martes, junio 28, 2011

¿Mierda de artista o artista de mierda?



¡Ah, ser poeta! ¡Qué maravilla, aunque sea ser uno falso! ¡Levantarse por la mañana y escuchar el gorjeo de los pájaros, surcar las avenidas, aprehender el susurro de la piedra! Poesía, como arte, o amor, son palabras abusadas. Palabras cajón de sastre que se nos han quedado demasiado grandes. Palabras basura. Nosotros, los parlantes, somos demasiado vagos, desidiosos, imprecisos y no queremos enfrentarnos a los conceptos. Por eso usamos poesía, arte, amor, subsecretario, palabras que casi no dicen nada. ¿Acaso tiene algo que ver el amor de una pareja adolescente con el amor incondicional de una madre, con el amor a una fiel mascota peluda, con el amor de un hincha por los colores de su equipo? ¿Tiene acaso algo que ver con el amor el enamoramiento? ¿Con la pasión? Somos demasiado vagos para llamar a las cosas por su nombre, por eso tenemos poesía (qué paradoja), arte y amor. Arte es pintar las Meninas y los metros cúbicos de aire que contienen, pero también llenar de heces una lata de conservas y venderla por 90.000 dólares en Sotheby’s. Arte es esculpir como Praxíteles o Rodin, pero también arrimarte al morlaco como José Tomás, ser un matarife suicida de culo prieto y pocas luces (exceptuando el traje). El arte del buen conversador, el arte de la cocina, el Asesinato considerado como una de la Bellas Artes. Y, en fin, la poesía, qué no cabe ahí, que no cabe en el palabro más etéreo, una vieja desconocida que acompaña al hombre desde que el hombre es hombre sin haberse quitado la careta. ¿Dónde está la poesía? ¿Dónde la persiguen los poetas con sus cazamariposas, dando brincos? ¿En los orbitales electrónicos del átomo de hidrógeno? ¿En el fatídico borde de un suspiro? ¿En la barra de un bar de última hora? ¿En el amor? ¿Qué amor?

Esto le decía yo a Olga cuando, sentada en el sofá, de riguroso negro y bebiendo vino, me preguntaba: ¿y qué se siente al ser poeta?

jueves, junio 16, 2011

Pobrecitos diputados, que les pintan con spray


La clase política en pleno se rasgó las vestiduras ¡zas! ante las protestas en el Parlament, con una unanimidad, compadreo y fuerza que solo se ve cuando tienen que subirse los sueldos. ¡Olé! ¡Ya podían hacer así de bien los Pactos de Estado! Su indignación por unos sprays y una pequeña algarada apesta a cinismo e hipocresía grandilocuente amparada en el lenguaje institucional de siempre, ese que utilizan para engañar al espectador medio de los informativos porque, osea, debe de ser una cosa muy seria. Sin embargo, otros derechos que también ampara la Constitución y son fundamentales para la convivencia democrática y blablablabla (ya saben vivienda digna, trabajo y demás) no les duelen tanto cuando se escamotean. Qué raro.
En efecto: están asustados.


1. Como se explicó, la idea de parar el Parlament era quimérica, más un símbolo, un impacto mediático, que un propósito real, porque, aun en el caso de haberlo conseguido ¿hubiera servido para algo?

2. Es curioso como a la mínima salida de las líneas prefijadas, lo políticos quieran desvirtuar lo que se ha llamado Movimiento 15-M. Esta actitud responde a dos cosas: el oportunismo y el miedo. Han visto la oportunidad de oro, y en plan Fuenteovejuna, se aferran a ella. Si en verdad esto deslegitima al 15-M, entonces la clase política se deslegitima (cada cargo, cada sesión, cada partido) varias veces por minuto, cada vez que abren la boca, en cada telediario. No olvidemos a los imputados, los “rifi-rafes parlamentarios”, o el desaguisado general en el que nos pilotan de rodillas y a ciegas.

3. La pregunta, hace unas semanas, era si la mera protesta servía para algo. Bueno, parece que las exigencias de mejor democracia y demás ya empiezan a aparecer en la boca de algunos políticos, incluso de manera perversa, como en Esperanza Aguirre. No es nada, pero es algo: un comienzo. Hay que seguir hasta que algo, ¡alehop!, se materialice.

4. ¿Se acuedan cuando querían hacer simpáticos manifestódromos a las afueras de las ciudades donde pudiera uno manifestarse en círculo sin molestar a nadie?

5. En fin, que se ha magnificado lo anecdótico para intentar tapar lo escandaloso: el recorte que en sanidad y educación que se iba a cocinar ayer, la falta de respeto a los programas políticos que se votaron el 22 M o, también, los 15.000 desahucios que se han llevado a cabo en el primer trimestre del año y en los que los desahuciados mantienen la deuda con el banco aun sin casa (recordemos que hay 3 millones de viviendas vacías en manos de constructoras y especuladores). Ante esto, la verdad, lo de ayer me parece el corro de la patata. ¿Por qué no hacen algo? Yo creo que se mueren de vergüenza. Cuanto más se indignen nuestros próceres, es que mejor lo están haciendo los indignados.


La toma de la Bastilla tampoco tenía consentimiento del Rey, que, seguramente, desde el palacio de Versalles exclamó: “Oh la la, están cruzando las líneas rojas”. Luego le cortaron el gaznate. Hoy se estudia este evento en el colegio como cuna de nuestra querida democracia liberal, de nuestras sacrosantas Constituciones. ¿Cuál será la Bastilla que abra las puertas de la Democracia 2.0?


(en la imagen una pintada de la Internacional Situacionista francesa pidiendo la 'abolición del trabajo alienado'. Al menos había trabajo)

miércoles, junio 15, 2011

Logaritmos calentorros



- Pues mira, resolvemos y resulta esta función tan bonita – le dije a mi alumno Miguel.
- ¿Bonita? ¿Una ecuación matemática bonita? Eso no puede ser…
- Sí, hombre… ¿No la ves bonita?
- Noooo. Será interesante o útil o algo así, pero una ecuación no puede ser bonita.

Creo que fue Marcel Duchamp, que abrió las puertas al arte conceptual con su celebérrimo y muy quemado urinario, quien criticó y calificó como arte retinal aquel cuya belleza solo se captaba visualmente, véase la pintura, fotografía, etc. Eso no se lo dije a Miguel para no liarle, pero se lo digo a ustedes. El arte conceptual tiene una belleza que se capta con las neuronas, un arte que radica, como indica su nombre, en el concepto, esa arquitectura invisible. Mucha de la gente que abomina el arte moderno (ese cliché de señoras mayores en cafés en tardes de domingo), es porque no ha realizado este cambio cognitivo entre un tipo de arte y el otro. Sigue en el otro paradigma, y eso que han pasado ya tropecientos años. Cuando cambias de paradigma, como decía Thomas Kuhn, es como cuando en esos juegos de visión 3D (véase, nunca mejor dicho, El Ojo Mágico) comienzas a ver relieve en una ilustración plana. No sabes cómo, pero lo ves. Aquí ocurre igual.

Con la matemática y las leyes físicas escritas en lenguaje matemático ocurre tres cuartos de lo mismo. Hay mentes-escarabajo que no solo no aprecian la belleza de estas formas, sino que ni siquiera conciben que puedan apreciarse de ninguna manera.

- Mira Miguel, la belleza de una ecuación, de una forma matemática no es como la belleza de un cuadro. No es que sea bonita a la vista, es que es bonita al intelecto…
- ¿Como el Final Fantasy?
- Nooo… Bueno, no sé, yo qué sé, igual sí. El caso: sí por ejemplo se trata de una ley física, se valora que sea sencilla. Por alguna razón los científicos dan por hecho que la naturaleza se rige por leyes sencillas, no por formulas matemáticas largas y complejas como butifarras. Un ejemplo que conocerás de sobra: E=mc2, la ecuación de la masa-energía de la Teoría General de la Relatividad de Einstein. Mira que la Teoría es compleja, pero sus resultados, como este, es bastante simple matemáticamente y de una importancia mayúscula y superlativa. También se valoran otras cosas como la simetría, o la analogía o conexión con otras leyes de otras ramas de la Física. Otro ejemplo, más difícil, podría ser la ecuación de Schrödinger que rige el comportamiento mecanicocuántico de las partículas subatómicas.
- ¿Y cuándo consigues demostrar un teorema de manera elegante, eso también es la belleza de las mates?
- Veo que lo has pillado.
- ¿Y hay logaritmos que están buenorros?
- Umpf!

(En la imagen el artista disidente chino Ai Wei Wei tocando los huevos. El jarrón de la dinastía no se cuántos que se carga, vale muchimillones. Arte para el cabezón)

sábado, junio 11, 2011

Toda la verdad sobre el Mundo de la Cultura



- Hostia, tú eres la famosa fotógrafa Fulanita de Tal ¿no?
- ¿Eh? Sí, sí, soy yo.
- Qué fuerte.

Fulanita se dirige a unas niñas muy monas que pasan con una copa en la mano. Acceden a ser retratadas por el prestigioso objetivo de De Tal. Sacan pecho, o teta. Casi no caben en sus vestidos, por varias razones. Se van muy contentas.

- Pues yo me llamo Txe Peligro. Encantado.
- Ah, encantada, encantada.
- ¿Te apetece tomar una copa? Precisamente iba hacia la barra…
- Esto… no, no, que estoy trabajando. Pero gracias, eh.
- Bueno.

Fulanita fotografía a un performer con el pelo metálico y lentillas rojas. El dj sube los beats y en la pista aumenta el desparrame. Se ve todo borroso.

