viernes, octubre 27, 2006
Yo soy la Juani
La cartera, una de esas de hilo de colores con algún símbolo esotérico o jipi que se venden en mercados de artesanía y que la gente suele utilizar para guardar el hachís, el papel de fumar u otras sustancias ilícitas –la droga en estos días es un valor a la alza-, resultó pertenecer, a juzgar por lo contenía, a una tal Verónica. Esparcí todo lo que había allí dentro sobre la mesa de la cocina: un dni, una tarjeta de videoclub, otra del banco, un carnet de gimnasio…, y pensé que era fácil reconstruir la vida de una persona en base a lo que uno encontrase dentro de su cartera, de igual manera que se puede conocer a alguien completamente urgando en su basura. La chica que me miraba desde la foto del dni era guapa y de aspecto moderno, tenía el pelo recogido, un flequillo cuadrado de esos que tanto se estilan ahora y entonces, y dos grandes pendientes de aro plateados que muy bien podrían pertenecer a una flamenca. Verónica tenía unos 22 años y vivía al norte de Madrid, en la zona rica que yo casi nunca piso, según pude comprobar tras buscar la dirección que figuraba en su carnet en un plano de Madrid incluido en la guía telefónica. También sabía que hacía ejercicio y que veía películas alquiladas; por supuesto, su gimnasio y su videoclub estaban en su barrio. Pero lo que me permitió localizarla finalmente fue una nota de papel cuadriculado y arrugado donde se leía garabateado un número de teléfono y un nombre presumiblemente extranjero, Romana o algo así. Al día siguiente telefoneé a ese número y al otro lado de la línea se escuchó una voz efectivamente extranjera. Traté de explicarle que había hallado fortuitamente la cartera de Verónica en la calle y que no la conocía, pero que si ella podía facilitarme el teléfono de la chica yo haría lo posible por devolvérsela. Romana, o como se llamara aquella mujer, pareció confusa en un primer momento, como si no entendiese nada o no conociese a Verónica. De pronto parecieron aclarársele las ideas y recordó –o eso me pareció a mí- de quién le estaba yo hablando. Posteriormente Verónica me explicaría que Romana –o lo que sea- y ella se habían conocido justamente el fin de semana anterior y que no eran amigas, lo que tal vez explicase el despiste de mi interlocutora.
Tras mi ardua investigación y con el número que me proporcionó Romana pude contactar con Verónica, que se mostró agradecida y encantada de concertar una cita conmigo el jueves siguiente –creo recordar- en un bar de la Puerta del Sol para recuperar su cartera. Ese día por la mañana la luz atravesaba el mundo y había una huelga de taxistas que se manifestaban por la calles del centro tocando el claxon para llamar la atención sobre sus reivindicaciones. Una vez en la Puerta del Sol y, algo aturdido por lo pitidos, llegó la duda: habíamos quedado en un bar con nombre caribeño o tropical y allí había dos, el Jamaica y el Hawai. Entré en ambos intentando reconocer a Verónica en la barra o en alguna mesa, pero resultaba harto difícil con la única foto de la que disponía. Así que, después de algún momento de indecisión, pedí una cerveza en el Hawai, que me parecía más amplio y luminoso. Al cabo de unos minutos, en los que me sumí en la lectura de no se qué, apareció en el bar una joven con vestido florido y primaveral y media melena, un aspecto algo más recatado del que yo había imaginado a juzgar por la foto del dni, en la que mostraba gesto duro y ceño fruncido. Aún así la reconocí al instante y ella a mí, pues me levante del taburete escrutándola con la mirada. Verónica era sonriente y había elegido la opción inversa a la mía: estaba en el Jamaica aunque, afortunadamente, se había dado cuenta de la ambigüedad de la cita y había decidido pasar por el Hawai por si yo estaba allí. Así que, como yo ya había acabado mi consumición, regresamos a donde ella estaba. Me sorprendió, al llegar a la mesa donde se había instalado, ver, al lado de la caña demediada que había pedido, un libro autobiográfico de Gonzalo Suárez, en cuya portada aparece él de joven luciendo una hermosa barba y una profusa melena. Por ahí comenzó la conversación, le expliqué que Gonzalo nació en Oviedo, como un servidor, y que además, y curiosamente, vivía actualmente en mi misma manzana, en Ópera, por la parte de atrás, cerca del monasterio de la Encarnación y que regularmente le veía por las calles del barrio donde siempre tentaba la posibilidad de decirle algo pero nunca le decía nada, de pura vergüenza. Ella confesó no conocerlo aún mucho pero aseguró que el libro le estaba gustando. Además me contó que era actriz y que actuaba en la obra Inferno basada en la Divina Comedia del divino Dante. Yo extendí sobre la mesa todas mis virtudes como escritor diletante y físico en ciernes, y caña tras caña hablamos de ciento un mil cosas, como el mercado inmobiliario, los after hours más desaconsejables o la difícil carrera del que quiere abrirse un camino en el mundo de la interpretación. Sinceramente, y aunque Verónica parecía extrovertida y echada p’alante, la visualicé en un negro futuro plagado de barras de bar y castings, como tantas otras chicas simpáticas y bonitas, trabajando como camarera eternamente en busca de su gran papel en una publicitada producción del cine patrio, tal vez un papel secundario. Tras cinco o seis y cañas y tras compartir la última la acompañé a Callao –ella tenía que visitar a su agente- y prometimos volvernos a ver, intercambiamos los teléfonos –yo ya tenía el suyo-, apalabramos un par de fiestas que uno y otro vislumbrábamos en el horizonte. La realidad, como suele pasar, fue que cruzamos un par de mensajes en las semanas siguientes y lo prometido se disolvió en la marea del tiempo y nunca, nunca más nos volvimos a ver.
Cómo de grande fue mi sorpresa cuando, viendo el trailer de la nueva peli de Bigas Luna, “Yo soy la Juani”, descubrí asombrado que la nueva gran promesa del cine nacional y la chica que posa en pose provocativa en los gigantescos carteles de la Gran Via –el mismo rostro de gesto duro que vi en su dni-, no es otra que Verónica, Verónica Echegui, la chica cuya cartera yo salvé del abismo del olvido y que ahora llena las páginas de los periódicos y la revistas de tendencias gratuitas que reparten en los lugares más tendenciosos. Y fantaseé entonces con la posibilidad de que Verónica se convierta en una gran estrella, la más rutilante de la historia española, como Marilyn o Audrey Hepburn, y que en el futuro se imprima su rostro en bolsos y camisetas y la gente la considere un mito, y su memoria persevere generaciones y generaciones, pero al fin y al cabo yo sepa que es una persona de carne y hueso, que duda y que pierde carteras y que se cita con los que se las encuentran, e imaginé también haber vivido en otro tiempo y haber coincidido en clase, en la escuela, con Sofía Loren, o haber jugado en mi pueblo con Grace Kelly al escondite, y saber que todos y cada uno de los dioses tienen los pies de barro, y mocos, y legañas cuando se despiertan después de una mala noche y, además, resaca.
