjamari! Los ricos no distinguen a un ladrón, de un indigente, de un comunista, de un bohemio. Cuando los ricos vienen al Mercado (pijo) de San Miguel se acuerdan precisamente de Charles Darwin, porque los indigentes que montan eterna guardia en la puerta (que no son ladrones, ni comunistas aunque sí algo bohemios), y a los que yo he bautizado como Los Fraguel, son muy parecidos a Darwin y porque la foto de Darwin en los libros de texto de la escuela es la única persona tan barbuda y desaliñada que han visto en su vida. También porque a muchos niños ricos sus abuelas ultracatólicas les dicen que no crean en Darwin y ellos, como les invitan a chocolate con churros y les compran coches a los 16, en vez descreer de la teoría de la Evolución, descreen directamente de la existencia del Darwin hombre, como si fuese un personaje de ficción. Cuando vienen aquí lo flipan, claro. Me pregunto qué diría el darwinismo del fenómeno de Los Fraguels a la puerta del Mercado (pijo) de San Miguel. Tal vez aquello tan polémico de la “selección de grupo”: desde luego ese sucio grupo de hedonistas pedigüeños, esa útil asociación, parece haberse adaptado perfectamente al salvaje ecosistema urbano, y desmuestran tener una habilidades hepáticas de acero. Por el momento, parece que hay dos que se van a aparear y probablemente, traer más Fraguels a este mundo y perpetuar sus mugrientos genes. Con suerte, algún día, morderán a algún turista.