miércoles, mayo 21, 2008
¿Quién es ese hombre?
Me enigma ese señor que se sienta abajo, en la portería. Le veo por las mañana cuando salgo y le digo hola y él me dice –alegremente- buenos días. Y yo me siento un poco mal por haber dicho solo hola y no buenos días, porque, de alguna manera, me parece que buenos días es un poco mejor que hola, porque en el hola solo hay un saludo, pero en el buenos días también hay, además del saludo, un buen deseo, para ti y para todo el día. Anyway, como salgo medio dormido, preocupado por colocar mis pelos locos en su correcto lugar delante del espejo grande del portal, nunca me acuerdo de decirle buenos días, y le digo siempre hola. En el camino al metro me remuerde la conciencia.
Debería hacerme su amigo, pienso a veces, pero siempre está muy ocupado. Al alba limpia todos los espacios comunes y al atardecer llena esos ominosos cubos de basura, unos negros, para materia orgánica, y otros, amarillos, para envases. Y cuando no hace eso esta activando ese fantabuloso mecanismo robótico que sube y baja sillas de ruedas por las escaleras, con señores sentados encima. O ocupado atendiendo, siempre con una sonrisa, a las cientos de miles de Señoras que viven en esta Comunidad y que siempre se quejan, como todas las Señoras, por algo. Y que le tratan de usted. Un día me dijeron que quitase mi cenicero del alféizar –bonita palabra, por cierto- de mi ventana por miedo a que se cayese al patio y provocase un inopinado incendio. Por si se incendiaban las baldosas, vamos. Pero no me lo dijeron a mí, sino a mi compi de piso que me lo transmitió amablemente, de tal manera que no tuve ocasión de entablar conversación con el portero. Dicen, aún así, que es un buen tipo y que presta la herramienta.
Richard Feynman, premio Nobel de Física por sus avances en la electrodinámica cuántica –los muy útiles Diagramas de Feynman de los que nunca hablaré aquí, o sí, o tal vez- cuenta en sus cachondas memorias cómo admiraba a los trabajadores de a pie, los mecánicos, los carpinteros, los albañiles, esa gente con trabajos manuales y laboriosos que parecen no contribuir al progreso intelectual de la humanidad pero que permiten que la vida, tal y como la conocemos, tenga lugar. A mí me pasa con mi portero, me da la impresión, ya digo, de que si él faltase, se desataría el caos en el sitio donde vivimos. Habría inundaciones, terremotos y huracanes, referéndums, primarias y periodistas del corazón. Las señoras comenzarían a tirarse por los balcones para quedar artísticamente estampadas contra la acera y los coches chocarían frontalmente en la calzada, frente al portal. Todo el barrio se lanzaría a la huelga salvaje, los tanques a la calle, subiría el nivel del mar. La Tierra se saldría de su órbita y el universo perecería engullido por un agujero negro supermasivo. Menos mal que él siempre está ahí.
Cuando vuelvo, ya tarde, el portero lee la prensa gratuita en su pequeño mostrador, después de un duro día de trabajo. A veces he fantaseado traerle El País de El País, que es de donde vengo, para que no lea siempre la Gaceta de Arganzuela o el diario Latino y para que no sea un portero malinformado o desinformado o mediatizado o lo que sea, que cualquier cosa la puede pasar a un portero cuando lee prensa gratuita -que se han visto casos muy raros. Pero, como siempre, nunca lo hago. Ay de mí.
miércoles, mayo 14, 2008
Un sueño manchego
viernes, mayo 09, 2008
Algunas certezas
Me ocupé durante un tiempo de los números. Inmerso en álgebras extrañas y geometrías curvas aprendí más cómos que por qués. Había muchas leyes y principios, teoremas, postulados, que decían cómo son las cosas cuando son. Cuando miré debajo de ellos, cuando ya más me deslumbraban, encontré amontonados más enigmas.
La palabras, me dije, serían la clave. Retorcí las palabras a mi antojo. Permití que brillaran un instante y luego deje que se apagaran. Las lancé sobre el mundo como redes, pero todo se escapaba. La palabras resultaron esquivas y embusteras. Parecía que servían para mucho y no servían para nada, engañaban a la mente con supuestos problemas filosóficos donde solo había enredos del lenguaje.
Finalmente comprendí que no había nada que buscar para entenderlo todo. Solo mirar con un ojo que está detrás de los dos ojos. Una anciana se derrumba tras chocar con un bordillo. Una hoja que cae en el otoño. Una esquina de las bragas que se esconde entre las nalgas. La silueta de un pájaro que se pierde en el crepúsculo. La sonrisa atontada de un amigo. Esas fueron mis certezas.
lunes, mayo 05, 2008
De viaje
lunes, abril 28, 2008
Consufión
lunes, abril 21, 2008
El Amor
Al sin techo tampoco lo volvimos a ver ninguna noche, nunca más, en ninguna calle de nuestro barrio. Y eso era lo más raro.
martes, abril 15, 2008
cuándo vino el viento a derrumbar la piedra,
el hueso, la molécula, a quebrar lo que se erguía;
qué viento era y quién era entonces el que ahora se dobla,
humillado, en esta cama, en este páramo
con olor a suavizante.
Parecía todo orgullo e insolencia
y un día, de pronto, aparece el descalabro
y no sabemos qué decir o si callarnos resignados.
De quién son estas ruinas de carne y temblor que yacen,
por qué extraño designio dejó de funcionar lo que era sano,
en qué exacto momento, después de cuantas décadas
comienza el declive, la resaca, el hoy no me levanto,
este desorden biológico que cada tarde te doblega
y, saltando el foso, derriba la torre y la membrana de la célula.
Fallan las vísceras pero también falló el aceite hirviendo
y el cerebro, y falta el ánimo para dejar la fortaleza ya sin fuerzas,
ahora que ante noches celebrantes solo hay indiferencia
y no el fervor que tantas veces
nos llevaba a ir sembrado, poco a poco,
este desastre.
jueves, abril 10, 2008
El odio
Recuerda, por ejemplo, las cantidades ingentes de Mahou Clásica que ingería en botella de litro o las Mahou 5 estrellas que prefería tomar en lata de medio o de 33 centilitros, hasta perder el sentido. La ropa sucia arremolinada en las esquinas de la habitación. La desidia que reinaba siempre, el silencio, la ansiedad que se impregnaba como tinta en el ambiente. Todos los días que, sin ninguna excusa, faltaba a su puesto de trabajo.
