lunes, noviembre 02, 2009

Los peces muertos siguen la corriente del río

Almorzando con mi amiga X. comenzamos a hablar sobre cuál era la cosa más mala que habíamos hecho en la vida, ya ves tú qué cosas. La conversación iba más bien orientada al trato a las mascotas –aunque a mí ya se me estaban ocurriendo a borbotones las putadas más horrendas que he hecho a las personas- así que primero X. relató, mientras desbarataba su espléndida brocheta de cazón en adobo sobre el plato, cómo una vez había arrojado uno de sus pececitos naranjas por el fregadero. Los animales como los pececitos de pecera o las tortugas, me explicó, no causan tanta ternura o empatía a su dueño como otros, léase perros y gatos, mamíferos en general, así que ni corta ni perezosa lo arrojó por el desagüe porque ya no le hacía mucha gracia. Luego fantaseamos un rato con la posibilidad de que el pececito de marras hubiese sobrevivido, que hubiese caído por un intrincado laberinto de tuberías, cual Aquapark, hasta llegar a un mar. A un mar de mierda de alcantarilla, todo sea dicho.

A los postres seguimos hablando de estas pequeñas grandes maldades. X. recordó otra ocasión (la dulce X., pensé, yo no imaginaba que esta chica tenía está fortísima necesidad de matar) en que quiso deshacerse de otro de sus pececillos. Ahora, en vez de arrojarlo burdamente desagüe abajo, fue más cerebral, más fría, más calculadora: optó por dejarle en la pecera, sin alimentarle, sin limpiar el agua, indefinidamente. Cada día pasaba por delante del recipiente simulando no enterarse del asunto, mientras el pez agonizaba hambriento, tal vez mirándola pasar indiferente al otro lado del cristal, y el agua de la pecera se volvía de un tono parduzco conferido por los excrementos del bicho. Imaginé a la X. niña, en toda su perversa inocencia, convenciéndose de que nada pasaba, día tras día y noche tras noche, negándose a sí misma lo evidente, hasta que una tarde, como estaba planeado, descubrió con falsa sorpresa que el pez yacía inerte, boca arriba, en el agua ponzoñosa.

“Me resultaba más fácil desentenderme que participar activamente en el fin de los peces”, dijo X. una vez habíamos terminado de comer, y aquello me pareció una sentencia fuerte y profunda. Tantas veces ocurre que es preferible mirar hacia otro lado dejando que la cruel naturaleza de las cosas siga su curso antes que enfrentar la adversidad… Tal vez sea lo que haya que hacer, porque al final no pasa nada, nada pasa, nada importa demasiado en esta vida, y los pececitos naranjas se venden en cada domingo en cada mercadillo de barrio, dentro de bolsas de plástico transparente, y, además, los ríos, como suele decirse, están llenos de ellos.

Hay que ser más cruel.

19 comentarios:

pcbcarp dijo...

¡GASP!

txe dijo...

que onomatopeya más rara

Rémora dijo...

Quizás la cuestión no sea hacerse mas cruel sino simplemente endurecerse.
Saludos y weah!

una vida lo que un sol dijo...

y quiénes son los muertos los peces o nosotros? no me queda claro.

La Haine ♥ dijo...

interesante paralelismo... cómo andas? :)

La Haine ♥ dijo...

sigo por aquí, de nuevo, con más mierda que nunca! :)

vaderetrocordero dijo...

Matar a sangre fría es un don reservado a unos pocos. Por eso, lo primero que hay que hacer es encabronarse... O ponernos ciegos (si recordamos que "hachís" significa "asesino").

Orologiaio dijo...

Total, tienen tres segundos de memoria, así que si sobreviven, no te guardarán rencor.

txe dijo...

les veo muy pragmáticos.

pcbcarp dijo...

¿Raro "¡gasp!"?, yo creía que era "¡glups!" en Inglés.

txe dijo...

groar!

alicia dijo...

La fiera siempre habita dentro de nosotros, se asoma a nuestros ojos y está dispuesta a atacar... Cuidado con uno mismo!
Acabo de descubrir tu blog y me he dado un chapuzón en él que me ha encantado. Felicidades

jota dijo...

con respeto, hachis no significa asesino, hassasin, quizás.
saludos desde la nube

jota dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Eva B. dijo...

Tengo un nudo. No sé si en el estómago o en la garganta. Sí, creo que es en el estómago, ahí, donde están las entrañas.

Me veo impotente ante la "cruel" (pequeña) niña que es capaz de pasar por delante de la pecera sin limpiarla. Me resulta imposible. No puedo desentenderme y no creo que sea tan fácil hacerlo... Lo es? ¿Es fácil desentenderse de las cosas? Me pregunto si al final aprendemos todos a hacerlo. Yo no quiero eso. Me has puesto triste.


*Pero sencillamente genial

Bambu dijo...

Más crueles no sé pero siendo más pragmáticos nos iria mejor.

saludos

Anónimo dijo...

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奇堡比 dijo...

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