jueves, octubre 26, 2006
Pequeña autobiografía intelectual

Ay, que bien frecuentar la Facultad de Filosofía para cursar mis minuciosamente elegidas asignaturas de libre elección y comprobar que es una Facultad de verdad, que huele a añejo y que es fea y amarilla y tiene las paredes cubiertas de planchas de madera marrón oscura –yo siempre asocié este tipo de madera al pensamiento e imaginaba a Einstein o a Nietzsche dictando clases magistrales en sitios semejantes repletos de humo-; no como la mía – la de Física- que recién reformada parece el Corte Inglés o un tanatorio de reciente construcción, con sus suelos de mármol y su moderna cafetería y donde, al acercarse a la ventanilla de secretaría, más bien parece que vas a hacer un ingreso en Caja Madrid o a pedir un Happy Meal en el McDonalds, aunque sea solo por el juguete de regalo, que era por lo que lo pedíamos. La Facultad de Filosofía es una facultad de verdad, como las que yo imaginaba de niño –cuando comía, insensato, hamburguesas-, o las que veía en la tele, donde huele a partes iguales a rancio y a conocimiento, y la gente pierde el tiempo en la taberna haciendo planes para cambiar el mundo o ideando revistas literarias o subversivas, y las alumnas son regordetas pero hermosas y usan gafas de pasta para ver más allá de donde ven los demás, porque ellas se saben a Hegel y a Marx, y ellos saben Lógica y Ética y lucen estilosas medias melenas, jerseys de lana y perillas, y todos con pañuelos por el cuello y fumando de liar. ¿Saben? yo siempre me considere de letras –o de Humanidades como dicen ahora-, y siempre se me dieron mal, fatal, las matemáticas, pero como se me daba bien la ciencia y no había que empollar tanto, ni echarle horas, sino deducir, inducir y entender, acabé eligiendo ciencias puras en el bachillerato y finalmente Astrofísica como carrera, inspirado por los documentales sobre el Cosmos que Carl Sagan presentaba en las sobremesas de la 2. Así acabé estudiando esta cosa, que resultó –como todo supongo- menos excitante de lo que en principio yo imaginé, aun así siempre me sentí un estudiante de filosofía frustrado. Lo cierto es que, ya pensando como un adulto, la Física ofrecía más salidas –dicen que no hay paro- y la Filosofía era más bien un callejón sin salida, razón por la cual se instaló en mí una suerte de fascinación por aquellos que, ajenos a los dictados de Capital y del mercado laboral, habían elegido el camino hacia el abismo, valorando más el pensamiento abstracto que la futura estabilidad económica. Así que en tercero de Física, en un arrebato de intelectualidad y coincidiendo con mi traslado desde la nublada y entrañable Asturias al salvaje y soleado Madrid, decidí simultanear estudios, esto es, estudiaría lo mío presencialmente y la Filosofía a distancia, por la UNED. El resultado, tras un año, fue el previsible, un desastre académico y una crisis de identidad galopante. Ahora cuando visito la Facultad de Filosofía mi sentimiento es la mezcla del que deben sentir el desertor del ejército y el niño que va a Disneylandia, y mato el tiempo entre las clases leyendo los programas de las asignaturas y los resultados de los exámenes en los tablones, como si eso fuera conmigo, y a veces rezo secretamente para que ninguno de los que tuvieron el valor de elegir ese camino me identifique como infiltrado, un cobarde o un extraño.
Cada día anochece más temprano.
domingo, octubre 22, 2006
Coche
Papá era calvo y tenía una barba canosa y vestía con una horrible cazadora amarillo salmonela y olía siempre a ginebra. El coche de papá, en cambio, olía siempre a tabaco y el aire allí dentro parecía más denso -como la atmósfera de algún planeta extraño y peligroso-; la tapicería, estampada en blanco y negro -ajedrezada- se veía amarillo nicotina y en el cenicero no cabían más colillas. Papá unos días me decía que era agente secreto de la policía y otros días me llevaba de bares y financiaba generosamente mis partidas a los videojuegos mientras él, acodado en la barra, se ponía tibio a Gordons tónica. Papá desapareció un día y ya no tuve que esconderme más por las calles de Oviedo, buscando las esquinas y bajando la cabeza, de regreso a casa; o sorprenderme cuando le veía plantado muy erguido y orgulloso en la parada del autobús del colegio cuando mis compañeros me preguntaban, quién ese hombre raro que te espera, y yo intentaba decir algo pero no decía nada. O tener que soportar el desgarro de mi padre tirando de mí por una manga y mi madre y mi tía a dúo por la otra, y sentir mis brazos en cruz como un pelele crucificado al que algún día iban a partir salomónicamente por la justa mitad. Tengo la patria potestad, decía papá, es mi derecho, y yo no entendía nada, porque aquellas palabras, patria potestad, me sonaban absurdas y anodinas, sobre todo potestad, porque patria sí lo entendía, aunque ahora, más viejo, ya no lo entiendo. Lo cierto es que pensábamos que su desaparición se debía a un viaje a Algeciras, su tierra natal, donde habitaba su (¿mí?) familia, constituida básicamente por un tropel de suicidas, contrabandistas, esquizofrénicos y alcohólicos. Nunca pensamos que había muerto.
De lo de la muerte nos enteramos meses después, nueve tal vez. La casera del pequeño apartamento en el que vivía, aledaño a mi casa, al final de un pasillo largo y oscuro, y consistente en habitación, baño y un salón cocina en el que ambas estancias se separaban por una puerta corrediza plegable que imitaba a la madera -pero que era de plástico malo-, dejó un día de recibir el pago mensual por el alquiler. Al cabo de unos meses, cuatro o así, y en vista de la ausencia injustificada de mi padre, decidió entrar con su llave en el inmueble. La sorpresa fue mayúscula o superlativa al descubrir que mi padre no se había ido a Algeciras ni a Tombuctú ni a ninguna parte, simplemente se había tumbado una noche cualquiera –presumiblemente tarde, amaneciendo y muy cocido- en su cama de noventa a esperar lo inesperado -pero bastante esperable-, un infarto de miocardio –el corazón, el corazón- que le dejó seco -literalmente- allí tumbado y que impidió que pagara la renta a la casera durante los meses siguientes, y que también impidió que me invitara en adelante a su casa a ver el fútbol merendando canapés de atún con mayonesa sobre pan recién hecho que comprábamos en la panadería de abajo, y también que me esperara en la parada del autobús del cole con gesto orgulloso o que tirara de la manga de mi cazadora que mi madre y mi tía dejaban libre tirando al mismo tiempo del otro lado, porque él tenía la patria potestad y yo no entendía nada, como Jesucristo en el Gólgota clamándole al cielo.