Después tienes que hacerte con un arma. Se recomienda una 9 milímetros, ligera y fácil de manejar, elegante. Es posible conseguirla por Internet o tal vez en el mercado negro, sin trámites ni permisos ni ningún tipo de molesto papeleo. Una vez conseguida debes practicar, familiarizarte con su manejo, cargar y descargar el cartucho, quitar y poner el seguro, apuntar certeramente. No estaría de más pasar algunas tardes en algún lugar apartado, en el campo, lejos de ojos y oídos inconvenientes, disparando contra latas vacías o melones. Nada puede fallar, hay que evitar que la situación se te vaya de las manos, cualquier imprevisto o torpeza puede avocarte al más absoluto desastre.
Conviene hacer un seguimiento férreo: controlar sus entradas y salidas a su nuevo piso de Atocha, las horas exactas en las que sale o desaparece en la oscuridad de su portal, saber si va a por el periódico al kiosko, o a la panadería, o a la tienda de los chinos a por algo de beber. Sus turnos de trabajo y sus hábitos de ocio. Tratar de conocer, si es que esto es posible, a qué dedica las horas muertas y fatales de los domingos, los bares que frecuenta en el fin de semana y también dónde toma un par de cañas al salir del trabajo con sus compañeros.
Te hizo mucho daño, no lo olvides, debes recordar siempre esto, repetírtelo como un mantra, como una oración o un poema que se reproduzca como un bucle en tu cabeza. Convencerte hasta lo más profundo de que vas a hacerlo, de que has decidido que eso se acabe de esa manera y no de otra, de que no queda otra solución, pues el destino ha querido que así sea y tú eres solo un instrumento del destino que va a obrar la justicia que el mundo espera. Como si fueras el ejecutor de una ley natural inevitable.
Entonces llega el día en que todo esta ya listo. Has dado de comer tanto a tu odio -cada hora, cada minuto, durante tanto tiempo- que ha crecido sucio y monstruoso y sientes que no cabe dentro de tu cuerpo y se irradia alrededor, como un pequeño fuego que se ha extendido en un incendio. Has conseguido un arma, quién sabe de qué manera, no es tan difícil, y te has habituado a su uso como un experto: manejas la pistola con rapidez y eficacia, la conoces como si fuera un apéndice negro y metálico, y consigues poner la bala justo en el lugar en que deseas. Por lo demás, conoces perfectamente la vida de tu víctima, todos sus movimientos, su horarios, sus hábitos y aficiones, te dices, a veces, que incluso podrías leer sus pensamientos, saber qué siente y por qué en cada momento.
Y cuando decides a llevar a cabo tu plan, ahora que ya estás preparado, un anochecer de bochorno y tedio, te encuentras sentado en la cama de tu cuarto, los pies desnudos en el suelo y toda la ropa sucia formando ovillos por las esquinas. La mesa repleta de litronas y latas de cerveza, la conciencia carcomiéndote por dentro, maldiciendo tu inconstancia y tu irresponsabilidad, reprochándote a ti mismo todos los errores que cometes. Y tus manos, tus manos frías y seguras, introduciendo metódicamente - tal y como habías planeado al milímetro tantos y tantos días de fiebre - el cañón del arma en tu garganta, hasta el fondo, el dedo preparado, apoyado sobre el gatillo dispuesto a realizar el mínimo movimiento que termine. Porque esto es una decisión irrevocable del destino y tu eres solamente un ejecutor que va acabar con todo esto. Acabar con la condena de soportarte a ti mismo.
viernes, abril 04, 2008
El problema del subterráneo
lunes, marzo 31, 2008
El problema de la vivienda
miércoles, marzo 26, 2008
El problema de la inducción
(Os pasa como a aquel pavo inductivista del que habló Bertrand Russel: pensaba –si es que los pavos piensan- que le iban a alimentar todos los días hasta la Eternidad, ya que cada día le daban de comer. Hasta que llegó el Día de Acción de Gracias y en vez de cebarle, le cortaron el cuello. Según este argumento el conocimiento solo se puede falsar, nunca verificar.)
Pero creo que esto último ya no lo escucharon, estaban demasiado lejos, demasiado alto. Se perdían allá arriba, ya casi invisibles, como un globo de helio extraviado en la inmensidad del cielo.
viernes, marzo 21, 2008
BCN 1
2. Barcelona es una de esas ciudades con un mar al que, en cierta medida, le da la espalda. Muchas otras, como Bilbao, La Coruña o Gijón, hacen del paseo marítimo, la playa, el centro y eje principal de la ciudad; en cambio, Barcelona, como Lisboa, parece tener un centro urbano ajeno a las olas y a la sal, tal vez porque lo que está en el centro de la urbe no es la playa sino el puerto. Aún así los edificios barceloneses tienen ese aspecto ajado de brisa, como sucio, que solo presentan las ciudades costeras y que les confiere un aspecto decadente y hermoso. En Barcelona la arquitectura y el urbanismo son cosas de lo más importante - tanto que al lado de mi casa había un formidable puente de Calatrava construido únicamente para salvar unas tímidas vías del cercanías-, así que disfruté de largos paseos admirando los amplios espacios del Paseo de Gracia y Plaza Cataluña, el laberinto de piedra del Barrio Gótico, el ambiente portuario de La Barceloneta, La Ramblas, Gaudí y el modernismo, y todas las estructuras tan arquitectónicamente arquitectónicas que encontré por doquier. También de El Raval, claro está, del que me habían hablado como un alter ego barcelonés de mi querido Lavapiés. Me sorprendió, aún así, encontrar pocas coincidencias entre ambos barrios, exceptuando la presencia extranjera (comimos en un hindú cutre y maravilloso): el urbanismo del Raval se aleja mucho de ser el pueblecito que semeja Lavapiés, los locales cool comienzan a poblar su geografía y las calles de la prostitución, varias, sucias, sin apenas luz y con unas trabajadoras bastante siniestras, hacen que las calles Montera o Ballesta de Madrid parezcan Disneylandia. Ahora para limpiar la zona los que mandan han construido dos centros de arte moderno que visité con deleite: el Macba y el CCCB, -si quieren desgranar las siglas, googleenlas-. Es como si dando una inyección de cultura contemporánea fueran a espantar a los demonios del Raval, a purgar la zona de miserias e indeseables. Felizmente no lo consiguen -porque yo entre el arte y la vida, elijo la vida- así que delante de tan vanguardistas centros se puede ver jugar a niños de todos los colores, esperar a las lumis, pasar el rato a los inmigrantes desempleados agarrados a sus litronas o admirar las cabriolas de los skaters que allí matan la tarde entre porro y hostiazo. Como dijo Guy Debord: el arte que no promete la felicidad merece ser destruido.
martes, marzo 11, 2008
Fragmento
- Billie Joe –dice ella- por favor ten cuidado, ten mucho cuidado.
