jueves, marzo 22, 2012

Vértigo (reloaded)

 Tengo vértigo me dijo cuando subimos a la última planta del centro de salud mental o sea del manicomio la acerqué al borde y ella se encendió un cigarro muy nerviosa le temblaba la mano casi no podía acertar con la llama en el extremo del tabaco hace tiempo que no nos vemos ¿sabes? yo antes te quería pero eso era antes hace mucho tiempo me dijo ahora no es que tenga miedo a las alturas no es eso cojones es que el vacío me llama dijo es que cada vez que veo todo ese espacio me dan ganas de tirarme estoy muy mal ¿sabes? me dijo estoy muy loca cada vez que subo aquí fantaseo con estamparme contra el puto asfalto y fantaseo con cuál será la imagen de mi bonito cuerpo abierto y roto mis vísceras rojas esparcidas contra el suelo como una puta muñeca rota ¿sabes? me dijo y yo pensé que en verdad era bonito su cuerpo y que en verdad era una muñeca y yo también fumaba y el humo no temía de mezclarse con el aire frío del crepúsculo haciendo remolinos ella se tapaba la cara con las manos estoy fatal dijo estoy muy mal y empezaba a incomodarme y abajo estaba el aparcamiento los coches de colores ford fiesta negro peugeot 205 blanco y sucio un audi metalizado ¿sabes? dijo mi padre hacía cosas malas tú también me hiciste daño pero menos o el mismo pero diferente ¿sabes? yo siempre leo todos esos libros de Freud dijo cuando me dejan porque a veces no me dejan hacer nada de lo que quiero aquí es todo muy blanco dijo y ¿sabes? y ella seguía diciendo y yo empezaba a marearme y se ponía el sol tiñendo el cielo de morado y naranja infierno y ella no paraba de cogerme del brazo con fuerza casi me hacía daño me clavaba los dedos las uñas era una puta loca pensé ¿sabes? yo ya no sabía quién decía cada cosa si era ella o era yo y veía la punta de mi zapatilla en el borde del precipicio siete plantas de psiquiátrico un edificio nuevo de metal y hormigón pagado por la Comunidad me sentía tan libre y tan liviano el aire fresco mordiendo mi cuello solo faltaba un paso pensé ¿sabes? estaría bien tirarse destruirse contra el suelo ver lo que luego dirían los demás saber qué sacarían los periódicos de pronto parecía tan atractivo el mundo tiraba de mi y la eternidad sólo estaba un paso más allá de las puntas de mis adidas ¿sabes? necesito mis pastillas dijo necesito bajar y tomar mis putas pastillas enredando su pelo entre los dedos como una niña pequeña como una loca me vuelvo dijo ¿sabes? y yo dije a tomar por culo y me balancee suavemente hacia atrás y hacia delante y me tiré más bien me deje caer me dejé atrapar por la atracción del planeta mi cuerpo ingrávido y celeste incapaz de controlar los movimientos de las extremidades como un pelele absurdo en el aire cayendo a 9,81 metros por segundos cada segundo la aceleración de la gravedad el cuerpo hacia la Tierra hasta estamparse contra el suelo perder la respiración verla alejarse ahí arriba asomada la melena colgando mi corazón detenido y no ver mi vida cruzando delante de mis ojos ni a Dios todo era mentira y de repente y así como si nada chof y todo negro. 


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este texto es viejo, circa 2008. la imagen, de Dennis Maitland. el gusto, mío.

martes, marzo 20, 2012

Ancianas contra la Ley (de la Gravedad)



Me gusta ver cómo se caen al suelo las ancianas. Dirás que soy cruel, vil, frívolo o malvado, pero no hay maldad en ello, de hecho, me gusta ver cómo se cae todo el mundo al suelo, pero especialmente las ancianas. Me pasa desde niño: la primera noticia que tengo de mi vida, después de mi propio nacimiento, es aquella ocasión que me cuenta mi madre con frecuencia en la que mi abuela (que murió poco después de nacer yo y de la que no guardo recuerdo alguno) se tropezó y se dio un buen hostiazo y yo, aún siendo un bebé, me descojoné de la risa. Supongo que, desde entonces, me gusta ver el descalabro de la orgullosa verticalidad humana, aunque sea momentáneo, a manos de las implacables leyes de la naturaleza. Memento mori.

