
Año 2040. Conversación entre mi hijo y mi nieto. La cosa iría así:
- Papá, papá, ¿y por qué se llaman móviles?
- Porque cuando se inventaron, tú aún no habías nacido, los llamaron teléfonos móviles. Porque se podían mover. Era casi milagroso. El mundo cambió.
- ¿Teléfono? ¿Qué es un teléfono?
- Pues teléfono viene del griego tele, a distancia, y fono, sonido. Vamos, que transmite el sonido a distancia, que puedes hablar con cualquiera desde cualquier parte del planeta (exceptuando ciertos túneles y montañas).
- ¿Y eso que tiene que ver con el móvil?
- Ya. Es que al principio sólo servían para hablar. No tenían la opción de Internet, ni de teletransporte cuántico, ni de condensación de fluzo. Ni siquiera modificaban la estructura del ADN. Los llamaron móviles porque, además, antes estaban fijos, enchufados a la pared, en las casas y los oficinas. Ya ves tú qué incordio.
- Pues vaya mierda.
- Oye, ¡que te voy a limpiar la boca con jabón!
- Umpf… Oye, papá, ¿y qué es el griego?
- Griego es dar por culo.
- ¿Qué?
- Anda, olvídalo, calla y cómete las ciber-acelgas.
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(En la imagen el Teléfono Chatter de Fischer-Price, creado en 1961. Su producción cesó en 1986. Hoy no cumpliría las nomativas de seguridad. Pero también tenía su corazoncito.)








