sábado, junio 25, 2005

Que pena de Blog

Reviso mi olvidado blog y me encuentro, sorprendido, un comentario en el último post. Dice que este es un blog muy solitario, que en otros se agolpan cientos de comentarios. Que triste, ¿verdad? Lo cierto es que ocurren varias cosas:

1. Que la gente que conozco y lee esto es mala gente, sin creatividad ni inquietudes, sin arte. Y mira que conozco gente.
2. Que escribo muy poco, prefiero pasear por el centro. Además el panorama aquí en la página no es muy halagüeño.
3. No se me ocurren más razones.

Por cierto, si se obra el milagro y decidis dejar un mensaje deberíais identificaros, siempre aparece "anonimo". En fin, ahora que acabo con mis obligaciones académicas prometo grandes sorpresas.

martes, mayo 31, 2005

La chica del dragón

Conocí el otro día a una mujer que parecía una niña. Yo le eché 22 pero resultó tener 32 y un bonito tatuaje de un dragón a un lado del pubis. Tenía un cuerpo pequeño y fibroso y parecía estar bastante loca. Todo esto me hacía gracia. Como digo, la ví una vez y, más tarde, ella insistió en repetir. Repetimos.

Pasó una semana y media. Un día pasé por su barrio y la llamé, ella dijo estar durmiendo, aunque no la creí. Hoy, a mediodía, ha sonado mi teléfono, era un mensaje donde venía a decir que mejor si a partir de ahora nos vemos solo como amigos. Como "coleguillas" exactamente.

Me fascinan como ocurren estas cosas. A veces -y no solo para ella, si no para todos- las personas parecemos objetos de consumo, de usar y tirar. A veces le toca a tu partenaire y otras veces a tí mismo. Y aunque no estés muy interesado en el asunto siempre te duele un poco en el ego que te rechazen. Piensas: ¿qué habré hecho mal? ¿por qué ya no querrá más?

En fin, supongo que ni yo soy tan especial ni la vida tan novelesca, así que a otra cosa mariposa.

Echaré de menos aquel dragón. Y sus gritos.

Todo fluye menos yo

Cuando te quedas un poco estancado en un sitio es cuando más evidente se hace el paso del tiempo. Me refiero, cómo no, a este pantano en el que se el que se ha convertido la facultad para mí. Pasan generaciones y generaciones y aquí permanezco yo, como si, irónicamente, fuese el que tiene a su cargo tanta sabiduría milenaria. Ahora son los exámenes, es la guerra, así que no tengo mucho tiempo para nada, aunque tampoco me puedo concentrardemasiado en el estudio. Ya no me interesa y además, me produce ansiedad.

viernes, mayo 20, 2005

El amor y la ciencia

No sé si lo he dicho ya, pero cada vez que veo una pareja de enamorados me sale un sarpullido. Es primavera y las parejitas salen a la luz del sol como los caracoles cuando pasa la lluvia. Están por todas partes, tirados por los parques en posturas obscenas, tratando de acercarse lo más posible a eso que se llama sexo sin sobrepasar el límite de lo ímpúdico, esto es, frotándose los genitales unos contra otros con los pantalones puestos. Luego claro, se agarran unos calentones que no veas. Como diría un viejo amigo: ¿¡¿¡qué pasa, que no teneis casa?!?!? Lo más probable es que no, claro con esos alquileres... - aprovecho para hacer aquí una comprometida denuncia de la situación inmobiliaria en este país (cuando uno se queja hay que decir "este país").

El caso es que ahí algunas parejitas en la facul: por la mañana llegan juntitos y cogen sitio -también juntitos- en primera fila. En los descansos se da arrumacos. A la hora de comer almuerzan en la cafetería en compañía de amigos. Y por la tarde se suben a la biblioteca o hacen alguna práctica de laboratorio -la física entre dos siempre es más llevadera, a mi me ha tocado ser una especie de científico onanista o freelance. Al final del duro día de estudiante se van al metro cogiditos de la mano, tal vez comentando los conocimientos adquiridos o tratando de resolver satisfactoriamente los siempre inquietantes problemas propuestos. Tendrían que hacer los exámenes a medias, digo yo.