- Oye, me encantaron tus fotos de Kate Moss con la metralleta. Y el reportaje de parejas homosexuales en la guerrilla nepalí. Y la publicidad de Nike. Soy fan.
- Muchas gracias.
- ¿Cómo es que estás fotografiando fiestas? ¿Algo para El País Semanal? ¿La nueva juventud festiva? ¿Drogas y electrónica? ¿Pasotismo posmoderno?
- No, no, es para la discoteca. Para que la gente se vea en la web borracha.
- Vaya, pues si que deben de andar mal las cosas para que tu tengas que dedicarte a esto…
- Sí, la verdad es que sí. No me sale otra cosa, así que me he tenido que volver a las fiestas nocturnas. A veces hago las BBC. Bodas, Bautizos y Comuniones.
- Joder, con lo que tú has sido.
- Bien conjugado, aunque duela.

Fulanita dice a una pareja muy pintona que posen en un sofá de cuero rojo besándose provocativamente. Lo hacen, resulta excitante.

- Oye Fulanita, ¿y cuánto cobras?
- ¿Por qué? ¿Por un book? ¿Un reportaje? ¿Una publi?
- No. Por follar.

jueves, junio 02, 2011

El diestro y la chipionera



Ya lo dicen por ahí: hay que separar al artista de su obra, el autor ha muerto, la obra de arte es autónoma, uno la crea y se va dando brincos por ahí, alegremente, entre las furibundas neuronas del público. Es conocido que la bondad de la obra no se corresponde con la bondad del autor: muchos grandes artistas y literatos eran, a la sazón, grandes hijosdeputa. Picasso era un mujeriego irredento, dicen, y Marcel Proust disfrutaba aplicándole electrodos a ratas en los genitales, dicen, aunque quién sabe, hay muchas envidias. Martin Heiddegger era nazi.

Un ejemplo claro es Rocío Jurado, de cuya trágica y televisada muerte se cumplen ahora cinco años (cómo pasa el tiempo). A mí la Jurado me caía bastante mal cuando la veía recorriendo los programas de la tele aireando su vida privada, se la veía inculta y un poco zafia. Pero, amigos, qué arrestos le echaba cuando se arrancaba a cantar, sobre todo aquel Amor Brujo de Manuel de Falla que tanto le gustaba de niño al que esto suscribe. Por lo demás la vida de la Jurado, con su boxeador y luego su torero, su Rociíto y su cáncer de páncreas, podría haber sido un drama en blanco y negro de la Edad de Oro de Hollywood. Su papel lo podría haber interpretado Sara Montiel, ya puestos.

El caso contrario es el de José Ortega Cano. Profesionalmente me cae como el culo, como todos los toreros, claro. Lo fascinante es cómo un hombre tan cruel como para ganarse la vida torturando animales con el beneplácito de un público sádico y vociferante podía guardar tantos sentimientos dentro. A Ortega Cano la cara de tortura con la que acompañó día a día el declive de la chipionera, en Houston y por doquier, no se le quitó ni con su muerte ni nunca más. Ortega Cano siguió apareciendo en la tele y sonriendo, pero la tortura en la mirada no desapareció. El otro día apareció en un alegre reportaje enseñando su cortijo y todavía se le saltaban las lágrimas a cada rato, entre el caballo y el fino. Explicó que cuando Rocío falleció tardó mucho en abrir las ventanas de la casa para que no se escapase el olor. Imagínenselo: a mí esto me sobrecogió, me pareció muy de cuento de Raymond Carver. Días después resulta que se estrelló con otro tipo en coche, al que mató, y se quedó en estado grave. Dicen que no había bebido, que simplemente iba demasiado rápido. Tal vez el que quería morirse, ya sin Rocío en el mundo, era él.

martes, mayo 24, 2011

Crecimiento exponencial y pollas duras



- Un Emperador en la Antigua China quería ganar una importante batalla – le dije el otro día a mi alumno Miguel.- Para ello necesitaba consejo, así que viajó durante tres largos días para visitar al Sabio de la Montaña. Entre niebla y cañas de bambú, el Anciano le dijo al Emperador que, si su consejo servía para ganar la batalla, debería pagarle un grano de arroz en el primer escaque de un tablero de ajedrez…
- ¡Prof. Peligro! ¿Qué es un escaque?
- Un escaque es cada uno de los cuadrados del tablero de ajedrez, hay 64. Sobre ellos se ponen los trebejos, que son las figuras.
- ¡Ah! Bueno, ¿hacemos un descanso y jugamos una al Final Fantasy?
- No, escucha esto.
- ¿Y si te leo mi nuevo relato? ¡Va de elfos!
- Me cago en todo, joder, escucha.
- …
- Total: que el Venerable Anciano le dijo al Emperador: “Me pagarás poniendo un grano de arroz en el primer escaque, dos en el segundo, cuatro en el tercero, ocho en el cuarto, doblando la cantidad hasta llenar el tablero. Si no me puedes pagar, heredaré el Imperio”. El Emperador pensó: “pobre iluso, solo quiere que le pague con arroz, y a Mí me sobra”. Así que recibió el consejo, lo puso en práctica y ganó, no solo la batalla, sino la guerra. Cuando fue a pagar su deuda se dio cuenta de que en su Imperio no había suficiente arroz para pagarle tal y como habían acordado. Si hay 64 escaques en el tablero, tendría que pagarle dos elevado a 64: es decir un 2 seguido de 19 ceros, más granos de arroz que estrellas hay en la galaxia, tal vez más de los que existan en el Cosmos conocido. Así el Viejo heredó el Imperio.
- Hostia –dijo Miguel-, no parecía tanto.
- El problema del Emperador es que no conocía el crecimiento exponencial, que es lo que aquí ocurre. Nuestro cerebro está acostumbrado a pensar en crecimiento lineal, de tal forma que una cosa crece proporcionalmente a otra. Pero hay muchas cosas en el mundo que crecen de forma exponencial, por ejemplo, los idiotas, como se puede comprobar en unas las elecciones. - Entonces dibujé en un papel una exponencial y una lineal para ilustrarlo.
- Ya –dijo Miguel al verlo-, es como los actores porno: a algunos se les pone recta y a otros se le empina con esa curva exponencial, hacia el infinito, como a Nacho Vidal. Heredará un Imperio.

viernes, mayo 20, 2011

En Madrid el Sol sale dos veces cada día


En Madrid, últimamente, el Sol sale dos veces: una al amanecer, otra a las 20.00.

La cosa va in crescendo. Desde el domingo, cada tarde, cada vez más personas se reunen para protestar contra el sistema que les excluye. Definitivamente esto es una protesta antisistema, dejemos de cogérnosla con papel de fumar. Contra el sistema que deja fuera, el sistema que aparta, el sistema internacional manipulado desde las estructuras financieras y económicas que ejerce de titiritero con los gobiernos nacionales. Unos y otros, todos tenemos nuestras quejas, curiosamente, los culpables siempre son los mismos. No queremos ser una Generación Perdida, como dice el FMI. Aquí lo estamos diciendo.

En Sol el campamento se ha convertido en una especie de encantador poblado de Ewoks, los ositos macarras de Star Wars, muy bien organizado. Nadie sabe cómo, sin Alcalde o Arquitecto Municipal, sin recalificar terrenos, sin trajín de maletines, sin líder, tenemos comisión de limpieza, sanidad (hay médicos), comisión legal (hay abogados), bares (hay chinos), internet (hay comisión de comunicación), etc. La organización es impecable. El campamento de Sol es un microestado ateniense alimentado por la solidaridad vecinal que trae mantas, fabada, macarrones, sofás, baños portátiles, gadgets tecnológicos. Que presta sus baños para ducharse y mear. Una portavoz decía: “no traigáis más comida, es suficiente, o la tendremos que tirar”. Decía: “esto no es un botellón, consumid cero alcohol o responsablemente”.

Nuestra musa Paz Vega fue anoche mancillada. Una enorme pancarta con la imagen de Himler, jefe de las SS, ataviado con las oreja de Mickey Mouse y el símbolo del euro fue desplegada sobre el anuncio de L’Oreal que preside la protesta, en el momento más emocionante de la noche. Democracia L’O Real, consiguieron escribir sobre el anuncio masivo e ilegal.

“Esto es alucinante”, cuenta J.D., “he pasado por la una de las asambleas, la gente decía: '¿Hay que nacionalizar los bancos?' y otro respondían; 'Sí', '¿Hay que enseñar economía en el colegio para que no nos hagan pasar por el aro?' 'Sí', respondía la masa. ¡Aquí queremos cambiar el mundo!”. Conocí a un indigente sucio y desdentado especialista en la filosofía de Ortega y Gasset y de Epicuro. Si no lo hubiese conocido en el Sol hubiera apartado la vista, qué asco de tío. Pero aquí, según parece, todos somos iguales.

¿Soluciones? Nosotros no las tenemos. Somos periodistas, camareros, abogados, amas de casa, estudiantes, poetas, electricistas, vagabundos, y todos sabemos hacer lo que hacemos. Los que tienen que buscar las soluciones son los políticos, ese es su trabajo, justo el que no saben hacer. Esta revuelta es contra aquellos que no han cumplido y que han dejado que lo suyo lo hagan otros, sus banqueros, sus violadores internacionales, que se follan países subdesarollados y luego se follan camareras, ay qué rico. Que les despidan si hay huevos.

Que salga más veces el Sol, que no se ponga nunca, que igual así amanece de una vez.

jueves, mayo 19, 2011

El Mayo Español


La herencia de las protestas de Mayo del 68 fueron algunos conceptos que, aunque la protesta fracasara en su momento, calaron en la pacata sociedad de la época y fueron impregnando el imaginario colectivo, casi como un cambio de paradigma, hasta el momento actual. En efecto, hoy en día ideas como la libertad individual y sexual, el desprecio del poder, el pensamiento crítico y demás son de dominio público y se utilizan hasta para vender coches y cosméticos. ¿Acaso el porque yo lo valgo de L’Oreal no podría haber sido coreado por algún situacionista en las ardientes barricadas del Quartier Latin? En realidad, el 68 venció, y se tergiversó.

