viernes, octubre 27, 2006

Yo soy la Juani

El día que cumplí veinticinco años (26-06-05) fue un día aciago por varias razones. Aparte del desasosiego causado por algunas opiniones que aseguraban que en ese momento comenzaba el declive físico del individuo (pérdida de pelo, piel menos firme, menor ángulo de erección) estaba sumido en la convocatoria de junio y tenía examen al día siguiente, al otro y al de más allá, y por tanto, no podía extraviarme en una retahíla de celebraciones autodestructivas. Llegué a mi confortable casa de Ópera –cuánto añoro su calefacción en los duros días de invierno- al anochecer, tras un día de duro estudio en la biblioteca, ebrio de ecuaciones y conocimiento, avanzando con dificultad entre las luces anaranjadas de las farolas y el calor, como si el ambiente fuera de gelatina. Cuando, frente al portal, bajé la cabeza con gesto derrotado para elegir la llave que abría aquella puerta de entre todas las llaves que había en la palma de mi mano, descubrí sorprendido, un poco más abajo, sobre el escalón del portal, una pequeña cartera que alguien debía haber perdido o abandonado. Ese debía ser mi único regalo de cumpleaños, pensé.

La cartera, una de esas de hilo de colores con algún símbolo esotérico o jipi que se venden en mercados de artesanía y que la gente suele utilizar para guardar el hachís, el papel de fumar u otras sustancias ilícitas –la droga en estos días es un valor a la alza-, resultó pertenecer, a juzgar por lo contenía, a una tal Verónica. Esparcí todo lo que había allí dentro sobre la mesa de la cocina: un dni, una tarjeta de videoclub, otra del banco, un carnet de gimnasio…, y pensé que era fácil reconstruir la vida de una persona en base a lo que uno encontrase dentro de su cartera, de igual manera que se puede conocer a alguien completamente urgando en su basura. La chica que me miraba desde la foto del dni era guapa y de aspecto moderno, tenía el pelo recogido, un flequillo cuadrado de esos que tanto se estilan ahora y entonces, y dos grandes pendientes de aro plateados que muy bien podrían pertenecer a una flamenca. Verónica tenía unos 22 años y vivía al norte de Madrid, en la zona rica que yo casi nunca piso, según pude comprobar tras buscar la dirección que figuraba en su carnet en un plano de Madrid incluido en la guía telefónica. También sabía que hacía ejercicio y que veía películas alquiladas; por supuesto, su gimnasio y su videoclub estaban en su barrio. Pero lo que me permitió localizarla finalmente fue una nota de papel cuadriculado y arrugado donde se leía garabateado un número de teléfono y un nombre presumiblemente extranjero, Romana o algo así. Al día siguiente telefoneé a ese número y al otro lado de la línea se escuchó una voz efectivamente extranjera. Traté de explicarle que había hallado fortuitamente la cartera de Verónica en la calle y que no la conocía, pero que si ella podía facilitarme el teléfono de la chica yo haría lo posible por devolvérsela. Romana, o como se llamara aquella mujer, pareció confusa en un primer momento, como si no entendiese nada o no conociese a Verónica. De pronto parecieron aclarársele las ideas y recordó –o eso me pareció a mí- de quién le estaba yo hablando. Posteriormente Verónica me explicaría que Romana –o lo que sea- y ella se habían conocido justamente el fin de semana anterior y que no eran amigas, lo que tal vez explicase el despiste de mi interlocutora.