Hay un par de ellos en mi especialidad y coincido en la mayoría de las clases con ellos. Hoy ha sido gracioso: ella ha llegado primero y ha cogido sitio al frente de la clase. El profe ha comenzado a hablar de estrellas por dentro y cosas así. Hemos oído la puerta abrirse y luego cerrarse. Me he girado y era él, el novio de ella. Nos hemos quedado sorprendidos al escuchar como se sentaba en una de las últimas filas dejando a su parejita sola ahí delante. Me he girado para comprobar la certeza de mis sospechas y, efectivamente, allá atrás estaba el enamorado con cara de pocos amigos. Al volver a mirar a la pizarra ella se ha girando a su vez, con cara de pocos amigos y diciéndole sin voz, sólo moviendo los labios: "Eres idiota". No he podido evitar sonreirme, ahora resulta que todos vamos a ser testigos de sus crisis matrimoniales, qué descaro. Al térnino de la clase ella se ha dirigido muy derecha a discutir con él, yo me he ido, que ya me parecia demasiado obsceno tener que presenciar aquello. Me pregunto qué pasaría la noche anterior.

La cultura occidental y la Mahou Clásica

Uff, cuánto hace que no escribooo! Bueno, lo cierto es que estoy embarcado en varios proyectos literarios que se suelen desarrollar en el miniescritorio de mi habitación, bajo la luz de mi flexo retro rojo y en compañía de una botella de Mahou Clásica. Como dije el otro día: tratando de ser la Corín Tellado punk, y digo esto con toda la humildad del mundo, sabiendo que nunca llegaré al nivel creativo de la maestra.

Por aquí ya hace buen tiempo. Le cometé a Irene hace un rato, "al salir de clase", que había leído no sé dónde que la razón por la cual toda la ciencia y la filosofía occidental se ha desarrollado básicamente en Alemania y otros países nórdicos es el clima. Las nubes y el frío hacen que la gente sea más reflexiva y disponga de más tiempo para cavilar: sin tiempo invernal no hubiera habido ni Kant, ni Hegel, ni Nietzsche, ni Marx, ni Mecánica Cuántica, ni Einstein ni Relatividad (ahora que está de moda), ni Freud, ni psicoanálisis, ni nada de nada. Por lo demás España es un paíse más apto para toreros, futbolistas y vagabundos; ahora se acercan los exámenes y díganme ustedes con que valor me meto yo en la biblioteca pudiendo estar tumbado en el césped o en alguna placita madrileña, tomándome -otra vez- una botella marrón y frequita de Mahou Clásica.

miércoles, abril 20, 2005

Habemus facha

Una de las grandes noticias de ayer, hay nuevo Papa. Fue curioso ir caminando hacia casa por una céntrica calle de la capi y oir las campanas de todas las iglesias tañendo por el nuevo superpárroco. Y al final a salido Joseph Ratzinger, que al parecer es del Opus Dei y que endurecerá la actuación de la Iglesia en todos esos temas éticos que los opusdeistas conocen a fondo. Vamos, que si por el fuera todos a parir como conejos, a torturarnos con el cilicio (esa cuerdecita con pinchos que usan los del Opus) y los de África a exterminarse en masa sin el condón. Y mira que llevaba yo ya tiempo diciendolo: "hey, el próximo Papa va a ser del Opus", y al final era cierto, y eso que siempre me toman por un iluminado. En fin, que parece que esto a los no católicos no nos debería incubir, pero supongo que estas cosas afectan a toda la humanidad. A mi que me excomulguen.

