- ¿Y qué nos dice la ecuación 8? - dice el tipo con gafas y frente ancha sacando mis ojos de la ventana y mi cabeza de las ramas de los árboles del parque de ahí enfrente.
Bien, pongo los pies sobre las baldosas del suelo, me siento correctamente y la busco entre las fotocopias. Aquí está, la ecuación 8. Mmmm. La miro y agudizo el oído. Acerco un poco la oreja derecha pero nada. No oigo nada. No dice nada. Intento iniciar el diálogo.
-¿Hola?- susurro. El tipo que se sienta al lado me mira. Lleva una horrible camisa de cuadros. Vuelvo a lo mio.
-¿Hola?- Y la ecuación 8 no me responde. Es una ecuación tímida o, acaso, muda.
Me quedo mirándola un poco chafado. En verdad es bonita: hay una integral y una derivada segunda. También un par de sinuosas letras griegas, psi y epsilon. Y un sumatorio. No tengo ni idea de lo que quiere decir, si es que quiere decir algo. Así me quedo un rato, perdido en sus curvas, mecido suavemente por el ronroneo del profesor, comenzando a sentirlo todo un poco borroso -el sol calentándome levemente la nuca- y perdiendo progresivamente rigidez en el cuello. Y entonces la oigo. La ecuación 8 me habla:
- Siente como pesan tus párpados. Siente que son de plomo y que caen irremediablemente. Ven conmigo, ven. Duerme, mi niño, duerme.
Mmm.
martes, noviembre 08, 2005
sábado, noviembre 05, 2005
Every teeth a wanted teeth
Llevo un par de días tomando pastillas. No me malinterpreten: se trata de antibióticos y antiinflamatorios. Me diagnosticó Álvaro por teléfono (Alvaro es médico) pericoronosis. Suena mal, ¿verdad?, pues se trata de una simple infección en la mandibula producida por la erupción de una de mis muelas del juicio. ¿Recuerdan que hace unos días me preguntaba si mis nuevos molares molaban? Pues definitivamente no molan. No disfruto de la comida, me duele al mover la boca y me cuesta hablar. Y a mi me gusta mucho hablar. No sé a cuento de qué me tienen que nacer a mi ahora otras muelas. Con las que tenía hasta el momento me iba estupendamente. Nunca he tenido una caries ni una muela picada ni un empaste ni nada parecido. Estaban todas en su sitio. Y ahora aparecen estas invitadas inesperadas y se me hincha media cara. Es como un embarazo no deseado. No quiero, no. Que se vayan por donde han venido.
miércoles, noviembre 02, 2005
Hipnosis
Acabo la noche hipnotizado, con un Ducados Rubios humeando entre mis dedos y la voz de Beth Gibbons en los oídos -"...god knows how I adore life..."-, asomado a la ventana de mi cuarto desde donde se domina el cielo rosado, un bosque de grúas de construcción levantando un complejo de bloques allá al sur, las luces azules del Carrefour, una chimenea fina y alargada, humo, aviones que cruzan sin censar, un puñado de estrellas y a veces la Luna, la estación de cercanías de Delicias y otra estación antigua de estilo modernista que ahora alberga un Museo, la cúpula semiesférica del Planetario, algunos árboles que susurran y pocas voces que gritan, barrios cuyo nombre desconozco, edificios de ladrillo visto repletos de gente dormida, el aire fresco en la cara... Aunque no lo creáis esto es belleza.
Siempre soñé que dentro mi ventana cupiera un cielo tan grande.