Tras mi ardua investigación y con el número que me proporcionó Romana pude contactar con Verónica, que se mostró agradecida y encantada de concertar una cita conmigo el jueves siguiente –creo recordar- en un bar de la Puerta del Sol para recuperar su cartera. Ese día por la mañana la luz atravesaba el mundo y había una huelga de taxistas que se manifestaban por la calles del centro tocando el claxon para llamar la atención sobre sus reivindicaciones. Una vez en la Puerta del Sol y, algo aturdido por lo pitidos, llegó la duda: habíamos quedado en un bar con nombre caribeño o tropical y allí había dos, el Jamaica y el Hawai. Entré en ambos intentando reconocer a Verónica en la barra o en alguna mesa, pero resultaba harto difícil con la única foto de la que disponía. Así que, después de algún momento de indecisión, pedí una cerveza en el Hawai, que me parecía más amplio y luminoso. Al cabo de unos minutos, en los que me sumí en la lectura de no se qué, apareció en el bar una joven con vestido florido y primaveral y media melena, un aspecto algo más recatado del que yo había imaginado a juzgar por la foto del dni, en la que mostraba gesto duro y ceño fruncido. Aún así la reconocí al instante y ella a mí, pues me levante del taburete escrutándola con la mirada. Verónica era sonriente y había elegido la opción inversa a la mía: estaba en el Jamaica aunque, afortunadamente, se había dado cuenta de la ambigüedad de la cita y había decidido pasar por el Hawai por si yo estaba allí. Así que, como yo ya había acabado mi consumición, regresamos a donde ella estaba. Me sorprendió, al llegar a la mesa donde se había instalado, ver, al lado de la caña demediada que había pedido, un libro autobiográfico de Gonzalo Suárez, en cuya portada aparece él de joven luciendo una hermosa barba y una profusa melena. Por ahí comenzó la conversación, le expliqué que Gonzalo nació en Oviedo, como un servidor, y que además, y curiosamente, vivía actualmente en mi misma manzana, en Ópera, por la parte de atrás, cerca del monasterio de la Encarnación y que regularmente le veía por las calles del barrio donde siempre tentaba la posibilidad de decirle algo pero nunca le decía nada, de pura vergüenza. Ella confesó no conocerlo aún mucho pero aseguró que el libro le estaba gustando. Además me contó que era actriz y que actuaba en la obra Inferno basada en la Divina Comedia del divino Dante. Yo extendí sobre la mesa todas mis virtudes como escritor diletante y físico en ciernes, y caña tras caña hablamos de ciento un mil cosas, como el mercado inmobiliario, los after hours más desaconsejables o la difícil carrera del que quiere abrirse un camino en el mundo de la interpretación. Sinceramente, y aunque Verónica parecía extrovertida y echada p’alante, la visualicé en un negro futuro plagado de barras de bar y castings, como tantas otras chicas simpáticas y bonitas, trabajando como camarera eternamente en busca de su gran papel en una publicitada producción del cine patrio, tal vez un papel secundario. Tras cinco o seis y cañas y tras compartir la última la acompañé a Callao –ella tenía que visitar a su agente- y prometimos volvernos a ver, intercambiamos los teléfonos –yo ya tenía el suyo-, apalabramos un par de fiestas que uno y otro vislumbrábamos en el horizonte. La realidad, como suele pasar, fue que cruzamos un par de mensajes en las semanas siguientes y lo prometido se disolvió en la marea del tiempo y nunca, nunca más nos volvimos a ver.

Cómo de grande fue mi sorpresa cuando, viendo el trailer de la nueva peli de Bigas Luna, “Yo soy la Juani”, descubrí asombrado que la nueva gran promesa del cine nacional y la chica que posa en pose provocativa en los gigantescos carteles de la Gran Via –el mismo rostro de gesto duro que vi en su dni-, no es otra que Verónica, Verónica Echegui, la chica cuya cartera yo salvé del abismo del olvido y que ahora llena las páginas de los periódicos y la revistas de tendencias gratuitas que reparten en los lugares más tendenciosos. Y fantaseé entonces con la posibilidad de que Verónica se convierta en una gran estrella, la más rutilante de la historia española, como Marilyn o Audrey Hepburn, y que en el futuro se imprima su rostro en bolsos y camisetas y la gente la considere un mito, y su memoria persevere generaciones y generaciones, pero al fin y al cabo yo sepa que es una persona de carne y hueso, que duda y que pierde carteras y que se cita con los que se las encuentran, e imaginé también haber vivido en otro tiempo y haber coincidido en clase, en la escuela, con Sofía Loren, o haber jugado en mi pueblo con Grace Kelly al escondite, y saber que todos y cada uno de los dioses tienen los pies de barro, y mocos, y legañas cuando se despiertan después de una mala noche y, además, resaca.