Claro está que los sucesos actuales no son comparables con el Mayo francés: entonces se rozó el colapso del país con la huelga combinada de estudiantes y obreros. Aquellos sí que eran antisistema. Si la cosa falló, dicen algunos de los que saben, es porque los huelguistas no comenzaron a producir en sus fabricas para uso de los sublevados ni se consiguieron formar comités obreros y demás, pero eso es otra historia. El caso es que sí que hay similitudes: “no pararemos hasta que el último capitalista sea ahorcado con las tripas del último burócrata soviético”, decían los sesentayochistas. Renegaban de unos y de otros, del desastre soviético y del capitalismo acomodaticio, aquellos barros que trajeron estos lodos. Por eso a la gente de la época le resultaba tan difícil comprenderlos, porque se salían del marco conceptual establecido. Querían algo nuevo ¡Oh! Igual que ahora, hay muchos a los que les cuesta entender que aquí no hay partidos políticos, ni sindicatos, ni nada semejante, que esto es una mera revuelta popular. Un grano que se había hinchado demasiado durante demasiado tiempo y ahora explota y empieza a supurar. Cuando veo las noticias me deleito imaginando lo que estarán pensando nuestros próceres.

Cuando se habla de democracia real se hace mucho hincapié en la ley D’Hont y el reparto de escaños. Lo que habría que señalar también, y algunos lo hacen, es que la falta de democracia, mirando más allá, se debe a la desaparición de la Política ante el dominio de la Economía, vamos, el neoliberalismo rampante de toda la vida. Los gobiernos elegidos democráticamente, con rostro, se ven doblegados ante los movimientos de los mercados, las juntas de accionistas de las grandes empresas, gente gris y oscura, en despachos grises y oscuros, quién sabe dónde. Un poder difuso, oculto, que maneja los hilos ajeno a la voluntad popular y persiguiendo solo el propio interés: la selva en estado puro. Esa es la falta de democracia, el capital financiero asilvestrado.

Aunque el Mayo Español acabe y acabe mal, ojalá esa desconfianza popular en la clase política y ese impulso a llevar la política al ágora, a la plaza, cale en la sociedad, como ocurrió con la ideas del 68, y permanezca siempre como un incómodo caldo de cultivo para los de siempre. Y que hagan anuncios de rímel.

¡Salud!


-----------------------

(en la foto mi amiga Jeannette Marie en la Acampada de Sol)

miércoles, mayo 18, 2011

A las barricadas


Por el momento ya podemos felicitarnos un poco. Lo que daba miedo, y mucho, es que nadie dijera nada, que todo el mundo bajara la cabeza resignado ante los desmanes. Ese silencio pútrido de los cementerios. Con un 45% de paro juvenil. Cuando el FMI lamentaba que se fuera a producir una Generación Perdida. Qué insolencia, por un lado, qué mansedumbre, por el otro. Cuando nos señalaba el Gran Dedo del Capital y nos decía: tú, fuera. Como si tuviésemos más vidas para seguir intentándolo. Siga rascando. Ahora, por fin, estamos en la calle, del kilómetro cero al infinito. Pero aún no nos masturbemos demasiado, no vaya a ser que.

La gente más inútil de este país no son sus parados, ni sus ni-nis, ni sus deshauciados. Esos saben hacer su trabajo, aunque no les dejan (y si les dejan, les pagan una mierda). Los más ineptos, los que no saben lo que tienen entre manos, los que no saben hacer su trabajo son los políticos y los gobernantes que han conducido a su gente al desastre y no tienen ni el coraje ni la habilidad para resacatarla. Para coger por los cuernos a la desbocada bestia económica, para que la política doblegue de algún modo a esta sucia mercadería.

No sé cómo se articulará esto en política, cómo se convertirá en frutos concretos. Tal vez la protesta sea un fin en sí misma. Que arreglen las cosas quienes tienen que arreglarlas. O que se apliquen ellos lo de la flexibilidad laboral. Y que se vayan.




--------------
(en la imagen unos colegas en la Puerta del Sol, esta mañana)

sábado, mayo 14, 2011

Nosotros no follamos, nosotros hacemos el amor


Todos los políticos son unos ladrones. España es más fuerte que cualquier terremoto. Lo que das es lo que recibes. Un vaso de vino con las comidas sí que es sano. El amor es ciego, el amor todo lo puede. Se empieza con los porros y luego ya se sabe: la escalera de la Droga. Una nave espacial nos recogerá en diciembre de 2012 y nos llevará al planeta Zordon. El despido no es más que una oportunidad para reinventarse, crear cosas nuevas. El motor de agua, la fusión fría, la kriptonita. El verdadero motivo de esta guerra es el petróleo. Yo no soy racista, pero. La sonrisa de un niño no tiene precio. Con los recursos de la Tierra se podría alimentar dos veces a la población mundial. El futbol es así: 11 hombres en calzoncillos corriendo detrás de un balón. Somos gilipollas:

Los prolegómenos: del partido.
Los aledaños: del estadio.
El marco: incomparable.
Así de rotundo se mostró.

No todo es blanco o negro: también hay una escala de grises. ¿Pillamos más? El poema aquel es de Bertol Brecht. El tabaco mentolado te deja impotente. ¿Te has quedado con hambre? ¿te hago un huevo frito? El trabajo dignifica. Arbeit macht freit. Somos lo que comemos. No somos nada. La música de Bach es un sueño de Dios. El mundo es como un toro. El toro de lidia se hubiera extinguido sino fuera por el toreo. En España se publica demasiado. Solo por chuparla no se pega. Lo que mata no es la Droga, es la dosis. Al final es para todos igual. El Universo proveerá. El primer disco era el mejor. Qué más da que al final les torturen si viven cuatro años como reyes en la dehesa. Yo firmaría por eso. No se puede poner en la misma balanza a las víctimas y a los verdugos. Más que monárquico, soy juancarlista. No hables mal del Opus que las paredes tienen oídos. El 99% de los tal, cual. Ya sé que no se puede generalizar, pero. Elvis vive. Esto lo arreglamos entre todos. De tus compañeros de trabajo, que no te olvidan. Hay algunas cosas en las que la mayor parte de la humanidad está de acuerdo. Nosotros no follamos: nosotros hacemos el amor.

miércoles, mayo 11, 2011

El verdadero Twitter y Sylvia Plath



El verdadero Twitter (en el sentido de gorjeo, canto de los pájaros), es el que sucede en nuestro patio de luces, que, esta vez sí, está lleno de luz. ¡Oh, loor al arquitecto! Aunque uno se despierte en el medio de Madrid y pueda ver por Google Maps la coraza de acero y hormigón que le rodea algunos kilómetros a la redonda, aquí cantan los pájaros como burbujas amarillas en el silencio. Hay un vecino que tiene colgadas un par de jaulas con pájaros pequeños, no sé cómo se llaman ni de qué raza son. ¿No es una salvajada coger una parte voladora de la naturaleza y meterla en una jaula? ¿Con qué fin? ¿Para qué tiene esos pájaros cautivos? ¿Para asegurarse ese Twitter natural? La verdad, me gustaría saber quién es ese vecino y tirarle una piedra o un zapato o escupirle. Yo pensaba que tener pequeños pájaros enjaulados, en vez de surcando el cielo herido madrileño o brincando por los parques, era una funesta costumbre que ya había desaparecido, cosa de abuelas sangrientas. Pero no.

(Luego se nos ocurrieron otras preguntas: ¿duermen los gorriones? Y si duermen ¿lo hacen tumbados? ¿Se imaginan un gorrión tumbado? ¿Cómo se levanta? ¿Si se cae se puede levantar? Pero, sobre todo, ¿cómo se sienta un gorrión? Nos dio mucha risa)

Hay más sonidos que replican la naturaleza en la terraza. Como hay muchas palomas sobrevolando nuestra ropa limpia, colocamos un plástico amarrado con pinzas al tendedero. Al moverse, mecido el viento que a veces se cuela en el patio, el plástico reproduce el sonido del mar, de su oleaje. Yo me tumbo en el sofá con ese cómic de Alan Moore, y, si cierro los ojos, me parece estar en la costa: el continuo lamer de la olas, el twitter de los pájaros, la pachorra. Estás cosas deberían, si el mundo fuera justo, subir el precio de los inmuebles. Pero hoy en día ya nadie se fija en lo que se oye, excepto si lo que se oye molesta, como un bar o un inocente fresh bankin’ en la plaza de abajo. A veces, desde aquí, hasta se oye el camión de los repuestos del Día. Y entonces ya sabemos cuando han vuelto a traer el fuet espetec y la chistorra.

De noche, cuando los pájaros y el mar se callan, lo que suena es la nevera. Es como si a medianoche, cual cenicienta, la nevera se recompusiese y volviera a inyectar nitrógeno líquido en sus tuberías, si es que funciona de este modo. Pero luego también se oyen sonidos extraños dentro del congelador, como si hubiese alguien encerrado. No sé, un loco o un poeta. Sí, quizás haya un poeta hay dentro, que se ha metido en el congelador y ha cerrado la puerta. Como Sylvia Plath, que metió la cabeza en el horno y murió, para el deleite de las poetas actuales que escriben poemas sobre ella. Yo también escribí uno. Igual es Sylvia Plath la que está en mi congelador, seguro que es mejor que el horno. ¿Se imaginan? Va uno a coger las croquetas de jamón congeladas y se encuentra a una celebrada poetisa suicida de hace unas décadas. ¡Me cago en la leche, que estaba aquí! Oye, me encantaron tus poemas de Ariel


- Tengo un frío de la hostia.



-------------------
(En la foto, Sylvia Plath en 1952, con 19 años, once antes del incidente del horno)

lunes, mayo 09, 2011

Un cerezo en flor



El cerezo en flor,
una nevada en pause,
anuncia la estación de las terrazas.

El primer hombre que advirtió
el ciclo del zodiaco, dices,
descubrió la periodicidad
de la tristeza,
la fractura de la luz.

Bajo la sombrilla el sol te va encontrando,
otoñeas frente a un tinto
de verano.

