martes, septiembre 12, 2006

Aterrizaje

Y te quitas toda la ropa. Y te duermes tendida sobre la sábana verde. Yo me siento en la silla y al otro lado de la ventana se ve la noche. Poblada de luces de edificios lejanos. Y grúas. Y finas chimeneas. Y algunas estrellas. Que me hacen sentir el vértigo de las distancias intergalácticas. Y del vacío. Mientras todo lo demás es silencio. Así que fumo. Y el humo se dispersa lento -muy lento- por la estancia, atravesado por la luz amarilla de la lámpara vieja. Está aquí el aire en calma. Y tu cuerpo se hincha y se deshincha al ritmo suave de tu respiración. Y emites sonidos imperceptibles mientras tratas de lidiar en sueños con un exceso de alcohol. Y pienso, ¿sabes?, no tenemos por qué odiarnos. Y después pienso, no debemos tener miedo. El miedo nos paraliza y no nos deja ver. Nos nubla la vista y pronto la niebla alrededor nos hace creer que estamos solos y en peligro. Pero ahí está la superficie de tu espalda indicando el camino. Como una pista de aterrizaje iluminada. Y tus hombros poligonales. Y tus piernas que no se acaban. Cuando te desnudas el mundo toma la forma y el tamaño de tu cuerpo. Y ya no hay nada más. Y nada importa. Ni el vacío, ni el silencio, ni las distancias intergalácticas. Y me levanto de la silla y corro hacia ti. Como quien corre a refugiarse al calor de la lumbre de un hogar perdido en la tormenta.

jueves, septiembre 07, 2006

Música, por favor

Cómo definir esa sensación que me embarga cuando veo a esos triunfitos que sacan un disco de folk acompañados de una austera guitarra acústica y declaran que han grabado su trabajo más personal, que se han apartado del circo mediático y que han sabido digerir una experiencia televisiva de masas; o las camisetas estampadas y ceñidas que le ponían a Bisbal o a Busta cuando eran aún unos cachorros de la academia; esa horrible sensación que me provocan los famosos del corazón cuando recitan las virtudes de Alejandro Sanz, sin duda lo más de la música española, un verdadero genio, me encanta el Corazón Partío –y lo tatarean-; o el libro de sonetos de Sabina, o la gente que piensa que mola que te mole Sabina porque es un maldito y tiene unas letras preciosas y dice la palabra cocaína –¡oh!- y hasta se la metía –la droga, no la palabra-, pero ahora ya no porque ya no sale de noche y está reformado y blande un cigarro de plástico y visita a Sánchez Dragó; o los Estopa que son tan campechanos y que trabajaban en una fábrica en Cornellá y escuchaban jevi -vamos que son como tú y como yo, gente normal, aunque yo nunca he trabajado en una fábrica en Cornellá ni he escuchado jevi-; o el guitarrista de Amaral dejando bien clarito que Amaral son los dos, son el grupo, no solo ella sino él también, que es un gran compositor –pero ella está más buena-; o las caras que pone el cantante del Canto del Loco como si fuera un demente –que siempre queda muy punk y ellos quieren pasar por punks cañeros y escriben letras de contenido social como Zapatillas, que habla de la injusticia que supone que no te dejen entrar en la disco por tu calzado- y que le copió a aquellos Green Day de mediados de los noventa; o esos que se llaman Pignoise y que también van de punks pero son del barrio de Salamanca o algo así y jugaban en el Real Madrid y en el Rayo hasta que se lesionaron y se hicieron punk rockers –unas lesiones aciagas para la historia de la música, con lo bien que le daban patadas al esférico- y que ni siquiera se hacen bien las crestas; o los chicos de Pereza que aseguran ser muy roqueros pero luego se van de gira con los Hombres G y gente similar; o Andrés Calamaro declarando que cuando las Fuerzas de Seguridad del Estado interceptan un barco lleno de farlopa es una tragedia –tampoco seré yo el que lo niegue-, en fin, ese asquito que me produce el que la gente crea que Paulina Rubio sabe cantar cuando oyendo su voz se nota a la legua que es más propia de un rudo marinero tatuado o de un estibador que de la damisela supersexy que pretende ser,

Ups, al final se me olvidó hablar de música.