32 comentarios:

Batiscafo dijo...

sí, me habría encantado conocer al jovencito y atormentado Marlon Brando.

eleanor dijo...

alguien creyo en ella...

ay! hay tantos a quienes me gustaría haber conocido de peques..

Virgen dijo...

Me hubiera gustado conocerme a mi misma de pequeña...

Abrazarme... contarme un cuento...

Un abrazo ... un placer leerte... y un agradecimiento por tu visita en mi blog.

illeR dijo...

Que guay la historia!!! Yo conozco un par de actores, que por fin estan empezando a despuntar, jejeje. Uno trabaja en "Los simuladores" y otro en "Camara cafe". Es genial ver como ahora firman autografos y pasan más tiempo en la capital rodando que en su ciudad -bueno esa parte no me gusta tanto- mientras que antes iban de casting en casting buscando una oportunidad.

gaia56 dijo...

el mundo es un pañuelo y tú bordas las historias....

Javier López Clemente dijo...

Ella era La Juani es una excelente historia.

Checha dijo...

uufff!!!
Cuanto cuanto cuanto me gustó este post!
Y no porque tenga aspiraciones de actriz, sino que la historia es verdaderamente bella, me emocioné, en serio.
Besote!

Esther dijo...

Me encanta este blog (yo intenté crear uno, pero me temo que las nuevas tecnologías no van conmigo). Suelo visitarte con frecuencia y disfrutar de tu lectura.
Hoy me has hecho recordar un hecho parecido que me ocurrió a mí y que me hizo pensar que la vida ya estaba escrita. Hay cosas que tienen que pasar, hagas lo que hagas por evitarlas. ¿Quién sabe si tenías que conocer a Verónica para abrir un círculo que tal vez se cierre cuando ella interprete alguna película que tú escribas?
Eres un gran contador de historias, el cine se te dará bien.

ALOMA69 dijo...

Menuda casualidad! Recuerdo que en el post que escribí sobre TIRANT LO BLANC, tú conocías a un chico que también había participado, en decoración sino recuerdo mal.

Ha valido la pena esperar a este magnífico post sobre la vida misma y eso que de primera vista he pensado, jo, qué largo! Pero al final me ha resultado cortísimo.

Saludos!!!

p.d.: todavía más aliciente para ir a ver la película, aunque un BIGAS LUNA siempre es un riesgo, puedes triumfar o provocar escándalo y rechazo, como fué el caso de Valeria Marini en BAMBOLA, en Italia se retractaba de haber participado, visto las malas críticas.

nancicomansi dijo...

"Si non è vero, è ben trovato"...

Sandra Becerril dijo...

Me gus´to un buen. Yo tenía que habermé conocido así... dan ganas de regresarse 26 años pero es tarde! buaaa

besos

El detective amaestrado dijo...

Disparos son tus historias, amigo...Impactan al primer golpe

eva dijo...

en mi ciudad se han vuelto locos con viggo mortensen, q estuvo alli practicando su acento y se enamoro tanto de la ciudad q se ha comprado una casa en un pueblo de alli.
el caso es q es como si de repente todo el mundo se hubiera dado cuenta de q es una persona de verdad, q toma cañas, usa corbata cuando corresponde, y se lava las manos despues de mear.
a veces pecamos d complejo de inferioridad frente a gente q al fin y al cabo solo es eso, gente

Lost in Translation dijo...

es una anecdota preciosa. Me ha encantado. Antes de leer tu post, yo justo habia escrito uno donde cuento que el sabado conoci a messi! jaaj

kum kum dijo...

muy bueno muy bueno, largoooo pero bueno! valio la pena....si dicen que a los 25 años se pierden muchas caracteristicas fisicas y mentales que dejan para los 50? seremos vegetales a esa edad? jajaja

Anire dijo...

al final tuvo suerte :) hay una oportunidad para todos

Gato negro dijo...