- No te preocupes Ann –dice él-, voy a defender a nuestro país y luego volveré para formar una familia junto a ti.
Él la besa y después ambos se funden en un abrazo. El plano también se funde en negro y aparece, junto con una música entre alegre y populachera, la imagen del joven soldado sentado en lo que parece ser una trinchera, escribiendo en un papel roñoso. Tiene algunas magulladuras en la cara y el uniforme no está tan reluciente como en la escena anterior.
- Ey, Billie Joe, - dice un soldado corpulento y bonachón- deja de escribir de una vez y ven con nosotros a beber un trago.
- No, gracias chicos, -dice Billie Joe- me uniré a vosotros en un rato.
- Ese soldado parece estar muy enamorado –dice otro más delgado en medio de una carcajada-, venga dejémosle con sus cartas de amor y vamos a por esas botellas –el resto también ríe.
Ellos se van a por esas botellas, yo dejo el vaso de ginebra y estiro el brazo para coger el mando a distancia que está sobre la mesa. Cambio de canal. Ahora Chuck Norris y una mujer de melena platino vestida de profesora de aeróbic me explican los beneficios del Abdominazer. Con solo diez minutos de ejercicio al día puedo conseguir un vientre plano y definido como el de los modelos sonrientes que aparecen ahora posando al borde de una piscina soleada.
- Es increíble -dice Chuck Norris.
- Y eso no es todo, Chuck –dice la profesora de gimnasia- lo realmente increíble es que si llaman ahora recibirán como regalo, completamente gratis, un video con los mejores ejercicios para mejorar nuestro abdomen. Y además este par de mancuernas para conseguir unos bíceps tonificados. Apago el televisor y me quedo sentado en la penumbra del salón. Me sirvo otro vaso de ginebra y enciendo un cigarrillo. Tras expulsar el humo de la primera calada, que se dispersa lentamente atravesado por la luz de la lámpara, pienso: lo increíble es que esto haya pasado. Lo realmente increíble es que te hayas ido y yo esté aquí tragando telebasura. Y que el Abdominazer pueda guardarse cómodamente debajo de la cama sin ocupar nada de espacio.
viernes, marzo 07, 2008
Txe y yo (homenaje a Borges y a mi)
No sé cuál de los dos escribe este post.
lunes, marzo 03, 2008
Grace
Después volví a casa caminado por aquellas calles tan extrañas y el centro de la Castellana. Eran las ocho menos cuarto y empezaba a oscurecer.
lunes, febrero 25, 2008
Bonsais
Ayer estuve viendo bonsáis, los bonsáis que Felipe González donó al Jardín Botánico, bajo una lluvia que no era lluvia sino la mansa suspensión de miles de millones de partículas de agua en el aire gris que tuvimos este domingo. Las explicaciones del experto amigo R. nos revelaron todos los misterios de estos arbolitos que, de otra manera, no hubieran suscitado tanto interés en mí. Y es que es fascinante, sí, es fascinante, cómo la mano humana encuentra árboles que no tuvieron las condiciones satisfactorias para desarrollarse correctamente, o que son arrancados de su lugar cuando aún son jóvenes para trasplantarlos a esas diminutas macetas donde se les guía con alambres o se les hace extender sus raíces alrededor de rocas, o se moldea su madera con un taladro, hasta que el árbol, la naturaleza, parece comprender su nuevo destino y empieza a crías hojas también diminutas y flores diminutas y aunque la corteza siga envejeciendo hasta darle la imagen de un árbol centenario, apenas supera el metro de altura. Este es un trabajo delicado y concienzudo, como casi todos los que emergen de la cultura milenaria del Japón, como los jardines zen, el ikebana, los haikus o los pequeños pies de las geishas después de años de vendajes. La cultura japonesa es la cultura del trazo mínimo, de lo sutil, de la mente en blanco, del gesto furtivo, en definitiva, del silencio. Porque lo que rodea a un bonsái es el silencio que genera su pequeñez, el no haber crecido, de igual manera que el silencio rodeaba a González cuando, atento a sus cientos de bonsáis, se acabó enterando por la prensa del caso de los GAL y otros corruptelas. Ahora creo –me han dicho- que el expresidente se dedica a la bisutería.
Oigamos ésta noche, pues, el ruido atronador alrededor de El Debate. Que disfruten, si pueden.
martes, febrero 19, 2008
hecho cenizas entre las aguas del océano,
quién sabe.
Un día después de cuatro meses
hallaron su cadáver olvidado
en su pequeño apartamento de soltero.
Imagínate: el mismo alcohol que le dio muerte
lo había conservado incorrupto,
empapado en ginebra blanca,
la piel acartonada, el cuerpo rígido
e inmóvil tendido sobre la cama,
muerto él y viva su imagen,
en una triste ironía.
Aún no sé en qué se ha convertido,
-han pasado quince años-
ni dónde yace lo que aún resta,
-si es que yace y si es que resta-.
Nadie avisó de la muerte y el traslado
a la otra punta del país, donde la costa
se acaba.
A veces pienso en papá viejo y borracho
abriéndose paso bajo la tierra,
escarbando con las uñas sucias,
o jugando feliz entre la espuma y las olas,
volviendo una y otra vez a la playa
igual que vuelve a mi memoria.
miércoles, febrero 13, 2008
Poema sin titulo (como siempre) para leer en voz alta a oscuras (como nunca)
el nítido reflejo de la luz sobre tu vientre
hacía el mundo y la miseria,
la luz, siempre la luz, te oscurecía.
La luz te hacía fuerte en la mañana
y débil como un pájaro en la noche,
volvían los fotones a mi ojos
después de golpear en tus fronteras.
La luz quería dibujar lo indefinido,
hacer visible lo invisible,
vencer al miedo en el pasillo,
la luz, siempre la luz, se equivocaba.