En las nubes

Ayer fui a visitar a mi profe de Novela Contemporánea. Su despacho está en la Facultad de Filosofía y Letras B. Es un edificio enorme lleno de despachos que domina aquella parte del campus, y yo nunca había estado dentro. Tomé el ascensor y al llegar al décimo piso, donde se encuentra el despacho, me quedé impresionado por las vistas que había desde aquellos ventanales. La mujer no estaba allí, así que espere, me eché tranquilamente un cigarrito mirando por la ventana. Es una perspectiva extraña la que se tiene desde allí, se ve la ciudad por su orilla occidental: allí estaba el Faro de Moncloa, y más allá los edificios de Plaza de España y luego el Palacio Real y la Almudena y siguiendo una línea todas esas tierras desconocidas del sur, Puerta del Angel, Aluche... Pero lo que más se veía era la Casa de Campo, qué parque tan inmenso. Podrías perderte en el toda la vida, o -perdonen el chiste fácil- todas las noches. Pero lo más impactante fue cielo, tan inmenso y tan plano, cubierto uniformemente de nubecitas parcialmente iluminadas por el sol que parecían de mentira, de realidad virtual. Estaba yo tan alto que parecía que las bandadas de pájaros se iban a estrellar contra la ventana.
Finalmente la profe no llegó. Supongo que como son literatos piensan que pueden estar en las nubes -sobretodo en esos despachos estratosféricos. Pero no me importó, hice el camino de vuelta muy contento: nunca había visto un cielo tan grande.

Haciendo poemas

Innata mi facilidad para los malos poemas:
me basta sentarme acurrucado en una esquina de la habitación
con un boli, mi pequeño cuaderno azul
y el pecho malherido.

Y cada cinco minutos cago una perla.

jueves, abril 07, 2005

Yo, la Corín Tellado Punk!

Pues parece que mi último escrito, el comunicado 96, titulado Escepticismo, ha tenido una acogida sin precedentes, a juzgar por el número de respuestas y felicitaciones que he recibido. Gracias a todos y todas. Tal vez sea porque hacía meses que la musa me había abandonado y no escribía nada, dicen que la espera aumenta el deseo y que mejor no repetirse. He de reconocer, de todas maneras, que la cosa quedó tierna y bonita, aunque -como buen autor- no estoy contento del todo por ciertos detalles que no voy a comentar -simplemente para que nadie se fije en ellos.

Con motivo del comunicado numero 100, que ya asoma las orejas en la lontananza, espero recopilar los - a mi juicio- mejores escritos que he producido y recopilarlos en un libro que fotocopiaré y encuadernaré en una de las mejores y más prestigosas fotocopiadoras de España (a falta de editorial...). Echando un vistazo a lo que tengo seleccionado me doy cuenta de que la temática cursi y amorosa predomina poderosamente. Un día G. me dijo -con sus nervios habituales y su voz aguardentosa- que debía de sacar mis textos de la cama (sic) , en aquel momento pensé que quizás debiera hacerle caso, pero lo cierto es que un escritor no debe renunciar nunca a su tema. ¿Lo hizo Neruda? ¿Lo hizo Kafka? ¿Lo hizo Primo Levi? ¿Lo voy a hacer yo? La respuesta es no. Teniendo estilo propio y tema, ¿qué más se puede pedir? Así que seguiré en mis trece escribiendo lo que se me ocurra, siendo , en cierta manera, una Corín Tellado Punk!

martes, abril 05, 2005

¿Buena Fabada o Holocausto Fabil?