Desde hace algún invierno
cada vez menos flores rompen
el asfalto en primavera.

¿Cuánto me quieres?
Te quiero aproximadamente.

Te quiero por defecto.



------
(ilustración de Sara Herranz para este poema)

lunes, mayo 02, 2011

Arriba mis primas revolucionarias



Les presento, de izquierda de derecha, a mis primas Mari Pili y Purificación. Bueno, Puri es más bien prima segunda, pero prima al fin y al cabo. La foto la tomamos el Primero de Mayo. Mari Pili y Puri salieron a las calles a protestar por la precariedad, la coyuntura y la situación del mundo en general. Lo cierto es que no vimos mucho colapso en el centro de Madrid, cosa que llamó mucho la atención de mis primas, que venían de la Periferia (así, en general, como concepto) esperando encontrar en las amplias avenidas a los alborotadores adalides de la libertad y de la justicia. Pero nada oigan: el McDonalds seguía despachando hamburguesas a un ritmo solo comparable al de los ruines sándwiches que salían de Rodilla. Los grandes escaparates de El Corte Inglés lucían enteros y orgullosos, lo mismo que algunas abuelas. Bajo un suave sol primaveral, la vida comercial de la ciudad transcurría plácida y ajena a cualquier tormenta. Los peluches sindicales, Toxo y Cándido, se paseaban este año por Valencia, quién sabe si para presionar a los ominosos Paco Camps y Rita Barberá.

¿Cómo es posible que seamos cinco millones de parados y no haya revueltas?, me pregunta Mari Pili algo desconsolada mientras lame un helado. Yo le digo que no lo sé, porque no lo sé, tal vez sea la vagancia y la inconsciencia de los nuevos ricos, somos un país tirando a pijillo en nuestra idiosincrasia. También me sorprende cómo en países mucho más civilizados y menos tocados por la crisis, la juventud haya hecho oír su descontento en las calles, a veces, incluso de forma violenta: Atenas, Londres, París, Roma... Aquí, por supuesto, nada de nada: incluso la última huelga general tuvo un seguimiento desidioso y moderado. (Estuve con unos okupas que intentaron algo, lo conté en el peri, pero poca cosa, veánlo aquí). Ya sé que no sirve de nada romper una marquesina al modo del Cojo Manteca, pero sí sirve, qué coño, para expresar el descontento e indignarse un rato, ahora que está tan de moda. Así, en la calle, comenzaron las revueltas árabes… Por lo demás: Telefónica anuncia bonus millonarios para sus directivos al tiempo que cocina 50.000 despidos, bien hecho chicos. Los causantes de la crisis siguen impunes y el capitalismo más que refundarse nos está fundiendo bien. ¿Cómo se entiende esto? Puri me dice que tampoco lo entiende, que es mazo raro.

Además de la cifra mágica de los cinco millones (porque son cinco millones, es decir, 4,9 millones de parados. Algunos ministros respiran tranquilos porque, gracias a Dios, no hemos sobrepasado el quinto millón pero, ¿qué importancia tiene eso?), se reveló el otro día que el paro juvenil alcanza el 45%, que es el porcentaje que curran entre las dos, Mari Pili y Puri, juntas. La segunda haciendo sustituciones en una peluquería de un centro comercial. La primera, que se ve obligada a vivir con sus padres (mis tios), maneándosela puntualmente a algún amigo de la familia para sacarse algo e ir al Fabrik los sábados a intentar olvidarse de todo este asunto. Como ustedes saben, no hay nada más triste, exceptuando las tiendas de animales y los caballitos pony de las ferias, que un país que no puede dar trabajo a sus hijos.

Por la tarde, mis primas y yo, nos fuimos del Starbucks sin pagar. Mirando el panorama alrededor, nos pareció una gran victoria sindical. Arriba.

sábado, abril 30, 2011

El poema oficial y homologado del Fresh Bankin'



Al borde de la esdrújula,
con cuatro quintas partes
de ironía posmoderna,
y una pizca de flema,
nos hacemos los encontradizos
(conceptualmente)

hey!- dice uno-, yo además
he leído a Slavoj Zizek

los poetas también pueden causar guerras
digo yo
mientras la noche nos va exterminando
en un banco en una plaza
regurgitando textos

repasando la guía del odio
a cuatro patas
los catedráticos del tedio
-borrachos-
cantan

----------------
(inspirado y dedicado con Amor a mis adláteres (qué coño significa eso?) el catedrático Isaac del Valle Mogarra y el novelista Guillermo Aguirre.)

lunes, abril 25, 2011

Papirofléxica



cada vez que te veo pienso en papiroflexia

te doblas sobre ti misma
y vuelves convertida en otra cosa

pájaro, mar, residuo radiactivo,
terremoto, pétalo que muerde,
sangriento mousse de leche

consulto mi sismógrafo:
por ejemplo, ahora estás furiosa

pero ahora, en cambio,
te acercas y me coges de la mano
con la fuerza justa

para dar muerte a un gorrión



-----------------
(la mujer pájaro es obra de Sara Herranz. Vean más)

martes, abril 19, 2011

Decoración esquizo



Una tienda de muebles es como una casa muy grande decorada por un esquizofrénico.

Un tío loco que ha amasado una buena fortuna a pesar de su locura y que se ha comprado un buen pisazo en pleno centro de tropecientos metros cuadrados aprovechando la bajada de los precios inmobiliarios. Y entonces llega el albañil y los tipos encargados de la decoración y el propietario, frenético, con los ojos inyectados en sangre y la baba asomando por las comisuras de los labios, empieza: a ver, por aquí vamos a poner unos 20 sofás, con sus mesas bajas de cristal, pero todos diferentes, tresillos, sillones, de cuero, de piel, de felpa, de todos los colores; y por aquí vais a instalar unas 12 cocinas completas, unas con barra, otras con lavavajillas, todas con un buen horno, porque me gusta mucho el pollo, el pollo asado, y lo voy a asar en todos esos hornos, decenas de pollos, miles de pollos, un Holocausto pollil. ¡Qué sudores! Y allí, en la zona de baños –dice señalando un gran espacio vacío a la izquierda- vais a instalar, eso, baños y aseos, unos con ducha, otros con bañera, con hidromasaje, con bidet, con grandes espejos, pero id cambiando el alicatado en cada caso que no quiero perderme, con cenefa y sin cenefa, con gres y Porcelanosa: ¡me voy a hinchar a evacuar!

Este desequilibrado duerme cada día en una cama con una muñeca hinchable diferente, y manda mails, o piensa que manda mails, desde esos ordenadores de plástico de atrezzo que están vacíos de chips y de circuitos. Pero el tío los manda. Y lee libros en sueco de los que tienen en Ikea, aunque no tenga ni pajolera de sueco, pero le gusta su abrupta sonoridad, y dice a sus celestiales amigos invisibles que celebran delirantes e invisibles aftercasa en sus salones, que al final se queda con el concepto general de la historia. ¡Gran literatura la nórdica! Y de sus grifos sale cocacola y néctar y ambrosía de los dioses, y farlopa. Y recorre, cada día, al llegar a casa al atardecer, la casa siguiendo unas flechas dibujadas en el suelo, como si estuviese en algún establecimiento de la ubicua cadena sueca que ha redecorado nuestra vida. El monarca absoluto de la República Independiente de su Locura.

Probablemente este tío fuese antes un especulador bursátil o algo parecido, algo que requiera altas dosis de salvajismo y sinrazón. ¡Viva la economía, viva la Guerra Fría!

(La mesa de la imagen es un diseño de Phillip Toledano y se llama Abu Ghraib Coffe Table)

miércoles, abril 13, 2011

Las simpáticas cabritillas y la bohemia



Abajo están los Fraguels. Siempre.

Nos mudamos a la Plaza de San Miguel, aledaña a la Plaza Mayor, hace casi un mes. Para quien no conozca el centro de Madrid (¿acaso existe algo fuera del centro de Madrid?), diré que en la Plaza de San Miguel, donde ahora, hace casi un mes, vivimos, está el Mercado de San Miguel. El Mercado de San Miguel, con su arquitectura modernista, era antes un mercado de abastos tradicional, donde uno podía comprar vegetales, carne o pescado a buen precio, en un ambiente castizo y popular, algo destartalado. Ahora, en el Mercado de San Miguel se puede comprar vegetales, carne o pescado, pero por un precio centuplicado. Lo que más se vende, sin embargo, son ostras y champán. Porque ahora, el Mercado de San Miguel, es un mercado delicatessen y no un mercado de abastos tradicional, y en vez de señoras con carritos estampados a cuadros y señores enjutos acodados a la barra del bar con un mondadientes asomando entre los labios, hay turistas, y pijos, y turistas pijos. Cuando bajo cada mañana les veo el culo, están en el mercado bebiendo vino y comiendo jamón caro, en un eterno aperitivo ajeno al discurrir del tiempo. Al anochecer toman ostras y champán como si el mundo fuese una fiesta. Este fenómeno urbanístico es lo que se llama gentrificación, pero de eso ya hablaremos, queridos amigos, otro día.

Los pijos, los turistas, los turistas pijos, no son los Fraguel. Los Fraguel son una banda de homeless borrachos que se pasan el día bebiendo cerveza y bricks de vino barato en los aledaños del Mercado de San Miguel, tratando de sacarle algo a los distinguidos clientes. Luego se lo beben todo y lo mean alrededor de mi portal, que siempre huele a pis con solera. Están siempre ahí, de cháchara, con bolsas de viaje, arrugas negras, chupas de cuero, muletas. Obviamente, me siento más cerca ideológicamente de los Fraguels que de los gentrificadores, aunque aún no hemos trabado verdadera amistad más allá del "no, no tengo suelto".