Apaga de una vez
el foco, la bombilla,
que vuelva la serena oscuridad
que no quiero ver más
la luz, su claridad.
jueves, febrero 07, 2008
Soluciones capilares
Después de un día entero de dudas y zozobra decidí, la otra tarde y aprovechando las horas libres en El País, ir a una pelu de mi barrio, situada en el Paseo de las Delicias, donde en otra ocasión me había cortado el pelo muy mal –fatal- un ser de tamaño monstruoso del que no sabría determinar el sexo, la raza, la edad o la profesión, porque peluquero/a no debía de ser. En esta ocasión, afortunadamente, me atendió una autentica peluquera de barrio rechoncha y, por tanto, alegre y dicharachera. Antes de que procedieran a deshacerse de esas guarrísimas greñas que habían poblado mi cráneo en los últimos tiempos, tuve que esperar un rato, que ocupé con la lectura de un libro sobre Heiddegger y en observar el local. Aunque Heiddegger resulta incomprensible para mi intelecto positivista –dice cosas sin sentido como “el mundo mundea y la nada nadea” – y no me gusta en absoluto, disfruto leyendo los tratados más sesudos posibles en sitios como peluquerías de barrio, estadios de fútbol (bueno, esto nunca lo he hecho), o ascensores del Corte Inglés. Se me presenta entonces la dicotomía entre la alta cultura y la vida popular: toda esa gente que me rodea todos los días y que imagino –quién sabe- ignorante de todo lo referido a la metafísica, la literatura o la ciencia. Es un acto de snobismo privado, ya lo sé, pero no deja de ser fascinante que existan tantas personas que en su vida no hayan oído hablar de las cosas que a mi me preocupan y que para ellos son totalmente ajenas. Demuestra esto, sin duda, que las pajas mentales que ocupan tanto tiempo en nuestras inquietas mentes, son completamente accesorias e irrelevantes para la vida, donde lo único realmente importante es ganarse el sustento, comer, dormir, divertirse un poco y hacer caca regularmente. El transeúnte distraído, la señora en la cola del mercado, la peluquera de barrio, jamás se han preguntado nada sobre la naturaleza del lenguaje o la estructura del espacio tiempo y, por lo demás, parecen más aptos para la supervivencia que el que suscribe estas líneas. Como digo, además de desentrañar las tonterías de Heiddegger, también eché un vistazo a la peluquería: es uno de estos lugares decorados de tal manera que más bien parecen una nave espacial que un negocio de estética: hay muy poca estética en las luces azules fluorescentes o los tonos metalizados, más bien parece uno encontrarse en los baños de una discoteca de pueblo donde la moda de los ochenta hizo estragos, además de la heroína. En cualquier momento parece que van a aparecer unos robots de serie B o Tino Casal bajando, siempre tan glamouroso, las escaleras que dividen el local. Otra escena bizarra fue la mujer entrada en años que, como en un trío de cine porno, recibía la atención de dos trabajadoras: una, vieja y cubana, le lavaba el pelo mientras que la otra, rubia de bote y nacional, le hacía la manicura. Cuando la de la manicura tuvo que ausentarse un momento y subió las escaleras por las que definitivamente no bajaba Tino Casal, la clienta mantuvo la mano en alto pero lánguida y muerta, como hubiera hecho Marlene Dietrich si hubiera frecuentado este tipo de sitios. Aquella mano suspendida en el aire, los dedos finos y largos, las uñas afiladas, las venas sobresalientes, propias de la edad, me produjo un extraño sentimiento de terror cotidiano pero también cierta satisfacción al tener la oportunidad, como un paparazzi en un día de suerte, de contemplar tal escena. Finalmente, tras todas estas tribulaciones posmodernas, llegó mi turno. La señora cubana me lavó el pelo con champú normal y sin crema, y la peluquera de barrio, oronda y asertiva, se puso a mi completa disposición. Le di instrucciones detalladas cual mariscal de campo y ella siguió punto por punto mis indicaciones, hasta el extremo de hacer preguntas decididamente absurdas para una profesional del ramo. El corte, todo hay que decirlo, ha resultado ser bueno, no en vano ejercí de maestro de obras. Tengo algunas dudas sobre cierta sobreabundancia de pelo en los laterales de mi cabeza, pero en términos generales me quedé satisfecho con su trabajo. Lo hizo mejor que muchas modernísimas peluqueras del centro lo han hecho a veces y por una tercera parte del dinero que les di a aquellas para sus fiestas y sus trapos de Fuencarral, así que desde aquí te doy las gracias peluquera de barrio, allá donde estés –en el taller mecánico de tu novio, viendo supermodelo 2008, tatuándote una nalga, o ciega de keta en la rave de tu pueblo-. Estar en las afueras también es estar adentro.
domingo, febrero 03, 2008
babea a popa y mi pobre corazón se va a la mierda
cuando late contra el mundo y él no cede. Ya no hay
casi lugar para el sístole y diástole y mi laico corazón
-tan metafórico-, tiene plumas empapadas y grandes alas
de cadenas. La asfixia de mi rojo corazón
-duro y mecánico-, aumenta a la inversa del espacio
que pierde a cada rato mi inútil corazón
-tan desplumado-, cansado de volar,
muerto en la jaula.
martes, enero 29, 2008
Palabra de empresario
martes, enero 22, 2008

por el hierro, la sangre y el acero,
esto duele, cuando viene la razón y se va el miedo,
la pura realidad es más terrible, la llegada de la luz
que en vez de hacerte ver te ciega y arde
el ácido con furia y esto duele, saber la conveniencia
de ignorar lo que uno ignora y que ya no hay vuelta atrás,
regreso al útero imposible de la madre,
cerradas ya las piernas, pasados ya los años
y aún parece que fue ayer cuando naciste, cómo duele,
saber que iba a doler pasar los días, perder toda inocencia
poco a poco, hostia a hostia en tu rostro inmaculado,
la mirada se hace cuervo y el crepúsculo te invade,
dolió ver un gato muerto, dolió lo que dijeron,
dolió que eso doliese y aún me duele comprobar
que esto me duele y que el único refugio
es la trinchera, la mirada indiferente,
el ojo inconmovible y la rodilla hundida en tierra
rezando por creer que esto no duele.
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En la imagen el Autor se ilustra y se cultiva.
jueves, enero 17, 2008
Panóptico
miércoles, enero 09, 2008
tomar voluntario la soga, dejar la silla, dos pies colgando,
un pie descalzo como un corazón desnudo
que todavía palpita ajeno a una muerte nueva,
voluntaria, elegida, cuántas veces vuelven a doler
un aroma, una voz, unos ojos conocidos que regresan
en los que duerme, al fondo, inquieto el recuerdo
tan vivo como una fiera que de nuevo sale de la jaula
precaria y oxidada del olvido, da un zarpazo, abre un pecho,
brotan lirios, cuántas veces puede un hombre elegir el veneno,
plantar la cruz, medir el nicho, cavar la tumba para el pecho,
morder su corazón enfermo, saber que duele y que no duele al mismo tiempo,
tropezar dos veces con la nostalgia pétrea, caer de bruces, chocar la mejilla
contra el suelo, entre lirios, frío, sucio y duro como un recuerdo que vuelve
y te enamoras de él como una bala
que ya te voló la cabeza en otra vida
y a la que aún amas.
