sábado, noviembre 26, 2005

L' amour

Cómo es la vida, llena de casualidades. Ya ven, estoy esta noche recluido en casa viendo una peli con Ale, "Solo mía", salen Sergi López y Paz Vega. Suena además, en un volumen menor que el de la peli, la canción "Montones de basura", de los Planetas. Es una canción sobre miedo. Miedo a las relaciones. Relaciones sentimenales. La peli va de malos tratos.

Imagínense enamorarse de alguien. Imagínense que todo es estupendo, que piensan que es lo mejor que le ha pasado en la vida. Imagínense, por un momento, el amor (si es que existe): esto es, mariposas revoloteando en el estómago, pensamientos obsesivos, euforia al encontrarse y mitificación. Imagínense que, de pronto, casi sin darse cuenta, llega un momento en que alguien le parte las piernas y los brazos. Que le parte la mandíbula si dice algo. Imagínense levantarse doloridos y amoratados. Tener que esconder las marcas. Y que el que hace eso era la misma persona a la que amaba o a la que ama.

Es terrible ¿verdad?

No quiero unirme a la moda de denunciar los malos tratos como hacen los jugadores del Real Madrid y las ¿estrellas? de antena 3 como Andoni Ferreño.

No, no es eso. Solo querría decir que:

tampoco hay que irse tan lejos. Los malos tratos son una desviación patológica y extrema de algo que ocurre todos los días aquí y en China, en mi casa y en la de los vecinos de la puerta de al lado. En nuestro mundo tratamos de vivir un sueño instaurado por las canciones, las pelíclulas, los poemas, Tom Hanks y Meg Ryan: la Cultura. El 90% (así a ojo) de los productos culturales, el cine, la literatura, la música, tratan sobre esto. El amor cortés, el amor romántico, nació en la edad media (en el mundo grecolatino se entendía todo esto mejor: genitalmente) y aún lo seguimos sufriendo. Es un mito, una panacea. Nunca te voy a querer para siempre. Nunca serás lo mejor que me ha pasado. Es todo una mentira alimentada hasta el infinito por todos los que han fabricado cultura cuando están de bajón, cuando están enamorados, cuando no les quieren o cuando se sienten solos.

El enamoramiento es algo perecedero. Como los yogures. Como lo que compras en el supermercado. Como lo que se vende en el Dia o en el Lidl. Y encima tienes que pagar cinco céntimos por la bolsa de plástico. Así es: nadie gana en este juego; un juego perdido de antemano, aunque tal vez necesario.

Pero a vivir que son dos días y estoy borracho.