Vaya.

sábado, septiembre 02, 2006

De vuelta


Y regreso a Madrid después de casi dos meses inmerso en la desidia natural que sufro en Oviedo y todo sigue igual en casa, tal vez todo un poco más desordenado, y veo a Isaac que lleva todo el verano de rodríguez machaca, repartido entre dos curros y encerrado en casa como un Robinson Crusoe cañí y recibo la visita de Txavi que anda de tour por la piel de toro, y me llena de satisfacción ver un relato mío publicado en la revista Fábula ilustrado con unas fotos que no se de dónde han salido, y por fin me concentro en estudiar –ando ahora entre transistores y amplis y filtros y chips- y coincide todo esto con la última ola de calor del verano así que mantenemos las puertas del balcón abiertas y es como estar en la calle o en una terraza y ahí enfrente sigue el barrio de las Delicias y todos esos árboles que pronto amarillearan y después se quedarán desnudos, y casi sin darnos cuenta habrá llegado el invierno sórdido y cruel y tendremos que encender esa estufa de butano que da tanto miedo pero que calienta que es un primor. Pero por el momento disfrutemos del aquí y ahora, hic et nunc, carpe diem y todos esos latinajos, y olvidémonos de la estufa, pues no disfrutar porque vamos a sufrir es como suicidarse porque vamos a morir. Vamos, digo yo.


En la imagen el Autor sobre fondo rojo, divertido y orgulloso, de vuelta en su domicilio madrileño.

miércoles, agosto 30, 2006

Un truco

¿Cuándo sabes que tu hermana tiene la regla?

Cuando la polla de tu padre sabe a sangre.

domingo, agosto 27, 2006

Así

- Voy a un entierro, que ha muerto Pipi.
- ¿Pipi? ¿El de El Tizón?
- Sí, ese. Ha muerto. Me ha llamado Delia ahora para decirmelo, así que me voy al funeral, ahí, en San Juan.
- Bueno.
- ¿Y de qué habrá muerto?
- Pues supongo que de un infarto o algo así. Todo el día en los bares...
- Claro, todo el día bebiendo, bebiendo y bebiendo...
- Sí.
- Ay, no somos nada. Todavía estuvo la otra tarde ahí contándome chistes.
- Ya.
- Bueno, ¿qué quieres para comer? ¿Patatas fritas, huevos y carne?
- Vale.
- Pues tienes que ir pelando las patatas.

miércoles, agosto 23, 2006

Hermana

Recuerdo que era verano y la hierba era verde a la orilla del lago, y recuerdo tu cuerpo adentrándose en el agua hasta las rodillas y después deteniéndose un instante -estaba fría el agua-, agachándose para derramar un poco de agua sobre el vientre y tras la nuca, para tomar la temperatura, decidiéndose finalmente a zambullirse de cabeza, las manos juntas por delante y todo tu cuerpo sumergiéndose como un cuchillo caliente en la mantequilla, lo último los pies hundiéndose juntos y estirados, lo último que podía verse a este lado, y después de unos segundos tu cabecita de nuevo rompiendo la superficie plateada y emergiendo unos metros más allá y tus dos manos apartándote el pelo mojado de la cara y juntándolo detrás la cabeza a modo de coleta, quitándote el agua de los ojos. Recuerdo que no había ni una sola nube y recuerdo que nadabas de un lado para otro y nos saludabas a cada rato desde allí, haciendo señas con la mano, venid, el agua está riquísima, venid a nadar, pero nosotros -nuestros primos y yo- permanecíamos callados e inmóviles pues cuando tú nadabas ya no se hablaba de fútbol o de coches o de rifles o de caza, simplemente se miraba, con las bocas quietas y poco abiertas, arrancando nerviosamente algunas briznas de hierba con la mano, tratando de contener secretamente la revuelta que ocurría en la entrepierna. Lo mejor, recuerdo, era cuando ya te cansabas de nadar y decidías salir del agua, entonces caminabas con cuidado, titubeante, para no hacerte daño en los pies con las piedras de la orilla y tu cuerpo floreciente -¿cuantos? ¿doce? ¿trece años?- reaparecía poco a poco, paso a paso, cubierto de una fina pátina de agua que reflejaba la luz del sol haciendo más evidentes las superficies curvas de tu vientre y tus caderas o las cavidades cóncavas detrás de tus clavículas o tus pequeños pechos desnudos y había magia en aquello, hasta que llegaba mamá dando voces y nos sacaba del ensueño y se acababa el espectáculo en el que estábamos inmersos, como hechizados, pues a ella no le parecía nada bien que fueses mostrando así tus recién recibidos encantos, tus pezones duros por el frío, bañándote casi desnuda a tu edad -¿cuantos? ¿trece? ¿quince años?, al fin y al cabo su pequeña hija-, delante de mí y de todos nuestros primos sobretodo, porque mamá, desde luego, no era tonta, y sabía lo que había y lo que discurría por dentro de nuestras cabecitas.

