domingo, noviembre 30, 2008

Periodismo (con perdón)

Ya se está muriendo el año y pienso, al borde del siguiente, lo fructífero que ha sido mi inicio en el oficio del periodismo (“el mejor oficio del mundo”, “mejor que trabajar”, y todos esos clichés manoseados). Ya ven, recién licenciado en Astrofísica me cambié de tercio como un traidor y me enrolé, después de duras pruebas y ciertas dificultades, en el selecto y recoleto máster de El País. Han pasado tela de cosas: las interminables elecciones norteamericanas con su final inaudito, el mastodóntico accidente de Barajas, las elecciones españolas, y la ubicua crisis, que, por cierto, me pilló trabajando en prácticas en el diario económico Cinco Días, este verano, y gracias a la cual aprendí muchísimo de economía y también de periodismo. Pero también todas esas minúsculas historias del periodismo local, que es el que hemos practicado durante todo el año para hacer callo.

El máster es una gran idea (publireportaje), se trabaja como en una redacción de verdad, hicimos periódicos, programas de radio, revistas, todo en tiempo real y con las mayores exigencias (fin del publireportaje). Alejados de toda teoría, de Macluhan y compañía, de la Facultad, praxis pura que me llevó a ir de los palacios hasta el fango. He comido en fastuosos banquetes con empresarios, me he adormecido con el profesoral y cálido verbo de Solbes en el congreso, he entrevistado a todo tipo de personajes (esta misma mañana al director de Le Monde.fr). Sindicalistas, políticos, intelectuales, envueltos en mucho mucho cocktail, mucha mucha gala, muchos hoteles cinco estrellas, lujo a raudales. Pero también bajé a las chabolas de la Cañada Real, donde me dejé las Adidas perdidas de barro y jeringuillas, conocí a los inmigrantes perseguidos, los albergues de los sin techo donde se le ofrece calefacción y zumo de piña, las protestas vecinales, las riadas, y la horrible privatización de la sanidad madrileña. Los muertos. Así, después de tanta rueda de prensa, de ser enviado especial, de tanto patear, hablar con gente y recibir bufonazos, llego a la conclusión de que no hay tanta diferencia entre unos y otros, de que todos son de carne y de hueso, de que los que salen por la tv existen, se pueden tocar y que los que no salen tanto también existen, y es preciso recordarlo, y también acercarse y tocarlos.

lunes, noviembre 24, 2008

Ellos

Como la primera vez que sonó el timbre yo estaba dormido no supe distinguir si el timbre había sonado en el Sueño o en la Realidad (que también es sueño, etcétera), así que me di la vuelta sobre mí mismo, me tapé bien con la manta y traté de seguir durmiendo. Pero pronto sonó otra vez, y no sólo eso, sino que también sonaron unos fuertes golpes en la puerta que me despertaron definitivamente y excluyeron la posibilidad de que el timbre fuese una creación onírica. Me levanté asustado y me puse unos pantalones de chándal que estaban tirados junto a la cama. Todo estaba oscuro así que caminé con cuidado de no tropezar con las cosas que solía dejar por el suelo, tratando de alcanzar la manilla de la puerta. Cuando, después de palpar la pared y la puerta, alcancé la manilla, salí al pasillo caminando muy despacio, primero un pie y luego el otro, de puntillas, no quería que los crujidos del viejo parquet me delataran. Avancé así, tentando las paredes, guiándome por la cómoda del pasillo, por el espejo donde no se adivinaba ni mi silueta y luego por el marco del póster de aquella peli de Jim Jarmusch, hasta que llegué a la esquina. Ahí ya se veía la leve claridad anaranjada que salía del salón. No sabía qué hora era, así que me asomé con cuidado a la sala, comprobé que por el balcón se veían las farolas anaranjadas de la calle, esa luz tan Blade Runner que ya tienen las ciudades. No amanecía, así que debía ser la mitad de la madrugada, las cuatro o las cinco, pues me había acostado tarde y todo estaba inmerso en un silencio casi sólido que sólo rompía mi respiración algo agitada. En ese momento volvieron a tocar el timbre y volvieron a golpear la puerta con fuerza, sonaba como una hecatombe. Me dio un respingo, suspiré, se me puso la piel de gallina. Casi paralizado continué hasta el hall. Allí el parquet era aún más viejo, crujía más, así que me desplacé casi a cuatro patas, como una alimaña, intentando no tropezar con el tendedero de la ropa, que, de haberse caído, hubiera montando un follón que les hubiera indicado a ellos –si es que eran ellos los que llamaban- que yo estaba allí, a pocos metros, al otro lado de la puerta de entrada, tirado por el suelo. Por debajo de la puerta no se veía la raya de luz amarilla del descansillo, así que supuse que, si los que llamaban eran ellos, si eran ellos los que estaban allí, debían de estar a oscuras. Casi arrastrándome alcancé la puerta y le pegué la oreja, conteniendo la respiración, temblando. Se oyeron los susurros.
- Llama otra vez ¿no?
- Espera, déjame escuchar.
En efecto, eran ellos, reconocí sus voces mascullando, al fin venían a por mí. Pude oír cómo tocaban la puerta, cómo uno de ellos se movía impaciente, su fuerte respiración.
- ¿Qué coño hacemos aquí? ¿A qué coño hemos venido? Llama otra vez. Llama otra vez.
- ............
- Llama otra vez, coño.
- Que te calles, joder.
Después de los susurros volvió el silencio. No sabía que estaba pasando al otro lado, no sabía que estaban haciendo ahí fuera, a tan sólo unos centímetros. Me tapaba la mano con la boca, acurrucado en el suelo contra la puerta.
- Vamos a tirar la puerta abajo de una puta vez, cojones.
Pasaron unos segundos eternos, sentía el latido de mi corazón, el sudor frío.
- No. Volveremos otro día. Volveremos y le cogeremos.
Oí entonces sus pasos dándose la vuelta y bajando la escalera lentamente, a oscuras.Fui entonces, ya erguido, pero aún con cuidado, al salón, sin encender las luces, no quería dar ninguna noticia de que estaba en la casa. Me acerqué al balcón, abrí la puerta sin hacer ruido y entró el frío polar que habían anunciado en los informativos y que finalmente había entrado a la península por la zona noreste. Desde el balcón les vería alejarse si, al salir del portal, giraban hacia la izquierda y se alejaban hacia el sur. Esperé agazapado, muerto de frío, tratando de abrigarme con mis propios brazos, pero no aparecieron. Habrán girado hacia el norte, pensé. Volví adentro, cerré la puerta del balcón y me dirigí a mi cuarto. Me encerré aliviado en la habitación y otra vez, en la más absoluta oscuridad, me metí en la cama. Coloqué bien la manta, me acurruqué, me tapé hasta la nariz, como poniéndome a salvo, pero cuando me giré para encarar la pared, para estar más cómodo, entonces, de pronto, como el peor augurio, pude sentir allí aquella respiración, aquel calor, aquel mínimo movimiento, la presencia que me acompañaba dentro de la cama, bajo la manta, a pocos centímetros, aquel cuerpo horrendo y cercano que tal vez me estaba mirando, a punto de tocarme, y que yo ni siquiera podía ver.