Todo esto llegó a mis oídos, y nunca mejor dicho, una noche en la que, contando catorce primaveras, abandoné mi habitación sigiloso en mitad del sueño para echar una meada. En la cocina, contigua al servicio, aún se mantenían despiertas mi madre y mi tía, que había decidido visitarnos a esas horas intempestivas. Mientas mi orina iba cayendo en el agua del inodoro pude oír, entremezclado con el ruido del agua cayendo sobre el agua, como mi tía le relataba a mamá la historia. Luis ha muerto, dijo, y yo lo oí y oí también algunos detalles, porque aunque se pueda dejar de ver no se puede dejar de escuchar pues los oídos no tiene párpados ni nada que los separe de lo que existe ni nada que los preserve del horror o de lo real, que viene a ser lo mismo, los oídos son honestos y no pueden esconder lo que ocurre al que los posee. Yo volví a mi habitación algo turbado y, contrariamente a lo esperado, concilié el sueño sin dificultad. Al día siguiente, al despertar, digerí la situación y le dije a mi madre, mamá, sé que papá ha muerto, y después me reí, y con aquella risa quería simplemente expresar que no deseaba ser objeto de lástima o de pena o de nada. No quise ser una víctima ni quise ver los ojos piadosos de mis familiares posándose en mí. Reí como diciendo no os preocupéis, aquí no pasa nada. Nada pasa. La muerte de papá supuso un impacto más filosófico que emotivo pues lo cierto es que me libraba de la tristeza de soportar a un padre alcoholizado y plasta, y de las comidillas de los compañeros y de las miradas de pena de los adultos que estaban al tanto de mi problemática. El cadáver de papá fue misteriosamente trasladado a su tierra y enterrado o incinerado y sus cenizas, tal vez, esparcidas por las aguas del atlántico o del mediterráneo, quién sabe, y nadie nos avisó a mi o a mi madre o a mi tía o a nadie de la familia, de tal manera que aún desconozco donde reposan sus restos o si estos reposan en paz.
El coche de mi padre, un Ford Fiesta metalizado y con múltiples abolladuras en su carrocería, permaneció aparcado en una calle cercana a la mía durante meses y cada vez que pasaba por allí me asomaba a su interior y posaba las yemas de mis dedos en la ventana y me preguntaba si allí dentro seguía encerrado aquel aire saturado de humo o si su aliento todavía seguía contenido en aquel coche y también si todas las palabras que en algunos viajes me había dicho todavía revoloteaban por allí sin oídos distraídos que las acogieran. El coche finalmente desapareció envuelto en el mismo misterio en el que desapareció él mismo –papá- o su cuerpo inerte, tal vez se los había llevado la grúa municipal, a ambos. Todavía podría ir a allí, a la calle donde estaba el coche aparcado –que han peatonalizado quizás en honor de papá-, y señalar aquel sitio exacto con el dedo.
martes, octubre 17, 2006
Manzana
¿Recuerdas que amabas los manzanos y lo habías olvidado? Y yo bajaba la vereda con la fruta entre las manos, brillante, verde y soleada. Madre, enséñame qué cosas son las buenas. Y por allí caía el valle y en él los prados de los bueyes y el abuelo, que se parecían tanto. Y abajo la casa oscura de la vieja tía Práxedes que no moría nunca y olía a antiguo y a tierra y a humedad y no tenía ni luz ni agua corriente y parecía de otro mundo. Su rostro lo surcaba un dédalo de líneas subcutáneas. Hijo, las cosas buenas de la vida serán las que tu quieras que lo sean. Solo tienes que cogerlas con las manos y morderlas.
lunes, octubre 09, 2006
Plan de fomento de la lectura
Fue estupendo descubrir que los cuatro tipos que ocupábamos los asientos de ese flamante vagón de la recién estrenada línea tres de metro teníamos buen gusto literario o que teníamos, al menos, gusto literario fuera como fuese. El más molón sin duda un grueso volumen en edición inglesa e ilustrada de Alice in wonderland de Lewis Carrol, aunque tampoco se quedaba a la zaga la más modesta edición de bolsillo de La espuma de los días de Boris Vian que sujetaba entre sus escuálidas manos el tipo sentado al lado del primero. Por lo demás enfrente de mí un calvo cercano a los cuarenta se ocupaba en algo de Mario Vargas Llosa mientras yo, cuarto y último, aparte de registrar todo esto, trataba de no perder el hilo de un Antonio Muñoz Molina corto y divertido que me ha dejado Ana. La quinta en discordia no completaba el póker sino que era una mujer bien madurita y sin libro, sentada entre Boris Vian y Vargas Llosa, que me escudriñaba ávidamente tras sus pequeñas gafas de sol de lente redonda manteniendo una postura digna y erguida; yo sentía como sus ojos leían en mí como si mi cuerpo fuera un libro o un poema y estuviera recubierto de palabras aquí y allá, en las manos, en el pelo, en el pecho, en las mejillas, y cada vez que yo interceptaba su mirada con la mía ella movía rápidamente sus ojos huidizos para enfocar hierática al frente, tratando de disimular su lascivia menopáusica, hasta que de nuevo me sumía en la lectura para después de un rato levantar instintivamente la cabeza y encontrar otra vez a la mujer observándome y disimulando. Me pregunté qué pensarían sus hijos, probablemente de mi edad, de aquello y me pregunté también si dado el caso me llamarían Txe o simplemente papá, e iríamos juntos de copas, e imagine vívidamente su cuerpo pálido y enjuto, y su ropa ocre y anodina tirada por el suelo y sus gafas y sus joyas esperando sobre la mesita de noche. Y sentí desagrado y repulsión por aquella mujer que nada leía en un vagón tan literario y que solo simulaba mirar al frente distraída, pero después, perdido entre las líneas de mi libro, experimenté cierta pena y nostalgia adelantada, pues seguramente a esas alturas se echan de menos el ángulo de erección y la algarabía de la juventud desenfrenada.
miércoles, octubre 04, 2006
Otoño, Madrid
Yo amaba las flores y las danzas del estío.
No es que me entristezcan las grietas grises del asfalto ni los paseos encorvados de los ancianos de este barrio. No es que vea a los niños jugando delante de mi portal con balones y bicicletas ajenos a esta tragedia y piense, ilusos, no siempre es así. No es que Perséfone regrese a su rapto infernal y a su paso el mundo muera y languidezca de nuevo y las hojas se caigan y los cielos se nublen de plomo. No es solo que quejarme en Octubre me parezca estéticamente perfecto y que tu garganta supure pus y tu cuerpo aterciopelado tiemble lejos en la sierra y tengas frío. Es todo esto junto, revuelto, y mucho más.
jueves, septiembre 28, 2006
Tú desnuda y tu cuerpo crepitando como los tambores de una tribu de indígenas con piel de ébano perdida en las selvas del África central tocando rituales de muerte. Imagino tu cuerpo pintado con pintura roja adornado con collares y colmillos de animales salvajes y conchas recogidas en la orilla de las playas de agua cristalina donde sopla un viento de sal. Imagino a una pantera morado oscuro agazapada en la espesura preparada para dar un salto y las garras esperando a desgarrar la carne y recibir la sangre. E imagino unos dioses paganos iracundos condenándonos con su dedo acusador y sus dientes amarillos y el hedor y su furia desatada mostrándonos un infierno de humo y sudor.
El atardecer nos cubre como la piel de un oso y se prepara una batalla. Las palabras se alejan como aves migratorias tomando la ruta errónea. Los soldados se arrastran por pasadizos subterráneos con el pecho desnudo.