jueves, agosto 17, 2006

Lo porno

Al final lo hicimos por nuestra cuenta, a nuestra manera, sin la ayuda de nadie, aunque mamá fuese progre, comprensiva y open-minded, y supiera pronunciar la equis en la palabra sexo -no como los curas que decían seso sin caer en la cuenta que eso era otra cosa, porque tal vez careciesen de tal cosa o la tuviesen pero no supìeran utilizarla-, y nos regalase la primera caja de preservativos -mamá- por si nos daba verguenza pedirselos al farmaceútico, y quisiera hablar de eso, de esa cosa extraña y ajena; aún así preferíamos conocer las cosas por libre, a nuestro ritmo, intercambiando informaciones secretas con nuestros iguales, aquellos descubrimientos que se propagaban de boca en boca por las esquinas más oscuras del colegio; y sobretodo la pornografía, nuestra gran maestra, recuerdo las primeras películas porno a las que accedimos, aquella en la que unos vaqueros enseñaban a montar a unas jóvenes en un rancho perdido en medio del oeste -y al final eran ellas las montadas- o aquella de un lechero que repartía cada mañana botellas de leche por las casas de un apacible vecindario y en cada chalet abría la puerta una mujer rubia que acababa de despedir a su marido que se iba al trabajo y no dudaba en arrodillarse ante el lechero y practicarle una felación allí mismo y en aquel preciso momento, en el porche de casa, ante la continúa sorpresa del repartidor que seguía asombrado aún cuando le ocurría lo mismo en todas las puertas y todos los días. Aprendimos de la mano de santas mujeres como Tracy Lords, Jenna Jameson -inolvidable Jenna-, Asia Carrera o Silvia Saint, mujeres vilipendiadas como guarras o como putas o inmorales, meros objetos de carne, cuando la realidad es que hicieron una labor social con nosotros que la sociedad -nuestra sociedad- desatendió, pues por entonces no había programas de buen rollo como ahora, ni era algo cool hablar de sexo en la tele, solo estaba la Dr. Ochoa que tenía un peinado de monja conversa y un traje de chaqueta que muy poca confianza o complicidad inspiraba, y aquel programa tan serio que ninguno de nosotros entendíamos, pues ya intuíamos por entonces que el sexo era una cosa que tenía más que ver con grandes pollas de plástico coloreado, condones de sabor tropical y pastillas afrodisíacas que con hombres trajeados debatiendo en aquel plató de color marrón mierda que tantos quebraderos de cabeza le trajo a Alianza Popular y a los obispos. Recuerdo la primera penetración anal que ví en un video de apenas veinte segundos, aquella hermosa mujer de cuerpo terso colocada a cuatro patas mientras un hombre con un poco de panza se la metía por el culo en una especie de puente de madera o algo parecido rodeado de un césped verde y perfecto, y la expresión inidentificable -¿qué era, era placer o era dolor o eran ambas cosas ala vez?¿qué significaban aquellos gemidos confusos?- en el rostro de aquella mujer de melena rizosa y avellana, y descubrir que había otras formas de sexualidad menos evidentes pero igual de interesantes, y la silueta de ambos, aquella perversa figura, recortada contra un cielo azul donde no había ni una sola nube que estropeara el lirismo de la escena y entonces me pregunté cómo lo hacían antaño cuando no había fotografía, ni cine, ni video y por tanto no había pornografía -tal vez solo en los versos picantes de algunos juglares y trobadores-, cómo hacían para aprender cosas nuevas, nuevas posturas, otros juegos, en la antiguedad clásica o en la Edad Media, tal vez solo practicaban el misionero o follaban a cuatro patas en los establos imitando a los caballos o a los cerdos o a los perros o a cualquier otro cuadrúpedo que hubiese en sus sucias granjas o en sus establos pues ellos no habían tenido tan buenas maestras, ni tan perversas, ni tan lascivas, ni tan hermosas y sacrificadas como nosotros, gracias.

miércoles, agosto 16, 2006

Procusto el estirador

Estaría bien que ustedes conocieran la historia de Procusto, aquel posadero del Ática obsesionado por la uniformidad en cuya posada, a la afueras de Eleusis, había una cama -el lecho de Procusto- en la que tendía a sus huéspedes o mejor, a sus vícitmas, y en la que les cortaba las extremidades si no cabían en la cama o les estiraba, con unos mecanismos diseñados a tal efecto, si eran más pequeños que las dimensiones del artefacto. La cama estaba encantada de tal forma que nunca nadie cabía exactamente, por arte de magia.

Y no es que haya locos o enanos o miopes, solo barras demasiado altas y carteles demasiado lejanos o escritos con letras demasiado pequeñas. O ideas -o voces susurrantes en el oido-demasiado geniales para ser entendidas y valoradas por el común de los mortales.