viernes, noviembre 14, 2008

Aquel maravilloso y horrible año

Recuerdo mi reflejo en uno de los grandes espejos de la discoteca Whillpoorwill, Oviedo, un lugar bonito al fin y al cabo, luz baja y rojiza, madera, sofás de cuero y parquet, muy elegante. Fuera lucía el sol –aunque solía estar nublado en aquel barrio pijo de Asturias-, salíamos de casa a eso de las cuatro de la tarde para volver antes de la diez, mamá esperaba, aunque allí dentro, en Whillpoorwill, podría ser cualquier hora, no había tiempo. Yo tenía 15 años, camiseta blanca de Green Day y otra negra debajo de mangas largas que asomaban, todo muy mid-90’s. Siempre me quedaba inmóvil ante el espejo, fascinado por mi imagen fumando mis primeros cigarrillos Lucky Strike. Alrededor las parejas se enrollaban tirados por los sofás, cuerpos jóvenes –aún no sabía cuán jóvenes, haciendo puzzles con vaqueros-, ellas a horcajadas sobre ellos, cabalgándoles, o ellos empotrándolas contra las columnas, rozándose, metiéndoles la lengua hasta la garganta, soportando gigantescas erecciones adolescentes. Recuerdo a Marga liándose con dos chavales a la vez allí delante, sonaba el Give it up, o Ecuador, Alvaro andaba por ahí, el suelo retumbaba y yo me acercaba a la barra, me hacía sitio a codazos entre la chavalería, y pedía, con la voz más grave que encontraba en mi tórax, un licor de manzana con manzana -qué inocente-, poniendo cara de estar de vuelta de todo, de ser un hombre, aunque en realidad todavía no podía con la ginebra, el whisky, el ron u otros destilados u otras drogas de todo tipo que después, salvíficamente, vendrían a redimirme. Pero la mayor hipnosis, como digo, me la producía mi imagen fumando en el espejo, mi mano acercando el cigarro a los labios, luego los labios dejando escapar suavemente el humo haciendo remolinos o empujándolo con fuerza hasta el techo como un dragón, mientras yo fruncía el ceño, levantaba una ceja y apretaba los ojos. Aquel era yo, haciendo aquella cosa prohibida que hacían los mayores. Algo había cambiado aquel año, se había oído un clic que anunciaba un cambio, me esperaban grandes emociones, seguro. Y tenía unas ganas tremendas de follar.

viernes, noviembre 07, 2008

Doble o nada!

Ha vuelto ha ocurrir. Los que sigan este, su humilde blog, recordarán cómo hace un año, viviendo el Autor en otra casa, un bakala fascinante y patético, divertido y malvado, abandonó nuestro adorable piso en mitad de la noche, con nocturnidad y alevosía, dejándonos con el culo al aire para pagar el último mes que un servidor viviría allí. Pinchen, pinchen.

Pues bien, ha vuelto a pasar. Después de aquel incidente y tras un breve paso de un mes por la casa del amigo y vecino Guillermo, me mudé a mi casa actual, de la que hablaré otro día, que ya hace un año de eso, con mi amigo Emilio. Esté verano fue duro inmobiliariamente hablando. Por aquí pasaron dos argelinas –a las que apodé las musulwomans-, un malagueño algo atontao –al que apodé Felipón- y una estadounidense algo casquivana pero de mentira –a la que apodé la seriousa. También se vino a vivir el amigo Isaac, con el que ya había yo compartido el piso de Delicias. Pero en fin, todo esto es solo para que ustedes sean conscientes del trasiego de compis –o zombies- de piso que ha habido por aquí últimamente.

Hace un mes o así llegaron Amid, otro argelino –pero francés, como Zidane-, y Leticia, una viguesa trotamundos moderna y deslenguada. Amid estaba solo de paso porque pronto quería irse a vivir con su novio, camarero del Siroco, a la sazón. Letiticia, en cambio, estaba alucinada con su cuarto, amplio, luminoso, muy zen. Lo cierto es que con Amid no coincidí mucho, solo un par de veces, teníamos horarios diferentes, parecía muy amable. Su curro en la ingeniería no era compatible con mi muy variable horario periodístico y los findes se iba a Pozuelo con su pareja. Leticia, en cambio, parecía querer integrarse. Aunque también faltaba bastante. Decía venir a Madrid para cambiar de aires, su discurso era joven, dinámico, actual, había vivido en muchos sitios y ahora quería probar la capital. Qué cosmopolita, pensamos. Al final descubrimos que la razón de su cambio era un novio enjuto y amable que trajo unas cuantas noches. Tan implicada estaba con este piso que impuso un turno de limpieza que nos hacía buena falta y que, en principio, cumplimos estrictamente.

Entonces ocurrió. Después de uno de nuestros findes locos, entramos en la habitación de Amid, alarmados por su falta durante tantos días: sólo quedaban las sábanas. Ni ropa, ni libros, ni neceser. Sólo unas sábanas que debían de ser prestadas. Se había ido sin avisar –como el bakala antes citado- y dejándonos sin cubrir el presente mes. Qué mierda, pensamos, qué cobarde. Por qué la gente que quiere irse no avisa. Por qué se fugan en mitad de la noche, como si fueran presidiarios. Leticia también dijo lo mismo. Era una vergüenza.