Y después, el desprecio.
martes, septiembre 26, 2006
El sol
Y la madre de mi amigo cada vez se muere más deprisa. A veces la muerte llega en días soleados como éste. Y mi amigo se asoma por la puerta de mi habitación con los ojos húmedos y dice que se va. Y me pide algo de dinero para el autobús. Yo le doy un puñado de billetes que rebusco en mi cartera. Con esto servirá, dice. Gracias. Y su voz suena temblorosa. Cruzará media España en autobús. Viendo como el sol se hunde cada vez más en el oeste. Ocho horas para pensar. Una parada en un área de servicio. Tres peajes. Las metástasis pueden ser más rápidas que las autopistas. Y mientras la mente se mantiene lúcida el desastre va creciendo dentro de ti. Célula a célula. Segundo a segundo. Invadiéndolo todo. En silencio. La vida es una carrera hacia un abismo. Algunos corren mucho más rápido. Y a veces las velas se apagan de repente. Una ráfaga de viento. La verdad es que hoy hace un día estupendo y todo parece florecer. Las hojas verdes de los árboles mecidas por el viento. Susurrando. El aire cálido. El suave bullicio en las calles. Las terrazas. Pero yo solo deseo beber cerveza y fumar toda la tarde. Tendido en la cama. Bajar la persiana hasta la mitad. Penumbra. Fregar los platos, tal vez. Hasta que anochezca. Y el mundo ya no parezca un lugar tan hipócrita. Ni tan tristemente irónico.
jueves, septiembre 21, 2006
Acoso
Recuerdo a Lucía de niña corriendo detrás de nosotros. Lucía tiene la peste. Si te toca Lucía te pega la peste. Corríamos en desbandada como si aquello fuera un encierro y ella fuera la bestia. Era extraño ver como Lucía conservaba la sonrisa cuando nos perseguía. Portando la peste que alguien le había diagnosticado.
Lucía era una pringada. Cuando yo ingresé en el colegio, a los cinco años, Lucía ya llevaba dos años allí. Y ya era una pringada. Así, tan joven. No sé quién decidió aquello. O si Lucía había nacido ya con esa condición. El caso es que la realidad era esa.
Recuerdo a Lucía cuando teníamos diez años. Acurrucada sola debajo de un árbol durante los recreos. Ensartando pequeñas margaritas en un palo. Como si fuera un pincho moruno de flores. Recuerdo a Lucía jugando sola con los bichos que cazaba. Las arañas. Los bichos bola. Sentada al borde de la calzada. A los trece. Recuerdo a Lucía paseando sola por el colegio a media mañana. Y ya éramos adolescentes. Y la veíamos pasar sentados en los bancos. Recuerdo a Lucía quedándose sola en la clase durante los ratos libres. Sentada en su pupitre. Garabateando en papelitos. En la penumbra. Murmurando. En el silencio.
Algunas veces me tocó sentarme al lado de Lucía durante algunas clases. Lucía parecía una chica normal. Tenía un estuche de tela cilíndrico repleto de rotuladores de colores. Y fluorescentes. Cuando escribía –con la zurda- se mordía suavemente la lengua con el lado izquierdo de la mandíbula. A veces se volvía hacia mí y me dirigía la palabra. Y era sonriente. Y tenía algo en los ojos que parecía esperanza. Verde esmeralda. Y yo siempre la trataba cordialmente. Porque no veía motivo para todo aquello. Y nunca llegué a entender cual era el problema con Lucía.
Los profesores tampoco lo entendían. Durante los quince años que fue marginada sistemáticamente por, no solo un pequeño grupo de personas, sino por toda una clase, por todo un curso, por todo un colegio con cientos de alumnos, ellos trataron de encontrar soluciones. Le hacían irse de clase con cualquier excusa. Lucía vete a por los bocadillos. Lucía vete a por folios a secretaría. Y cuando Lucía se iba los profesores nos preguntaban qué ocurría. Cual era el problema con Lucía. Esta escena se repitió demasiadas veces durante toda nuestra vida escolar. Una vez un profesor nos hizo escribir a cada uno en un papel nuestra opinión al respecto. Luego se leyeron uno a uno. La mayoría escribió que no sabía lo que pasaba. Algunos pusieron que Lucía era una marginada. Que Lucía no hacía nada por tener amigos. Que Lucía era un bicho raro. Entonces ya teníamos diecisiete años. Y todo era mentira. Y Lucía lloraba cuando la ponían al corriente de aquellas reuniones.
Algunos dicen: los niños son así. Los niños son crueles. Es normal. En mis tiempos también pasaba. No. Lo que hicimos con Lucía fue un crimen. Algunos fueron criminales activos. Otros solo colaboramos con nuestra complicidad muda. Para que se haga el mal solo hace falta la indiferencia de la gente de bien, dicen. Lucía fue ignoraba por el mundo durante quince años ante nuestros ojos. Ocho horas al día inmersa en la más absoluta soledad. Hablando entre dientes. Contándose historias en las que todo iba mejor. Después de esto, cuando el colegio acabo y la vida continuó su curso Lucía Villa Torres fue vista regularmente por la ciudad. Con botas altas. Con minifalda. Y mucho maquillaje en la cara. Montada en las motos de tipos de aspecto peligroso. Parecía una mujer dura. Daba la impresión de que había olvidado todo aquello. Pero estoy seguro de que aún dolía la enorme herida que le habíamos inflingido. Y ya no había remedio. Pues la niñez había pasado por entre nuestros dedos. Como el viento del otoño.
martes, septiembre 19, 2006
Pasen y crean
Cada vez que veo a alguien declarar en televisión que el Islam es una religión de paz no puedo hacer menos que reír o indignarme. Todas las religiones están hechas para la guerra, Jesucristo dijo venir con la espada y no con la palabra, la misma espada que Mahoma deseaba utilizar para extender sus doctrinas. Hay cientos de suras en el Corán que predican la guerra santa. El problema de las religiones del Libro es que las escrituras siempre se pueden interpretar como uno desee haciendo la correcta selección de citas. Son libros tan polivalentes que a veces llego a creer que fueron realmente dictados por una voz divina. Cualquier cosa puede ser justificada en virud a estos textos, cualquier creencia, por absurda que sea, puede ser respaldada por la Biblia, el Corán o el Talmud, pues son textos mil veces contradictorios y si aquí dice haz el amor, allí dice haz la guerra, y si aquí dice practica el Talión, allí dice pon la otra mejilla.
La religión sirve, fundamentalmente, para mortificar al cuerpo, confundir a la mente, castrar al espíritu y anular a la persona. Ahora las religiones, al menos aquí donde vivimos, son algo anecdótico –aunque nuestra cultura está profundamente traspasada por el judeocristianismo y aun siendo ateos no podamos huir de ciertas concepciones o costumbres que han ido calando hondo en el inconsciente colectivo durante siglos-, pero hubo un tiempo en que suponían un código de conducta total que impregnaba completamente la vida de los hombres: desde la vestimenta hasta la alimentación, la vida sexual o familiar, cualquier acto o pensamiento, a veces los textos sagrados indicaban incluso con qué mano debía el fiel limpiarse el culo.