Siempre soñé que dentro mi ventana cupiera un cielo tan grande.
martes, noviembre 01, 2005
Todos tus muertos
Más que acordarme de los muertos me acuerdo cada año por estas fechas de los días de Todos los Santos de mi infancia -entonces lo de Halloween sonaba todavía muy raro por estos lares- cuando la familia se reunía para visitar, en el corazón de la cuenca minera, el cementerio donde todos, en teoría, vamos a acabar. Cogíamos los coches e íbamos casi en caravana desde Oviedo a Caborana, el pueblecito donde nacieron y se criaron mamá y sus 7 hermanos/as y toda esta historia, la de mi familia materna, comenzó. Según uno se acerca a la cuenca por la carretera -ahora ya hay autopista- los montes se van escarpando, las laderas se hacen más empinadas y las casas decrépitas parecen sostenerse por arte de magia. Todo se torna verde musgo y el cielo se cubre de plomo. Los valles de la cuenca son oscuros y las minas grandes estructuras metálicas casi abandonadas, cubiertas de óxido y sucias de carbón. Los edificios son grandes barracones para los obreros y el cuartelillo de la guardia civil recuerda los tiempos de la Revolución de Octubre del 34 y la guerra civil. Esta tierra horadada tiene algo de amenza silenciosa, de peligro inminente: una furia contenida que degeneró en tristeza. El cementerio está construido sobre una ladera que tiene una inclinación bastante pronunciada, desde lejos parece que los nichos se amontonan unos sobre otros, en realidad hay estrechos pasillos que separan un bloque de los otros. Cuando llegábamos allí casi no cabíamos, todos vestidos de negro y reunidos en torno a la tumba de mis abuelos, algunos tios, un primo heroinómano y otros familiares que no recuerdo o nunca conocí. Venía también un cura, creo recordar, y hablaba. Todo mezclado entre aquellas montañas y bajo el cielo gris: sacerdotes y guardias civiles, dinamita y sindicatos, minas y montones de carbón, mujeres deprimidas, prejubilados alcohólicos poblando los bares y jóvenes drogadictos como fantasmas en las esquinas. Era más bien el Día de Todos los Muertos, en una tierra que parece morirse.
Después nos íbamos a comer fabada alrededor de grandes mesas alargadas.
Después nos íbamos a comer fabada alrededor de grandes mesas alargadas.
viernes, octubre 28, 2005
Esas nubes negras
Estaba ahorita mismo escribiendo un nuevo post cuando el viento, abriendo violentamente la puerta del balcón y revolviendolo todo, me ha obligado a dejarlo y a escribir esto en cambio. Me he levantado a cerrar y he visto horrorizado a través del cristal como unas nubes negrísimas cubrían la ciudad a toda velocidad. Ha comenzado a llover de forma muy violenta hace un momento y el día se ha puesto oscuro, los árboles de ahí enfrente parece que se van a quebrar. Es curioso, me da la impresión de que el tiempo atmosférico siempre metaforiza las cosas que me pasan en cuestión de minutos -había ocurrido un suceso aciago hace un rato-, como si yo estuviese conectado con el cosmos o fuera un dios griego furioso.
jueves, octubre 27, 2005
El Sol sale para todos (pero para mí mejor)
La ventana de mi cuarto está orientada al Este y no hay nada delante que se interponga entre ella y el horizonte, allá a lo lejos, recortado de edificios. Hoy al despertar subí la persiana y eran las 8:57 de la mañana: el minuto justo en el que la bola de fuego aparecía en el cielo, toda la bóveda aún teñida de noche y aquel foco inmenso dándole vida a un día nuevo. Así que me ví fulminado instantáneamente por la primera luz del día. Intensa. Caliente. Creo que a partir de hoy intentaré levantarme siempre con el sol. No es para menos.
lunes, octubre 24, 2005
Buzo
He pasado este octubre buceando bajo los días. Algunas tardes algo o alguien llamaba desde fuera como agitando un sonajero. Sal de ahí, decía, entonces yo asomaba tímidamente la cabeza, temeroso, miraba alrededor y pensaba que lo mejor sería sumergirme de nuevo bajo las horas y las nubes, bajo mi manta estampada, prefiriendo no ver pasar los dias. Así los árboles se han puesto ocre, casi sin darme cuenta comienza a hacer frío en mi cuarto y ya encarrilamos noviembre. Todo va como debería de ir, parece, todo va bien.