Esta mañana, yendo a una rueda de prensa, recibí un mensaje de mi compi Emilio: Leticia, la muy zorra, también se ha largado, vaya desmierde. Lo del desmierde me hizo gracia, porque desconozco el vocablo. Pero luego pensé en la ruindad de alguien que un día critica la fuga del argelino, y una semana después saca a escondidas sus mil maletas y cajas, seguro que en connivencia con el inocente novio, y se escapa de la casa sin decir adiós y dejándonos otra vez en bragas para pagar el mes.

Algo habrá que hagamos mal, digo yo. Pero qué coño, los que lo hacen mal son ellos. Ya ven, doble y nada.

sábado, noviembre 01, 2008

La Reina también piensa

Lo que hemos venido a saber esta semana es lo que ya sospechábamos: que la Reina es una maruja. Las opiniones que ha revelado (incomprensión total de la homosexualidad, antiabortismo, rechazo de la eutanasia, etc...) son propias de una señorona de provincias de misa de ocho los domingos y después confitería. Había quién pensaba que Sofía, tan griega ella, tan dulce, tan callada, tan vegetariana, podía esconder un lúcido pensamiento analítico; se podía haber llegado a creer que debajo de aquel elegante silencio, aquella delicada entereza a la hora de consolar a las víctimas de las más variadas catástrofes, se escondía una especie de fina intelectual afrancesada, qué se yo. Pero la realidad es siempre más cruel, y al final se ha comprobado lo peor: que la Reina podría encajar bien en ese estereotipo de mujer que hojea el Hola en una peluquería de extrarradio, debajo del secador, o que conversa a gritos con la vecina por la ventana, mientras tiende la ropa. Pero además no son sólo sus posturas, sino la forma ingenua y pueril que tiene de argumentarlas, lo que más le acerca a los modelos que he citado. Por lo demás, llama la atención que critique la aficción de su marido (la caza) y que, siendo la mismísima Reina de España, sea antitaurina, cosa que celebro. Seguro que algunos catetos de los que se ven por las plazas de toros preferirían la República a tal cosa.

El que esta señora diga lo que piensa a mí me parece anecdótico, lo triste es el revuelo que esto ha causado y cómo la clase política se caga por la pata pabajo cada vez que hay que hablar de la sacrosanta monarquía. La vergüenza es cómo el PSOE ha cerrado filas hipócritamente en torno a su figura. Y lo más patético es como el sonriente portavoz del PP (pensaron que con una mera sonrisa profidén ya estaba dado el paso al centro), criticase una mañana la poca neutralidad de la monarca y dos horas después, probablemente tras haber recibido una buena regañina de los de más arriba, se desdijese de forma sonrojarte para defender la línea del partido. Y lo mejor la portada del diario Público con un collage similar al que los Sex Pistols hicieron con la reina de Inglaterra para el God Save the Queen con la leyenda “¿Por qué no se calla?”. ¡Excelsior!

martes, octubre 28, 2008

¿Y qué opina usted del viento?

El viento está muy bien. El siroco, los alisios, el gregal. Lo mejor de todo es que los vientos reciben el nombre de donde vienen, no de donde van. Cómo aquellos pájaros de Borges que volaban hacia atrás (de culo): les interesaba más su procedencia que su destino. Y que no existen, claro. Me interesan, por lo demás, sobre todo los vientos que vuelven majaras a la gente, en ciertas costas, como el Levante en Cádiz –mi segundo hogar- o la Tramontana en Cataluña. Tal vez por culpa del primero mi familia paterna está formada por contrabandistas, suicidas, alcohólicos, esquizofrénicos, navajeros, abuelas ciegas, y gente peligrosa y excéntrica, muertos en general. También me gusta el mar, el bosque y la Vía Láctea en noches muy negras. Los pajarillos. Pero todo eso es mentira, ya ven, un mito, una fantasía. Yo siempre he vivido esperando a que el semáforo se ponga en verde, cruzando la calle con cuidado, esquivando autobuses urbanos, bajando al metro, yendo a garitos chungos y al super, buscando las mejores ofertas o metido en habitaciones oscuras y llenas de humo, con gente y cosas raras. Haciendo los lunes un Crtl + Z. Sin que sirva para nada, claro está. Vivo entre hileras de edificios y avenidas, en el centro de una gran ciudad, extrema y mareante, deliciosa. ¿Por qué luego hablamos el viento? ¿Por qué la metáfora son, luego, las olas del mar?

martes, octubre 07, 2008

Vértigo o contemplación de algo que termina

Tengo vértigo me dijo cuando subimos a la última planta del centro de salud mental o sea del manicomio la acerqué al borde y ella se encendió un cigarro muy nerviosa le temblaba la mano casi no podía acertar con la llama en el extremo del tabaco hace tiempo que no nos vemos ¿sabes? yo antes te quería pero eso era antes hace mucho tiempo me dijo ahora no es que tenga miedo a las alturas no es eso cojones es que el vacío me llama dijo es que cada vez que veo todo ese espacio me dan ganas de tirarme estoy muy mal ¿sabes? me dijo estoy muy loca cada vez que subo aquí fantaseo con estamparme contra el puto asfalto y fantaseo con cuál será la imagen de mi bonito cuerpo abierto y roto mis vísceras rojas esparcidas contra el suelo como una puta muñeca rota ¿sabes? me dijo y yo pensé que en verdad era bonito su cuerpo y que en verdad era una muñeca y yo también fumaba y el humo no temía de mezclarse con el aire frío del crepúsculo haciendo remolinos ella se tapaba la cara con las manos estoy fatal dijo estoy muy mal y empezaba a incomodarme y abajo estaba el aparcamiento los coches de colores ford fiesta negro peugeot 205 blanco y sucio un audi metalizado ¿sabes? dijo mi padre hacía cosas malas tú también me hiciste daño pero menos o el mismo pero diferente ¿sabes? yo siempre leo todos esos libros de Freud dijo cuando me dejan porque a veces no me dejan hacer nada de lo que quiero aquí es todo muy blanco dijo y ¿sabes? y ella seguía diciendo y yo empezaba a marearme y se ponía el sol tiñendo el cielo de morado y naranja infierno y ella no paraba de cogerme del brazo con fuerza casi me hacía daño me clavaba los dedos las uñas era una puta loca pensé ¿sabes? yo ya no sabía quién decía cada cosa si era ella o era yo y veía la punta de mi zapatilla en el borde del precipicio siete plantas de psiquiátrico un edificio nuevo de metal y hormigón pagado por la Comunidad me sentía tan libre y tan liviano el aire fresco mordiendo mi cuello solo faltaba un paso pensé ¿sabes? estaría bien tirarse destruirse contra el suelo ver lo que luego dirían los demás saber qué sacarían los periódicos de pronto parecía tan atractivo el mundo tiraba de mi y la eternidad sólo estaba un paso más allá de las puntas de mis adidas ¿sabes? necesito mis pastillas dijo necesito bajar y tomar mis putas pastillas enredando su pelo entre los dedos como una niña pequeña como una loca me vuelvo dijo ¿sabes? y yo dije a tomar por culo y me balancee suavemente hacia atrás y hacia delante y me tiré más bien me deje caer me dejé atrapar por la atracción del planeta mi cuerpo ingrávido y celeste incapaz de controlar los movimientos de las extremidades como un pelele absurdo en el aire cayendo a 9,81 metros por segundos cada segundo la aceleración de la gravedad el cuerpo hacia la Tierra hasta estamparse contra el suelo perder la respiración verla alejarse ahí arriba asomada la melena colgando mi corazón detenido y no ver mi vida cruzando delante de mis ojos ni a Dios todo era mentira y de repente y así como si nada chof y todo negro.