Ayer fue mi segundo intento con la fabada. Os recuerdo que hace unas semanas mi madre, en su visita a la capi, me trajo tres fabada-packs, esas cajitas que venden en las tiendas de productos asturianos y que contienen, envasadas al vacío, un montón de fabes y el compango (chorizo, morcilla y esa otra cosa que no se muy bien qué es, ¿jamón?). Pues bien, en el primer intento puse las fabes a remojo la noche anterior, como mandan los cánones y al día siguiente lo cociné todo junto y revuelto en la olla express (no pienso perder tres horas en hacer una fabada en la olla convencional, soy un hombrecito ocupado). Resultó que la fabada quedó aguada, las alubias perdieron la cáscara y algunas estaban duras y, como había echado dos chorizos, el potaje tenía un sabor demasiado fuerte y salado. Cómo son los colegas cuando les haces de comer... estaban todos -mis compis de piso- comiendo aquello en el salón con cara de asco e, hipócritamente, alabando las virtudes de mi cocina. En fin...
Ayer me levante tarde, perdí algunas horas de clase y para alegrarme el día, para tener conciencia de haber hecho algo útil con el tiempo decidí poner la lavadora, comprar papel higiénico y productos de limpieza y cocinar mucho: la Ensalada Imperial Txetxi y una Buena Fabada. Mi Ensalada Imperial no tiene ninguna ciencia más que juntar los exóticos ingredientes que elijo en estado de trance místico (tiene arroz y cosas chinas) y la correcta mezcla de aceite y vinagre (mi madre dice que tengo un talento innato para aliñar, tal vez mi único don).
Con el tema de la fabada estaba un poco acojonado. No había puesto las habas remojo pero me dio igual, tomé esta actitud punk y lo eché todo otra vez en el olla, pero esta vez con un poco de cebolla (como me aconsejó mamá), menos sal, menos agua y un solo chorizo. Después de 16 minutos (como aconsejan las instrucciones de la olla para la fabada) abrí el artefacto con cuidado (las ollas express dan miedo) y aquello que vi dentro no era una fabada, sino un holocausto fabil. Más bien parecía una fosa común de fabes, algunas destrozadas, sin nada de agua, rígidas, como muertas. "Horror", exclamé mordiendome el puño (bueno, dijé "me cago en la puta", eso de "horror" suena un poco cursi); y muy enfadado volví a poner la olla otros 16 minutos, por mis santos cojones. Y aunque no albergaba ninguna esperanza de recuperar aquel mejunge, cuando lo volví a mirar encontré una deliciosa y perfecta fabada; era, diría yo, hasta hermosa.
Fíjense en como siguiendo la propia intuición e ignorando los consejos estereotipados -ponlas a remojo, cocínalas este tiempo...- uno puede conseguir los objetivos más elevados, como hacer platos de cuchara, por ejemplo. Es una especie de comunión cósmica: tu pide que el universo proverá. Pero nunca hay que perder la esperanza.

jueves, marzo 31, 2005

Maquinitas del amoooor

Anoche pusieron Eyes Wide Shut de Kubrick en la primera y la volví a ver porque mola, porque va de sexo y de la pérdida de la pasión, y de la infidelidad y todas esas cosas que a todos nos conciernen y nos gustan. Y cuando estaba terminando llama mamá -mamá siempre llama a horas intempestivas- diciendo que ponga la 2 si aún no me he metido en al cama, que en Redes están hablando de la química cerebral del amor, uno de mis temas favoritos (que casualidad, qué programación inteligente la de la tv pública socialista, oiga) con el que llevo dando la coña a propios y extraños regularmente desde hace un par de años, cuando descubrí el tema por un reportaje en el Cosmopolitan u otra publicación todavía más inconfesable.

El caso es que en Redes (que, para el no iniciado, es el programa de divulgación científica dirigido por Eduard Punset, ese viejo de los pelos locos) salía una mujer guiri contando la historia esta que yo conozco en profundidad: que el enamoramiento es un estado de excitación producido por unas drogas cerebrales, unos neurotransmisores, con estructura molecular y efectos parecidos a las anfetaminas y otros estimulantes (ya sabeis, esas cosas que esnifáis los fines de semana en los baños de los bares). Así que uno se siente eufórico, creativo, feliz, activo, vamos, como si estuviera bien puesto. Y después de la pasión, que necesariamente se apaga, viene el momento de otros neurotransmisores más tranquilos, parecidos a los opiáceos (morfina, opio, heroína), llamados endomorfinas, y que te mantienen tranquilito y sereno al lado de tu pareja, los niños y, si me apuras, el perro y la suegra. El trauma más característico de una relación sentimental, lo más difícil, es el paso entre unas sustancias a otras, el empalmar el bajón de speed con el chute de jaco, caballo, jamaro. A mí lo que más gracia me hace de todo esto es que no seamos más que mecanismos que responden a estos estímulos neuroquímicos, que un día te sientas triste y solo sea porque tienes el cerebro empapado de no se qué mejunge o falto de cualquier otro. Con lo profundos que parecemos -algunos-.

