miércoles, enero 14, 2009

Esa luz

Todas las noches se ve ahí enfrente la luz amarilla y tenue de su cuarto. Como el patio es oscuro y yo también estoy a oscuras, esa luz recorta mi silueta contra la pared al lado de mi cama. Ahí estoy yo, o mi sombra, que es lo mismo, incorporándome de la cama, despeinado y sudoroso, mirando una y otra vez la luz amarilla, la única que por las noches se ve en el patio. Un patio pequeño, un segundo piso de un edificio de ocho al que apenas llega la claridad, ni siquiera de día, ni siquiera en esos días en los que el sol del verano está más alto. A veces mi sombra se levanta del lecho y yo me acerco a la ventana y me asomo, y veo, dos pisos más abajo, los cubos de basura que el portero llena cada tarde de bolsas negras y amarillas, malolientes, y también algunos trastos que nunca nadie recogerá. Observo la ropa tendida, que no es mucha, enormes bragas encarnadas, camisetas blancas de tirantes, pantalones vaqueros, zapatillas deportivas soltando su pútrido olor -que no me llega- en los alféizares de las ventanas, en mitad de ese silencio cruel de la noche en Madrid. Un silencio que no es silencio. Si te callas, si no haces ningún ruido y te estás quieto, escuchas el leve rumor de la ciudad que nunca duerme, de la bestia, casi un murmullo, un sonido sordo e indefinible que llega de más allá de este patio, de las calles céntricas e insomnes, del tráfico incesante, de los pasos, los tiroteos, los accidentes, los bares últimos de cada madrugada. Sin embargo, está esa luz amarilla, ahí enfrente, siempre, bajo el cielo naranja Blade Runner de la noche en Madrid. Si fuera un sonido, esa luz sería un grito agudo y chirriante.

Hace calor aquí, la calefacción es fuerte, y está esa luz. Me levanto, me asomo a la ventana, la observo. Imagino que él está en el cuarto, a veces detecto su movimiento cuando se interpone entre su lámpara y su ventana, la luz -esa luz- varía de intensidad de forma casi imperceptible. Noto cuando se mueve, aunque nunca sé lo que hace ni por qué. Siempre temo que, mientras yo vigilo, él asome de pronto la cabeza, que se asome como yo a la ventana y que, como yo, mire y me descubra. Sería horrible. Le imagino refugiado en las profundidades de su cuarto, levantándose a llenar otra vez su copa de vino tinto, dejando un momento la novela del XIX abierta sobre la cama, yendo a buscar al cajón otro Ducados. Cambiando el disco. Masturbándose. O simplemente yaciendo sobre el colchón, mirando al techo blanco, a la humedades, a la goteras, quién sabe, con los ojos fijos, muy abiertos, como un enfermo.

Hoy estoy inquieto. Hoy estoy nervioso, muy nervioso. Mi cuarto está más oscuro que de costumbre, y mi vientre lleno de fieras que se revuelven, siento sus garras. Pero la luz sigue ahí, imperturbable, recortándome contra la pared, haciendo que mi sombra siga mis paseos circulares. Tropezándome, descalzo, con el suelo lleno de periódicos viejos mientras mi cigarrillo es lo único que alumbra, incansable, obseso, esta habitación. Ojalá pudiera verlo mejor, ojalá pudiera ver lo que está haciendo, pero su ventana no está frente a la mía, sino que la veo lateralmente, está en una pared contigua del patio, no en la opuesta, de tal forma que no alcanzo a ver lo que pasa dentro, sólo la raya de luz lateral, que forma un ángulo de treinta grados con mis ojos. Me pregunto que estará haciendo, no oigo nada, no se oye nada, sólo, quizás, su respiración, quizás sea esa su respiración, esa que se confunde con la respiración dormida de la ciudad. Está loco, creo que está loco. Está en su pequeño cuarto, que debe tener menos de nueve metros cuadrados, lleno de luz tenue y amarilla, bebiéndose otra botella de vino, leyendo una novela del XIX, viendo cine porno. En mi cuarto todo está oscuro, choco con la esquina de la mesa, me hago daño, por qué demonios no paro de sudar. Me siento desnudo en el suelo. Está caliente.

De pronto oigo ruidos en el piso. Alguien anda por ahí, puedo escucharlo. Con mucho cuidado, tratando de no hacer ruido, me levanto y me acerco, de puntillas, lentamente, a la puerta. Arrimo la oreja, la puerta está caliente, mi oreja está húmeda, me concentro y oigo unos pasos, ahora en la cocina, ahora en el pasillo, alguien se acerca. Primero se oyen lejanos, pero luego cada vez más próximos. Alguien viene hacia aquí, cada vez se oye más cerca. Cuando llega hasta mi puerta se detiene. Le oigo al otro lado. Mi oreja está muy cerca de su pecho y puedo oír como respira - la respiración de la bestia-, sólo la puerta nos separa ahora. El silencio se instala durante unos siglos, mi pecho tiembla, mis manos tiemblan, estoy temblando. Dos golpes hacen retumbar la madera a la que se adhiere mi oreja y yo salto aterrorizado, y termino con la espalda pegada a la pared opuesta, tratando de asirme a algo que no existe, con la cara empapada en sudor, con un tambor dentro del cuerpo. No puedo. Miro por la ventana. La noche nunca fue tan silenciosa. El patio está ahora oscuro. La luz. La luz amarilla. La luz no está. La luz está apagada.