lunes, septiembre 29, 2008

El patetismo

¿Os acordáis del verano?

Ahora todo eso ya pasó, ahora cerramos las ventanas, arrastramos las hojas secas en nuestros paseos por los bulevares, nos ponemos así, y archivamos un verano más en la caja de zapatos llena de arena y de sal. Pero recordad la playa un momento, por favor, y a los bañistas, lo orgullosos que parecían cuando se erguían de la toalla y se sacudían el bañador, e iniciaban la carrera atlética, evitando el calor; recordad la gota de sudor arrancada por el viento de sus sienes, su pelo revuelto y aquel gesto decidido: eran héroes.

Parecía que se iban a comer el mar entero, que no había agua suficiente, que iban a embestir al océano, a nadar hasta el final, hasta llegar al borde del mundo donde una cascada gigantesca derrama el mar en el cosmos. Parecía incluso que iban a llegar mucho más allá, que iban a seguir nadando a través del universo, jadeantes y enérgicos, cruzando galaxias enteras, sobrepasando los cuásares más lejanos, sorteando agujeros negros, hasta al final llegar a los confines, donde se encuentra la nada, blanca y silenciosa, e incluso a entrar en ella, a desintegrarse en una explosión cósmica, a vibrar, por fin, en la frecuencia de Dios, eternamente.

Pero luego llega la decepción: esa frenada en la orilla, mojar primero un pie y comprobar que está muy fría, saltar tímidamente al ritmo de las olas, temiendo sumergir los genitales, mojándose la nuca y la tripa, ya excesiva, para no cortar la digestión. Y después de adentrarse lentamente durante unos diez minutos, sentir el miedo, reunir al fin el coraje para zambullirse y tiritar y sentirse congelados, pero aún así darse la vuelta y sonreír a la suegra que saca la tortilla del tupper y desenvuelve los filetes empanados del papel albal, al cuñado tratando inútilmente de clavar la sombrilla contra el viento, a ese par de mocosos desnudos rebozados en arena y esa mujer que de pronto no es la mujer que una vez amaron y a la que ya apenas pueden soportar; entonces gritar en voz aguda, mintiendo contra el mundo, venid, venid, familia, venid que está muy buena.

domingo, septiembre 21, 2008

Pescadilla

Yo era un hombre normal con una vida normal y un trabajo normal, más normal aún que contable o conductor de autobús. Tenía una mujer completamente estándar ni joven ni vieja, ni guapa ni fea, a veces simpática y a veces odiosa, dependiendo del día. Vivíamos juntos, con nuestros dos hijos, una niña y un niño -con notas en torno 6,5, excepto en matemáticas-, en un piso de Chamberí (no en un chalet con perro, no con piscina y vecinos amables, no éramos felices, éramos tan solo normales). Todos los días eran iguales y las semanas se sucedían sin novedad o mutación, los domingos leía El País y el suplemento, María hacía paella, lo niños jugaban a la Play. Las malas rachas pasaban pronto y las buenas brillaban tan fugazmente que apenas llegábamos a verlas.

De pronto me desperté de aquella pesadilla, azorado y sudoroso entre las sábanas revueltas. A mí alrededor el mundo estaba borroso y la identidad de las personas que estaban en aquel cuarto, que ya no era un cuarto sino una pradera, cambiaba constantemente. Y hasta mi cuerpo cambiaba sobre mi cama, que ya no era una cama sino un barco que subía en busca de las fuentes del Nilo, donde me esperaba mi madre, que en realidad era la tuya o Lucía Lapiedra y así hasta el infinito. Qué bueno era volver a estar despierto.

viernes, septiembre 12, 2008

Saritísima

Si ustedes leen los papeles, y espero que así sea, o al menos ven los informativos de la tele, y eso seguro que sí, a la hora del almuerzo, antes de la siesta, se habrán enterado del furor que está causando la señora Sarah Palin, candidata a la vicepresidencia por el partido republicano, en nuestros odioqueridos Estados Unidos. 

Resulta que esta mujer viene de un sitio aún más incomprensible para el europeo medio que los USA de toda la vida, la lejana y gélida Alaska, así que, como contaba un analista de la campaña yankee de RNE, si es que escuchan la radio, la Palin sabe asistir un parto, cazar renos con un rifle, cortar leña y desguazar un venado con sus propias manos para alimentar a sus hijos. Alaska es un estado duro, una frontera de la civilización y allí esas cosas están a la orden del día. Al parecer, eso explica su autenticidad a ojos de aquella sociedad extrema y la pleitesía que le rinden, de pronto, tantos estadounidenses de a pie. De sus orígenes norteños viene su rectitud moral, su oposición al aborto y a cualquier tipo de desliz sexual, su lucha contra la homosexualidad, su intento de censura de ciertos libros en las librerías del remoto pueblo que gobernaba, su apuesta por el creacionismo como ¿teoría? mejor que la evolución de Darwin, y también su bizarra, pero tristemente compartida por tantos, opinión de que “la guerra de Irak es una misión directa de Dios”. El personaje se las trae, tanto es así que al otro lado del charco ya han comercializado tres diferentes modelos de muñeca –congresista, sexy y heroína- a imagen y semejanza de la Palin, mientras que su marca de gafas se ha agotado y en las peluquerías de todos los states las mujeres demandan enfervorecidas su mismo corte de pelo. Ella es tu vecina, la americana media con problemas, con su hijo retrasado, su otro hijo soldado en Irak, y su hija preñada a los 17 –qué disgusto- que ni siquiera aborta. Solo la Palin quiere ser vicepresidenta.