El otro día me tocó cubrir para mi periódico una cosa que se llama La Ruta de Max Estrella. Para quien no lo sepa, se trata de un recorrido nocturno por los lugares en los que se desarrolla Luces de Bohemia, de Don Ramón María del Valle Inclán. En cada parada, un personaje de la cultura, escritor, poeta, dramaturgo, fotógrafo, actor, o lo que sea, se sube a una precaria escalerilla y da un breve discurso sobre la importancia de la bohemia, de la vida marginal, de la poesía, del anarquismo de Mateo Morral, que desde un balcón de la cercana calle Mayor atentó contra Alfonso XIII el día de su boda lanzándole un ramo con una bomba dentro. El caso es que una de las paradas es la Plaza de San Miguel, y allí paramos. El catedrático de turno se subió a la escalerilla empezó a hablar, rodeado de unas 300 personas expectantes. Entonces, uno de los Fraguels, uno con muletas que no falla nunca, se levantó de su mugriento portal y gritó “¡Maricón!”, “¡Maricón, vete con San Judas Tadeo!”. Así todo el rato. Mucha gente del público se ofendió y le mandó callar. No se daban cuenta de que ese Fraguel, todos los Fraguels, son los verdaderos bohemios de hoy en día, el Max Estrella de la obra de Valle que veníamos a homenajear. Qué bonita es la bohemia vista desde la butaca de un teatro, qué poco nos gusta cuando se mea en nuestros portales. Yo, por supuesto, estaba mucho más cerca ideológicamente de aquel Fraguel que del catedrático que arengaba a las masas desde su improvisado púlpito.

Y luego están las simpáticas cabritillas. El centro de Madrid es un zoo humano y una de las piezas más notorias son las cabritillas psicodélicas que están en Plaza Mayor. ¿A quién se le habrá ocurrido tales personajes? Con su simpleza e ingenuidad se ganan el corazón de los viandantes que les dan monedas solo por abrir y cerrar la boca frenéticamente, acompañando la gracia con movimientos espasmódicos. Descubrí, para mi sorpresa, que dentro de estos entrañables seres del mundo de la fantasía, se esconden unas gitanas muy pequeñas y muy feas, muy arrugadas y despeinadas, que parecen estar siempre de muy mala hostia. Dan un poco de miedo. Quién lo iba a decir, ese salto del exterior fantabuloso a la sucia y triste realidad de esas tipejas. Yo, por supuesto, estoy más cerca ideológicamente de la simpática cabritilla que de la horrenda mujer que lleva dentro. Pues así, con todo.

miércoles, marzo 30, 2011

Hay un hombre en España que lo hace todo


Ha venido la casera con el Señor Enrique. El Señor Enrique es un peruano de 52 años que se sube a una silla y te arregla la lámpara, y se sube a otra y te arregla los estores, y se sube a otra y arregla las puertas de los pequeños armarios, y cuando se baja arregla la cisterna y cuando se agacha arregla los zócalos e intercepta alguna hermosa pelusa como un diente de león grisáceo. El Señor Enrique arregla lo que sea allí donde le pongas. Si le pones en medio de la calzada, empieza a dirigir el tráfico. Si le pones en un parque, recoge las hojas secas y arranca las malas hierbas. Si le pones frente al horno, te prepara un soufflé.

Le senté conmigo en el sofá y el Señor Enrique me preguntó por mis problemas.
- No tengo trabajo, ni dinero, ni esperanza – le dije.
El Señor Enrique me prestó 50 euros, hizo un par de llamadas y me consiguió un buen puesto como abogado de una empresa de import-export, y eso que nunca he estudiado Derecho. Luego, el Señor Enrique, me dio un abrazo. Fue como si me abrazara un árbol.

Me dice la casera que conoce hace tiempo al Señor Enrique. Me lo dice muy bajito, al oído, mientras el Señor Enrique riega las plantas de la terraza, porque nadie debe saber la verdad sobre el Señor Enrique. En realidad, me dice la casera, el Señor Enrique, bajo esa apariencia inofensiva y servicial, es quien mantiene a flote a la humanidad en contra de su propia tendencia a autodestruirse.

Cuando hay crisis aérea, lleva al Señor Enrique al aeropuerto y el Señor Enrique toma los mandos, él solo, de la torre de control. Cuando un petrolero naufraga, el Señor Enrique, en bañador, corre a tapar las fisuras por las que se escapa el crudo. El Señor Enrique, los jueves por la tarde, realiza operaciones secretas contra las redes mundiales de la Camorra. Los viernes, de 11 a 12, se va al Banco de España a ver cómo va el asunto de las Cajas de Ahorro. Últimamente anda muy ocupado orquestando el ataque a Gadafi, porque el Señor Enrique no quiere que haya víctimas civiles, ni que se encone el conflicto, ni que sea un nuevo Irak, por eso Obama dice lo que dice, porque se lo ha dicho el Señor Enrique (aunque Obama siempre negará tal extremo). El otro día en Bengassi, mientras, como incógnito, inspeccionaba la situación libia sobre el terreno, el Señor Enrique le desatascó la bañera a una señora y le puso unas baldas en casa a uno de los sublevados. Y luego se fue a Japón, por eso el Señor Enrique ahora luce un extraño brillo verdoso. Ojalá el Señor Enrique tuviera más tiempo o más manos o algún hermano para acabar con la crisis, para cambiar el mundo, me dice la casera cuando el Señor Enrique entra de la terraza con una maceta entre las manos.

- Lo que tienen los pisos de alquiler, señora, es que se van los chiquitos y no arreglan nada - dice el Señor Enrique sonriente mientras se lava las manos en el fregadero.

La casera y yo nos miramos con complicidad, porque entendemos sus metáforas.

sábado, marzo 26, 2011

Sí a la birra



Los que vivimos cerca de la Puerta del Sol, además de ser los más guapos de España, tenemos la oportunidad de comprobar casi diariamente las bondades de la Democracia (¡viva!) en ese manifestódromo que es la plaza. Colectivos de todo pelaje toman la calle para hacer oír, con desigual fortuna, sus reivindicaciones: los sindicatos, los partidarios de la memoria histórica, los guineanos opositores de Obiang, el personal sanitario de los hospitales públicos, en fin, de todo, además de los predicadores protestantes ultraconservadores (y conversadores), los chaperos y las guapas carteristas.

Ayer vinieron los pro vida, qué maravilla, para darle el SÍ a la vida. A mí todo esto me parece muy raro, decir SÍ a la vida es como decir SÍ al sol, o al amanecer, o al viento. Es algo que está ahí sobre lo que no habría que pronunciarse así, en general. Sí a la fotosíntesis. Sí a la glucólisis anaeróbica. Viva la vida y arriba el amor. En fin, vale, yo también digo SÍ a la vida.

Lo que estos señores quieren decir, hablando en plata, es que están en contra del aborto, la eutanasia y demás cosas del Demonio. Pero resulta perverso su SÍ a la vida, porque así, en este planteamiento ladino, da la impresión de que quién no está de acuerdo con ellos (por ejemplo, este su humilde blog) dice NO a la vida, y SÍ a la muerte, osea que es un psicópata peligroso. Y no es el caso. El aborto y la eutanasia son cosas bastante trágicas para todos los que se ven envueltos en ellos, así que, ojito pro vidas, y cuidado con este asunto.

Los pro vida, gente sana, dijeron que en España se había instalado la Cultura de la Muerte (también otros nos asustan con la muerte de la cultura, por cierto). Luego subieron a una niña discapacitada mental (el lozano presentador dijo que tenía síndrome de Down, pero se columpió, de lo buen rollero que era), que respondía al nombre de Angelines, para darle las gracias a su madre por tenerla. “Gracias mamá por tenerme”. Qué manipulación más entrañable, lágrimas, abrazos, suspiros. Y luego una exaltada se acercó y le dijo “viva la madre que te parió”. Risas, orgullo, picardía. Luego un niño también quiso hablar (la cosa empezaba a parecerse a un sainete) y dijo que “viva la vida con salud y alegría”. Ovación. La cosa terminó con el lozano presentador levantando el puño en plan Operación Triunfo después de la lectura de un tendencioso manifiesto. Y, hala, todos a casa que hay que darle el potito a los críos.

Pero bueno, lo que yo quería decir es SÍ a la Birra. Esto sí es una causa a reivindicar. Empieza el buen tiempo y, como todos los años, la temporada de Fresh Bankin’ (bueno, también lo practicamos temblorosos en el frío invernal, pero da igual). Este año, con el Advenimiento de la Ley del Tabaco (por cierto ¿cómo es que había pro vidas fumando? ¿no mata el tabaco? ¿SÍ o NO al tabaco, pro vidas?) esperamos que nuestro libérrimo movimiento ciudadano llegué a más sectores de la población. Arriba una imagen de una de las primeras sesiones, en una zona de Lavapiés que parece Nápoles. Parece también un Caravaggio con ese claroscuro tenebrista. Noten las posturas de los personajes: eso es VIDA.

miércoles, marzo 23, 2011

Mi puta vida (feat. Esther Minia)


Me dejé la grabadora dos horas abierta por error después de una entrevista-comilona, de esas en las que luego la gente ve lo que comisteis en la última página de un periódico y siente envidia, sana o cochina, ad libitum. Lo que se produjo es un prodigio, un hallazgo.

Se oyen mis pasos, mis toses, mi conversación con el chino (un litro de cerveza, por favor, glasias), mi puta vida. Es extraño: la mayor parte de la existencia transcurre en silencio. No te das cuenta porque estas pensando, hablando contigo mismo. Ese run run de la mente que nunca calla (Nota: apuntate a meditacion trascendental). Pero fuera de tu piel, de tus fronteras, de tu cráneo y tus lascivias: nada. El ruido de la cerveza cayendo melancólica en el vaso, los suspiros o gruñidos que tú mismo das sin darte cuenta, al sentarte, al levantarte (te haces viejo), cuando un email de trabajo recibido no te hace fuckin’ gracia (no te compran tu texto esos cabrones). De pronto, el sonido del teléfono: las conversaciones telefónicas (solo se te oye a ti) en la que discutes con La Nini que esta de morros porque ha tenido un pésimo dia. La tele, de lejos.