sábado, octubre 22, 2005
Los flequis y yo
Una de las banderas de esta era de banalidad en la que nos arrastramos son los flequillos sobre las frentes de las señoritas. Y como soy un hombre de mi tiempo tengo el extraño don de cortarlos muy bien. Recuerdo que hace algo así como un año, en una fiesta a horas intempestivas en la casa de Iglesia Martalampa se prestó para que le cortase un flequillo. Lo cierto es que en vista del estado en que todos nos encontrábamos demostró mucho valor. Con la vista emborronada paseé las tijeras por delante de sus ojillos cerrados, el pelo rubio le estaba cegando. Finalmente quedó estupendo: el lunes en su trabajo de la ONG todos dijeron que jamás había llevado un estilismo tan acertado y moderno. Estaba guapa.
Hoy lo he vuelto a hacer. Al volver del almuerzo en el centro a Ale se le antojó que le cortase los pelos que le caían por la cara. Con más tino esta vez he recortado un estupendo flequillo que enmarca su carita en pelo negro azabache. Está muy guapa.
Debería ser peluquero, sería Txe Por Dios!
Hoy lo he vuelto a hacer. Al volver del almuerzo en el centro a Ale se le antojó que le cortase los pelos que le caían por la cara. Con más tino esta vez he recortado un estupendo flequillo que enmarca su carita en pelo negro azabache. Está muy guapa.
Debería ser peluquero, sería Txe Por Dios!
viernes, octubre 21, 2005
Todo tiempo pasado fue mejor
Viendo que se reeditan las obras completas de todos los grandes escritores me he puesto a leer mi antiguo blog, planetaimaginario. Así de perjudicado he llegado hoy a casa. Lo peor ha sido que creo que antes, hace un par de años o así, escribia bastante mejor que ahora. También la vida era más excitante. Así que pasen de mí y lean el que fui: solo ahí que pinchar aquí, Planetaimaginario.
PD. Lean lo más antiguo que puedan pinchando en la barra con las fechas. Llega hasta el 2002. Éramos jovenes entonces.
PD. Lean lo más antiguo que puedan pinchando en la barra con las fechas. Llega hasta el 2002. Éramos jovenes entonces.
jueves, octubre 20, 2005
Mis nuevas muelas ¿molan?
Las hojas se caen y a mi me salen nuevas piezas dentales. Las Muelas del Juicio: dicen los que saben que cuando aparecen cobras la razón. Espero que esta vez sea cierto. Son cuatro nuevos molares que van naciendo poco a poco, verlos crecer es como observar a tu niño o al árbol que has plantado para transcender. Ahora mismo duele un poco, parece que con ellas me he mordido partes interiores de la boca que no estaban preparadas para las recién llegadas. Lo bueno es que no es la encía lo que me molesta, así que espero que el dentista no quiera extraerlas. Es un trance por el que ha pasado gran parte de la gente que conozco y que no es nada grato. Como una circuncisión o como un ritual de paso a la edad adulta en las tribus africanas. De todas maneras lo mejor será no visitar al médico, dicen también los que saben que últimamente las sacan sistemáticamente para hacer algo más de dinero y yo creo que en mis poderosas mandíbulas aún queda hueco para nuevas piezas trituradoras. Me voy a comer el mundo, o al menos masticarlo.
miércoles, octubre 19, 2005
Mal presagio
He pasado un rato hoy, tras apagarse el cielo, fumando un piti y observando la luna desde el balcón. Desde casa se domina un cielo casi semiesférico: vivimos en un séptimo y no hay ningún edificio cercano. Este balcón, asomado al cruce entre Ferrocarril y Paseo de las Delicias, es casi lo mejor que tiene este piso que se cae por momentos. Estaba la luna, digo, completamente amarilla y a ratos cubierta levemente por algunas nubecillas que difuminaban la luz. Mirar la luna es mejor si uno se olvida de que es un disco plano y se convence de que en realidad es esférica, una bola que está ahí, bastante cerca, girando alrededor de nosotros. Y de que misteriosamente no se cae. Dicen que la ciencia explica todas estas cosas pero yo digo que, aún después de dedicarme a esto desde hace algunos años, ya no se qué creerme.