Finalmente se hizo justicia y Procusto recibió su merecido cuando el héroe Teseo, que venció al Minotauro en el laberinto de Dédalo, le tendió sobre su cama y le ajustó a su medida cercenándole los pies y la cabeza. Y por fin en los caminos del Ática se toleró la diferencia.

jueves, agosto 10, 2006

Queremos tanto a Julio

Encontré anoche mi primer volumen de relatos de Cortázar, que compré hace ya más de ocho años en aquella pequeña librería universitaria que hacía esquina enfrente de la Facultad y que estaba liquidando todo su material a bajo precio pues por entonces ya todos fotocopiábamos los libros de texto o los consultábamos gratuitamente en la biblioteca; y entre todo aquello que se vendía había algunos libros de la colección de bolsillo de Alianza -la antigua que tenía las tapas color sepia y que en aquel tiempo estaban cambiando por una nueva con un diseño distinto, más moderno, con las tapas en color- y entre aquellos libros hallé el tercer tomo de los cuentos completos, titulado Pasajes, que no dudé en llevarme por solo setecientas cincuenta pesetas de las de entonces -todavía se lee en la primera página, escrito a lápiz y con trazo distraído, 750-; recuerdo cómo me llenaba de satisfacción observar la cara de Julio impresa en la portada en blanco y negro, sus grandes dedos sujetando un purito encendido que acababa en sus labios, los ojos separados y las cejas juntas, su eterna barba, ese hermoso rostro compuesto por rasgos feos, el enorme cronopio, y cómo mientras esperaba a Marta Espeso sentado en la puerta de la facultad -su abrigo de piel con pelo, su pelo largo y rubio asomando bajo un gorro de lana verde- leí el primer relato del libro -también el primero que el escritor público: "Casa Tomada"- forzando la vista, iluminado únicamente por la luz una farola que lo teñía todo de naraja -pues, aunque era temprano también era invierno y anochecía pronto y hacía frío-, y cómo me sorprendió aquel relato y no pude dejar de preguntarme durante días quién había tomado aquella casa del cuento y por qué los ocupantes originarios no habían hecho nada por remediarlo y simplemente se habían ido y tirado la llave a una alcantarilla para que ningún pobre diablo pudiera entrar a robar.

martes, agosto 08, 2006

Desidia

Digamos crisis, bajón, desidia, podría decirse sequía creativa, mente en blanco, aburrimiento, yo qué se, todo eso, apatía, el caso es que el carrusel me ha vuelto ha dejar posado suavemente -como una pluma que se le cae a un pájaro- en este estado, habitual por estas fechas, que bautizo como de actividad difusa y que suele invadirme -o inundarme, más bien- en las temporadas vacacionales que paso en Oviedo en casa con mamá. Llega suavemente, casi sin avisar y se instala en mi como un tumor oculto, consiste fundamentalmente en un no parar de hacer nada, un absurdo frenesí, pasarse el día de la cama al ordenador y del baño a la cocina: leer el correo, comer un poco de queso, fumar un cigarro y escribir un párrafo, sentirme triste unos minutos y echarme de nuevo en la cama, leer solo unas páginas, cambiar el disco, tratar de estudiar, no poder hacerlo, decir hola a mamá, dar un paseo, volver a casa, llamar a un amigo, echarme en la cama, finalmente no hacer nada de lo que debía. Cosas bien sencillas. Lavar la ropa. Aprenderme unas fórmulas. Visitar a mi tía. Cosas que no hago. De esto te das cuenta cuando, como ahora, te cubre la noche.

El motivo de mi indisciplina congénita es la ausencia de figura paterna. Mi padre murió hace unos 12 años, aún así ni siquiera en mi primera infancia ejerció como tal. Odio a esa gente que vilipendia a Freud a la primera de cambio porque todo lo basa en el sexo o por decir que todos queremos matar a nuestro padre y follarnos a nuestra madre, vaya guarro, o porque de niño lo violaba su padre o porque era impotente y cocainómano. Miren, dejénme de zarandajas, que a veces parece que aún vivimos en laViena de principios de siglo. El complejo de Edipo es algo más que el deseo que fornicar con mamá -deseo algo absurdo, por otra parte-, sino un proceso que todos pasamos con mayor o menor gloria -de ahí sus neurosis-, y que se basa en la contraposición entre el amor de madre -incondicional, incluso cuando eres un asesino en serie- y el amor paternal que el padre solo da cuando el hijo cumple con las expectativas. Esta especie de chantaje emocional se hace necesario para que la persona acepte las normas que le impone la sociedad y que son transmitidas por el progenitor. El niño sale de la esfera materna -del útero- donde todo es cuidado, consentimiento y mimo, y por medio del padre entra en el medio social, donde hay que doblegarse, olvidar los placeres y joderse con lo que haya. Es el principio de placer contra el principio de realidad. Este paso de un lado al otro, esta salida del cálido vientre de mamá, esta horrible travesía, es lo que se representa en la Biblia y en otros mitos religiosos como la caída de un paraíso donde los hombres eran felices -y comían perdices- a un mundo cruel y hostil donde hemos de ganarnos el pan con el sudor de nuestra frente y nadie viene a calmarnos cuando lloramos. El mundo que tenemos. Una de las enseñanzas paternas es, por tanto, la disciplina. Y es, precisamente, una de las cosas que a mi me faltan. Los que critican a Herr Doktor por las terrazas sin ni siquiera haber abierto uno de sus libros sufren tal indigencia mental que apenas pueden comprender una pueril metáfora. Por lo demás yo soy un hombre de ideas fantásticas, tan fabulosas que raramente las llevo a cabo. La última postura vital que he tomado -hace apenas dos días- es la abstemia en días laborables, que llevaba unos cuantos meses sin perdonar un solo día y comienzo a temer por mí hígado y él por mí. Aunque una clara es un refresco. Y unas cuantas también.