Es como esas pelis de Jaime Rosales, real minimalistas. El mechero.

Nunca fui consciente de cuanto suspiro o cuanto gruño: debo de ser muy sabio. El ruido de las teclas escribiendo un mail.

Elvira Lindo por qué no.

Mi madre cuando yo era niño y tenía voz de pito.

Sí, eso, a ver si quedamos y tomamos unas cañas. (Somos tan jodidamente apañoles).

La mayor parte de tu vida transcurre en un silencio del que no eres consciente.

Cacho perro.

Puagh!

(en la imagen el Autor en 2008 en BCN escuchando el silencio circundante, by Esther Minia)

lunes, marzo 21, 2011

Princesas con metralletas



La Jessy, la Paqui, la Andrea y sus secuaces son hijas del proletariado industrial periférico a las grandes ciudades. Se expresan con suma dificultad, presentan problemas evidentes de sintaxis, vocabulario y pronunciación y hasta sus voces, salvo honrosas excepciones, son desagradables. La Jessy, la Paqui, la Andrea y sus secuaces son versiones devaluadas de lo que desean ser: son menos guapas de lo que les gustaría, su pretendida modernidad vistiendo resulta hortera, por supuesto no tienen ni una diezmilésima parte del dinero que les gustaría gastar. Una de ellas, cantante, quiere triunfar con sus propias canciones (no canta mal) pero languidece en una orquesta de pueblo recorriendo las fiestas patronales de los desiertos españoles. Otra quisiera presentar programas televisivos en prime time en los canales de mayor audiencia, sin embargo, echa las horas en una call tv, esos programas de madrugada donde una choni de estas trata de que los espectadores aburridos llamen para participar en algún concurso sospechoso y absurdo. Sus vidas son un sucedáneo de lo que deberían ser (por lo demás, esto nos pasa a casi todos). La Jessy, la Paqui, la Andrea y sus secuaces son Princesas de Barrio en el programa de La Sexta. Por lo pronto, eso las hace bastante felices.

Princesas de Barrio es un programa es bastante cruel. Estas chicas se creen que son estrellas cuando las convierten en el hazmerreír de aquellos que las miran. El programa reivindica y, de alguna manera, justifica y trata de dignificar (sin mucho éxito) la figura de la choni poligonera. Estas chavalas, poniéndonos marxistas, son víctimas de la injusticia y de las desigualdades de clase (¿eso existe?), y en La Sexta esto lo celebran con algarabía: el bajo acceso a la cultura, la falta de metas y de oportunidades a largo plazo, en resumen: la pobreza. Y ser pobres, lo pongamos como lo pongamos, no mola nada. Pero bueno: con este programa podemos contribuir a la paz social ya que ser un choni no es tan malo. Que nadie se queje: ya está aquí el sueño americano.

A continuación y en el mismo canal, emiten ¿Quién vive ahí?, un espacio (nunca mejor dicho) donde los ricos, en el otro extremo del espectro social, muestran unas casas que casi dan vergüenza de lo suntuosas y cojonudas que son cuando la mayoría vivimos en pequeñas, aunque decentes, madrigueras. Se ve en este programa que los ricos tampoco son tan malos: nos muestran alegres sus dormitorios y a sus nutridas proles, que corretean al borde de la piscina. Francesc, no corras por ahí que te vas a hacer daño. Al final siempre dicen, alejándose en un descapotable, que volvamos cuando queramos, que estamos en nuestras casas… En fin… Entonces: ¿La Sexta no eran un canal de izquierdas o algo así?

Yo cogería a las chonis, les calzaría una boina negra, un mono verde oliva y un AK-47, en plan Patty Hearst (en la imagen. Por cierto, entrevisté a su hija una vez para el EPS, una especie de Paris Hilton más propia de La Sexta) y haría un programa sobre sexys guerrilleras urbanas atracando los bancos de los centros comerciales. Ka-boom!

lunes, marzo 14, 2011

Una pequeña guerra tropical



Uno mete la casa en las cajas: los libros, la ropa, los discos, resulta tedioso y estresante, resulta extraño abandonar el lugar donde has vivido mucho tiempo y dejar que lo ocupe otro (la ciudad, en su orgullo arquitectónico de hormigón y de metal, permanece indiferente a quien la habita, los edificios prostituyen sus espacios internos al mejor postor para que cuelgue sus posters, coloque su cama, sus muebles y su absurda vida, sin acordarse nunca de quien los ocupó antes), pero lo más extraño son esos objetos que no encajan en ninguna de las etiquetas anteriores y que se quedan huérfanos, perdidos, entre las cajas ya selladas. Una calavera tallada en lava que me traje del Vesubio, un cochecito que me regalaron en Filipinas, un esbozo de poema escrito en una servilleta en el año 2007 (¡oh, qué literario!), el cinturón de leopardo que ya no me pongo, los parches que iba, un día ya lejano, a coser en mi chupa, las cariocas que me entretenían los veranos en la playa de Los Caños de Meca. ¿Qué hacer con esos retales del pasado que se obstinan en acompañarnos? Son nuestros pero ya no son nuestros porque uno ya no es el mismo que era entonces. Uno dice, bah, me los llevo, luego dice no, no, mejor los abandono, los tiro a la basura, yo qué sé, en cada mudanza uno se va deshaciendo de recuerdos, de cacharros inútiles cuya única utilidad, al final, es molestar en las estanterías y coger polvo, que no tienen lugar establecido. Al final, uno no es solo su cuerpo y su mente y sus temores, sino que también son parte de uno los objetos que posee, los extremos de la campana de Gauss que somos todos y que a veces cuesta recortar. Nos aferramos a ellos como quien se aferra a uno de sus miembros. Angustia.

Al final he tirado algunas cosas. Las he metido en grandes bolsas de basura (supongo que, de pronto, mis cosas se habían transformado en basura), las he dejado en la calle al lado de los contenedores de reciclaje, en mitad de la noche. Cuando he vuelto del Opencor he visto mis cosas, algo de mi ropa vieja, tiradas por el suelo: alguien se había interesado, había abierto las bolsas, había curioseado y lo había dejado todo esparcido por la acera. Me resultó extraño ver mis cosas ahí, en la calle, porque siempre son las cosas de otros, otros de los que yo trato de imaginar la vida a raíz de su basura. Esta vez eran mis cosas y traté de imaginar mi vida inspirándome en aquellas prendas y salió un vida diferente que no era la mía. Por supuesto, me ofendió mucho que quien rebuscó no juzgase ninguna de mis antiguas pertenecias más íntimas de interés.

Una mudanza, pues, no es solo un cambio de cuarto o de casa, es un cambio más profundo, como un viaje; uno no regresa igual de una mudanza de la misma manera que uno no regresa igual de una guerra. Una mudanza, al fin y al cabo, es una pequeña guerra, de esas que ocurren en el Tercer Mundo y nadie oye, contra su propia memoria y su tendencia a preservarse de algún modo. Y la vida está hecha de cacharros que, al final, es lo que queda cuando mueres.

miércoles, marzo 09, 2011

Toda la verdad sobre la vida sexual de Txe Peligro



Bueno, mi vida sexual funciona más o menos así: estoy yo, ¿no?, y entonces empiezo a sentir un no sé qué que qué se yo en las entretelas más intimas que me suliveya, y entonces me quito la ropa y me quedo con la piel crepitante al aire y aquello se me pone de aquella manera y entonces…, entonces…

¡Han picado! Este post no va de mi vida sexual sino de… ¡la lectura! ¡lo contrario del sexo! (¡Oh! Abucheos y pitidos en el gallinero, decepción, pataleo, tristeza generalizada, decepción).

Para hacer la mudanza al pisazín (el pisazo piquiñín) he embalado los libros y han resultado unas 15 cajas llenas de letra impresa y un volumen mucho mayor del que ocupaban en las estanterías. Y eso que dicen que el saber no ocupa lugar. Por lo demás he tratado de deshacerme de unos 100 libros y, como le pasaba a Augusto Monterroso, no he sido capaz: en principio los amigos estaban encantados por venirse a buscar libros de gratelo (sí tio, nos pasamos el viernes fijo), pero pasa el tiempo y aquí no viene ni Dios. Seguro que si regalase las pelusas mutantes que tengo por los zócalos vendría más gente. Tíos, que es gratis, joder.

Y es que los libros están muy mal vistos, y la lectura en general. Hay gente a la que no le gusta leer. Así, en general, no le gusta leer. Esto me fascina, porque digo yo: todo el mundo tiene aficiones ¿no? Los perros, la música barroca, los coches, el sexo raro, los suelos de porcelana, la jardinería, la Guerra Civil. Pues bien, de todas estas cosas hay libros, porque los libros son una especie de resumen pret a porter del espaciotiempo. Entonces, si te gustan estas cosas, ¿por qué no lees sobre ellas? Infórmate joder. A mi no es que me guste leer, leer cuesta esfuerzo y cansa los ojos, lo que me gusta es lo que viene dentro de ciertos libros, tanto que me aguanto y sufro y me los leo. Y me sale a cuenta, oigan.

Imaginénse que pudiesen hacer una llamada telefónica a un tío que vivió hace 2.500 años. ¿Qué locura estoy diciendo, no? Hablar con Platón, por ejemplo. Esta tecnología no existe, pero existe otra que lo permite: el libro! Hay libros que se conservan de gente que vivió hace tropecientos mil años y que dicen lo que ellos vivían y pensaban. Y hay libros de ciencia ficción que explican como dentro de mil años escaparemos de la Tierra hacia un exoplaneta habitable en Alfa Centauro para escapar de la hinchazón del Sol convirtiéndose en una gigante roja. Leer es como vivir muchas vidas en muchos tiempos diferentes (lagrimilla, mecheros, emoción).