Anoche, volviendo de Lavapiés, la luna estaba más alta y más blanca y muy cerca, como si estuviera orbitando en torno a ella, se veía Marte de color rojo - tal vez anaranjado. Y para mí eso siempre fue un mal presagio aunque seguramente esta vez deje de serlo. Mañana, por lo pronto, es jueves.
Anoche, volviendo de Lavapiés, la luna estaba más alta y más blanca y muy cerca, como si estuviera orbitando en torno a ella, se veía Marte de color rojo - tal vez anaranjado. Y para mí eso siempre fue un mal presagio aunque seguramente esta vez deje de serlo. Mañana, por lo pronto, es jueves.
martes, octubre 18, 2005
Ultimo
Amanece un poco nublado. Pago la factura del agua. Almuerzo en el comedor de Renfe con amigos. Tomo un café descafeinado y duermo la siesta. Es martes y finalmente, a media tarde, el sol ha salido. Posiblemente sea el último sol del otoño.
lunes, octubre 17, 2005
Resaca monstruo
Media tarde de lunes y vuelvo a luchar -ya hacía tiempo- con una resaca monstruo. Lo cierto es que hoy no es el día más adecuado para tal empresa: al otro lado del balcón el cielo está blanco y ahí, en el medio de la plaza, se levanta ese obelisco que hay al lado de la Iglesia, como un falo divino totalmente oxidado. Laus deo, se puede leer en la base del obelisco, la ley de Dios. A veces me asusta. Por lo demás los arboles también se están poniendo poco a poco color óxido y empieza a hacer frío. Ha venido Álvaro e íbamos a hacer cosas pero finalmente se ha quedado sopa en el sofá. Mira, ahora mismo se está desperezando. El fin de semana me dejó fatal.
jueves, octubre 13, 2005
Mea Culpa
La culpa es del sistema. La culpa es del Estado. La culpa es de la tele. Y de los padres, que las visten como putas. La culpa es de la educación. Y de la cultura. La culpa es de la izquierda. También de la derecha. Del PP y del PSOE. La culpa es de la marginación. La culpa es del tiempo atmosférico. De los lunes. De las drogas. De la RENFE y de la ETA. De las viejas que salen de misa. La culpa es la desinformación, de los editores, de Operación Triunfo. La culpa la tiene la resaca y los nervios de última hora. La culpa es de Israel. La culpa es de mi vieja y también el garrafón tiene la culpa. La culpa es del vecino. La culpa es de los pilotos. Es de la juventud y de la Iglesia. La culpa es de las multinacionales y de las revistas de tendencias. La culpa es de la mayonesa hecha en casa. La culpa es de las putas, de los fontaneros que miraron mis tuberías. La culpa es del desayuno que me sentó mal. La culpa es de ese tipa que sentó frente a mi en el metro. La culpa es del amor. De Tom Hanks y de Meg Ryan. La culpa es tuya. La culpa es mía.
miércoles, octubre 12, 2005
A vueltas con el otoño y ahora en serio
Decía hace dos posts que cuando el cielo se ciega en Madrid hasta los cuervos bajan la cabeza. Y hablaba de prestado, pues en el fondo confiaba en que aquí jamás engriseciera. Pero ocurrió. Y hace un par de días el lunes se intersecó con el otoño y solo podía sonar en el lóbrego salón de mi casa Dominique A -tout sera comme avant-. Fue triste que la lluvia me cogiera, de pronto, sin avisar, frente al Museo del Prado, y también fue triste (si esta es la palabra para designar estas cosas) que todo el mundo corriera a guarecerse dentro de los portales o junto a la pared. Lo más triste fue, sin duda, ver como lentamente el suelo se ponía brillante y negro de agua y de suelas. Necesité tres vasos de ron y una llamada telefónica para sobreponerme y ni aún así. El futuro será como sea pero sobre todo otoñal y después terriblemente invierno.