Toda esta noche estuvo girando la Tierra lentamente y de mañana subió el Sol. Dejé al Sol pasar a mi casa, a mi cuarto, a mi salón, y aquí, tomándome un expresso y fumando de liar, me he puesto nostálgico al escuchar una canción de los tiempos heroicos. Entonces he empezado a recordar a todas las ancianas a las que he visto caer en mi vida. Aquella, ya entre nieblas, que se tropezó en la calle principal de Torremolinos. Aquella que, en Oviedo, se estampó sobre los pasteles que llevaba bien envueltos. La que en un pueblecito ignoto se precipitó portando una bolsa del supermercado en cada mano y no pudo usar los brazos para frenar el golpe. Aquellas dos que se cayeron simultáneamente, una delante y otra detrás, subiendo las escaleras del la estación de metro de Sol, a principios de este siglo. Mis entrañables viejas kamikaze, algunas las recuerdo, pero otras creo que las inventé yo mismo en mi memoria.

Dicen que si una anciana se cae corre el peligro de romperse la cadera, una lesión complicada a esas edades. No es eso lo que yo deseo, desde luego, solo verlas caer, y escucharlas emitir ese gritito y luego ver a señores genéricos, con pies y con brazos y con manos yendo a socorrerlas, escucharlas luego murmurar y maldecir, y amenazar con denunciar al ayuntamiento: esa baldosa estaba suelta.

¿Recuerdas cuando íbamos a misa de ocho? Al final, las ancianas, con su cabello morado pero nada punk, salían agarrando muy fuerte el bolso, temiendo a los mendigos que esperaban en la puerta. Alguna rebuscaba alguna moneda pequeña para alguno. Y luego se iban a la confitería a tomar pasteles y descafeinado. Yo sé que las ancianas tienen soluciones para la Humanidad. María Angustias, por ejemplo, sabe  lo que hay que hacer para frenar el cambio climático. Doña Remedios tiene la solución para salir en un plis de la crisis y cortar la sangría del paro. Alfonsina sabe como aprovechar los fines de semanas fuera de los bares. Ellas saben estas cosas pero no las dicen por el mero gusto de saber que lo saben y que no lo sabe nadie más. Que podrían cambiar el mundo, pero pasan. Por eso disimulan, y en vez de hablar de la emergencia China o de la solución energética global, hablan de la hija de Conchita, que está claro que es prostituta, y del hijo de la del quinto, que está claro que es drogadicto. Y luego mojan el croissant en el café, y lo remueven y lo muerden, y se quedan sumidas en sus pensamientos y piensan que jamás, jamás de los jamases, se van a caer al suelo.

miércoles, marzo 14, 2012

Juventudes Revolucionarias Loewe



Hace diez años, con la resaca del grunge y el movimiento antiglobalización, que, por mucho que se dijera en contra, denunció los barros de los que han venido estos lodos putrefactos, estaba casi mal visto, o al menos resultaba sospechoso entre la muchachada, o parte de la muchachada, el consumir marcas como Nike, que fabrican sus productos en auténticas condiciones de esclavitud al otro lado del mundo, o comer en un McDonalds, símbolo de la dominación cultural estadounidense. Resistirse era muestra, aunque solo fuera estética o ética, que no es poco, de rechazo al Sistema, que ya entonces se juzgaba brutal. Todo aquello, por alguna razón, desapareció del candelabro después de la caída de las Torres Gemelas y durante la expansión económica que ocupó buena parte de los naughties, mientras se cocinaba la suculenta burbuja que posteriormente nos estalló en la cara. La crisis y el movimiento 15M, la indignación global que sacudió el planeta el año pasado, pareció sacar de su letargo a esa juventud (y no solo juventud) que parecía anestesiada y atada a un consumismo voraz, como los humanos sometidos de Matrix.