Lo mejor de los libros, sin embargo, es que decoran, son muy bonitos en las estanterías y te hacen parecer más listo, aunque menos simpático. Y además te permiten hablar de muchas cosas intempestivas y decir muchas veces en una conversación: “Yo una vez leí que…”, “hay un libro que dice que…” ¿Si no de qué hablas? Los treintañeros ya solo hablamos de hipotecas, ofertas de trabajo, guarderías, ventajas fiscales y cosas así, y los que no son treintañeros, del tiempo. Porque no se lee.

Pero bueno, decía el otro día Eduardo Mendicutti en la tele que no todo el mundo tiene que ser lector, que unos leen y otros non, como los pimientos de Padrón. Que no hay que leer porque sea sano como comer yogures con bífidus o verduritas frescas. A veces hay que usar el recurso del sexo, como se hizo más arriba: tetas, morbo, confesiones. Así que si usted quiere dejar de leer este post puede hacerlo… ¡Ya!



(Qué alivio que ya se acabó ¿no? En la imagen el Autor a punto de experimentar un orgasmo literario. Foto by Oscar Carriquí, photographer,genio y figura).

sábado, marzo 05, 2011



Tiene que haber una vida mejor,
pero no está aquí.

Destartalados parques de extrarradio
donde el metal muerde la grava,
y los niños buenos muerden polvo.

Medio día gris y se abren los barrotes del colegio:
salen los anoraks chillones de las chicas malas
bajo una lluvia muy fina que no es del todo lluvia.

Una vez hicisteis ruido
ahora seguís la vida a la mitad de vuestros padres,
ya no hay cielo que romper con vuestros pueriles
puños blancos.

Otra vez tuvisteis miedo,
pero ya ni siquiera eso,
ahora tenéis ladrillo visto
y toldos verdes de botella.

Nada es del todo lo que es en esta periferia,
todo está sin acabar, mal dibujado,
todo está a medio hacer o duerme en ruinas.

Esclerosis en las venas de la vida,
mientras las bolsas de plástico juegan con viento
al ralentí, baila el silencio.

El extrarradio no es un lugar físico
sino un estado del alma
cuando el alma ya no existe
como todo el mundo sabe
entre la grava.



(Sara Herranz lo ha dicho mucho mejor con su dibujin de arriba. Gracias)

martes, marzo 01, 2011

Litrona = Vejiga



El cuerpo por dentro: una vez, en mi casa de Delicias (siempre echamos de menos su luz y sus gentes) se nos estropeó el baño. Meábamos en la bañera y hacíamos de cuerpo (es decir, caca) en algún bar de abajo, sobre todo el Jamaica, limpiérrima franquicia donde una vez Ale, que se estaba cagando, se encontró a una vieja subiéndose el abrigo de visón para defecar en la postura del esquiador. Se asustó mucho: esa mezcla de la rancia burguesía y la mierda. Todo encajaba: era una imagen reveladora y potente.

A lo que iba: cuando habíamos bebido muchas litronas (y eso pasaba y pasa a menudo) nos entraba el picor urinario y, antes de volver a mancillar la bañera, meábamos en las litronas vacías, como quien devuelve a la Madre Tierra lo que la Madre Tierra le ha dado (en Asturias esta es una explicación mitológica de por qué el culo de la sidra se arroja al suelo). Lo dicho: meábamos allí dentro, dentro de la botella de Mahou clásica, arrejuntando la boca de la uretra a la boca de la botella. Era una experiencia curiosa: el cristal se iba calentando, en virtud de las leyes de la Termodinámica, y uno absorbía ese calor de su propio cuerpo con sus propias manos. La litrona se iba llenando y parecía, en cierto momento, que uno la iba a desbordar con su agüita amarilla. Nunca ocurría: una especie de control fisiológico externo y parasimpático hacía que la meada acabara justo en el momento cuando la capacidad de la botella estaba al límite. Nosotros, allí, siempre al límite, la juventud. La botella, al borde.

Luego viví en casa de Guillermo Aguirre un mes en el que me acogió como el buen amigo que es (a veces) y también allí meé y cagué en bolsas y botellas del Mercadona, porque el laureado escritor estaba en obras en casa, sin baño y sin cocina, con muchos obreros del mundo picando sus suelos y paredes. Pero no les quiero aburrir con historias escatológicas, la movida de todo esto es: en sus vejigas cabe una litrona y pico de cerveza. La vejiga en los gráficos de clase de biología (bachillerato o ¿COU?) es una vesícula pequeña, asquerosa y triste relegada al olvido y al amoniaco desactualizado. Pero, ahí, en tú dentro más adentro, cabe una litrona: lo hemos comprobado: es Ciencia.

Nuestro cuerpo es un extraño animal dentro de nosotros mismos. Yo a veces pienso en mi hígado y en mi páncreas (os quiero aunque no os lo diga), y pienso que nunca han visto la luz del sol, aburridos en mi oscuridad interna, eclipsados por mi músculo y mi piel, pero trabajando cada fuckin’ segundo de mi azarosa existencia, y que sigan. Que siempre han estado dentro, que siendo tan nuestros no los conocemos en persona, que no los hemos tocado ni visto, y que así es difícil de querer a una persona. O a una víscera.

(la rubia de arriba sale en google images cuando pones "mujer vejiga". ¿Se llamará así? ¿Vejiga Jones?)

miércoles, febrero 23, 2011

Amigo, soy la DROGA



Amigo, soy la DROGA:

He venido destruyendo la vida de muchos jóvenes ignorantes. Me he introducido en los bailes y en las fiestas. Al principio te hago vivir fuera de este mundo lleno de problemas. Pero al trascurrir el tiempo comienzo a hacerte falta.

He venido destruyendo el mundo entero. No me importa que seas blanco o negro, pobre o rico. Después que me pruebas, eres mío para siempre. ¿Recuerdas cuándo comenzaste? Estabas triste, te sentías solo. Yo te ofrecí felicidad y ahora te tengo, mío eres. Hago contigo lo que yo quiera. Te levanto por la mañana pensando en mí, aunque no quieras. Soy tu amo. Tú eres mi esclavo te hago; caminar como un muñeco.

Mía es tu voluntad. Destruyo tu vida física y moral y



Esto lo hallé pegado en una farola de La Latina un domingo lluvioso cuando el Rastro terminaba, antes de una buena bronca absurda. Cuánta razón tiene este mensaje que un bendito anónimo colgó en el espacio público para advertirnos sobre nuestra mala amiga la Droga. Pero, sobre todo, qué extraña poesía destila el texto. Palabras sombrías, a veces mal coordinadas, tono apocalíptico, discurso zigzagueante, lleno de meandros, la utilización de un punto y coma, y ese sobrecogedor final abierto: Destruyo tu vida física y moral y…

¿y qué, joder?

viernes, febrero 18, 2011

¿Hay vida inteligente al fondo de la pista? (featuring Cristóbal Fortúnez)



La juventud actual es la menos moderna en casi 100 años. La más banal y la más conservadora, más preocupada por cambiar de peinado y de modelito que de cambiar de realidad, si es que tal cosa existe. Uno ya no es lo que hace, ni siquiera lo que tiene: uno ahora es lo que parece, posando para una foto del Facebook con su nuevo total look, consecuencia nefasta de la democratización de los gadgets cuando se cruzan con las redes sociales. Me lo decía el otro día una joven escritora y factótum del underground capitalino a la que entrevisté: antes la gente hacía cosas, uno era músico o artista (o ambas cosas, pardiez!). Ahora para ser un It Boy o una It Girl, basta con cultivar la propia imagen, hacerse buenas fotos vestido/a de cierta manera y colgarlas donde sea preciso. Ya lo dijo nuestro amigo Guy Debord (en una extraña paráfrasis de nuestro otro amigo Carlos Marx) en La Sociedad de Espectáculo, y cito de memoria: “el Capital se acumula hasta tal punto que se convierte en imagen”. "Los jóvenes de todo el mundo han sido autorizados a elegir entre el amor y una unidad recogida de basuras. En todo el mundo han elegido la unidad recogida de basuras”, dijo también Debord, hace demasiados años. Y sigue teniendo razón.

Desde las vanguardias artísticas de principios de siglo, o incluso antes (ver Rastros de Carmín, en Anagrama, de nuestro amigo de más allá Marcus Greil), eso que se ha dado en llamar movimientos o subculturas juveniles han tenido algo de subversivo y/o contestatario. He aquí unos ejemplos evidentes: el izquierdismo surrealista o el dadaísta en la primera mitad del XX en centroeuropa. El cínico rechazo del sueño americano de la Generación Beat. La marginalidad (e incluso delincuencia) de los rockers cincuenteros, las formas de vida comunitarias propuestas por los hippies, la negación total del mundo propia del punk. La efervescencia sexual/revolucionaria de los Mayos del 68 (que fueron varios, no solo París). Incluso los 90, con su ya bastante asimilado grunge, por entonces tenía su componente de rechazo social, de oposición frontal al mundo tal y como se (re)presentaba.

Cuando yo tenía 15 años (ya ha llovido) en según qué ámbitos estaba mal visto comer en un McDonalds o lucir Nike. Eso se interpretaba como una concesión al Poder, una rendición, era casi obsceno, era bajar la cabeza, cerrar los ojos ante la injusticia, participar, incluso, de ella. Las multinacionales eran el Mal: ahora marcan tendencias. Entonces lo verdaederamente cool era el citado Guy Debord, el do it yourself, el patinete y oler un poco mal. El último estertor de esta serie histórica de acontecimientos fue el movimiento antiglobalización que persiguió a los poderosos por doquier rompiendo mobiliario urbano y demás bienes públicos y privados para denunciar ciertas políticas globales y globalizantes (en el peor sentido del término) que habían permanecido en cierta penumbra, lejos de la crítica pública, y que entonces descubrimos ¡oh! asombrados. Después de la caída de las Torres, ya no pasó nada más.