miércoles, octubre 05, 2005
Mordisco
Llamó anoche mamá yy me dijo que al final TíaVicen se había levantado y me puse triste y sentí cierto asco de mí mismo. A veces no puedo aguantar el ritmo en mi constante y angustiante lucha contra la desidia: dejo las cosas que debo hacer. Es entonces cuando hago una visita relámpago a Asturias y me digo: tienes que visitar a la TíaVicen. Me digo luego: bueno, puedo hacerlo en cualquier momento. Porque la TíaVicen vive en el mismo edificio que mamá, sólo dos pisos más arriba y solo tengo que coger la escalera para plantarme en su puerta en menos de un minuto y entonces darle dos besos, aguantar que me riña un rato por mi pelo y por estudiar una carrera estrafalaria y por tener rotos los pantalones; asomarme con ella al balcón y escuchar otra vez que los vecinos de enfrente seguramente son etarras porque hacen cosas raras (como dormir en colchones en el suelo) y reírme un rato y luego recibir, tal vez, algo de dinero y volver a mis cosas, que son fundamentalmente no hacer nada o estar en el bar. Pero, incluso con lo poco que cuesta, a veces no lo hago. Me digo que lo haré más tarde, o mañana, sabiendo en el fondo que no lo voy a hacer. Resulta que es lo que ha pasado este finde. La TíaVicen llamó a casa y preguntó por mi la noche antes de mi partida. Me puse y le dije que me tenía billete para las 9:30 de la mañana, que podía visitarla antes de irme. Ella dijo que era muy temprano, que aún así la despertara. Por la mañana me mentí diciendo que no quería molestarla, la TíaVicen es una anciana y no madruga. Me mentí porque en realidad lo importante es que no me apetecía. A cerrar la puerta de casa tras de mí oí el teléfono sonar al otro lado, hice caso omiso y tome el ascensor. Era la TíaVicen, me dijo mamá anoche, que se había levantado para verme cinco minutos, y lo peor es que yo ya sabía que era ella la que llamaba, y peor aún, que ya sabía que se iba a levantar ella solita, que no la iba a tener que despertar porque me quiere. Aún así tomé el ascensor, digo, y me fui derechito a la estación, muy de mañana. Y ahora me muerde un animal que albergo en el bajo vientre, será la conciencia, si es que yo uso de eso.
domingo, octubre 02, 2005
Mis coordenadas espaciotemporales son las siguientes: Oviedo, sábado noche, las doce y cuarto ya de la noche. Estoy frente a mi ordenador tartamudo acompañado por una lata de Mahou cinco estrellas y un paquete de Ducados Rubio, nuestro último gran descubrimiento: veinte barritas de cáncer inflamables por solo un euro y pico. La mayoría de mis amigos están en Madrid o en una boda a la que no he sido invitado -tampoco había la confianza suficiente-. He hablado con María y están tomando sidra, hoy vuelve Madalena después de un largo verano en Salou con un trabajo basura. Tengo ganas de verla.
He pasado la tarde charlando con mi ex por el messenger -invento crucial de nuestra sociedad- y escuchando algunos discos. Ahora mismo suena James Holden, un dj inglés que pincha trance -no se sorprendan, soy un tipo más cultivado, pero dejen sus prejuicios y escúchendo-. Mi madre se ha ido al cine con un amigo a ver la última de Fernando León de Aranoa, yo he declinado la invitación porque me amanecí perezoso y he oido que el film es largo, efectista y algo tedioso. Una pena pues realmente amaba a ese director. Otro día la veré.
He leido, también, los textos de Isabel, una mujer que no conozco y a la que envidio. Su prosa poética es sorprendente y admirable. Quisiera escribir como ella pero, ya ven, aquí estoy relatando simplemente un día aburrido y preguntándome si debería salir a ver a mis amigas y si debo o no ducharme. Mis axilas -o sobacos- opinan que si. Yo, la verdad, no lo tengo nada claro, amanecí perezoso hoy.