Luego, en el plató, Eduard entrevistó a un par de expertos en el amor (!): un psicologo de la complutense y una escritora que ha escrito un ensayo sobre el amor a través de los tiempos. Estos hablaron de las diferentes reacciones según el sexo ante una infidelidad: por lo general el hombre reacciona sintiendose ultrajado y furioso, mientras que la mujer -siempre tan entrañable- se pregunta que es lo que ha hecho mal. Explicaron, también, que el hombre tiende a la infidelidad pues su misión biológica es esparcir sus semilla, que su material genético se mezcle lo más posible, mientras que la mujer teme la falta de su pareja por la necesidad de ayuda a la hora de sacar adelante a las criaturas. Además explicaron que tendemos a cambiar de pareja cada cuatro años porque en principio, hace miles de años, y aún hoy en tribus primitivas con dietas ligeras, el ciclo de la mujer es de cuatrp años, desde que se fecunda una vez hasta que puede volver a ser fecundada. A mi todo esto me recuerda a la teoría del gen egoísta de Richard Dawkins, que viene a decir que el sentido de nuestra vida es únicamente es transportar los genes en el tiempo, permitir que se repliquen, que se mezclen, en fin, que hagan todo lo que tengas que hacer.

Curioso, con lo chachis que nos sentimos, y solo somos maquinitas biológicas que responden a impulsos drogatas o recipientes tupperware para llevar a los genes a conseguir sus fines, quién sabe para qué.

miércoles, marzo 30, 2005

Todo fluye, colega

Me fascina la lejana procedencia de las cosas. Ahora, por ejemplo, tengo un disco en la mano.

Alguien camina por una calle, digamos, en un lugar indeterminado. De pronto la visión de algo provoca en su cabeza la idea de una melodía que tatarea hasta casa. Allí agarra la guitarra y la acompaña de acordes. Al día siguiente se la muestra al resto de la banda y le ponen, en una semana, letra y sección de ritmo. Meses después el disco está a punto y llega la hora de meterse en el estudio a grabar. Lo graban en una semana con la ayuda de un gran productor, el master se manda a la fábrica que graba miles de cd's, que circulan por cintas transportadoras, son metidos en sus cajitas, manipulados por unos cuantos obreros, precintados y almacenados en grandes cajas de cartón en un oscuro almacén de Alabama u Oklahoma. Pronto llegan los camiones que los llevan al aeropuerto, el avión tarda unas once horas en llegar a europa, en madrid se ponen en manos de la compañía, que a su vez se lo pasa a la distribuidora que se lo hace llegar a las pequeñas tiendas y a las grandes superficies. Y en este momento es cuando aparezco yo, aburrido cualquier día laborable al atardecer y con mucha pericia, habilidad y disimulo me hago con una copia gratis.

Esto para los cd's, pero ¿no es inescrutable el camino que siguen los mecheros por el mundo? ¿Por qué siempre tengo mecheros de desguaces y ferreterias si nunca visito estos negocios? Como decía un viejo amigo: los mecheros son universales.

domingo, marzo 27, 2005

La primavera en Sevilla

Es divertido bromear con el caracter de los andaluces: esos seres que funcionan a ocho megahertzios y que son incapaces de pronunciar correctamente ciertas consonantes. Esos seres simples aptos solamente para las emociones extremas, y para portar llorando gigantescas imágenes de la virgen por las calles durante toda la noche. En definitiva esos seres-lagartija, amantes del sol y del buen rollo.
Bromear, claro, porque muchos de mis mejores amigos proceden de ese trozo de la península e incluso yo mismo, que papá era de Cádiz -aunque tal vez ese era su problema.

Así que durante el primer findesemana de las vacaciones de Semana Santa nos plantamos en Sevilla. Nos alojamos en un piso vacío prestado por un tal Guten, amigo de Ale, al que pronto bautizamos como Gluten, que sonaba más sonoro y vistoso, que vestía más, vamos. Se dice que examinando la basura de una persona se la puede conocer al detalle, aún sin haberla visto jamás en persona. Algo así nos ocurrió con Gluten viviendo en su casa, husmeando en su ropa, en sus fotos, en el polvo acumulado en las esquinas del pasillo. Aunque el último día nos fuimos sin esperar su llegada y ni siquiera tuvimos la oportunidad de estrecharle la mano, Gluten siempre vivirá en nuestro recuerdo como un viejo amigo.