jueves, agosto 03, 2006

Dilema

Dicen que dos viejos amigos pasaron una larga temporada sin verse. Por casualidad, sin motivo aparente. Simplemente porque la vida a veces nos tira hacia lados distintos. Dicen que en ese tiempo ambos amigos se acostaron, en diferentes momentos, con la misma chica.

Dicen que ocurrió en Salamanca. Y dicen que ella era una joven estudiante de piel nívea, hermoso rostro y lacia melena castaña. Famosa por su belleza. Pero dicen también que lo que más asombraba de ella era su forma de caminar, una forma no vista antes: aquella cadencia, aquel bamboleo de las caderas, aquella forma de colocar un pie delante del otro. Unos andares que no eran de este mundo.

Dicen que un día los dos viejos amigos se reencontraron para ponerse al día, para contarse todo lo que les había sucedido durante aquel tiempo en el que no podían haberse visto. La sorpresa fue grande cuando descubrieron la coincidencia. Cuando descubrieron que ambos habían explorado el mismo cuerpo y las misma cama con solo unos días de diferencia. Entonces se tendió entre ellos una mirada de complicidad. Porque ambos, llegados al catre de la joven, recién salidos de los vericuetos de la noche y con la cabeza aún dando tóxicas vueltas se encontraron con la misma sorpresa al arrebatarle a la joven -entre jadeos y mordiscos- los pantalones vaqueros que tan sinuosa silueta le hacían: dentro de aquellos pantalones faltaba una parte del cuerpo de la chica: una pierna, de la ingle para abajo, es decir, de la ingle al infinito, que había sido diestramente sustituida por una prótesis de plástico casi perfecta. Llegados a este punto la coja recién descubierta les hizo, con toda naturalidad, la misma pregunta a ambos:

- ¿Prefieres que me la quite o que me la deje puesta?

Uno de ellos juzgó novedoso el probar el sexo con una minusválida hasta las últimas consecuencias y le pidió a la joven que se quitara la pierna ortopédica, cosa a la que accedió gustosamente. Y en verdad fue excitante -y también más cómodo para la cópula, digamos, de más fácil acceso- aquella nueva forma de hacerlo. El otro, en cambio, optó por no continuar, afectado por el shock, pensando -absurdamente- que aquello era un abuso, y dejando a la pobre joven fría, insatisfecha, decepcionada y un poquito más lisiada.

miércoles, agosto 02, 2006

Posesión

Ocurre a veces. Después de haber poseído un cuerpo un puñado de veces -si es que eso es posible, poseer algo, y menos aún que un cuerpo posea a otro cuerpo cuando difícilmente poseemos el nuestro -nuestro propio cuerpo-, que tose, que estornuda, que pasa frío, se resfría y enferma, que suda, se excita y se pone erecto, que entristece y que se tumora y finalmente muere y con él morimos nosotros sin tener control sobre nada de lo que acontece-, ocurre que entendemos equivocadamente que nos pertenece -ese cuerpo ajeno- para siempre y en exclusiva, cuando nada pertenece a nadie -la posesión es una forma errónea de entendimiento pues las cosas más bien fluyen y cambian y son incontrolables, inabarcables entre nuestros tristes y mínimos brazos que apenas sirven para agarrar el aire, pues el primero que puso cerco a una tierra y dijo: esta tierra es mía, fue el fundador de una sociedad injusta y asesina- y nuestra imaginación retorcida nos retuerce con imágenes de ese cuerpo supuestamente poseído cubierto por otro cuerpo, compartiendo un calor que no es el nuestro, otra voz que acaricia su oido y no es nuestra voz, no la que sale de nuestras bocas sino otra, otra boca desconocida que se pierde en su cuello desde la oreja hasta la clavícula, y otras manos que lo tocan minuciosamente en toda su geografía y que no son las nuestras, si es que nosotros tenemos manos o bocas o almas, si es que podemos tenerlas.

