sábado, enero 29, 2005

Buenos días nos de Dios

Pues como ayer no salí apenas esta mañana de Sábado amanecí tempranito y desayuné unas porras que Yoli trajo de la churrería. Luego he salido a pasear, primero he estado por "el barrio", he recorrido un poco la Gran Vía y he acabado metiéndome en la Casa del Libro a curiosear. Principalmente he invertido los escasos cuarenta y cinco minutos que he estado allí en dos libros: uno se llama El terror tras la posmodernidad y trata de arte moderno, terrorismo poético y todas esas cosas, el otro era un manual de Mecánica Cuántica donde he encontrado información útil para mi examen de la próxima semana. Este tratado, el Cohen Tannoudji se compone de dos tomos y cada uno cuesta 110 euros. Creo que lo voy a mangar en los próximos días, sería todo un hito en mi trayectoria delictiva. Tras esto he subido por la calle Fuencarral hacia Malasaña, el barrio de las Maravillas (como me he enterado ultimamente que también se llama). Al pasar por la placita del mercado me he acordado de Elisa: una vez me citó allí. Es extraño, hace más de un año que no sé nada de ella y a veces me viene a la cabeza por cosas nimias. Supongo que aquello fue un aprendizaje, ahora, por ejemplo, veo en L.a. los mismos errores que yo cometí con ella, la desubicación al salir de una relación larga. Luego he pasado por delante del sexshop after hours, el Babylon y allí estaban en la puerta esos gigantescos gorilas rumanos que me han recordado el libro Querelle de Brest de Jean Genet del que solo he leído la contraportada y que creo que narra la historia de un marinero gay asesino. Intuí la música allá abajo, pum pum, en el agujero, y me dí asco a mi mismo por pasar allí algunas mañanas y no en la calle, al sol, con los niños y los pajaritos. Después he echado un vistazo en Popland y en la tienda de camisetas y me he sentado a tomar el fresco y a tomar notas de las cosas que se me van ocurriendo. Tengo una crisis de creatividad literaria. No se me ocurren relatos y no encuentro manera de expresar mis ideas a través de historias. Además estoy un poco harto del universo de obsesiones del autor, que soy yo. Un día me dijo Guillermo (hombre hiperactivo y proyecto de escritor) que sacase mis cuentos de la cama, que siempre escribía de lo mismo. Y es verdad. Pero también leí en un manual de narrativa que uno no debe reprimir sus instintos en este aspecto y que cada uno tiene su tema ¿Acaso Kafka no tenía el suyo? Luego he bajado otra vez a Gran Vía, he comprado ingredientes para preparar spaguetti a la txetxina (con crema, pavo y pimienta negra) y he pasado por delante de la peluquería a ver a la peluquera. Y el sol seguía brillando y hacía un poco de fresquito como a mi me gusta y todo esta bien, a veces.