Pero no: marcas como Loewe, en este video promocional que se muestra más arriba, siguen en sus trece presentando a una juventud banal y abducida. Domesticada: saltando a traves del aro en el circo del glamour y la moda. La verdad, con casi un 50%  de desempleo juvenil, los mileuristas y los nimileuristas que ya andan apareciendo, la visión naif, despreocupada y edulcorada que da la marca de bolsos (cuestan más de 1.000 ecus de media) de la chavalada madrileña, resulta, como poco, alejada de la realidad y casi ofensiva para cualquiera que lea los periódicos y tenga dos dedos de frente. Resulta casi difamatoria, sobre todo cuando el director creativo de la campaña, Luis Venegas, declara que “representan a un amplio sector de la juventud española”. Ahí tenemos a la juventud española, guapa y moderna, hablándonos de las cosas que les quitan el sueño: “asocio la palabra Loewe a love”, explica uno.  “Es un rollo esto de hacerse mayor”, dice la rubia. “Lo más guay de España son las españolas”, apuntan por allá. Otras saludan muy lozanas desde un balcón del Hotel Ritz. ¿Qué fue del punk, de la rebeldía propia de la juventud? En su disculpa diré que la edición del video es bastante traicionera y en ocasiones podría parecer que han querido ridiculizar a los participantes, todos ellos habituales de la escena nocturna y de moda capitolina.

La estrategia, si lo que se buscaba era la difusión, ha sido un rotundo éxito, dado la comprensible polémica que se ha producido en las redes sociales. Lo que ignoro es si el rechazo provocado será contraproducente para la firma, quién sabe. Si la semana pasada el video sobre el criminal africano Joseph Kony marcaba un hito en la historia de la publicidad viral, en un contexto muy diferente, esta semana tenemos a la juventud española enamorada de Loewe.

¿Qué hemos hecho mal?, podríamos preguntarnos. En su ensayo El Monstruo Amable (Taurus), de reciente publicación, el filólogo Raffaelle Simone, habla de la aparición de una Neoderecha, que ya no solo emana de los partidos políticos conservadores, sino que es un nuevo zeitgeist global que lo traspasa todo, el capitalismo seductor, amable, enfocado al placer. El rostro sonriente del despotismo. La izquierda (creo que se refiere a la socialdemocracia), dice, ha abandonado, entre otras cosas, su conexión con la juventud, en parte porque también ha renunciado a sus propios objetivos, pareciéndose cada vez más a su enemigo. No hay más que ver las políticas que desarrolló en su segunda legislatura el gobierno de Zapatero. La verdad, mejor flipar con las marcas que aburrirse en asambleas maratonianas.

Lo cierto es que hoy en día el compromiso político, para la mayoría, no resulta nada trendy. Suena a viejo, a aburrido, a moralista e inútil, a una cosa de la que se ocuparán ya los mayores y que nos da bastante igual (aunque como digo, la indignación ha cambiado en buena parte el panorama, por eso el anuncio de Loewe se ve todavía más absurdo y extemporáneo). Si durante la Transición era propio de la juventud patria conspirar en tabernas, follar entre marxistas, pertenecer a grupúsculos revolucionarios y dejarse barba, ahora, yo mismo lo he podido ver en algunos individuos, es casi más moderno ser de derechas, neoliberal y burgués, pues los ideales izquierdistas de emancipación, justicia social y demás, se ven algo trasnochados, si no imposibles de alcanzar. Ser de izquierdas parece ser un visionario o, como mínimo, un ingenuo. Se piensa que el mundo es como es, que así es el status quo, inmutable. Y no hay nada más de derechas que justificar el estado actual de las cosas, porque así se procuran los poderosos su permanencia en el poder.

Demonios, ¿dónde puedo comprarme unos de esos bolsos? ¡Son divain!

martes, marzo 13, 2012

El día que conocí a Princess Filter


 
Mi casa últimamente está llena de presencias extrañas. El otro día vinieron los simpáticos dibujantes de Dibujo a Domicilio. Un grupo de artistas que, si les llamas o contactas en su web, viene a tu salón, les pones una cerveza (más bien cinco), brindas, y te hacen retratos durante un par de horas en diferentes esquinas y poses. Es gratis, pero luego puedes comprarles las obras originales o versiones digitales en alta calidad. Pero eso ya lo voy a contar en la prensa moderna.