martes, julio 18, 2006

Lipstick

Trazo con mi dedo una curva suave sobre tu espalda desnuda, me incorporo y la observo orgulloso creyendo ver el dibujo recién dibujado, como si mi dedo estuviera impregnado en tinta o fuera un lápiz de labios, qué bonito, un lipstick, aunque yo lo que dibujé fue un corazón y no un labio, y además rojo, sí, un corazón carmesí sobre tu espalda morena; al contemplarlo me divierte pensar que dentro de un rato dejarás la cama, te pondrás ese vestido verde que te muestra desnuda de la nuca a la cintura y saldrás a pasear alegre y en tacones por las calles del centro, donde todos te mirarán dándose la vuelta tras un fugaz encuentro con tu cuerpo lindo, todos seguiran tu estela con la mirada, todos te desearán, pero solo yo sabré el dibujo, solo yo veré el corazón bien rojo tatuado en tu espalda o que, tal vez, llevo yo tatuado en la mirada, quién sabe, yo y nadie más que yo, ni siquiera tú, pues duermes boca abajo entre mis piernas ajena a todo este enredo y respirando lento, mientras continúo mirándote e intuyendo cosas que pinto en la pizarra de tu espalda con mi dedo o mi lipstick, sentando a horcajadas sobre tu culo como quien cabalga un pequeño corcel.

sábado, julio 15, 2006

Amnesia

Parece que no recuerdan. Arbeit mach frei. Inscrito en letras de acero. En las puertas de Auschwitz. El trabajo os hará libres. Parece que no recuerdan. Las estrellas de David. Pintadas con pintura roja. Juden Raus. En las lunas de sus comercios. Judíos fuera. Ni el gueto de Cracovia. Las familias separadas. Largas colas de gente asustada en las plazas. Todos firmes. De pronto. Habían sido sacados de sus casas. De sus camas. En mitad de la noche. Parecen no recordar el hacinamiento. En los trenes. Cruzando páramos nevados. Camino de Dachau. O Mauthausen. O Bergen-Belsen. Tenían que orinarse encima. Y hacía frío. Parecen haber olvidado el humo. Saliendo de la fina chimenea. De la incineradora. Permanentemente. A veces no daba a basto. Y los cuerpos esqueléticos. Cadáveres. Apilados en las arcenes de la carreteras. La cámara de gas. La Solución Final. Las Joy Division. Mujeres mantenidas con vida. Para ser violadas a capricho. Los trabajos forzados. Acompañados de alegre música de orquesta. Parecen haber olvidado. Todo lo que contaban sus abuelos. Que sobrevivieron. Horrorizados ya para siempre. Cómo se tapaban el rostro con las manos. Cada vez que recordaban. La esclavitud. La tortura. La muerte.

Liberad Palestina.

viernes, julio 14, 2006

Si el toreo es arte el canibalismo es gastronomía

A finales de los años noventa tengo el pelo morado, un pañuelo palestino y formo parte de diversas asociaciones extremoizquierdistas. Anarquistas, antiglobalización, todo eso. En la que participo más activamente es un grupo de Liberación Animal. No comemos carne. Crucificamos peluches delante de peleterías como forma de protesta. Los niños sienten curiosidad por el montaje. Los padres los alejan de nosotros como si fuesemos Satán. Boicoteamos restaurantes de comida rápida. Ofrecemos, en la puerta, tortilla de patata, queso cabrales y sidra. Nuestra acción estrella es, sin embargo, la protesta contra las corridas de toros.

El grupo es dirigido -o algo así- por un catedrático de Neuropsicología que se disfraza de toro en cada concentración. Y porta un cartel que dice: atrevete a torearme. Cuando hacemos reuniones se le quedan las migas de los bollos colgando de las barbas. Un par de años después fallece: el corazón.
Un día viene a visitarnos una mujer defensora de los gatos. Ha localizado a un anciano que maltrata a estos animales. Quiere que vayamos, con cadenas, una noche, a visitarle. Que le demos una buena lección. Pensaba que érais anarcos, dice la mujer ante nuestra negativa.
Otra mujer, cuarentona, miembro del grupo, fantasea constantemente con una amenaza de bomba contra la Plaza de Toros: se trata de colocar un artefacto, falso, en el baño del segundo piso y luego avisar por teléfono, desde una cabina, de su colocación. Desalojarían la plaza. Parece sencillo.
Algunos de los miembros del colectivo son apaleados en actos por la defensa de los animales. Un compañero recibe una brutal paliza de manos de la cuadrilla de un torero. Hay un juicio.