29 comentarios:

Nikaperucita dijo...

... me asustó ver que era tab largo, pero no me ha costado nada leerlo de un tirón.
(eso le pasa por mirar mas allá de lo aparente)

Un besazo :)

Anónimo dijo...

Alfeizar en plural no mola tanto...verdad?

Nikaperucita, el tamaño realmente importa? (perdone la intromisión)

Claudia

Nikaperucita dijo...

Depende de lo que hablemos y el momento en que me pille :D

txe dijo...

grande o pequeño, hay que moverlo.

¿no?

Nikaperucita dijo...

No hay duda ( y nada de sguir con el refranillo... jaja)

La cónica dijo...

este texto se ve, txe. lo veo. me he hecho una con el protagonista. vengo de abrir la ventana, noto la luz amarilla de refilón y ya confundo los pronombres, yo, tú, él... pero estoy pegada a la pared, temblando, y no sé cómo he llegado ahí ni quién hay al otro lado de la puerta... ¿qué me he tomado? ¿qué estoy leyendo?

La cónica dijo...

(qué novela del siglo xix, quise decir)

txe dijo...

entonces el prota es el mismo que el enfermo de la luz amarilla?

nunca lo habia pensado

los textos son autónomos. los demás siempre ven más allá. De ahí la existencia de la crítica.

Es hermoso.

Weah!

una vida lo que un sol dijo...

él, al otro lado de la puerta es tu reflejo, txe

que te lo digo yo

weah!

:P

La cónica dijo...

el texto es grande. y se mueve. y se deja hacer, leyéndolo. ese personaje, ... no sé nada de él. me descoloca. eso, la nitidez de las imágenes y el cambio de ritmo. eso y el ruido de fondo. eso y la luz amarilla.

mañana lo leo otra vez

una vida lo que un sol dijo...

pues a mí no me descoloca La cónica
desde el principio se sabe que el mismo que está mirando es el mirado.

a mí me gusta lo del ruido del silencio, el silencio que no es, el ruido de la bestia....



ciaooo

Anónimo dijo...

Me recordó a Auster, y sentí la angustia que una vez experimenté leyendo a Kafka, yo también pensé en quién era quién en el relato, y en que momento se intercambian los papeles... Pues sí,parece que tiene vida propia, sí...
Me gusta mucho la palabra "encarnada".

Anónimo dijo...

Eso es. Grande y se mueve como pez en el agua. Por eso no hay que asustarse cuando vemos textos un poco más extensos.

La cónica...next week el té pakistani?

Claudia

Le Petit Ecolier dijo...

I like it. Es un poco como si hubieses unido "El Corazón Delator" y a Truman Capote :)

Lachicafriolera dijo...

Hombre, claro. A ver si te crees que me junto con cualquiera ;)

Lachicafriolera dijo...

Quizás no se puede saber cual es la mejor, pero si cual NO lo es. Creo que la cosa va por ahí.

En cuanto a lo de los guionistas, creo que es bastante posible y lo digo sin ningún matiz de ironía. Y que sepas, que Barbie tiene una hermana gemela. Flipa.

txe dijo...

Así venderán el doble. Con la gemela, digo.

La cónica dijo...

jueves o viernes, clau (perdona, txe, parecemos spammers)

Anónimo dijo...

A mi me recordó a Poe... no se... la oscuridad, el ruido,...

Mar

Anónimo dijo...

Te digo cuando sepa algo...Cónica...La. Creo que sí podría vendredi.

C.

Svor dijo...

y que pasa cuando ya no contamos ni siquiera con nuestra propia sombra?

La Maga dijo...

Me gustó el relato. Yo también soy de la opinión que son la misma persona, pero, como dices, se pueden sacar tantas conclusiones como personas que lo lean.

ana martinez dijo...

Descripción perfecta de las paranoias de un solitario en Madrid.

Lo mejor, el último párrafo si lo hubieses finalizado en "...con un tambor dentro del cuerpo." A mi modo de ver, es de diez.

LOLA GRACIA dijo...

Un final abierto...¿?Qué pasó? Ah...Muy bueno. Mantiene la tensión hasta el final, sin aburrir.

Ro dijo...

Fiebre.

chasingalmacigas dijo...

te falta una silla de ruedas para la ventana indiscreta.Por otra parte,espero que los turbios augurios de final de semana no lleguen a cumplirse,que ya se sabe que lo que mal empieza bien acaba...o no era asi?

Tesa dijo...

El relato respira y suda, me ha hecho pensar en un pulmón agitado, qué cosas.

Seguro que en el piso del "prota" tiene calefacción central, porque si tuvieran individual estaría mucho más baja, para ahorrar algo entre el edredón y el sueño, que luego viene unas facturas que esas sí que dan miedo.

Retomemos, no creo que sean el mismo, uno bebe vino, lee novelas del XIX y tiene siempre prendida su luz amarilla; el otro suda,escucha, imagina y elucubra a “oscuras”, ésa es la clave.

Me gustó mucho. Muy Poe. Esos patios interiores y asfixiantes dan mucho de sí para cuentos de terror, claro que hay que contar con la mente calenturienta del narrador.

Besos, Txe

奇堡比 dijo...

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