Esto me recuerda el ensayito que se publicó hace unos meses por la Complu, No pienses en un elefante. Un libro pequeño y brillante del lingüista progre George Lakoff, en el que explica que la gente no actúa como el homo economicus de toda la vida que solo busca su propio interés y sobre el que se fundamenta la teoría económica y política: hay gente que antes que votar en busca de su interés, vota por identificación con sus valores. Esto explica, en opinión de Lakoff, las victorias del partido republicano con los votos de los trabajadores más pobres: a los obreros no les importaba que las políticas de Bush les perjudicasen gravemente, solo se identificaban con el nacionalismo y la religiosidad exacerbada que vendían los neocons. Ya ven, la gente no tenía en cuenta las medidas políticas reales, lo que importa es votar a alguien como tú, alguien que piense igual, aunque reduzca tus beneficios social, tu sanidad pública, tu subsidio deedesempleo, sobre todo si eres de los más humildes, por decir algo.

La aparición de la Palin parece haber eclipsado el fulgurante carrerón de Obama y yo pienso: es que queremos la misma historia. Barack tenía su encanto: un negro café-con-leche nacido en Hawai que hablaba como Kennedy y se convirtió en un icono pop. ¿De donde había salido? No sé, pero molaba, ese desconocido enjuto y juvenil de voz grave que hacía poesía en sus discursos hasta poner los pelos como escarpias. Obama era cool, Obama iba a ganar y el mundo iba a cambiar bajo su sonrisa. Pero la sobreexposición mediática, en todas partes y a todas horas le hizo aburrido. Ahora tenemos un nuevo juguete: La fachorra encantadora Sarah Palin, que de joven fue la más guapa de su pueblo marciano, la mamá opusdeista del mundo, la mujer que sale de la nada, del hielo, el bosque, de las entrañas más guarras dela Biblia para imponer la pureza. Alguien que antes no existía y ahora coge al mundo por los cuernos: otra vez el sueño americano.

jueves, septiembre 04, 2008

Alegrías del incendio

Era hermoso, cogerte de la mano y subir contigo al monte. Subir bajo el sol de algún domingo filtrado entre las hojas, jugando entre los árboles. Como cuando niños subíamos solos a recoger castañas, y era el primer resquicio de libertad que nos dejaban. Era hermoso ver que el bosque era nuestro entero, que durante toda una jornada nadie aparecía, como si el mundo estuviese vacío por un rato y sólo los dos lo recorriésemos. Era hermoso volver a pasar, volviendo a otros otoños, ante el lecho de hojas secas y amarillas sobre el que por primera vez nos acostamos, pasados ya los quince años. Siempre volvían a estar allí las hojas, como invitándonos de nuevo. Invitación que, aunque el tiempo iba pasando, nunca rechazamos. Porque era como ganarle al tiempo otro pequeño instante, hacerlo nuestro. Era hermoso constatar que te ibas haciendo una mujer a cada nuevo encuentro, cada año después de un largo estío. Las caderas ya anchas, las tímidas arrugas al borde de los ojos, el rostro cobrando significado con el poso amargo de los días, aunque tu mano, ya curtida, seguía teniendo el mismo tacto, agreste y suave. Subir, tocar la cima, ver el mismo valle verde a nuestros pies, los pueblos creciendo como musgo, y respirar el mismo aire revolviendo nuestro pelo, arreglando nuestros rostros, ya mellados por la edad.

Cuando ya la vida nos iba separando decidimos que aquel monte fuera nuestro para siempre, cerrar el libro, fijar la historia, tomar posesión de la memoria. Y eso fue lo más hermoso. Vernos por última vez, furtivos en la noche, y escabullirnos en silencio hasta la cima. Yo llevaba el bidón de gasolina y tú, borracha, llevabas el mechero. Nos costó esparcir bien el combustible, sin casi ver donde pisábamos, pasando algo de frío. Pero luego llegó el calor, cuando yo le prendí fuego a todo aquello, era un infierno. Y bajamos corriendo y tropezando, algo asustados, escapando de las llamas. E imaginábamos las portadas de la prensa al día siguiente, potentes titulares anunciando un gran incendio forestal. Enormes pérdidas económicas, terrible impacto ambiental, posibles víctimas humanas, todo eso daba igual, no nos importaba. Y desde abajo vimos arder el viejo monte. Cómo se quemaba, cómo las llamas teñían el cielo e iban consumiendo el bosque poco a poco y el humo negro iba velando a los demás lo que había sido nuestra historia. Ya para siempre nuestra, solo nuestra. Y aquello, aquel olor, tu cuerpo tembloroso pegado mi costado sollozando, como digo, aquello fue lo más hermoso.

No volvimos nunca vernos. Quemamos nuestro monte. Nuestro monte había ardido.

lunes, agosto 25, 2008

Los caminos del Señor son inescrutables

Según el Google Analitycs, algunos internautas han accedido a este, vuestro humilde blog, haciendo las siguientes búsquedas en el sacrosanto Google.

técnicas masturbatorias
literatura pornográfica
las cosas más fantásticas del mundo
concurso literario amañado
cómo hacer daño a una mujer
matar polillas
armas de destrucción anal
follarse un cerebro
a mí no me atrae un cuerpo, no es que no me atraiga, claro que me atrae, me encanta, pero no me seduce
anal intruder
belleza pierna muñón
cerveza y gastroenteritis
cómo quitarse el odio dentro de una mismo
concepto: el triunfo
crestas capilares
cuánto mide el pene de Billie Joe
culito de la niña semén
discapacitada follando sin pierna
el tiempo como tal
es bueno dormir con ansiolíticos
flequis
gorila borondongo
hombres que usan sujetador
los dibujos mas bonitos de flores o cositas muy ermosas corasones para colorear (sic)
vomítame arena en la boca
versos punk
técnicas para sentir más placer al pajearse
te voy a poner un supositorio
significado de la palabra asimetría
ancianas con mucho vello púbico
quiero practicar tiro con arco
polletazos
peligros del nitrato de amonio
papiroflexia de libélulas
muerde glandes
montones de guardias civiles muertos
mi trayectoria delictiva
mi tía borracha

Se me ocurre que igual que se puede conocer a alguien husmeando en su basura, también se podría hacer mirando estas busquedas en Google. Y me asusta.
La primera pregunta es: ¿por qué buscan eso?
La segunda es: ¿por qué sale éste blog?

miércoles, agosto 13, 2008

Encuesta

He aquí una consulta popular que sí cabe en la Constitución.

