sábado, marzo 04, 2006

Y cómo y, sobretodo, por qué negarme a mí mismo que esta noche de cielo naranja Blade Runner voy a salir y a tratar de ser automático como un replicante, con sentimientos como un replicante, así que definitivamente replicante aún sin saber si se sigue viendo Orión a estas alturas del año aunque debería de saberlo por perversión profesional -pero el cielo está naranja Blade Runner y yo no veo nada-, si he hecho planes para ello, si ya casi está todo listo y solo falta ducharse, ponerse más guapo aún y comer algo de comida basura con los vecinos y entonces coger un taxi y trasladarme a nuestro habitual y común sitio de recreo, ese templo de la electrónica macarra pero elegante, bakala pero de vanguardia, que te permite cometer las habituales faltas a la estética, a la moral y a la salud y aún así seguir conservando un halo de intelectualidad simplemente porque todos o algunos incautos nos lo creemos.

Así que después de una semana etílica y suavizante, después de la fiesta marroquí que anoche la vecina desplegó en nuestro (vuestro) salón, después de un puñado de días aferrado a una botella marrón y una siesta psicodelico-cósmica que me llenó de inquietud y de inquietudes, me dispongo valiente, fuerte y convencido a afrontar un nuevo asalto a estados libres asociados de conciencia con Estatuto o sin él, con cese de la violencia o sin él, con víctimas o sin ellas (no haremos prisioneros vivos es la consigna), que a mi ya me da igual y me lo merezco. Porque yo lo bailo.