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Publicado en Revista Hesperya nº5
sábado, enero 05, 2008
Da fuckin' kiosko
Esa es la kioskera de la esquina. Cuando de niño me llevaban muy temprano al colegio, mientras la ciudad parecía aún adormilada y la luz todavía era escasa, al pasar frente al kiosko la veía colocando afanosamente los periódicos sobre el mostrador de su pequeño cubículo, abrigada con una bufanda, bajo la luz tenue de una bombilla. Eran los años ochenta y la kioskera tenía el pelo negro y cardado, los periódicos eran más grandes que ahora y ella, que siempre fue una mujer pequeña, más bien parecía estar levantando una trinchera de papel con la que protegerse del mundo y que, con el transcurso de las horas, iría menguando tras la visita de cada cliente fiel. Cuando volvía del colegio ella seguía allí, en su hueco de un metro cuadrado, rodeada de papel aunque ya más visible. Por la tarde me quedaba mirando los cromos que tenía expuestos, colgados en la puerta de cristal, imaginando que dentro de aquellos precisos sobres estaban los cromos que me faltaban para mis colecciones que, por lo demás, nunca conseguía terminar. Los años pasaron y ya nadie me acompañaba al colegio, ahora, antes de ir a coger el autobús, fumaba al lado o en frente del kiosko, cada mañana, temeroso de que me sorprendiese cualquier vecino con un cigarro en la mano, observando como el humo del tabaco se mezclaba con el vaho del amanecer sin que uno pudiera discernir cual era el origen de cada bocanada. Durante los primeros años de universidad ya no madrugaba tanto, ahora caminaba por la ciudad a mediodía, algo totalmente novedoso cuando uno lleva tantos años pasando la jornada completa en el colegio, ahora podía ver las calles de otra manera totalmente inédita, el bullicio de la una de la tarde, la gente tomando un vino después del trabajo, los que iban a comer el menú del día antes de reanudar la labor, el tráfico, y todo iluminado por la luz que venía de la posición más alta del sol y que daba a todo un aspecto diferente. Ella seguía allí, la kioskera, en la penumbra, despachando revistas y periódicos y acompañada, a esas horas, por un anciano deficiente mental –una especie de tonto del pueblo del centro de Oviedo- que se sentaba allí dentro en un taburete y pasaba unas horas con ella charlando sobre Dios sabe qué. Luego yo me mudé a Madrid a acabar la carrera, entre otras muchas cosas –demasiadas-. Al principio regresaba a menudo, cada mes, tenía más que hacer en Oviedo que en Madrid, llegué a la capital totalmente solo, con un pan bajo un brazo. A cada vuelta seguía viendo a la kioskera, enmarcada en revistas y fascículos, con la radio puesta, mirando aburrida a la gente que pasaba por la acera a través de los pocos huecos que las publicaciones dejaban libre en el cristal. Cuando mi vida se fue aposentando en Madrid y, paralelamente, casi todos mis amigos mudándose siguiendo mi camino, dejé de volver tan a menudo. Solo en las vacaciones. Como hago ahora, que ya he terminado muchas de las cosas que había iniciado y me dispongo a comenzar muchas otras. La kioskera sigue ahí, es esa que ya tiene que teñirse las canas -ya no cardadas- y que ha descubierto que las cremas antiarrugas no son la panacea que algunos dicen. Pienso en la cantidad de cosas que he pasado en más de veinte años. Todo lo que he visto. Todos las mudanzas, los cambios de ocupación, incluso de amigos. Y pienso en el horror de pasar veinte años en un metro cuadrado, menos que una celda, parapetada detrás de una montaña de papel, mirando el mundo cambiar día a día en las portadas de los periódicos. Cerrando al anochecer, volviendo bien de mañana. Nada más.
jueves, enero 03, 2008
sábado, diciembre 22, 2007
Nosotros salimos
miércoles, diciembre 19, 2007
con mi almohada.
La abrazaba con mis piernas
y su cuerpo se amoldaba a mis deseos.
Era blanda, menuda y amable,
olía a suavizante.
Nunca la valoré lo suficiente
mientras estuvimos juntos,
imaginaba que ella era otras mujeres
-compañeras del colegio,
modelos de revista,
la que fuera-,
le era infiel de esta manera.
Comprendí mucho después
que ella era mejor que muchas otras,
aun careciendo de la piel y del aliento,
aun estando rellena de plumas.
Ella fue mi maestra.
Después de hacerlo
apoyaba en ella la cabeza.
viernes, diciembre 14, 2007
Evento
lunes, diciembre 10, 2007
sobre tu cuerpo, silencio roto, pistones en tu pecho
y cuerdas tensas en tu clavícula y tu cuello,
contrapunto de tu aliento con mi aliento,
armonía de muelles, sábanas revueltas,
sudor y teclas que muerden labios,
la lengua experta, explora, conoce, húmeda, calla,
fusas, semifusas, clave de sol en tu caderas.
La palabra duerme, enmudece, nunca despierta,
solfeo entonces sobre tu cuerpo, acordes que arranco
a la pálida piel, el oído escucha, la boca inútil
sino es para eso, para qué la palabra,
para qué los conceptos:
la música discordante y átona del sexo
retumba entre nuestros cuerpos.
miércoles, diciembre 05, 2007
y tu cuerpo la geometría curva
en la que sucede el mundo.
Con lengua exploradora
avanzo palmo a palmo,
sondeo, palpo, mido, trato
de entender el mensaje
cifrado de tus pecas,
el significado oculto
que duerme entre tus piernas.
Me voy por la tangente,
adoro más que a Dios
las cavidades cóncavas
de tus clavículas.
viernes, noviembre 30, 2007
SuperLudwig
lunes, noviembre 26, 2007

tú querías ser Arthur Rimbaud.
poner color a las vocales.
recibir la bala de Verlaine. arañar con tus dulces zarpas
las almas de la burguesía. y huir con toda la gloria.
a los diecinueve años. con la carne aún blanca
y blanda. y la sensibilidad extenuada.
cagándote en Dios, ciego de absenta y láudano.
tú querías ser Guy Debord.
derrumbar la sociedad como objetivo. destruir
el Espectáculo y hacer de la vida cotidiana una revuelta.
buscar, debajo de cada adoquín, una playa. al final
sentir el hierro negro, frío y pesado contra tu paladar,
apretar entonces el gatillo. a los sesenta y tantos.
arruinado por el alcohol, ya casi muerto.
tú querías ser Johnny Rotten.