He pasado la tarde charlando con mi ex por el messenger -invento crucial de nuestra sociedad- y escuchando algunos discos. Ahora mismo suena James Holden, un dj inglés que pincha trance -no se sorprendan, soy un tipo más cultivado, pero dejen sus prejuicios y escúchendo-. Mi madre se ha ido al cine con un amigo a ver la última de Fernando León de Aranoa, yo he declinado la invitación porque me amanecí perezoso y he oido que el film es largo, efectista y algo tedioso. Una pena pues realmente amaba a ese director. Otro día la veré.
He leido, también, los textos de Isabel, una mujer que no conozco y a la que envidio. Su prosa poética es sorprendente y admirable. Quisiera escribir como ella pero, ya ven, aquí estoy relatando simplemente un día aburrido y preguntándome si debería salir a ver a mis amigas y si debo o no ducharme. Mis axilas -o sobacos- opinan que si. Yo, la verdad, no lo tengo nada claro, amanecí perezoso hoy.
Otoño, Oviedo
Oviedo es una ciudad fabricada con hebras de otoño. Porque es siempre otoño en Oviedo, incluso cuando no lo es, incluso en agosto o febrero. Pero Oviedo es más otoño aún cuando es otoño, en las tardes grisáceas de octubre o en los cafés humeantes que se sirven en Noviembre. Un lugar para otoñear, verbo que denota el acto de ver caer las hojas, imaginar algún verso melancólico y pasear por calles de piedra con bufanda y libro bajo el brazo. Las aceras húmedas comparten color con el cielo y siempre hay una gota en la superficie de los cristales.
No me malinterpreten. Esta bien el otoño en Oviedo. Madrid, por ejemplo, es una ciudad de pequeños vasos dorados de cerveza tomados al aire libre, de primavera y verano si lo prefieren. Y cuando una nube plomo ciega el cielo de Madrid hasta los cuervos bajan la cabeza. En cambio en Oviedo, en otoño, osea, siempre, se produce esa tristeza que provoca un placer morboso, tristeza un poco parisina poblada de paraguas negros y hermosas muchachas de boina, piel blanca y tersa y gesto infantil. Leve melancolía, si lo prefieren. Ya sé: me compraré un gran abrigo negro de segunda mano, lleno de bolas, y una bufanda roja, iré a un café con solera a fumar en pipa e intentar releer Rayuela. Cuando salga tal vez llueva, pero así estará bien.
No me malinterpreten. Esta bien el otoño en Oviedo. Madrid, por ejemplo, es una ciudad de pequeños vasos dorados de cerveza tomados al aire libre, de primavera y verano si lo prefieren. Y cuando una nube plomo ciega el cielo de Madrid hasta los cuervos bajan la cabeza. En cambio en Oviedo, en otoño, osea, siempre, se produce esa tristeza que provoca un placer morboso, tristeza un poco parisina poblada de paraguas negros y hermosas muchachas de boina, piel blanca y tersa y gesto infantil. Leve melancolía, si lo prefieren. Ya sé: me compraré un gran abrigo negro de segunda mano, lleno de bolas, y una bufanda roja, iré a un café con solera a fumar en pipa e intentar releer Rayuela. Cuando salga tal vez llueva, pero así estará bien.
miércoles, septiembre 21, 2005
Un sueño
Soñé anoche que se declaraba de nuevo una guerra y volvíamos a salir a la calle y otra vez llegaba la policia y nos golpeaba, ellos con sus cascos negros, sus porras negras, su pecho negro con un zapato dentro, nosotros con nuestros pelos locos y la cabeza llena de pájaros.
jueves, septiembre 08, 2005
Txetxu ya no vive aquí
Ayer dejé mi casa. O la que era mi casa, antes. Así que ayer ya es antes. En un acto que debería haber sido solemne hice entrega de mis llaves a Yoli, después de dos años y medio de convivencia. Pero como, aunque a mi me gustaría, la vida no es una película, resultó de lo más light.