Un ejemplo más de las curiosidades que poseen todos los que conformamos este mundo.
Los comentarios suelen sobrar al lado de estas historias.

GATO NEGRO

629 dijo...

Más curiosa que la historia, que además de serlo está genialmente narrada, es a mi parecer el hecho de que a tus 25 años (ahora 26) estés preocupado por el declive físico del individuo; que te equivocaras, afortunadamente, con la suerte que augurabas para esta actriz (que en muchas ocasiones suele pasar a ser la realidad). Pero lo mejor de todo es que te lo curraras para devolverle la cartera a una persona de la cual nada conocias salvo lo que pudieras resolver en las indagaciones de tu descubrimiento. Otra persona lo hubiera dejado en el sitio (tras revisar si había dinero), o con un algo más de suerte lo habría tirado a un buzón de correos, o cientos de cosas aún peores.

¡Más gente como tu en la vida ya!. (lo dice uno que extravió su cartera y tuvo que hacer visita a todos y cada uno de los centros de los que tenía tarjeta)

Trapi dijo...

Yo también tengo una historia de devoluciones de objetos personales.

En cierta ocasión perdí mi DNI. Días después recibí una llamada de teléfono de un hombre que aseguraba haber encontrado mi documento. Agradecido, apunté su dirección y me dirigí de inmediato a su domicilio.

Al entrar a aquel apartamento de la calle Diego de León, me recibió una pareja de gays a lo 'Aquí no hay quien viva'. No faltaba de nada, ni el tono de voz ni el típico y cariñoso perrito. Se portaron fenomenal y siempre les estaré agradecido por haberse tomado la molestia de buscarme para devolverme mi DNI.

De acuerdo con 629, gente como tú y como ellos son necesarios.

Saludos

shhhhhh! dijo...

a mi maribel verdú me regalaba barriguitas de pequeña, pero a mi me pasó al revés pq yo me enteré de eso cuando ella ya era famosa...y su madre y mi abuela se pasaban a sus hermanas por la terraza (rollo michael jackson) para que jugaran con mi padre y mis tias :)
que suerte tiene usted de vivir por ópera!
saludos!

Falinda dijo...

Yo tengo 29 y me quiero suicidar, un poquito.

sergisonic dijo...

qué gran historia!!!

eli bennet dijo...

todos los idolos son de barro,ya que el valor más alto del hombre, es justamente ése, el de ser hombre (con sus cosas buenas y malas).
P.D.: yo también hubiera elegido entrar al Hawaii

Lluna de foc dijo...

Que casualidad! Bonita historia de encuentros, me acordad que una vez tambien perdí alcartera, un chico muy amable me llamó y la recuperé. No se que pensó ese chico de mi ni si reconstruyó mi vida a traves d mis carnets.
Besos

pcbcarp dijo...

Bonita historia. Pues me acabo de enterar de que yo conocía a Bea, la de "Yo soy Bea" (no es lo mismo, pero... ) :)

Hada de Luz dijo...

Wow, pero que historia y que bien contada, envolvente y todas las demas adulaciones para tu post.

Hace tiempo que no te visitaba, en otra ocasion me dare el tiempo de leer todos tus post, habia estado un poco alejada del mundo blogero, el tiempo me hacia falta y me hace aun, estoy en medio de una clase de ingles sin poner atencion =O

Que estes bien ^^

Besos

ene dijo...

Acabo de entrar en tu casa y me parece que me voy a quedar a pasar unas semanas, como mínimo.
Gracias por haber entrado en la mía y haber recogido el correo.
Encantada de haberte descubierto. Ay,llevo demasiado poco aquí como para contar secretos de actores y eso...otro día.

la clé dijo...

que cosas tan interesantes que pasan a algunos! o será que saben contarlas y nosotros imaginarnoslas?

Kactus dijo...

que divertida historia....¿es verdad? las casualidades de la vida...

txe dijo...

real como la vida misma

奇堡比 dijo...

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