Dios Salve a la Reina. en los escenarios
de toda Inglaterra, manifestaciones puritanas
a las puertas de los bares.
me importa un cojón: Sid y Nancy consumidos con la droga
y ningún futuro para nadie. los dientes verdes
y un lugar de honor en la historia del (punk) rock.
querías agarrar la Tierra con los dedos.
hacerla retumbar contra los Cielos.
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En la imagen el Autor - ¿o debería de decir curita?- somnoliento.
jueves, noviembre 22, 2007
Premio!
Aquí va el microrrelato que envié y, de oferta, otro que no envié pero que me gusta más.
Delicias-Méndez Álvaro. Duración del viaje dos minutos treinta. En la ventana fábricas abandonadas, naves industriales, bloques de edificios en ladrillo visto, chimeneas. Rachid, 34, obrero de la construcción, se sienta, cansado después del trabajo. Deja su mochila en el suelo, cerca de su pierna. Matilde, 41, secretaria, mira asustada la mochila. Ramón, 67, jubilado, mira alternativamente a Rachid y a esa mochila. Nuria, 24, estudiante de Económicas, desea llegar cuanto antes a la próxima parada. Llegada a Méndez Álvaro. Rachid coge la mochila, se va a casa, le queda otro trasbordo. Matilde, Ramón, Nuria, se sienten un poco tontos.
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Cruza el tren la ciudad que se deshace lentamente. Él tiene 32 y ella no pasa de los 20. Él ve por la ventana: polígonos, bloques, fábricas abandonadas, ella va a fumar al baño. A la vuelta él y ella se cruzan la mirada. Ella va sentada enfrente, él también, según se mire. Ella juega con su móvil, él la mira de reojo, levanta ella la mirada, él, interceptado, abre el periódico. El tren se para. Ella se baja. Él ve como se aleja. Ella no se da la vuelta. El tren se va, como otras veces.
Salud.
Una foto del Autor leyendo el relato junto al Sr. Reverte aquí, en un diario digital.
lunes, noviembre 19, 2007
Enemigo
ayudad a los más desfavorecidos.
amad al prójimo.
echad pasta en el cepillo (y en la máquina automática de velas).
Ellas a su vez adoctrinan a sus nietos con palabras de la Biblia
ofreced la otra mejilla.
lo valioso es dar cuando no tienes, no cuando te sobra.
es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja que un rico entre en el Reino de lo Cielos.
Y los niños, antes de dormir, escuchan atentos y asombrados las vivencias del judío galileo. Y a veces, los más listos, plantean el dilema que ninguna abuela se atreve a resolver: pero abuela, Jesús era un jipi, ¿verdad?, con ese pelo largo y predicando el comunismo.
Los domingos por la tarde van del templo a la confitería como un grupo de gallinas. Toman chocolate y el pastel más caro, tratando de disimular que tienen una pensión de mierda, dando a entender que jamás entrarán en el Reino de los Cielos (al menos no antes que el camello por el ojo de la aguja). Y allí cotorrean sobre Elena, la hija de Paquita, que parece una putilla, sobre Jorge que yo creo que se droga, y los nuevos inquilinos del cuarto que son -seguro- terroristas. Sobre tanto marica que se casa y sobre la desmembración de España. Cada cuatro años dan su voto a la derecha que ya está bien de tanto moro que llega a nuestras tierras.
Ayuda a los desfavorecidos, ama al prójimo como a tí mismo: mentiras al igual que democracia y socialismo. Las viejas que salen de misa, ellas son el Enemigo, que si ahora apareciera Jesucristo les faltaría tiempo para escupir en su camino.
lunes, noviembre 12, 2007
más arriba, más abajo, donde no podía tocarme,
donde el dolor, donde la herida que se abre cómo un pétalo
que huele a miel pero es veneno.
Que era muerte y Dios y cielo al mismo tiempo
línea de horizonte e infinito,
huracán y suave brisa,
y yo era escoria, desecho, despojo, desperdicio,
residuo de un hombre suplicante de rodillas,
títere vencido, pelele, marioneta.
Pero a veces me hacía creer que yo era bueno,
que había algo en mí que era valioso,
para luego mostrarme la verdad obscena:
que ella era sucesivamente el mundo
y yo era cada vez menos,
nada más que mugre entre sus dedos.
martes, noviembre 06, 2007
Memoria
miércoles, octubre 31, 2007
Mudanza. Último día.
guardar la casa en las cajas,
moverme a otro sitio,
tirar a la basura las cosas que olvidasteis,
recordar lo que queda dormido
entre estas cuatro paredes
que pintamos en rojo
cuando llegamos aquí.
Mañana otros vivirán en este sitio,
el tiempo cubrirá todas las cosas
como una fina capa de ceniza,
se disolverán en la memoria las palabras
que dijimos tantas noches,
las fiestas aberrantes,
lo mal que a veces lo pasamos,
todo aquello.
Todavía queda mucho por hacer,
arreglar una persiana,
fregar muy bien los suelos,
devolver cuatro juegos de llaves
que vosotros usasteis
cuando llamabais a esto hogar,
y ahora queda vacío.
Tal vez algún día encuentren
una foto nuestra extraviada bajo un mueble
y se pregunten quien era aquella gente
con la mirada colmada de futuro.