Pero a lo que iba: la religión católica es la religión propia del mundo dominado pues donde hay ira ella predica templanza, y son bienaventurados los pobres y los que sufren, y los últimos serán los primeros y habrá justicia algún día, el día del Juicio Final, y Dios pondrá a cada cual en su lugar y en el Reino de los Cielos se cambiarán las tornas y todo cobrará sentido. El cristianismo es un proyecto para la muerte, para la vida después de la muerte, es decir, es un proyecto para la nada, una mentira. Pero resulta muy fácil dominar a las masas católicas pues les hemos hecho creer que algún día llegará la justicia. Lo mismo ocurre con las leyes kármicas de las filosofías orientales: el sufrimiento aquí y ahora es una deuda que tenemos de vidas anteriores y que hemos de pagar para seguir progresando en la rueda de reencarnaciones. Estas dos filosofías de resignación y mansedumbre fueron las que permitieron a Occidente, es decir, Estados Unidos, explotar sistemáticamente América Latina, Oriente y el resto del mundo sin problemas, excepto, claro está, los países islámicos que para nada entienden de bajar la cabeza y aceptar la dominación sino todo lo contrario, lo que a todas luces parece una postura mucho más digna, aún con todas sus infinitas miserias.
Por lo demás, yo no me declaro ateo sino más bien antiteo, es decir, no es que no crea en Dios, ni no que estoy en contra de la idea de Dios.
martes, septiembre 12, 2006
Aterrizaje
jueves, septiembre 07, 2006
Música, por favor
Ups, al final se me olvidó hablar de música.
Vaya.
sábado, septiembre 02, 2006
De vuelta

Y regreso a Madrid después de casi dos meses inmerso en la desidia natural que sufro en Oviedo y todo sigue igual en casa, tal vez todo un poco más desordenado, y veo a Isaac que lleva todo el verano de rodríguez machaca, repartido entre dos curros y encerrado en casa como un Robinson Crusoe cañí y recibo la visita de Txavi que anda de tour por la piel de toro, y me llena de satisfacción ver un relato mío publicado en la revista Fábula ilustrado con unas fotos que no se de dónde han salido, y por fin me concentro en estudiar –ando ahora entre transistores y amplis y filtros y chips- y coincide todo esto con la última ola de calor del verano así que mantenemos las puertas del balcón abiertas y es como estar en la calle o en una terraza y ahí enfrente sigue el barrio de las Delicias y todos esos árboles que pronto amarillearan y después se quedarán desnudos, y casi sin darnos cuenta habrá llegado el invierno sórdido y cruel y tendremos que encender esa estufa de butano que da tanto miedo pero que calienta que es un primor. Pero por el momento disfrutemos del aquí y ahora, hic et nunc, carpe diem y todos esos latinajos, y olvidémonos de la estufa, pues no disfrutar porque vamos a sufrir es como suicidarse porque vamos a morir. Vamos, digo yo.
En la imagen el Autor sobre fondo rojo, divertido y orgulloso, de vuelta en su domicilio madrileño.
miércoles, agosto 30, 2006
domingo, agosto 27, 2006
Así
- ¿Pipi? ¿El de El Tizón?
- Sí, ese. Ha muerto. Me ha llamado Delia ahora para decirmelo, así que me voy al funeral, ahí, en San Juan.
- Bueno.
- ¿Y de qué habrá muerto?
- Pues supongo que de un infarto o algo así. Todo el día en los bares...
- Claro, todo el día bebiendo, bebiendo y bebiendo...
- Sí.
- Ay, no somos nada. Todavía estuvo la otra tarde ahí contándome chistes.
- Ya.
- Bueno, ¿qué quieres para comer? ¿Patatas fritas, huevos y carne?
- Vale.
- Pues tienes que ir pelando las patatas.
miércoles, agosto 23, 2006
Hermana
jueves, agosto 17, 2006
Lo porno
miércoles, agosto 16, 2006
Procusto el estirador
Y no es que haya locos o enanos o miopes, solo barras demasiado altas y carteles demasiado lejanos o escritos con letras demasiado pequeñas. O ideas -o voces susurrantes en el oido-demasiado geniales para ser entendidas y valoradas por el común de los mortales.
Finalmente se hizo justicia y Procusto recibió su merecido cuando el héroe Teseo, que venció al Minotauro en el laberinto de Dédalo, le tendió sobre su cama y le ajustó a su medida cercenándole los pies y la cabeza. Y por fin en los caminos del Ática se toleró la diferencia.
jueves, agosto 10, 2006
Queremos tanto a Julio
martes, agosto 08, 2006
Desidia
El motivo de mi indisciplina congénita es la ausencia de figura paterna. Mi padre murió hace unos 12 años, aún así ni siquiera en mi primera infancia ejerció como tal. Odio a esa gente que vilipendia a Freud a la primera de cambio porque todo lo basa en el sexo o por decir que todos queremos matar a nuestro padre y follarnos a nuestra madre, vaya guarro, o porque de niño lo violaba su padre o porque era impotente y cocainómano. Miren, dejénme de zarandajas, que a veces parece que aún vivimos en laViena de principios de siglo. El complejo de Edipo es algo más que el deseo que fornicar con mamá -deseo algo absurdo, por otra parte-, sino un proceso que todos pasamos con mayor o menor gloria -de ahí sus neurosis-, y que se basa en la contraposición entre el amor de madre -incondicional, incluso cuando eres un asesino en serie- y el amor paternal que el padre solo da cuando el hijo cumple con las expectativas. Esta especie de chantaje emocional se hace necesario para que la persona acepte las normas que le impone la sociedad y que son transmitidas por el progenitor. El niño sale de la esfera materna -del útero- donde todo es cuidado, consentimiento y mimo, y por medio del padre entra en el medio social, donde hay que doblegarse, olvidar los placeres y joderse con lo que haya. Es el principio de placer contra el principio de realidad. Este paso de un lado al otro, esta salida del cálido vientre de mamá, esta horrible travesía, es lo que se representa en la Biblia y en otros mitos religiosos como la caída de un paraíso donde los hombres eran felices -y comían perdices- a un mundo cruel y hostil donde hemos de ganarnos el pan con el sudor de nuestra frente y nadie viene a calmarnos cuando lloramos. El mundo que tenemos. Una de las enseñanzas paternas es, por tanto, la disciplina. Y es, precisamente, una de las cosas que a mi me faltan. Los que critican a Herr Doktor por las terrazas sin ni siquiera haber abierto uno de sus libros sufren tal indigencia mental que apenas pueden comprender una pueril metáfora. Por lo demás yo soy un hombre de ideas fantásticas, tan fabulosas que raramente las llevo a cabo. La última postura vital que he tomado -hace apenas dos días- es la abstemia en días laborables, que llevaba unos cuantos meses sin perdonar un solo día y comienzo a temer por mí hígado y él por mí. Aunque una clara es un refresco. Y unas cuantas también.
jueves, agosto 03, 2006
Dilema
Dicen que ocurrió en Salamanca. Y dicen que ella era una joven estudiante de piel nívea, hermoso rostro y lacia melena castaña. Famosa por su belleza. Pero dicen también que lo que más asombraba de ella era su forma de caminar, una forma no vista antes: aquella cadencia, aquel bamboleo de las caderas, aquella forma de colocar un pie delante del otro. Unos andares que no eran de este mundo.