¿Qué es lo que más le gusta de la Puerta del Sol?

1. El mendigo sin brazos que sujeta y agita con la boca un vaso de plástico lleno de calderilla.
2. La mujer que pide tirada boca abajo en el suelo, en toda la longitud de su cuerpo.
3. Las estatuas de barro humanas.
4. Los chaperos del Magreb.
5. Los promotores plastas de Greenpeace, WWF, ACNUR, étc.
6. Los predicadores cristianos ultraconservadores.
7. Las niñas carteristas rumanas.
8. El hombre-anuncio que compra oro.
9. La mujer con los brazos deformes.
10. La vieja decrépita vestida de riguroso negro que pide para Gelocatil.

¡Hagan sus apuestas!

Yo, elijo la vida.

domingo, agosto 03, 2008

Los blogs no son para el verano

En clara sintonía con la situación económica, este blog entró en una desaceleración acelerada hasta llegar a la crisis. Ahora está al borde de la recesión. ¿Los culpables? La crisis financiera internacional originada por la hipotecas subprime estadounidenses, la subida de los precios del petróleo y los alimentos, y el pinchazo de la burbuja inmobiliaria patria. Además, claro está, de la vagancia estival y mi trabajo veraniego en 
un prestigioso diario económico que me deja poco tiempo para fantasear.

Pero hoy voy hablar de estatuas. Durante una época, hace unos años, al ínclito alcalde de Oviedo, Gabino de Lorenzo, le dio por llenar la ciudad de estatuas. Gabino es famoso por su excentricidades y por cierta megalomanía, aún así, este pepero que algunos han calificado como “el Gil del norte”, lleva varias legislaturas siendo el alcalde más votado de España. Así que la heroica ciudad se lleno de esos nuevos habitantes metálicos: hubo una Gorda de Botero, un torso de un torero cuya razón nadie entendió en una ciudad tan despreocupada por el toreo, la cabecera de una manifestación que el Ayuntamiento prefirió titular La Concordia, una especie de joven de la Ilustración plantada enfrente del Teatro Campoamor, y así hasta el infinito. Los visitantes se mostraban sorprendidos del derroche estatuario de nuestro querido Oviedín.

Si Gallardón fuera Gabino estaría feliz, porque en Madrid últimamente proliferan las estatuas casi tanto como las putas. Me refiero, esta vez, a las estatuas humanas que copan las calles del centro. Está esa tan graciosa de un hombre que camina contra el viento que le revuelve el pelo y le rompe el paraguas, que después de tantos años comienza a aburrir, y tambien el vaquero y el soldado que hacen movimiento robóticos y ruiditos cachondos. Luego están esas tipas que deben ser actrices en paro y que se disfrazan de estatuas románticas, hadas, ángeles, cosas así de profundas y étereas. Está el tipo listo que va de vaquero que duerme la siesta y que, por consiguiente, trabaja cómodamente tumbado. En la Plaza Mayor se encuentran algunos que dan mal rollo. Una especie de verdugo todo de negro que yo creo que en vez de una persona esconde dentro un andamiaje que los sostiene, y que el artista solo viene a última hora a recogir las colaboraciones ciudadanas. Y luego hay esos que están como cubiertos de barro que también dan un poco de mal cuerpo. Y el viejo superintruso profesional, en una de las bocacalles que da a Sol, que hace de banderillero a punto de clavar las banderillas y al que más bien apetece darle una palmada en la espalda y un euro para que se vaya a tomar un chato de vino a la oscura taberna de la que nunca debió salir.

Cuando aparecen en los medios estas estatuas humanas dicen que son artistas. Que eso es un arte. Bueno, vale, venga, ahora todo es arte y, como dije un par de post atrás, los pedos son poesía. Lo que si está bien es como curro veraniego, es lo que me gustaría hacer a mí, y lo bordaría. Estar bien quietecito y cuanto menos hagas, mejor.

viernes, julio 04, 2008

Tu sí que eres sucia,
tu cuerpo huele a cuerpo
y a caverna,
y tu sucio aliento
-quimérico y caliente-
susurra cosas sucias
en mi oreja.

Eres sucia
porque tienes sucio
el centro del cerebro,
porque sucio está tu pecho,
tu vientre,
lo que piensas,
lo que sueñas,
lo que escarbas
en la tierra.

Animal de noche y brea
a cuatro patas,
mirando hacia detrás
cuando te embisto
me ensucias de sudor,
veneno
y alquitrán.

--------------
lean este estupendo reportaje de Sergio Cuadro en el diario económico Cinco Días.

miércoles, junio 25, 2008

Autoentrevista

Empecemos por el principio ¿Cuándo fue la primera vez que usted se recortó el vello púbico?

Me alegro de que me haga esa pregunta, aunque la verdad es que no sabría decir una fecha exacta. Tendría yo 16 o 17 años. Era una grisácea tarde asturiana y yo había visto un programa de estética masculina que me había animado a coger las tijeritas plateadas que guardaba mi madre en el cajón del baño y a comenzar a recortarme aquella mata oscura que tenía en el pubis. Me sorprendió cómo se multiplicaba el vello sobre el suelo de la bañera, estaba todo cubierto, parecía haber más del que originalmente brotaba sobre mi cuerpo. Cuando acabé la tarea tenía, en efecto, mejor aspecto y mi miembro parecía incluso más grande. Fue entonces cuando decidí limpiar todo aquello con el agua de la ducha. Algunos agujeritos de salida de la alcachofa estaban taponados con cal, por lo que el agua salía por los que estaban libres a mayor presión (según una sencilla consecuencia de las leyes de la mecánica de fluidos). Esa presión creó unas corrientes de aire que formaron vórtices y turbulencias dentro de las paredes curvas de la bañera. Pude ver, horrorizado, como todo aquel vello recién cortado se levantaba hacia mí, flotando en espiral, y me cubría entero. Pensé que aquello era un momento del todo trágico, en el sentido clásico de tragedia, esas obras en las que el héroe se enfrenta a su Destino para acabar invariablemente aplastado por él. Algo del todo poético…

Ya que lo menciona hablemos de poesía, con perdón...