La gente sale de las corridas de toros con la violencia en los ojos. Somos pocos y la policía, en vez de defender a la gente de bien, nos tiene que defender a nosotros de los paraguazos y bolsazos que tratan de propinarnos las ancianas burguesas que asisten a la corrida. Cuando los toreros salen les gritamos asesinos. En una ocasión, Francisco Ribera Ordoñez me hace un corte de manga. Me siento orgulloso durante días. Hacemos panfletos con citas de Schopenhauer o Unamuno a favor de la causa animalista. El público que sale de la plaza nos grita. Que nos busquemos un trabajo. Que somos terroristas. Que dónde estábamos el día que mataron a Miguel Ángel Blanco. Toda esa basura.

Cada vez que hablo con alguien sobre los toros tengo que oir la misma mierda.

Que el toreo es una tradición. Como la ablación o el linchamiento. Por ejemplo.
Que el toreo es arte. Bonita palabra que no se refiere a nada en concreto. Mi culo es arte. También.
Que el toreo permite que el toro de lidia sobreviva como especie. Y que los toros viven con todos los lujos hasta que llega la lidia. Me da igual el toro de lidia como especie, señora, lo que me importa es que la especie humana disfrute de la brutalidad. Brutalidad, voy a repetirlo. De ensañarse hasta la muerte con un animal acorralado. Asustado. Drogado. Debilitado. Con varios arpones colgando del lomo. Herido insistentemente por un hombre a caballo. Y probablemente con un alambre quebrado dentro del pene. Todo ello acompañado de alegres pasodobles. Y que lleven a sus hijos a ver ese espectáculo. Y lo muestren por la tele. A las ocho de la tarde. Que tengan la poca verguenza de pretender que ese animal derrotado sea el símbolo de este pais vergonzoso.

Me aburro y no se si me explico.

Lo que quiero decir es que no entiendo como podéis ser tan crueles e inhumanos como para disfrutar así con la tortura de un animal.

miércoles, julio 12, 2006

mar el poder del mar

El mar seguía ahí. Anoche. En Gijón.

De noche el cielo y el mar forman un único manto. Azul, oscuro. Excepto en el borde. Donde ya se puede ver la espuma de las olas que rompen. Y los reflejos de las farolas amarillas del Muro.Y las parejas que follan creyéndose ocultas. Con los genitales llenos de arena. Huele a algas y a sal. El Cantábrico es un mar violento y malcarado. Escarva las playas en la roca de los acantilados. A mordiscos. Sin piedad. Es, también, el más hermoso.

Dicen que el mar produce sosiego en quien lo contempla. No es así. Es, en cambio, una fuente de zozobra e inquietud. Si pensáis en ese algo desconocido que os roza el tobillo un día de resaca. Que se enreda. Si pensáis en los marineros naufragados que no regresan nunca. Y en los rostros de los hijos esperando hallar cualquier mañana los cadáveres varados en las playas. Cuando en realidad están amarrados por las algas al fondo marino. Pálidos e hinchados. Si pensáis en la condiciones extremas de presión, temperatura y oscuridad de las profundidades abisales. Y en esos peces esperpénticos con grandes dientes y ojos y linterna incorporada. Y en Moby Dick y el calamar gigante que atacó al Nautilus. Y en los inmigrantes que se ahogan tratando de llegar a nuestras costas. Y son condenados a la muerte. Por los opulentos. Si pensáis en que el sístole y diástole de las olas continuará siempre. Cada momento de vuestras vidas. Cada minuto. Cada segundo. Sin descanso. Y aún cuando muráis. Y hasta que la estrella se hinche y engulla la órbita terrestre. Y todo el planeta sea destruido.

El miedo más puro que existe. Zambullirse en el agua desde una embarcación lejos de la costa. Sumergirse un metro tras otro. Sentir como se enfría cada vez más el agua alrededor. Y no encontrar el fondo. Y entonces tratar de salir de nuevo a flote. Moviendo desesperadamente las extremidades. Y por fin la superficie. Y saber que bajo vuestros pies pedaleantes. Hay decenas de metros. De profundidad. De oscuridad. Y misterio.

lunes, julio 10, 2006

Foto

Aquí el Autor. La noche de un sábado. O la mañana de un domingo. Que es casi lo mismo. Una noche de verano, en cualquier caso. Perdido en la Gran Vía. Con un autobus detrás. Y un coche que casi ni se ve.