Llegamos a la casa de Ópera un 7 de Diciembre, huyendo de aquel horror en que se había convertido la casa de Atocha. Por esas fechas caía el cumpleaños de Rory y lo celebramos junto con la inaguración. Recuerdo que un inglés se cayó borracho sobre la mesa y se hizo pequeñas heridas con cristales en la espalda, había manchitas de sangre en su camiseta. Otro de ellos recibió un directo a la mandibula de manos de un vecino enfurecido que acechaba en la escalera. Anyway aquel guiri no nos caía muy bien, era de color rosa.
La casa de Ópera, al contrario que la que habíamos dejado atrás, era de lo más burgués. Yo siempre lo dije: como de un matrimonio de mediana edad esperando su segundo hijo -y que por favor salga la parejita. Como dice en los carteles con los que anunciamos ahora la habitación libre tiene de todo (todas las comodidades): aire acondicionado, calefacción, parquet, lavavajillas... Y el barrio era céntrico y tranquilo, poblado de buena gente y sin problemas, aunque solo faltaba dar la vuelta a la esquina en la calle leganitos para encontrarse con todo bullicio del centro y los peligros de la noche, los indigentes, las putas,la gente armada y los taxistas.
Fui feliz en esa casa, y también fui de lo más desdichado. A veces lloré. Pero dicen que el hogar es donde ha dolido el corazón, así que supongo que fue mi hogar durante un tiempo crucial. Ayer, con la habitacíón ya completamente vacía y limpia se me encogió el pecho y me sentí traicionado al pensar que alguien vendrá ahora y llenará las paredes y los armarios con sus cosas. Es extraño despedirse de las casas vacías, igual que despedirse de un cadáver de gala y maquillado. Ayer me fumé un cigarro en el balcón y escuché mecerse al viento una vez más los árboles del Senado que tanto me acompañaron por las tardes. Cogí mis últimas cosas, bajé tres pisos de escaleras, le dije adiós a una vecina y la puerta se cerró detrás de mi cuando salí a la calle. Es curioso, por primera vez en meses llovía.
Llegamos a la casa de Ópera un 7 de Diciembre, huyendo de aquel horror en que se había convertido la casa de Atocha. Por esas fechas caía el cumpleaños de Rory y lo celebramos junto con la inaguración. Recuerdo que un inglés se cayó borracho sobre la mesa y se hizo pequeñas heridas con cristales en la espalda, había manchitas de sangre en su camiseta. Otro de ellos recibió un directo a la mandibula de manos de un vecino enfurecido que acechaba en la escalera. Anyway aquel guiri no nos caía muy bien, era de color rosa.
La casa de Ópera, al contrario que la que habíamos dejado atrás, era de lo más burgués. Yo siempre lo dije: como de un matrimonio de mediana edad esperando su segundo hijo -y que por favor salga la parejita. Como dice en los carteles con los que anunciamos ahora la habitación libre tiene de todo (todas las comodidades): aire acondicionado, calefacción, parquet, lavavajillas... Y el barrio era céntrico y tranquilo, poblado de buena gente y sin problemas, aunque solo faltaba dar la vuelta a la esquina en la calle leganitos para encontrarse con todo bullicio del centro y los peligros de la noche, los indigentes, las putas,la gente armada y los taxistas.
Fui feliz en esa casa, y también fui de lo más desdichado. A veces lloré. Pero dicen que el hogar es donde ha dolido el corazón, así que supongo que fue mi hogar durante un tiempo crucial. Ayer, con la habitacíón ya completamente vacía y limpia se me encogió el pecho y me sentí traicionado al pensar que alguien vendrá ahora y llenará las paredes y los armarios con sus cosas. Es extraño despedirse de las casas vacías, igual que despedirse de un cadáver de gala y maquillado. Ayer me fumé un cigarro en el balcón y escuché mecerse al viento una vez más los árboles del Senado que tanto me acompañaron por las tardes. Cogí mis últimas cosas, bajé tres pisos de escaleras, le dije adiós a una vecina y la puerta se cerró detrás de mi cuando salí a la calle. Es curioso, por primera vez en meses llovía.
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