Ay, la poesía, qué será eso… Se trata de una de esas palabras como arte o amor que se refieren a un montón de cosas diferentes. Pero somos tan vagos y tan imprecisos que nos conformamos con tener estas palabras comodín, cajones de sastre que sirven para todo. He visto tantas cosas por ahí cuyos autores reclamaban como poesía… A veces un tipo se tira un pedo y dice que es poesía. Así de simple. Y luego hay tantas otras cosas que ocurren espontáneamente en el mundo y que son tan poéticas, aún sin saber qué significa esto... Y los libros de poesía, que son artefactos que nunca he logrado comprender –y mira que los he estudiado y observado minuciosamente. ¿Cómo se leen? ¿Del tirón? ¿A poemas sueltos? ¿Sentado en el váter? ¿Se acaban alguna vez de leer o se pueden leer para siempre? ¿Cuánto tiempo tarda en hacer efecto un poema? Todo son preguntas. Tal vez eso sea la poesía, esa pregunta.

Hablando de hacer efecto, a usted muchas veces le han puesto el sambenito de ebrio ilustre, ¿es cierto lo que cuentan?

Bueno, ya sabe usted como funciona esto (risas), cría fama y échate a dormir. Además con la edad uno va dejando un poco esas alegrías. De todas formas, a la ebriedad hay que reivindicarla en todas sus formas y como un derecho, como en ese libro que ha salido ahora, y defenderla contra las continuas sospechas de inmoralidad que levanta. Qué hubiera sido del hombre sin ese descanso y esa inspiración que dan las cosas psicoactivas, el mundo sería sin duda un lugar más gris. Por otro lado la resaca es una gran enseñanza para la vida, eso es innegable, quien ha pasado por muchas lo sabe. Se convertirá en una persona mucho más curtida y razonable. Y cuánta gente así hace falta hoy en día ¿verdad?, en medio de tanta barbarie.

¿A qué barbarie se refiere?

Pues a todo tipo de barbarie, casi me refiero a la Barbarie con mayúsculas, a la Idea platónica de la Barbarie. Pero para concretar y para no volver a hablar de las guerras, el hambre, la directiva de retorno de inmigrantes, las hipotecas subprime o el nacionalismo, mencionaré dos cosas que me preocupan en éste, nuestro país: Una, la ignominia musical que campa a sus anchas en las teles y radios comerciales, esa música vacua y frívola nacida del laboratorio de las grandes discográficas y especialmente diseñada para triunfar. Y que acaba triunfando porque el público patrio es lerdo y carente de cualquier tipo de inquietud, a diferencia de muchos lugares allende nuestras fronteras, traga con lo que sea, con lo que le echen, con lo que salga en los realitys, como si un científico loco manipulara nuestras conciencias ciudadanas. Y dos, el analfabetismo científico de esta suciedad, que todavía piensa que la Ciencia es una cosa abstrusa y separada del resto de la cultura, sin darse cuenta de la influencia que tiene y ha tenido en todo tipo de asuntos políticos, históricos, culturales, étc. Porque todo está interrelacionado, como usted bien sabe, incluso la ciencia con el resto del mundo. Analfabetismo, además, que nos mantiene en un nivel de pensamiento precientífico y supersticioso –más propio del s. XVI- y que nos hace víctimas crédulas de esoterismos chuscos, de bífidus activos y de omega treses. Un escándalo, oiga.

Se queja usted como una vieja.

Ya ve, al final uno acaba pareciéndose a su mayor enemigo. Es todo tan triste. Y ahora, le dejo, me voy primero a misa y luego a merendar a una confitería.

sábado, junio 21, 2008

Otra vez



Vuelvo a Oviedo y pienso que la literatura es siempre lo último. Por eso cuando el autobusero pone un estúpido film a la altura de Zamora, todo el pasaje cierra al tiempo sus best seller y se engancha a la pantalla. Leemos cuando viajamos en metro y no tenemos compañía, leemos cuando en el chiringuito de la piscina no ponen el Tour de Francia, leemos mientras esperamos nuestro turno en el centro de salud, cagados de miedo. Cuando no hay tele, cine, cerveza, sexo, crucigramas, trabajo, porno, prensa rosa, ipod, sueño, alma, vida, amor, entonces leemos. Cuando se acaba el día y no podemos dormir, leemos porque leer nos da sueño. La literatura siempre al final. Por qué no iba a ser de otra manera.

Pero yo no soy de esos, así que aprovecharé algo de mi prime time en Oviedo leyendo. Por lo demás aquí las cosas siguen como siempre, excepto alguna boutique que ha cerrado y algún bar que ha abierto. Me siento conmovido y emocionado como siempre que uno vuelve a su ciudad natal, y me siento también sorprendido de que nunca desaparezca este sentimiento, de que no se pueda volver aquí con rutina y normalidad, sin tener que hacer un repaso de la vida hasta este punto, como si unos días en esta ciudad y en esta casa tuvieran que ser necesariamente un momento de paro y reflexión.