Ayer el que vino fue Pepe, de Princess Filter, que también estuvo un par de horas contándonos historias alucinantes. Todo comenzó el verano pasado cuando, en la bizarra Feria de Muestras de Gijón, participamos en el sorteo de un coche dando nuestros datos personales. Meses después nos llamaron diciendo que, claro, no habíamos ganado el buga, pero que si aceptábamos una amena demostración de no sé qué en nuestro hogar, nos regalaban una noche de hotel. Así que aceptamos.

A las 21.30, sonó el timbre y era Pepe. Cuando abrí la puerta, el tipo entró arrastrando un carricoche lleno de bultos enormes. Dijo:

-         -  Buenranifoa, fjfkoemfjoeo fikeofeie Princess Queen.

Yo dije:

-         -  ¿Qué?

-       - -  Hola, soy Pepe, vengo haceros la demostración de Princess Filter – respondió. Al tipo no se le entendía nada, devoraba con fruición sus propias palabras, como quien no ha comido palabras en décadas.

Princess Filter resultó ser una especie de purificadora de aire y aspiradora de aspecto industrial. Pepe era un comercial, que es la forma guay de decir vendedor de aspiradoras a domicilio. Pero eso suena muy a Pajares & Esteso. Balneario: spa, medrar: networking, investigar: research, mejorar algo: implementar, hotel pijo en país pobre en guerra: resort, follar con el puño: fist fuckin’, vendedor de aspiradoras a domicilio: comercial. Esta son las deviaciones del lenguaje en las que vivimos inmersos, y, como dijo Ludwig Wittgenstein, el lenguaje es el mundo.
 
Como digo, el lenguaje no era el punto fuerte de Pepe.

-       --    ¿Aekjfiek jfcji jfjiror, DVD? – dijo.
-       -  -  ¿Qué? – dije yo.
-         -  Que si tenéis un DVD donde pueda poner un video.

Así que puso un video supersensacionalista en el que explicaba el peligro mortal que supone respirar (si no tienes una Princess Filter que te salve). “El aire mata”, era uno de los lemas y, con mucha razón, hablaba de los altos niveles de contaminación que permite la señora Botella. 2 millones de muertos al año por respirar contaminación, decía. Luego hacía preguntas evidentes como ¿dónde crees que hay mayor contaminación, en casa o en la calle? Entonces Pepe paraba el DVD y nos preguntaba. Lo normal es pensar que en la calle, pero si paraba el video y nos preguntaba con cara de misterio, era obvio que la respuesta correcta era ¡oh sorpresa!: en casa.

Para demostrarlo conectó el purificador Defender, parte de Princess Filter, y en efecto, el filtro se quedó de color grisáceo en unos minutos, qué aire tan guarro. Luego nos explicó, atragantándose, los procesos físicos y tecnológicos que hacen posible las maravillas de Princess Filter y de su aspiradora Majesty, con un lenguaje científico e ingenieril que no entendimos, no porque no tengamos background científico (conocimiento de base= background), sino porque a Pepe no se le entendía nada. A Esther Minia le dio un ataque de risa cuando el tío hablaba no se qué de la succión, el “flujo de aire constante, eso es lo importante” (esto lo decía con mucho orgullo, como quién ha descubierto un agujero en el espaciotiempo) y los voltios y los vatios. Lo cierto es que era una situación bastante absurda: un tipo desconocido en nuestro salón, tratando de vendernos con ahínco algo que no compraríamos ni en el mejor de sus sueños y al que, encima, no se le entendía más que palabras sueltas. Yo andaba pensando en otras cosas.

-        -   - JHhoahfnoafaenf fjaijf aw fjaijf – dijo
-          - ¿Qué?
-          - Que si tengo cara de chiste- dijo esbozando una sonrisa a lo Jean Dujardin.

Lo peor es que se llevaba los chistes aprendidos en plan carrerilla y que se notaba mogollón. Cuando a Esther Minia se le pasó la risa nos limpió una alfombra guarra que tenemos en la terraza, el sofá, el suelo, y lo cierto es que sacó mucha mierda y los dejó como nuevos. A qué negarlo: Princess Filter mola.