Dicen que un día los dos viejos amigos se reencontraron para ponerse al día, para contarse todo lo que les había sucedido durante aquel tiempo en el que no podían haberse visto. La sorpresa fue grande cuando descubrieron la coincidencia. Cuando descubrieron que ambos habían explorado el mismo cuerpo y las misma cama con solo unos días de diferencia. Entonces se tendió entre ellos una mirada de complicidad. Porque ambos, llegados al catre de la joven, recién salidos de los vericuetos de la noche y con la cabeza aún dando tóxicas vueltas se encontraron con la misma sorpresa al arrebatarle a la joven -entre jadeos y mordiscos- los pantalones vaqueros que tan sinuosa silueta le hacían: dentro de aquellos pantalones faltaba una parte del cuerpo de la chica: una pierna, de la ingle para abajo, es decir, de la ingle al infinito, que había sido diestramente sustituida por una prótesis de plástico casi perfecta. Llegados a este punto la coja recién descubierta les hizo, con toda naturalidad, la misma pregunta a ambos:
- ¿Prefieres que me la quite o que me la deje puesta?
Uno de ellos juzgó novedoso el probar el sexo con una minusválida hasta las últimas consecuencias y le pidió a la joven que se quitara la pierna ortopédica, cosa a la que accedió gustosamente. Y en verdad fue excitante -y también más cómodo para la cópula, digamos, de más fácil acceso- aquella nueva forma de hacerlo. El otro, en cambio, optó por no continuar, afectado por el shock, pensando -absurdamente- que aquello era un abuso, y dejando a la pobre joven fría, insatisfecha, decepcionada y un poquito más lisiada.
miércoles, agosto 02, 2006
Posesión
domingo, julio 30, 2006
martes, julio 18, 2006
Lipstick
sábado, julio 15, 2006
Amnesia
Liberad Palestina.
viernes, julio 14, 2006
Si el toreo es arte el canibalismo es gastronomía
El grupo es dirigido -o algo así- por un catedrático de Neuropsicología que se disfraza de toro en cada concentración. Y porta un cartel que dice: atrevete a torearme. Cuando hacemos reuniones se le quedan las migas de los bollos colgando de las barbas. Un par de años después fallece: el corazón.
Un día viene a visitarnos una mujer defensora de los gatos. Ha localizado a un anciano que maltrata a estos animales. Quiere que vayamos, con cadenas, una noche, a visitarle. Que le demos una buena lección. Pensaba que érais anarcos, dice la mujer ante nuestra negativa.
Otra mujer, cuarentona, miembro del grupo, fantasea constantemente con una amenaza de bomba contra la Plaza de Toros: se trata de colocar un artefacto, falso, en el baño del segundo piso y luego avisar por teléfono, desde una cabina, de su colocación. Desalojarían la plaza. Parece sencillo.
Algunos de los miembros del colectivo son apaleados en actos por la defensa de los animales. Un compañero recibe una brutal paliza de manos de la cuadrilla de un torero. Hay un juicio.
La gente sale de las corridas de toros con la violencia en los ojos. Somos pocos y la policía, en vez de defender a la gente de bien, nos tiene que defender a nosotros de los paraguazos y bolsazos que tratan de propinarnos las ancianas burguesas que asisten a la corrida. Cuando los toreros salen les gritamos asesinos. En una ocasión, Francisco Ribera Ordoñez me hace un corte de manga. Me siento orgulloso durante días. Hacemos panfletos con citas de Schopenhauer o Unamuno a favor de la causa animalista. El público que sale de la plaza nos grita. Que nos busquemos un trabajo. Que somos terroristas. Que dónde estábamos el día que mataron a Miguel Ángel Blanco. Toda esa basura.
Cada vez que hablo con alguien sobre los toros tengo que oir la misma mierda.
Que el toreo es una tradición. Como la ablación o el linchamiento. Por ejemplo.
Que el toreo es arte. Bonita palabra que no se refiere a nada en concreto. Mi culo es arte. También.
Que el toreo permite que el toro de lidia sobreviva como especie. Y que los toros viven con todos los lujos hasta que llega la lidia. Me da igual el toro de lidia como especie, señora, lo que me importa es que la especie humana disfrute de la brutalidad. Brutalidad, voy a repetirlo. De ensañarse hasta la muerte con un animal acorralado. Asustado. Drogado. Debilitado. Con varios arpones colgando del lomo. Herido insistentemente por un hombre a caballo. Y probablemente con un alambre quebrado dentro del pene. Todo ello acompañado de alegres pasodobles. Y que lleven a sus hijos a ver ese espectáculo. Y lo muestren por la tele. A las ocho de la tarde. Que tengan la poca verguenza de pretender que ese animal derrotado sea el símbolo de este pais vergonzoso.
Me aburro y no se si me explico.
Lo que quiero decir es que no entiendo como podéis ser tan crueles e inhumanos como para disfrutar así con la tortura de un animal.
miércoles, julio 12, 2006
mar el poder del mar
De noche el cielo y el mar forman un único manto. Azul, oscuro. Excepto en el borde. Donde ya se puede ver la espuma de las olas que rompen. Y los reflejos de las farolas amarillas del Muro.Y las parejas que follan creyéndose ocultas. Con los genitales llenos de arena. Huele a algas y a sal. El Cantábrico es un mar violento y malcarado. Escarva las playas en la roca de los acantilados. A mordiscos. Sin piedad. Es, también, el más hermoso.
Dicen que el mar produce sosiego en quien lo contempla. No es así. Es, en cambio, una fuente de zozobra e inquietud. Si pensáis en ese algo desconocido que os roza el tobillo un día de resaca. Que se enreda. Si pensáis en los marineros naufragados que no regresan nunca. Y en los rostros de los hijos esperando hallar cualquier mañana los cadáveres varados en las playas. Cuando en realidad están amarrados por las algas al fondo marino. Pálidos e hinchados. Si pensáis en la condiciones extremas de presión, temperatura y oscuridad de las profundidades abisales. Y en esos peces esperpénticos con grandes dientes y ojos y linterna incorporada. Y en Moby Dick y el calamar gigante que atacó al Nautilus. Y en los inmigrantes que se ahogan tratando de llegar a nuestras costas. Y son condenados a la muerte. Por los opulentos. Si pensáis en que el sístole y diástole de las olas continuará siempre. Cada momento de vuestras vidas. Cada minuto. Cada segundo. Sin descanso. Y aún cuando muráis. Y hasta que la estrella se hinche y engulla la órbita terrestre. Y todo el planeta sea destruido.