Sevilla es un ciudad curiosa (tiene un color especial, dicen). Al llegar, estancados en el tráfico, pudimos contemplar durante un rato lo que antes fue la Expo 92, y esto me hizo experimentar esa inquietante sensación del paso del tiempo. Hace 14 años visité aquel recinto y yo aún era un niño, aquellos pabellones se veían nuevos, modernos, aún brillantes. La vida era también brillante y en la memoria parece que siempre hace sol. Ahora todas aquellas edificaciones engrisecidas, las calles desiertas, el atardecer, le daban un aspecto cadavérico. Le comenté a Rory, que se sentaba en el asiento de al lado del autobús, que lo mejor sería que demolieran todo aquello. Que resultaba tan triste como los intentos en vano de algunas folclóricas de mantenerse eternamente jóvenes. Un hombre que se sentaba delante y estaba escuchando disimuladamente nuestra conversación se dio la vuelta y me miró incómodo.

Lo pasamos bien durante el finde, aunque no hicimos mucho. Paseamos sin cesar por los barrios más notables, vagabundeamos más bien, recorrimos las callejuelas y tomamos cañas. Todos los edificios son bajos en Sevilla, es como si hubieran cortado la ciudad con una sierra por la mitad. La densidad de pijos y señoritos de cortijo es bastante importante. Por las noches nos dedicamos a festejar, lo que mejor se nos da. Conocí en un garito de última hora a una chica de Cádiz que, misteriosamente, parecía compartir todos mis gustos y opiniones. La coincidencia era fascinante. Ella visitaba a su amiga de Sevilla, que también estaba presente, y habían asistido, horas antes, al festival indie que se celebraba, con Lali Puna, Oslo Telescopic y otras bandas del mismo pelo. Cuando se cerró la puerta del taxi que tomó tras depedirse sentí no poder verla ya nunca más y decidí escribirle eso en un mensaje. Iniciamos un camino errático sumergidos en el sol de la mañana y compramos unos litros de cerveza para tomar en un banco de la Alameda. Cuando ya estábamos aproximándonos a nuestro destino matinal miré distraídamente dentro de un bar y allí estaba el vestido verde de la chica de Cádiz, y ella dentro del vestido desayunando con su amiga, con su cara debajo de su flequillo amarillo. Qué casualidad, pensé alegremente; finalmente ellas aceptaron a venirse un rato al sol de la Alameda y pudimos disfrutar de su compañía un ratito más.

Nuestro autobús de vuelta salía a las 12 de la noche, regresamos dormidos. Durmiendo.

jueves, marzo 17, 2005

Times are a-a changing

Llego hoy a este ordenador procedente del parque situado frente a la facultad. Mañana comienzan las vacaciones de semana santa y hace un dia que parece recortado del verano y pegado aquí. Irene me dijo esta mañana que ella y unos compañeros de clase iban a poner un puesto de venta de sangría así que, después de las clases de la mañana, me he acercado a comerme un bocata en su compañía. Todo el césped estaba cubierto de cuerpos estudiantiles y olía a fiesta, había lo de siempre, jaleo, tambores y malabarismos, y me ha recordado a cuando, algunos años atrás (cada vez son más), empezamos la universidad y todo era tan excitante y nuevo; nos dedicábamos en primavera y en otoño a festejar en el entorno de la diferentes facultades, no sé el qué, pero a festejar. Tal vez la vida. Y he extrañado los dieciocho y los veinte, y los raros días de sol allá en Oviedo; los amigos de Asturias y todo lo bien que lo pasábamos y lo poco que -al menos yo- hacía. Parece que ha pasado una eternidad. Ahora, por la tarde, asistiré a una clase aburrida: parece que han cambiado mucho las cosas, hace seis u ocho años nadie hubiera sido capaz de sacarme de la fiesta y meterme en el aula. Será la madurez o qué se yo.