Con la extraña disolución y mezcla entre el indie y el mainstream (que nunca parecieron inmiscibles, la verdad, ver Rebelarse vende, en Taurus, de ese par de clarividentes colegas, Joseph Heath y Andrew Potter), ha brotado una generación narcisista cegada por la moda, centrada en su ombligo, vacía de cualquier contenido. Ignorante de su propia situación, bailando en el centro del alegre incendio circundante. ¿Qué más da, joder? Ya ni siquiera sabemos qué es lo que ha pasado en la última década sin nombre (¿los naughties?), qué juventud ha salido de ahí, qué propone ni en qué dirección avanza, más allá de la dirección al baño del club de moda, a recomponerse el tupé Kortajarena y a meterse una buena raya de speed o, en el mejor de los casos, farlopa. Al grito de “los miércoles son los nuevos jueves”, la juventud toma la noche por asalto, pero ya no quiere estar fuera de eso que llaman Sistema, si no dentro, bien dentro, cuanto más dentro mejor, calentita y despreocupada por todo lo que acontece fuera, comprando todo lo que el Sistema vende para ser el más rápido en la muy fashion carrera hacia el Abismo.

Dicen que las crisis provocan la reacción, la creatividad, el cambio. No hace falta irse a Túnez o a Egipto para ver movimientos. En Londres, Grecia, París o Roma, aquí al lado, en lo que algunos llaman Primer Mundo, la juventud (y no tan juventud) ha salido a la calle a defender sus derechos laborales o educativos y a protestar, a romper otra vez las cosas. Aquí, que tenemos más de un 40% de paro juvenil, nos preocupa más Cibeles o Arco que la revolución egipcia (que, atención, también se orquestó en Facebook, ya ven, sirve para otras cosas) y nadie ha movido aún un dedo, ni siquiera ante la oportunidad perdida de hacer una huelga general como ¿Dios? manda (“es que era ya tarde”, “es que los sindicatos tal y cual”)… Como decía el ilustre poeta Luis García Montero, la única huelga que sale mal es la que no se hace.

Nosotros, claro está, ese día estábamos de fiesta. Claro está también: luciendo nuestros mejores modelones, carne de after, bien pasados.

(La ilustración es una amable cesión del amiguete Cristóbal Fortúnez para este post. Fortúnez parte la pana en su exitoso blog Fauna Mongola de Madrid. Pasen y vean. No quiere decir esto que el artista suscriba punto por punto todo lo que se dice más arriba, claro está. Gracias)

miércoles, febrero 09, 2011

Los más turbados



Lo demás, Google, Facebook, los tweets que sueltas borracho de madrugada, la botella de vino a un lado del laptop, los mails que le mandas a tu prima, eso es solo la punta del iceberg, la parte más minúscula; por debajo de la superficie del mar de la información duerme lo que importa, la Pornografía, eso es Internet: miles de millones de hombres ordeñándose a sí mismos, ciegos, con pelos en las manos, miles de millones de puños en alto que gritan, ascienden y luego bajan, cinco contra el calvo, la manola, la manuela, la manoletina, miles de millones de turbados, muy turbados, más turbados, turbadísimos ante las sexy blonde fucked hard y las tight teen latina hammered outdoor, los bukkakes y los gangbang, esa delicia; piénsalo: cuántos orgasmos simultáneos se producen todo el rato en las dos caras del planeta, un gemido global hedonista ajeno a todo lo sociopolítico y lo económico, a lo sociológico y lo antropológico, a lo semiótico y a lo hermenéutico (ya paro), a lo que contamos en los periódicos y en la Historia (¿por qué no una Historia Universal de las Pajas?), en el corazón de la revuelta egipcia y en un apacible suburb de Kentucky, un gemido globalizado y planetario, cuasicósmico, litros y litros de semilla, de vida en potencia derramados por los ciberdiscípulos de Onán que derramó primero en la polvorienta tierra de Judá violando la ley divina; de la ley de leyes a la red de redes, próstatas del mundo, uníos, y dejad paso a esto que va contra la moral y, ¡aaah!, contra la pantalla.

Pero después, ese vacío.


(Dibujín cibererótico realizado por Sara Herranz para la ocasión)

domingo, febrero 06, 2011

Insurrecto reloaded



Pasaremos a la clandestinidad. Nos ocultaremos en las alcantarillas, en los cobertizos, en las casas abandonadas. En los resquicios del sistema. Nos echaremos al monte.

Seremos como las sombras, nos moveremos rápido y en silencio. Jamás nos atráparéis. Cuando halléis nuestros escondrijos nosotros ya estaremos lejos, una nota manuscrita diciendo adiós será lo único que dejaremos a nuestras espaldas.

Estaremos organizados. Crearemos redes. Tendremos mensajeros y lenguajes cifrados. Formaremos comandos. Nos armaremos.

Extenderemos planos amarillentos bajo luces mortecinas. Nuestros cuarteles serán oscuros. Llevaremos barbas, boinas puestas de lado y pipas en la boca. Señalaremos con grandes rotuladores rojos nuestros objetivos sobre el mapa.

Oiréis hablar de nosotros, pero no podréis vernos. Estaremos por todas partes, camuflados. Podríamos ser cualquiera. El hombre que se sienta al lado en el metro. La camarera que os sirve una caña. Vuestros propios hijos. Tendréis miedo.

Algunos caerán, los sabemos. Será duro, también lo sabemos. Pero resisitiremos hasta la confrontación final. Ese día, un día lejano y tormentoso, nos revelaremos. Saldremos de nuestros agujeros y más vale que Dios os coja confesados pues no mostraremos piedad. Llenaremos de humo vuestras escuelas y universidades. Llenaremos de humo vuestros museos y ministerios. Vuestros edificios oficiales. Llenaremos de humo los transportes públicos y los centros de ocio. Todo lo llenaremos de humo, todo, hasta los ataúdes donde descansan vuestros muertos.

Moriréis tosiendo y tumorados.

Y fumaremos, por fin, donde nos dé la gana.



(Este texto se publicó en este su humilde blog el 20 de Enero de 2006, con motivo de la primera Ley Antitabaco. Desgraciadamente vuelve a estar de plena actualidad. En la imagen en Subcomandante Marcos. Su pipa favorita no escupía plomo sino humo. Enternecedor. ¿Dónde estará ahora?)

viernes, febrero 04, 2011

Vigalondo y la crisis

A mí me mola mucho Nacho Vigalondo. Me gustan sus cortos, su peli, y sus speechs. Lo conocí una vez en persona y me cayó muy bien. Incluso me dio ideas para un reportaje bastante chulo que publiqué en El País. (Ahí se puede leer). Un tío majo. El otro día en Twiter metió la pata con sus bromas sobre el Holocausto. Mucha gente defiende sus bromas. Yo no. Yo le defiendo a él porque todos podemos meter la pata. ¿Quién no lo ha hecho? ¿Quién no ha mandado un sms a deshoras a quien no debía o puesto un estado en Facebook que hubo de borrar por purita vergüenza? Yo sí. Pero sus bromas a mi no me hicieron gracia, sobre todo porque no fue una, si no toda una retahíla algo sangrante.

Los que defienden sus bromas, en realidad, no le defienden a él. Le defienden a él equivocado, que no es lo mismo. Hay que estar con los amigos, pero hay que ser críticos con ellos cuando nuestros amigos la cagan.

Un fantasma recorre Europa (y el mundo). Es el fantasma de esa moral laxa que permite chistes de estos, que todos hacemos en el bar, claro está (y peores), pero que quizás no se debieran hacer en un medio como twiter si eres una persona tan mediática. Sobre todo por tu propio interés. La autocensura razonable, como la mentira piadosa, son pilares básicos para la existencia del mundo tal y como lo conocemos. Son, de hecho, parte importante de su arquitectura oculta. Seguro que él se arrepiente y mucho.

Cuando Aznar borracho dice que se puede beber al volante o Sánchez Dragó habla de zorritas japonesas menores que se trajina ponemos el grito en el cielo. Qué indecencia, joder. Si Vigalondo hace chistes como los que hizo (y vaya por delante que yo me declaro abiertamente antisionista (que no antisemita)) o el Vogue París saca esas fotos de niñas de 7 años fuera de tono, estamos super a favor. Que, por favor, no queremos parecer mojigatos. ¿Cómo se llama esto? Espera… ¿Doble moral? Sí, así se llama.

La crisis, como oí el otro día no sé donde, no es económica. Es una crisis de valores. Es una crisis moral. Ser un moralista (todos los grandes escritores lo han sido de alguna manera) no es tendencia. El Todo Vale porque Dios Ha Muerto, propio de la posmodernidad y no de la modernidad (y esto es un aviso para navegantes, ya lo dije días atrás), trajo de aquellos barros en Wall Street, estos lodos globales.

Cada vez se dan más casos. Me declaro moderno (en el sentido aquel de Lyotard y las metanarraciones) y moralista. Seré poco trendy, pero aquí me planto.

miércoles, febrero 02, 2011

Burbujas y seres despreciables


Nosotros sabemos del plomo,
emboscados bajo la curva que se cae,
hijos de crecimiento negativo,
nuestra dieta a base de ladrillos.

Nosotros recogemos los restos de la fiesta,
refugiados de la que está cayendo
en 30 precarios metros cuadrados
de existencia.

Observamos el panorama alucinados:
explosiones de burbujas que derriban a gigantes,
cifras astronómicas descienden del cosmos al rescate,
seres despreciables.

¡Oh! El Capital en movimiento es poesía.

Mientras fuera Europa arde,
nosotros bajamos la cabeza como esclavos,
y observamos las ruinas por el suelo
en estricto silencio.

Qué ruinas tan bonitas,
mejor conservar lo que tenemos,
(perdonen la pobreza).

Está lloviendo tanto
que se va a disolver el cielo.
Nosotros veremos lo que está detrás del cielo,
es decir:
el dinero.



(Ilustración realizada ad hoc por Sara Herranz. Olé. Título tomado del nombre de una extinta banda de pop filosófico asturiana. Ele!)