El miedo más puro que existe. Zambullirse en el agua desde una embarcación lejos de la costa. Sumergirse un metro tras otro. Sentir como se enfría cada vez más el agua alrededor. Y no encontrar el fondo. Y entonces tratar de salir de nuevo a flote. Moviendo desesperadamente las extremidades. Y por fin la superficie. Y saber que bajo vuestros pies pedaleantes. Hay decenas de metros. De profundidad. De oscuridad. Y misterio.
lunes, julio 10, 2006
Foto
viernes, julio 07, 2006
Fragmento
miércoles, julio 05, 2006
La piel
- ¿Qué es el sol -pregunta Marco-, y por qué cuando muere se pone tan rojo?
- El sol es una estrella, como los puntos blancos que ahora comienzan a aparecer -le responde Sara señalando al cielo oscurecido-. Se pone rojo porque la atmósfera difunde en diferentes ángulos las diferentes longitudes de onda de la luz, el rojo difunde totalmente y solo queda el azul. Es por esto que el cielo es azul.
- ¿Y qué son las estrellas? - pregunta Marco insaciable apoyando la cabeza sobre las manos.
- Las estrellas son esferas de gas autogravitantes; albergan furiosas reacciones termonucleares en su interior que las iluminan.
- Yo creo que las estrellas son pomelos - y después silencio.
En momentos como este Marco ama y odia secretamente a Sara. Allí, tendido en la playa, a su lado, tiene la convicción de que lo único alrededor de lo que él giraría eternamente era el fino cuerpo de Sara sobre la arena húmeda. El amor es algo así como uno de esos peluches que hablan al apretarles el vientre o las cajitas musicales que liberan, al abrirlas, una melodía melancólica y el baile de una bailarina de nácar: cosas dulces y amables en apariencia pero animadas interiormente por un mecanismo cruel, frío e implacable.
domingo, julio 02, 2006
Working class heroes
miércoles, junio 28, 2006
Biblioteca
Mañana acabo.
lunes, junio 26, 2006
Hoy hace exactamente veintiséis años que asomé la cabeza entre las piernas abiertas de mamá. Allá al norte, en Asturias. A las once de la mañana. Bajo el signo del cangrejo. Ha girado el planeta veintiséis veces alrededor de la estrella y yo lo he visto.
Mi madre guarda en algún lugar la pulserita que me colocaron en el hospital después de nacer para identificarme. Mi primer complemento y a la vez mi primer documento de identidad. Es muy pequeña, la pulsera, aunque mis muñecas siguen siendo finas a día de hoy. Dice mamá que la primera vez que me vio, cuando después del parto me pusieron entre sus brazos y era un bichejo nuevo, blando y rosado, le dio un ataque de risa. Porque nací con bigote.
Un día cualquiera de 1984 yo estoy en el descansillo de la casa de mamá vestido de azul y pego un moco denso y verde oscuro en la puerta metálica del ascensor. Ese es mi primer recuerdo consciente. Desde entonces todo ha ido sucediendo, tal y como atestiguan las fotos que la otra noche se proyectaron en la despedida de soltera de una amiga del cole. Que ya se casa.
Ya sé que todo esto es un poco inconexo. Qué quieren, la vida es así. Inconexa, sobre todo cuando transcurre en la memoria.
Y no sé si cumplir años me hace gracia. Pero felicítenme, de todas formas.
viernes, junio 23, 2006
Filosofía
lunes, junio 19, 2006
Conocer gente
viernes, junio 16, 2006
Panfleto
He estado pensando además en ese discursito ubicuo en la tele últimamente que dice que la violencia es inadmisible siempre y en todas su formas, que hay que respetarlo todo, que si la tolerancia y bla bla bla... Bueno, la cosa es algo como así, el Pensamiento Único ese piensa y dice por su Boca Única: tolerancia, respeto, la violencia es el mal, buen rollo y solidaridad, así, todo muy sentencioso como un libro de Autoayuda que queda muy bien y la gente se lo cree (si lo dice un libro...). Es, a todas luces, un discurso descafeinado prueba de cierta indigencia mental pero muy útil a la hora de mantener cierta paz social y una democracia light como ésta, tan light que quizás no merezca ni ese nombre, vamos, etimológicamente.
Lo que yo digo es: si respetamos todo qué sentido tiene merecer respeto, qué valor. El respeto siempre ha habido que ganárselo, y ahí radica su gracia, además hay cientos de miles de cosas que no son respetables. Respecto a lo de la violencia supongo que los que dicen que no es admisible bajo ninguna forma tampoco creen que deba utilizarse para perseguir a asesinos o violadores, o digamos sin ser tan demagogos, que sólo se considera legítimo el monopolio de la violencia por parte del Estado. Será eso... Anyway todo es cuestión de grado, yo no estaría de acuerdo con que linchasen y colgasen a Rajoy del palo mayor pero de esto a tirarle unos huevos hay un buen trecho... Esta costumbre de arrojar huevos y tomates y vociferar un poco es más vieja que la prostitución y muy sana y natural, se queda uno como la seda, oiga. Además son alimentos sin colesterol, y gente como los gerifaltes del PP que apoyaron sin pestañear varios genocidios deberían ser blanco de estas legumbres y hortalizas más a menudo. Y que conste que a mi lo del conflicto catalán me es ajeno, pero me hace risa.
miércoles, junio 14, 2006
Un Demócrata
sábado, junio 10, 2006
Cosmología
PD: Me salió muy bien
lunes, junio 05, 2006
Después
miércoles, mayo 31, 2006
Viento
lunes, mayo 29, 2006
La fe y la ciencia
La infancia de todos está llena de curas y de Iglesias porque es cuando somos jóvenes y nuestro cráneo y cerebro están aún blandos cuando tratan de alistarnos para su causa utilizando como arma las canciones de catequesis y las parábolas del galileo melenudo, que ellos, muchas veces, predican pero no practican: hoy en día ser católico es una postura similar a ser del Betis. Simplemente eso, una postura.
Así que resulta que tenemos a este joven sacerdote –tiene los ojos claros, verdes en el centro y azul en la periferia de la pupila- que quiere ser científico y que parece un buen tipo. Eso sí es una postura difícil –como el pino puente- y eso me gusta.
Solo espero que en medio de cualquier sesión de laboratorio se nos aparezca el Espíritu Santo convertido en blanca paloma y nos apruebe, a mí aunque sea de bulto, como uno de esos ladrones que crucificaron a la vera de Jesucristo.
jueves, mayo 25, 2006
Homenaje
Al principio dijiste que querías ser algún día protagonista de estas líneas. Ahora, al final, ya lo eres, me escribes un poema pueril y encantador sobre las vistas que hay desde mi ventana y cada vez que entro en mi cuarto echo en falta - de pronto- tu cuerpo loco y hermoso sobre la cama nueva que compartíamos, sintiendo sobre mi espalda el peso del cariño que me diste y no supe encajar, como una piedra.
miércoles, mayo 17, 2006
Papiroflexia
domingo, mayo 14, 2006
Un buen día
Así que mejor les digo que hace un día de puta madre, llevo gafas de sol y hay un vaso de birra fría en mi mano. Bien.
miércoles, mayo 10, 2006
Digo
Crecer es rezar un rosario de desencantos y nunca uno imagina cuantas veces puede llegar a perder la inocencia y cuanta aún le queda escondida donde no la puede ver –parece el único bien inagotable. La madurez es un mito inventado por la juventud para justificar cierto respeto por sus mayores o para diferenciarse del otro arguyendo una mayor evolución La intensidad es exclusiva de los primeros momentos y luego decae exponencialmente cuando todo se torna repetición y hastío, hasta lo más excitante hasta lo más más. Tal vez el error fuera albergar unas ambiciones demasiado vertiginosas: a los veintiocho dicen que desaparecen las ganas de salir –aunque está de sobra comprobado que esto es falso-, las mujeres fantasean con tener un hijo –o lo tienen- y el otro día Keith Richards volvió a amenazar con palmarla mientras Johnny Rotten participa en reality shows allá, en Inglaterra.
martes, mayo 09, 2006
Promoción

¿No trata, acaso, la primavera de eso, de florecer, de hormonar, de humedades?