Lo mismo nos preguntaremos entonces
cuando el paso de los años
nos haya hecho irreconocibles
incluso ante nosotros mismos,
y nada de este piso parezca ya
pertenecer a nuestras vidas,
tan familiar y tan lejano,
tan extraño, al fin y al cabo.
viernes, octubre 26, 2007
Yo viví con un bakala
A semejante pájaro le escogimos como compañero de piso, para ocupar la habitación que quedaba libre. Rocío y yo nos negamos de plano, pero Ale nos acabó convenciendo (cosa que, si estás leyendo esto, Ale, nunca te perdonaremos) de que no era tan mal tipo, de que al menos era fiestero y de que, sobretodo, necesitábamos el dinero del alquiler urgentemente. En la bizarra convivencia con Ángel pudimos ver sus chándales rosas, sus continuas pérdidas de trabajo como informático para acabar descargando fruta en Mercamadrid durante la noche, esas ojeras después de currar de madrugada que le asemejaban al mismísimo Batman, los robos de ordenadores portátiles a las empresas en la que tuvieron la mala idea de contratarle y hasta la sustracción de teléfonos móviles a compañeros de curro que no le caían en gracia. Su tatuaje de un idiograma japonés en todo el cuello cambiaba de significado cada día y la que en principio presentó como su novia, resultó ser la novia de un amigo a la que se cepillaba. También sufrimos su etapa de DJ de poca monta, los temazos de bakalao con cantadita que se marcaba durante las horas de plácida sobremesa, y sus continuos retrasos en el pago de facturas y alquileres. Aún así Ángel vivía la tragedia de desear ser un hombre fiable, un hombre de verdad, cuando no era más que un tirado. Por eso le gustaba hablar con propiedad, como si fuera un hombre culto, aunque leer, como decía él, lo que es leer, no leía mucho. En ocasiones, cuando llamaba a las empresas buscando trabajo soltaba expresiones como: “aún no barajo esa franja de horarios” o “me considero efectivo y polivalente”. Nada más lejos de la realidad. La mañana que fui a su cuarto a cobrarle el último mes de alquiler había desaparecido con las pocas cosas que almacenaba en una esquina de su sucia caverna. Se había fugado en mitad de la noche, en nuestras narices, dejando tan solo unos asquerosos zapatos que se solía poner cuando quería ser elegante, cosa que nunca consiguió, y mucho menos en su huida.
Que te vaya bien, neng, o al menos un poco mejor. Pero no mucho.
martes, octubre 23, 2007
Otoño revisited
me siento colilla, escupitajo, calamar,
absurda figurita de Lladró.
Y vendréis hablando del romanticismo del otoño,
enfundarse un abrigo rojo, la bufanda, la boina
puesta de lado y caminar por el Retiro
arrastrando la hojarasca ocre a cada paso.
Y yo me levanto y digo No:
que se quiebre el cielo y pase la luz,
que brote un tímida primavera en cada cuerpo.
Que extiendan terrazas en mi pecho.
viernes, octubre 19, 2007
Nucleosíntesis
Sus átomos, señora, fueron creados en el interior de una estrella.
jueves, octubre 11, 2007
El tiempo y tal
Que la repetición, la circularidad es lo que hace patente la naturaleza del tiempo es claro. Así gira la tierra cada año alrededor del Sol y cada día rota en torno a su eje, así pasan y vuelven las estaciones, las vueltas ciclistas, los gobiernos socialistas, las guerras y mis periódicas visitas a Asturias. Oviedo otoñea muy bien, con su parquecito ocre, su cielo plomizo y la flema asturiana, y mamá me comunica a la llegada que tiene una sorpresa: ha comprado dos lubricantes. ¿Dos lubricantes?, repongo asustado, sí, dos lubricantes, confirma mamá, ¿lubricantes del coche o lubricantes vaginales?, pregunto yo, lubricantes, hijo, como las langostas; entonces mamá cae en la cuenta que los bichejos que guarda en la cocina son en realidad bogavantes, y después se ríe, vaya lapsus. Nos acercamos a verlos, mamá los saca de la nevera y los pone sobre la vitrocerámica. Ojalá estén muertos, dice, pero no están muertos, todavía hacen agónicos movimientos sobre la encimera. Nos quedamos los dos un buen rato observando las patas de los bogavantes, moviéndose muy lentas, la espuma que uno de ellos escupe, y yo me pregunto cómo dos animales tan feos, cómo dos pequeños monstruos con enormes pinzas atadas pueden conmoverme de tal manera y producirme tal ternura, cómo es que siento tanta angustia al imaginar a los lubricantes finalmente sumergidos en agua hirviendo. Mamá, sin apartar la mirada de los mariscos dice, no sé qué será peor si agonizar de esta manera o morir en un momento escaldados en la olla. Y todavía nos quedamos un buen rato más mirando, en silencio, fascinados por la vida que se acaba lentamente, hipnotizados ante la muerte que acontece ahí delante, en la cocina.
sábado, octubre 06, 2007
la que trata de abarcar la vida, romper el muro, saltar la valla,
cavar el túnel que escapa horadando la tierra y sale a la luz
si es que esa luz existe. He aquí al hombre asustado,
su verbo indeciso, la voluntad endeble, el inútil timonel
de un barco a la deriva que es un hombre, que encalla
en cada playa atraído, ebrio, por los cantos de sirena.
Y por favor que haya esa luz, que exista y sea cálida,
que ilumine al menos el final del camino,
la meta extraña, el muro, la llegada
después del hambre y la sed,
el puerto donde atracamos para olvidar el sudor,
que nos digan cuando vamos a llegar,
si es que llegamos algún día
y es tal y como creíamos.
lunes, octubre 01, 2007
Bestiario
Del naufragio nos enteramos a los pocos días. El hecho de que los libros salieran a flote formando en la superficie del océano una gran mancha blanca de pasta de papel ayudó a la localización del barco y en las labores de rescate. Desgraciadamente nadie halló su cuerpo ni su luenga barba. El arca se había hundido y él, como un Noé a la inversa, se había perdido para no volver en las profundidades azules, tal vez atraído por los peces abisales.
miércoles, septiembre 26, 2007
Cicatriz

aún se adivinan los puntos sobre mi dedo tres siglos después
aunque sane la herida queda siempre la cicatriz
sábado, septiembre 22, 2007
cuando te miro y tú miras al techo o al cielo,
me pones punk y me lo juego a suertes,
si sale cara tomo tu cara
y sello tus labios con mis labios,
si sale cruz hacemos un juego:
yo me tumbo en la cruz,
tú me clavas los clavos.
No hay nada que aprecie
más en ti que el desprecio,
ese muro aviva el deseo.
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Esta semana Txe Peligro en DULCE ARSÉNICO:
http://dulcearsenico.blogspot.com
Y además, Txe Peligro galardonado con el prestigioso tercer premio "María Giralt de Relato Corto"
Weah!
miércoles, septiembre 19, 2007
también la cama, la sábana, el suelo, las paredes, la ventana,
la luz, la esperanza, el espinazo de la noche, la mañana.
Y al fin despierta y su mirada neonata extrae de nuevo la belleza
de allí donde se posa, y va mirando el mundo somnolienta
y el mundo se descubre ante ella, paso a paso, parte a parte,
trozo a trozo deja el sueño, cobra entidad de nuevo todo,
el cielo se despliega, la tierra se hace sólida y caliente,
se disuelve la herrumbre allí donde ella mira.