Le dije que debía ser la alfombra más sucia que había limpiado jamás. El dijo (le entendimos a la segunda) que llevaba ocho años y medio en ese trabajo y que había visto muchas cosas. Lo dijo también con orgullo y con cierto misterio, como quien ha estado luchando en la selva de Camboya y ha sido torturado como John McCain. También dijo que tenía una casa en su pueblo y otra en Sanse (San Sebastián de los Reyes). El verdadero misterio es como podía Pepe y su ensalada verbal llevar ocho años en el negocio y conseguir colocar Princess Filters, sobre todo a ese precio. Pero el aire mata, amigo.

Llegó la hora de pagar. Yo le echaba 500 euros, pero resultó que costaba ¡¡¡4.000!!!. Eso sí, por ser nosotros, y entregando nuestra antigua aspiradora, se quedaba en 2.900. Como no tenemos aspiradora dijo que daba igual, que servía la escoba. 1.100 euros de descuento por una escoba vieja, están que lo tiran. Nos hizo albergar esas paradojas mentales de trilero para hacernos entender que si teníamos que limpiar la casa durante los 50 años que nos quedan de vida, si Dios quiere, nos salía muy barato al mes. Y que lo importante era la salud.

Total, que le dijimos que no y después de muchas insistencia y de llamar a un jefe (el Sr. Ruiz) que yo creo que no estaba al otro lado del teléfono, pasamos a hablar de videojuegos, porque Pepe resultó ser un jugón “que los fines de semana se pasaba la hostia jugando” y le despedimos amablemente.

-         -  Jnjaowmfiwsaf fneifj   fweifjh0w e fm f0w ef –dijo cuando salió por la puerta con los enormes bultos que supone la Princess Filter.
-        -   ¿¿¿Qué??? - Espero que no nos estuviera insultando.


viernes, marzo 09, 2012

Apoteosis



09- 03-2012. EFE. MADRID. Apoteosis, esa es la palabra. Delirio generalizado y desenfreno en el estreno, anoche, de la obra teatral Este sistema me pone nerviosa, en el Microteatro por Dinero (c/Loreto y Chicote, 9, hasta el 1 de abril). Horas antes del comienzo miles de seguidores colapsaban las calles del centro de Madrid buscando aparcamiento y se aglutinaban en las inmediaciones del recinto para ver a sus ídolos. La céntrica calle, off side de Gran Vía, vibró con la llegada de los apuestos intérpretes Joan Carles Sau y Mario Tardón, fusilados por los flashes de los más de 3.000 periodistas acreditados, y aún vibró más, sobre todo en el sector femenino, cuando pisó la alfombra roja el autor Sergio C. Fanjul, el  microdramaturgo revelación de sorprendente ingenio y sex appeal (eligió Armani). La obra, que fue estrenada junto a otras de Nancho Novo, Borja Cobeaga, Juan Luis Iborra o Pedro Casas, logró la ovación del siempre difícil público madrileño.

Titiriteros, variopintas gentes del mundo de la cultura, embajadores, proxenetas, camioneros, miembros del Gobierno y los de la ceja, se unieron para asistir al evento. “Son unos diálogos de la hostia, ay omá, en la vida había visto nada igual”, explicó a la salida Aaron Sorkin conocido por sus trabajos en El Ala Oeste de la Casa Blanca o La Red Social. Javier Bardem, que fue también centro de miradas junto con su esposa Penélope Cruz (vestida por Valentino) fue meridiano con el trabajo de los actores: “son mucho mejores que yo, me voy a casa a buscar mi Oscar para dárselo”, declaró derrochando simpatía. “Estos chicos no saben hacerlo mal. La verdad, viendo cosas así se me quitan las ganas de seguir trabajando”, confesó visiblemente emocionado Kevin Spacey. Alguien le tuvo que prestar dos kleenex. “Es una mezcla del primer Karl Marx y de don Santiago Ramón y Cajal. Un puente, si prefieren, entre el cine de Ken Loach y el programa de Eduard Punset”, explicó el autor a los periodistas. Objeto de murmullo y chascarrillo fue el escote de Elsa Pataky: “estos tíos los tienen bien puestos”, dijo la actriz.