Pues fíjense, caminábamos Isaac y yo envueltos en un fresco día amarillo sol y él iba armado con su nueva cámara, una de esas que ya no se ven tanto, de las de pensar, de las que tienen un objetivo y unas palanquitas que manipular antes de cada foto. Buscaba motivos que fotografiar: el capó de ese coche, las hojas de aquel árbol, voy a robarle retratos a ciudadanos que no conozco, cuando, viendo lo que se acercaba ahí delante le dije: Isaac, sácame una afoto con aquellas.
Y eran tres primaverales nínfulas vestidas de rojo con esposas colgando del pantalón, gafas oscuras y gorra policial, tres deidades menores de la telefonía movil -Vodafone decían- salidas de algún paraíso de la promoción comercial callejera. Y ahí ven, en la imagen, cómo se lo monta el Autor en compañía de las susodichas. No nos vendieron nada.
sábado, mayo 06, 2006
Un mundo fantástico
Imaginen por un momento un par de finos filetes de ternera, imaginen que no son ustedes vegetarianos y que tienen un par de tiernos filetes de ternera. Imaginen ahora unas lonchas de queso manchego y jamón serrano. Si son ustedes afortunados puede que incluso haya berenjena, pimiento rojo o espárragos. Imaginen que introducen todo esto entre los filetes de ternera, que empanan el conjunto y que lo fríen en aceite de oliva caliente hasta dejarlo doradito. Si hacen todo esto estarán en posesión de lo que se llama un cachopo. Y el cachopo es una de las cosas más fantásticas y maravillosas que su triste vida echa de tos y preocupaciones les podrá ofrecer. Creánme
viernes, mayo 05, 2006
Abracadabra
Quisiera poseer un pesado grimorio de magia negra, posarlo sobre la mesa, soplar el polvo de las cubiertas que nublaría la estancia; buscar después en las páginas amarillentas el sortilegio adecuado. Pronunciar solemnemente algo así como un poema y dos o tres abracadabras y ver como todo se llena de chispas y centellas y como todas las cosas de la vida van en-ca-jan-do-per-fec-ta-men-te.
Pero esto no se puede.
domingo, abril 30, 2006
Cambio

Ayer Guillermo dió cuerda a un viejo reloj oxidado que alguien debió dejar olvidado hace años en el pasillo y desde entonces un tic tac monótono y amenazante vertebra la casa.
Después nos sentamos en el salón a observar los muebles de Ikea recién montados.
- Vivimos en la era de la velocidad -dijo Guillermo blandiendo un cigarro en la mano.- Por la mañana viene un camión, se lleva unos muebles y a un par de amigos. Por la tarde viene otro camión conducido por un colombiano y un tipo de Groenlandia, dejan unos muebles, los montas y ya tienes casa otra vez.
Esa mañana Edgar y Virginia -en la foto- nos dejaron para irse a vivir a Sevilla. La resuelta andaluza y el mago del humor catalán empezarán una nueva vida a orillas del Guadalquivir. Se llevaron un montón de muebles que les pertenecían -la mesa grande, la lámpara chula, el microondas- pero supongo que el hueco que dejan no se podrá llenar con muebles desmontables de diseño sueco.
A Virginia la conocí junto con Ale hace unos tres años en un after hours que ya no existe. Edgar apareció unos meses después en otro agujero aún menos recomendable. Desde septiembre vivimos los cuatro juntos en el ya famoso Barrio de las Delicias, en esta casa que transformamos completamente con nuestras manos desnudas y que ahora parece un garito.
La verdad es que en los últimos doce meses mi vida a cambiado lo indecible. Hace un año por estas fechas, la pasada primavera, yo vivía en aquella lujosa casa de Ópera con Andy y Yoli. Luego vino la mudanza y también la mudanza de tantos amigos asturianos a Madrid, arreglar el piso, tener un par de fracasos sentimentosexuales, conocer a esa tribu de hardnighters que revienta los fines de semana capitalinos, la muerte de un conocido en accidente de tráfico, un montón de relatos, la vida de barrio en Delicias, en fin, el mundo patas arriba.
Edgar y Virginia me dejan los recuerdos, la amistad y un poco de pena. También un colchón grande que Edgar consiguió en la película donde trabajaba. Ahora fantaseo cada noche con los divinos culos de Leonor Watling y Victoria Abril posados sobre mi cama repleta de insomnio y ansiedades cinematográficas.
Hasta pronto amigos.
miércoles, abril 26, 2006
Reminiscencia
¿Lo recuerdas? A la vuelta me dijiste que me habías dejado de querer y las fotos ni siquiera habían salido.
Otra vez esa sensación.
martes, abril 25, 2006
Bailad malditos
Y tú ¿qué crees?
- Que estas drogada.
viernes, abril 21, 2006
Una foto

Pues es primavera y ahí fuera hace sol y la gente está más guapa y a nadie le apetece escribir ni leer ni pensar en cosas profundas y ni siquiera en chorradas, así que ahí les pongo una fotico del Autor para animar un poquito el blog y que fue tomada hace un año, la primavera pasada -cómo ha cambiado todo en un año-, por Andy un guiri con el que vivía entonces -el segundo al que enseñé español y el onceavo extranjero con el que compartí piso- y que ahora está en Perú o en Argentina en uno de esos viajes de iniciación y autoconocimiento que lo hijos de la pérfida Albión suelen darse cuando ven que se les acaba la juventud. Luego vuelven y se casan y lo cuentan a sus hijos y después a sus nietos.
Andy siempre estaba tomando fotos, consciente de su efímero paso por Madrid, así que conservo amplia documentación fotográfica de aquella época en la que paseábamos durante horas casi a diario: a Andy le fascinaba esta ciudad, sus calles, su cielo y sus mujeres. "La vida es buena aquí" decía siempre cuando volvíamos a casa al atardecer y nos tomábamos una caña en algún bar cerca de Plaza de España. "Sí", le decía yo, "sobretodo en primavera".
En la instantánea aparezco en el parquecito donde está el Templo de Debod, él siempre fantaseaba conque esta foto ilustrase la solapa de mi primer libro; bien, esto no es lo mismo pero se le parece.
Un beso.


