viernes, enero 06, 2012

A mí me trajeron plutonio



Como la Cabalgata de los Reyes Magos de Oviedo pasa por delante de mi casa natal, Mamá Peligro y un servidor nos asomamos al balcón a presidir. El espectáculo fue sobrecogedor: por allí abajo pasaron los dignatarios de Rajastán, los embajadores de Macedonia, el visir de Asuán y demás coloridos prohombres del colorido Oriente. ¡Oh, qué exotismo, qué soplo de aire impregnado de extraños perfumes embriagó a la ciudad de provincias! ¡Qué extraordinario séquito recorrió medio mundo para pasar debajo de mi ventana! Había casi mayor densidad de excelencia y nobleza por metro cuadrado que en los premios Príncipe de Asturias, y ya es decir. También hubo un rebaño de ocas asustadas ante la histérica algarabía infantil (lo mejor, con diferencia, del desfile), un puñado de camellos, una banda de gaiteros y otros tipos de animales. Y cómo no, sus majestades los Reyes Magos; y después un camión de bomberos vintage y una ambulancia. Decepción: Baltasar, después de tantos años dándole vueltas y más vueltas a la globalización y el multiculturalismo, sigue siendo un paisano blanco con pinta de concejal pintado con betún. Qué escándalo.

Después, los Reyes Magos dieron un discurso televisado desde (¡ale hop!) Cibeles, Madrid. Por boca del sapientísimo Rey Melchor le dieron coba a Ayuntamiento y a la nueva alcaldesa, Ana Botella. Resulta que los Reyes Magos son de centroderecha o algo peor… pero ¿qué esperaban? ¿a conspiradores comunistas? Son reyes, joder, por muchos regalos que traigan. Por lo demás, las falsedades que se oyeron en ese discurso no sobrepasaron las que suelen decir los políticos en sus speechs. Que monten un partido.

Sorprende la capacidad de tragar de los más pequeños: como son nuevos en el mundo no advierten que los supuestos pajes venidos del lejano Oriente son macarras de barrio mal disfrazados, que, como se señaló, Baltasar no es negro, o el curioso don de la ubicuidad de los tres Magos, que desfilan al mismo tiempo por todas las ciudades de esta España nuestra, como en un extraño efecto mecanicocuántico de multilocalidad navideño. 

Hace un tiempo escribí en el periódico sobre un grupo de intervención artística llamado mmmm. Estos aguerridos activistas desplegaron en la Plaza de Callao hace unos años una pancarta que decía “Los Reyes son los Padres” justo el día de la Cabalgata, en toda la pomada. Al parecer no hay nada que despierte más ira en el prójimo, sobre todo si es padre, que una pancarta de este tipo. Si hubiese sido una concentración proetarra, un grupo neonazi o una protesta nudista seguro que hubieran durado más tiempo. Los mmmm con su pancarta apenas aguantaron un par de minutos arengados por las violentas multitudes navideñas que salían de las entrañas de El Corte Inglés, lideradas por señoras viejas. Hay cosas con las que no se juega.

Si me hubiesen preguntado hace unos años, les hubiera dicho que, en caso de tener hijos, les contaría desde el principio toda la verdad sobre los Reyes Magos y sobre el pérfido consumismo capitalista. Y también que los niños nacen porque papá se corre al fondo del coño de mamá, sin necesidad alguna de la hipótesis de la cigüeña parisina. Pero ahora no lo tengo tan claro: tal vez haga falta ese periodo de ilusión para crear la capacidad de imaginar utopías y, total, lo que se van a encontrar después es una mierda, así que disfruten.

Al final la vida es el proceso por el cual uno va perdiendo la inocencia y descreyendo de todo lo que creía antes. Los Reyes son los padres, mamá no va a vivir para siempre, la Revolución no llegará, las pastillas de la regla no colocan ni sumergidas en el kalimotxo, todo va a toda hostia y lo que es una vivienda digna resulta muy discutible.

A mí, por cierto, me trajeron plutonio.