Vetusta sigue como siempre la han descrito. La gente se encuentra a conocidos cada dos pasos –así es difícil caminar y esto alarga los trayectos como si la ciudad fuera más grande-, la gente busca a la gente con la mirada dentro de los bares, la gente se sonríe y luego masculla y se critica por la espalda. De mi generación ya no queda casi nadie, a veces, ya lo dije alguna vez, esto parece el escenario donde transcurrieron aquellos años, pero un escenario vacío. Ésta noche reuniré a algunos de los resistentes que todavía se empeñan en vivir en esta tierra que nos ha escupido a todos y celebraremos una fiesta en cada calle. Bravo.
---------------
En la imagen el Autor se hace el Sueco.
(Ningún bigote ha sido maltratado para la realización de la foto).

viernes, junio 13, 2008

Me voy a morir de tanto amor
pero también de tanto escombro
cuando la ruina es mayor que los recuerdos
y sufre el tiempo de doblarse
sobre la vertebra del tiempo
que no es nada al fin y al cabo
y es lo mismo,

la hélice espiral que se retuerce
tantas noches
cuando vuelvo de la mano
de las cosas que se compran por ahí
-en la Gran Vía
en sus esquinas
a los chinos
o a otra gente
malcarada-
y es todo fácil, muy sencillo,
cuando tienes un billete retorcido
y venden todo lo que es bueno y necesario,
a buen precio, por las calles clandestinas.

Me voy a morir de tanto amor
en noches como estas
cuando estoy solo y amo a la sombra
y se me curvan los huesos
en torno a este silencio
que no es nada y es tan denso.

Me retuerzo entre las sábanas
formo una cueva con mi cuerpo
por ver si dentro crece algo
pero solo vuelve lo que está muerto.

---------------------------
Txe Peligro en Las Afinidades Electivas esta semana. Pinchen y Comenten. Pasen y Lean.

sábado, junio 07, 2008

Yo, mi yo poético
haciendo abalorios la luz
del dia que ya llegó

y tú, fulminada
saltando del humo al espejo
dándole vueltas a un No

tú, mi tú poético
asomada a una ventana
con buenas vistas al mal

Yo, me corto y me rajo
me tapo bien con la sábana
y trato de aterrizar

-----------------------------
Esta semana Txe Peligro en Las Afinidades Electivas

lunes, mayo 26, 2008

Tu niña

Ahora tu niña esta cogiendo los 50 euros que hay sobre la mesita de noche. Los guarda en la cartera y enciende la luz de la lámpara después de apagar la del techo. La luz amarillenta atraviesa el cuarto y el viejo, sentado en la cama matrimonial, se quita la camisa, botón por botón, con ciertas dificultades. Está borracho y casi no puede hacerlo solo. Cuando eligió a tu niña entre las demás compañeras ya estaba visiblemente borracho. Fue un error, piensa tu niña, ofrecerle otra copa al llegar al piso. Pero eso promete el anuncio.

Ahora tu niña retira el prepucio del viejo. No está sucio del todo, aún así tu niña le obliga a sentarse en el bidet. Él se tambalea. ¿Dónde estuviste cariño? No sé, por ahí, en algún bar. Dice, no me toques tanto la polla, eso es un truco de putas. Y tiene razón, si le haces media paja mientras se la limpias se correrá antes. Aunque está tan borracho que no se correrá, piensa tu niña, mientras rodea con su mano enjabonada el miembro del viejo.

Al menos tu niña no está en la calle, apoyada en un arbolito, casi desnuda. Hay mucho peligros en las noches, en las calles. Aquí sus clientes usan americana. Y pantalones de pinzas, que tu niña les quita cuidadosamente antes de introducirse su pene en la boca. Cuando el viejo se tumba en la cama –más que tumbarse se arroja como un peso muerto- tu niña se la sigue mamando. No es suficiente, porque es viernes y Amador –que así dice que se llama, qué ironía-, viene puesto de coca. Entonces tu niña le dice lindezas, guarradas susurradas al oído, deseando que llene su boca cuanto antes, deseando acabar pronto.

Como el viejo se da cuenta de la situación, de su incapacidad para el sexo, trata de conversar con tu niña, como en las películas. Se sienten mejor cuando las tratan como a personas, se sienten mejor pensando que son Richard Gere. Tu niña lo ha visto muchas veces. Pero tu niña ya ha cobrado mucho conversar, y sabe que, al final, se la acabaran metiendo en cualquier lado. Con un extra en la tarifa, eso sí, que no sale en el anuncio del periódico.

Cuando el viejo se recompone –solo necesitaba un instante- muerde en el cuello a tu niña, la ensarta con su polla enhiesta. Ella –tu niña- muerde el vello negro de su pecho y, cuando le da la vuelta –ponte así-, muerde la almohada. Se la folla por todas partes, como un héroe épico, tu niña gime y grita, le dice te quiero – y tú la quisiste como solo una vez, a una persona, se quiere en la vida-, pero todo es mentira. Siente el peso del cuerpo de Amador, ejecutivo de un banco nacional, hundiendo su cuerpo en el colchón. Siente su embestidas y el ruido tan feo que hacen dos cuerpos al amarse, sus muslos chocando contra su culo, periódicamente. Al final el viejo, que ha visto mucho porno, obliga a tu niña a ponerse de rodillas sobre la moqueta sucia de semen reseco –la limpian una vez al año. Tu niña pone cara lasciva, le dice córrete en mi boca, en su glande hay restos de lubricante y de heces. Tu niña recibe la mayor parte de la carga en la boca, aunque un poco en el ojo, lo que le impide ver bien durante un rato. Has estado fantástico, vuelve algún día de estos, le dice tu niña al viejo, ya apaciguado, después de darle dos besos en la puerta la habitación que tiene asignada.

Cuando tu niña vuelve te encuentra tumbado en la cama, iluminado por la lámpara de la mesita de noche, tratando de leer un best seller del que no leíste ni una línea. Es tarde, casi amanece, y has pasado la noche insomne, viendo al viejo, que tal vez no exista, su vello pectoral, su semen en los labios que ahora besas, todo dentro de tu cabeza. Vivís en un cuarto sin baño, en una corrala, hace falta dinero. Tu niña sonríe cuando entra –su sonrisa limpia y perfecta - pero sus ojos, sus ojos. Tú tambien le sonríes –pero tus ojos- y preguntas ¿cómo ha ido? Y luego te arrepientes de preguntar algo que no deseas saber. Y tu niña dice bien, como siempre, y se tiende junto a ti y te abraza, y después de un rato, en la oscuridad y el silencio, dice, esto pasará pronto y tú, agarrando su pelo, su nuca, su cuerpo entero, le dices, esto tiene que pasar. Y entonces ella se incorpora y te sonríe como sonríe una madre. Y hay un abismo, pero tu nariz se pierde en su cuello y huele a jabón y a frutas frescas, como siempre que se ha duchado antes de volver y está cansada, y quiere amanecer pero se queda la noche.