Ya es de día,
todo suena y todo vibra.
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esta semana Txe Peligro en DULCE ARSÉNICO: http://www.dulcearsenico.blogspot.com
lunes, septiembre 17, 2007
entre el atentado y la fiesta, desde la guerra
a las páginas del libro donde algún día dormirán
estos poemas, falta el aliento y no basta el latido
de un pulmón para suplir de aire a esta hoguera.
Cre-pi-to, me consumo, y he aquí una brutal
metáfora de esta opresión: un yunque sobre el pecho,
y más abajo, las chispas que desprenden dos cuchillos
que se cruzan en mi vientre demandando ansiolíticos.
Lexatin, Orfidal, la paz química se impone suavemente
en el sistema nervioso desbocado, se doman los caballos
en la entraña de la mente que tantas veces
se convierte en ese cuerpo al que le falta el aliento,
que vive a la carrera, y se queda exhausto,
sin resuello.
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miércoles, septiembre 12, 2007
Ale ya no vive aquí
Suerte.
viernes, septiembre 07, 2007
Algunas reflexiones sobre la sociedad de mercado o El capitalismo me robó la virginidad
2. Los Lazy Beggars son unos mendigos que ustedes conocerán si se mueven por Madrid en invierno, en Caños de Meca en verano, además de otra miríada de lugares del mundo. Son esa estrambótica pareja que inventaron eso de poner varios tupperwares en el suelo cada uno con una leyenda: “para comida”, “para birra”, “para cocaína”, “para resaca”. “Al menos somos sinceros”, es su leiv motiv. Los Lazy Beggars son el primer grupo de pedigüeños que han adoptado técnicas de publicidad y marketing, aunque algo toscas, y, de hecho, disponen de una página web donde explican sus motivos, sus biografías y sus movimientos por el ancho mundo, además de una extensa galería de fotos donde posan con alguno de sus benefactores anónimos. Según se puede leer en el sitio web la máxima de su precaria filosofía es “ofrecemos más que los otros, cambiamos limosna por provocar una sonrisa”. Juzguen ustedes.
3. De niño pasaba algunos sábados con mi tía, cuando mi madre salía. La ruta era la siguiente: misa, corteinglés, macdonalds. Después de soportar el tedio que le supone a un niño la eucaristía mi tía me daba un largo paseo por todas las secciones del centro comercial. Primero yo la acompañaba mientras ella veía todas las cosas que le interesaban y luego ella me recompensaba con un juguete de la última planta. Así me pagaba por el tedioso tiempo en la iglesia y en la sección de ropa de mujer madura y relojes lujosos. Por si no fuera suficiente, luego, para extasiarme, me convidaba a un Happy Meal en el fast food del payaso siniestro, con lo cual yo me sentía doblemente recompensado. Era feliz, créanme.
4 . Pero todavía queda la esperanza, puede haber aún un revulsivo que trastoque las cosas para siempre y las ponga del revés. No sé si ustedes se han fijado, pero antes, en los lugares donde se despacha en varios puntos, véase cines, restaurantes de comida rápida, oficinas de correo, los clientes solían formar una cola delante de cada uno se esos puntos, de modo que, en virtud de la Ley de Murphy, uno siempre se ponía en la cola que avanzaba más lento. Pero ahora, tras algunos años, la gente ha decidido espontáneamente formar una única cola que se distribuye entre todas las taquillas o cajas, avanzando más rápido e igual para todos. Es un proceso de autoorganización similar a los que ocurren en la base de la biología y que se ha llevado a cabo durante un tiempo propio de los procesos evolutivos o geológicos. Un detalle que le hace a uno creer de nuevo, al menos por un momento, en el ser humano y albergar una pizca de esperanza en una sociedad autogestionada e igualitaria. Que así sea. Salud.
miércoles, septiembre 05, 2007
Momentos de la vida del artista
A veces ocurre: uno sale de unos líos para meterse en otros, ya ven, mi agosto en Oviedo fue caótico y bombástico, y durante las últimas jornadas casi desfallezco inmerso como estaba en una vorágine de nocturnidad, estudio y todo tipo de angustias y ansiedades. En mi primera jornada de vuelta Madrid tuve el examen de Atmósferas Estelares, la asignatura más pétrea de la especialidad de Astrofísica. Creo que nunca había sufrido tanto con la preparación de un examen pero finalmente me sorprendí a mí mismo haciendo la prueba mucho mejor de lo que esperaba; todavía está por ver si la profesora, una de las más duras corrigiendo y con la que ya tuve muchos tormentos en otras ocasiones, piensa la mismo. Después del examen, y por motivos personales de los que prefiero no hablar, volví a chapotear en viejos fangos que ya deberían estar resecos y olvidados pero que inopinadamente han vuelto a escena. Una de las cosas que más me desespera es la imposibilidad de la comunicación entre las personas y no tanto porque el lenguaje sea defectuoso, que lo es, sino por las pocas ganas que tenemos unos y otros de entender nada de lo que ocurre y por la forma en la que vivimos instalados en la subjetividad, que al final es la única realidad que existe últimamente. Al final tuvo solución, no teman.
Ahora lo que me queda este mes es acabar la carrera en cuatro incómodos pasos, los cuatro exámenes que trufan mi futuro hasta finales de septiembre, cuando llega el abismo. Vuelvo a sentarme en bibliotecas repletas de estudiantes y compruebo desesperado que ellos son cada vez más jóvenes y yo cada vez menos, y rezo secretamente para que ésta sea ya la última convocatoria de mi vida, que ya me vale. Cuando coges años compruebas, algo horrorizado, que los hechos más nimios son agudos cinceles que perfilan la estima hacia uno mismo; y se ve uno azorado y ansioso por los acontecimientos futuros, por las puertas que habrán de cerrarse para que la existencia transcurra por caminos unívocos y rectilíneos hasta configurarse esa rutina ignominiosa que debe de ser lo que llaman vida adulta. Propongo una vida múltiple y expansiva. Y que no llegue el otoño, que da miedo.
domingo, septiembre 02, 2007
Tres amigos
Yo penetraba su vagina y tú le introducías al mismo tiempo tu miembro erecto por el culo; allí, dentro de ella, y a través del trozo de carne que separa el coño del recto, sentía el roce de tu verga, como dos espadachines cruzando sus espadas. Ella gemía, gritaba, farfullaba obscenidades y parecía poseída por todos los demonios del vicio sodomita, hasta que llegaba Juan y la dejaba muda en un instante con lo suyo. Era hermoso aquel silencio y era hermoso aquel amor.