martes, marzo 15, 2005

Mis 5 minutos de gloria

El otro día volviendo a casa me asaltó uno de esos comandos formados por periodista, cámara y técnico de sonido. La chica quería que respondiese a una pregunta, yo le dije que de acuerdo pero que tal vez no conociera la respuesta. Finalmente resultó que debía decir algo a la cámara sobre Ana Torroja. Era para un programa del canal de tele Sol Música. Le dije que bueno, que podía hablar de Mecano y que me sentía bastante identificado con el tema Hoy no me puedo levantar. Pero ella repuso que no, que no les interesaba Mecano: tendría que hablar de su nueva carrera en solitario. Como yo no sabía nada de esto le pregunté si podía inventarme mi opinión, mentir. Ella dijo que claro, que nadie quería perder el tiempo con ellos y que si yo les daba unas declaraciones les ayudaría mucho. Así que el cámara comenzó a filmar haciendo esos modernos movimientos de cámaras tan arriesgados y yo solté que era superfan de Ana Torroja, que me encantaba su música y todo lo que hacía, que su nuevo peinado era estupendo y que había que ver: no pasaban los años por ella, estaba cada vez más joven. Al final se me escapó un poco la risa y a la periodista también, me dijo que se me daba muy bien esto de la tele -y sobretodo mentir, pensé yo.

Caballero de ciencias y letras

Hacía tiempo que no pisaba una facultad de humanidades y ya no recordaba lo que eso era. Como sabreis los estudiantes nos dividimos en dos categorías bien diferenciadadas, inconexas e incluso, a veces, enfrentadas: los de letras y los de ciencias. Aunque de natural yo me considero de los primeros las circunstancias de la vida hicieron que finalmente me encuadrara entre los segundos. Pero este año me he martriculado como asignatura de libre elección en Novela Española Actual y hoy -un poco tarde ya- he asistido a la primera clase. Se imparte en la Facultad de Filosofía y Letras B; he conocido una parte de la Ciudad Universitaria antes ignorada por mí y lo cierto es que me ha gustado bastante: hay mucho verde, placitas, arbolillos, gente tirada por ahí pasando el rato, tranquilidad y muchas chicas bonitas que seguramente han leído muchos libros. La facultad es vieja, oscura y cutre, como las que salen en las peliculas -he de recordar que la Facultad de Física es lujosa como El Corte Inglés- y me ha sido romántico asistir en tal escenario a una clase de tales características. Me ha sorprendido lo diferente que es ese mundo, más que una clase parecía una actividad lúdica, algo que uno hace porque lo disfruta y no por obligación. Acostumbrado a lidiar tan solo con números y ecuaciones frías e incomprensibles, ha sido excitante pasar dos horas oyendo hablar de monologo interior o del machismo social en La Familia de Pascual Duarte. A veces me pregunto que hago rompiendome la crisma para entender algo tan abstruso y oscuro como la Física pero, a estas alturas, qué se le va a hacer. Rendirse ahora sería una tontería y, por qué no, una deshonra.

martes, marzo 01, 2005

¡Reciclemos el Windsor!

Ayer, después de invitarme a un cocido madrileño, a Tere se le ocurrió visitar el edificio Windsor; así que allí nos plantamos con el frío que hacía, en Nuevos Ministerios. Y la verdad es que así, visto al natural, no es tan impresionante como en la tele: se ve más pequeñito, porque, además, está rodeado de edificos tan o más altos que él. Lo que si es interesante es la parte exterior derretida, cayendo como la cáscara de un plátano a medio pelar, y en la parte superior sólo la estructura interna. Es bonito, se pueden ver las cosas chamuscadas, el churrasco de cables, vigas, ordenadores, de todo lo que tenían allí dentro...
Me enteré que existe una inicitiva ciudadana para evitar su desmantelamiento, a la que me voy a unir. Se trataría de apuntalar todo, tal y como está ahora, y dejar el cadáver de la torre como monumento a nuestros tiempos, tiempos de caos, cuando la humanidad ha visto que debe dejar de confiar en la razón, la ciencia y el progreso, ideales que se iniciaron en la Ilustración y que trajeron tecnología y democracia pero también guerras mundiales, bombas atómicas, destrucción del medio ambiente, terrorismo global, el miedo, la confusión y el Gran Hermano en todos los sentidos. Así que dejemos el Windsor como monumento al caos posmoderno, a la era Bin Laden, a los maremotos, al terrorismo internacional, a los trenes que explotan, a la desconfianza. Además en las plantas de abajo, intactas, podríamos habilitar un centro cultural con exposiciones y cosas de esas y evitaríamos que alguien se lucre si en realidad el incendio ha sido provocado para sacar beneficios.