Desgraciadamente la cosa se fue de las manos cuando aparecieron de nuevo, tras la sesión, los artífices de Este sistema me pone nerviosa. Turbas de fans descontrolados trataban de tocar, aunque solo fuera con la última yema del último dedo a Suau, Tardón & Fanjul, con tal ímpetu que se precisó la actuación policial autorizada por la siempre violenta delgada del Gobierno. Por culpa de minorías violentas la velada acabó en cargas policiales y guerra de guerrillas durante toda la noche por el centro de la ciudad. Cuarenta personas resultaron heridas, hubo 100 detenidos y una muerta (de amor por los actores). Éstos y el autor tuvieron que ser evacuados por helicópteros de las Fuerzas Armadas.


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Más información en http://www.teatropordinero.com/

lunes, marzo 05, 2012

El Buffet Chino de la Muerte




El buffet libre pone en un brete a los que, como yo, padecemos una débil fuerza de voluntad, disciplina distraída, y, además, no nos importa una mierda el mañana. Porque, aunque nos propongamos comer con tino y mesura, acabamos saltando grácilmente la fina línea que separa el buen yantar de la indigestión más aberrante. En los buffets libres, como en las barras libres, siempre salgo a cuatro patas.

Mis favoritos son los buffets chinos, que ponen de todo, sea chino o no chino. Cuando visito a Mamá Peligro en Asturias, nos gusta a ir a uno que está en el centro comercial Parque Principado, que el año de su inauguración fue premiado como el mejor mall europeo. Es el tipo de sitio que tiene un pasillo lleno de tiendas bautizado como Boulevard de los Manzanos, o Paseo de las Estrellas o Plaza de la Luna. En Asturias, a pesar de que vivimos en permanente crisis, tenemos centro comerciales de la más alta gama, y fuimos de las primeras provincias donde llegaron avances como el McDonalds, el Corte Inglés y demás hits civilizatorios. Hay quien dice que, contrariamente a lo que se puede pensar, la crisis fomenta el consumo. En Asturias parece que ha sido así tradicionalmente. Total, no hay futuro. Pero me voy por las ramas: en ParquePrin mamá y yo vamos a jugar a que somos una familia feliz, primero me compra ropa en el H&M y luego cenamos en el buffet oriental. Esos días no solemos discutir. Lo curioso es que, por muy oriental que sea, lo que más comemos son las costillas de cerdo, que son iguales que las de cualquier asador occidental,  pero mejores.

Estos buffets del lejano oriente suelen tener servicio de wok o tepanyaki. Para el lector poco avisado: lo primero es una sartén muy profunda y fina (yo tengo una metida en el lavavajillas) y lo segundo es la plancha. Así uno coge un pupurrí de alimentos crudos y se los entrega al cocinero, que en el acto y a la vista del público, los cocina con unas salsas guays. Las mezclas que hace la gente son de lo más bizarro: pollo con chipirones y pimiento verde, todo junto, con salsa picante, o ternera con almejas y fideos, con salsa de soja. Los cocineros deben pensar que la gente está muy pero que muy pasada de rosca, pero, con mucha gravedad y sin rechistar, lo cocinan. Porque, mientras que los camareros de los restaurantes chinos son sonrientes y amables, estos cocineros son de una seriedad propia de un sumo sacerdote realizando un ritual milenario. Vaya aires.

Ayer fuimos a comer a uno de estos buffets en la calle Campomanes, cerca de Ópera, Madrid. Espero que lean esto a tiempo: no vayan, es una mierda. Si lee usted estas líneas ya sentado en una de sus mesas y a punto de empezar a comer, cosa bastante probable, mis condolencias. En este sitio tienen poca variedad de comida, el pescado del sushi tiene el grosor de un papel de fumar y no tienen costillas. Lo peor de todo es que no te puedes dejar nada: el hipster de la mesa de al lado se dejó una empanadilla dim sum intacta en una esquina del plato y, entonces, de la parte de atrás surgió un chino gordo, calvo, con coleta, con la tripa y el torso al aire y le cortó la cabeza de un tajo con un extraña cimitarra.

Nos lo comimos todo.