miércoles, febrero 23, 2005

Il Neige

Había, esta mañana, una nota colgada en la puerta del frigorífico, escrita con la caligrafía de Yoli. Decía que había nieve, que la disfrutásemos pero que cuidado con los resbalones. Corrí a asomarme a los balcones del salón: en efecto, una gruesa capa blanca de aspecto esponjoso cubría los tejados del edificio de enfrente. Me duché rápidamente y me abrigué bien; deseaba, antes de tomar el metro, dar un pequeño paseo contemplando el espectáculo. Me acerqué a los jardines del Palacio Real , observé un rato desde allí, a lo lejos, la Casa de Campo cubierta de blanco. Muchos turistas y madrileños se reunían en los alrededores tomando fotos. La gente que vivimos aquí estamos acostumbrados a que ocurran cosas: a veces nieve y otra veces olas mortales de calor, atentado o bodas reales, grandes manifestaciones, incendios en edificios, asesinos en serio, atascos. Vivir aquí es estar viviendo en lo que serán los libros de historia, siempre inmerso en la actualidad más inmediata. Aquí es donde se corta el bacalao.

Luego me dirigí a la universidad. Los universitarios son seres de emociones simples y comportamiento mecánico, así que, como había nevado, todos se tiraban bolas de nieve por toda la Ciudad Universitaria. Tuve la oportunidad de ver un par de buenos bolazos, sobre todo a ese tipo de hombres desgrabados, con sonrisas llenas de dientes y aspecto idiota. Y tuve cuidado con no resbalar.

martes, febrero 22, 2005

No podía salir

Grandes problemas, esta mañana, para despertarme. Y digo para despertarme y no para levantarme. No se trataba de la pereza, de sacar los pies de la cama, de enfrentar el frío y el horario académico. Se trataba de conseguir salir del sueño en el que me hallaba enredado. Lo trataba con todas mis fuerzas y entonces abría los ojos y -creía yo- que ya estaba en el mundo real (si es que eso existe). Pero de pronto caía en la cuenta de que seguía en el sueño y lo volvía a intentar, otra vez sin éxito. Y así durante dos horas, al menos en reloj que había en aquel mundo onírico. Al despertar, por fin de verdad, gran angustia. Un gran peso durante toda la mañana sobre mi pecho. También ansiedad. Finalmente todo superado.

Los dibus japoneses

Hace unas semanas que Andy ha colocado el reproductor de DVD en el sálón y no he parado de ver pelis. Nos hemos hecho socios de uno de esos videoclubs donde no tienen pelis comerciales y solo trabajan el cine independiente y de autor. Así que me he dedicado a ver obras de David Lynch, Takeshi Kitano, Julio Medem o Bertolucci. Además las vemos en versión original, por dos razones: por los diferentes idiomas que se hablan en mi casa (a saber: inglés, castellano, asturianu y el lenguaje de gestos y miradas) y porque somos gente chachi. De Steven Seagal todavía no hemos cogido nada.
Pero lo que más me ha gustado y sorprendido son las pelis de Hayao Mizayaki, un maestro japonés de la animación. Sus pelis de anime le dan cien vueltas a las supuestas maravillas de Dysney o Dreamworks que copan el mercado internacional y los premios importantes, porque las historias son mucho más imaginativas y complejas, porque los personajes tienen más profundidad, porque no están dirigidas a público infantil, porque no cantan una canción cada tres por cuatro y, sobretodo, porque no tienen moralina yankee, porque no hay personajes buenos buenos ni malos malos, porque no es todo ni blanco ni negro. Seguro que conocéis alguna: El Castillo en el Cielo, La Princesa Mononoke y, la mejor de todas, El Viaje de Chijiro, de una imaginación constante y deslumbrante.

Banzai!