Eso es todo. Una imagen vale más que bla bla bla...

viernes, julio 07, 2006

Fragmento

Nadie habla nunca, nadie, aunque la gente mueva los labios y la lengua y las cuerdas vocales y emitan sonidos nunca nadie dice nada. Nada de lo que importa. Lo importante no se dice, se susurra, lo importante son los susurros, que atraviesan la vida como los gusanos atraviesan la tierra y los cadáveres y como los hilos atraviesan la ropa, de un lado a otro, casi imperceptibles, no lo que se dice en voz alta o se grita y llega a oídos de todos, lo importante son los susurros porque son lo más parecido al pensamiento, que no se dice ni se oye y solo lo escucha uno mismo, si es que lo escucha; así se susurran las cosas más graves, se susurra la confesión de un crimen bajo una luz cegadora en los bajos de una comisaría y se declara el amor susurrando una boca cálida a un oído sobre la misma almohada, a oscuras. En susurros se conspira y se hacen sucios negocios, los susurros de las putas acarician los oídos de los transeúntes en los callejones. Con susurros se entrega al sueño a los niños y en susurros invierten los moribundos su último aliento, su despedida. En susurros viajan las verdades mientras que las mentiras se gritan. Por favor, bajen la voz. O mejor, no digan nada.

miércoles, julio 05, 2006

La piel

El éxito en la práctica de la magia depende de una elección adecuada del momento, el lugar y el deseo. Es tan fácil como desear lo posible en el momento y lugar adecuado. Se acaba ya la tarde y Marco cierra los ojos bajo un cielo naranja y morado. Desea, tras la oscuridad de sus párpados, que el Sol se ponga, aprieta los dientes y cierra fuerte los puños. Y el sol se pone, abracadabra, víctima del sortilegio. Es la primera vez que Marco admira un crepúsculo y piensa que el Sol, tan rojo, hundiéndose en el Atlántico, debe de ser una fruta o un vegetal. La playa está orientada al oeste y, sumergiendo los dedos de los pies en la arena, Marco dice: “míralo, tan anaranjado y rojo, solo puede ser un tomate, una naranja o un pomelo”. La marea sube y las olas le lamen las piernas.
- ¿Qué es el sol -pregunta Marco-, y por qué cuando muere se pone tan rojo?
- El sol es una estrella, como los puntos blancos que ahora comienzan a aparecer -le responde Sara señalando al cielo oscurecido-. Se pone rojo porque la atmósfera difunde en diferentes ángulos las diferentes longitudes de onda de la luz, el rojo difunde totalmente y solo queda el azul. Es por esto que el cielo es azul.
- ¿Y qué son las estrellas? - pregunta Marco insaciable apoyando la cabeza sobre las manos.
- Las estrellas son esferas de gas autogravitantes; albergan furiosas reacciones termonucleares en su interior que las iluminan.
- Yo creo que las estrellas son pomelos - y después silencio.
En momentos como este Marco ama y odia secretamente a Sara. Allí, tendido en la playa, a su lado, tiene la convicción de que lo único alrededor de lo que él giraría eternamente era el fino cuerpo de Sara sobre la arena húmeda. El amor es algo así como uno de esos peluches que hablan al apretarles el vientre o las cajitas musicales que liberan, al abrirlas, una melodía melancólica y el baile de una bailarina de nácar: cosas dulces y amables en apariencia pero animadas interiormente por un mecanismo cruel, frío e implacable.

domingo, julio 02, 2006

Working class heroes

Oigo a los obreros trabajando encima de mi casa. Primero llegan unos muy delicados, hacen pliqui-pliqui con pequeños martillos y colocan azulejos con sus finas manos pálidas, beben de botellas de agua cristalina. Después vienen otros diferentes, otros que imagino como hombres gigantescos de piel curtida portando enormes mazas, las dejan caer con todo su peso sobre el suelo: poooom, pooooom, poooooom. Hay veces que descansan, fuman tabaco negro, maldicen y escupen en el suelo. Me gustaría que bajasen algún día hasta aquí y me abrazasen fuerte, que casi me asfixiasen entre sus brazos, oler su olor a cuero y a sudor y los cosquilleos de sus mostachos rozando mi cuello. Venid y dadme vuestra fuerza de trabajo, acariciadme con vuestros gruesos dedos peludos, dadme un poco de vuestra solidaridad sindical, un poquito, aunque sea, de vuestro amor proletario, gigantes de Turquía pagados con el sucio oro moscovita. Hombres sin camisa de cabellos revueltos, venid a mí, que tengo los huesos curvos de tanto abrazar a una sombra.

miércoles, junio 28, 2006

Biblioteca

El silencio es tan silencio que hasta puede oirse el calor derritiéndose lentamente como melaza por las paredes de la biblioteca -a veces alguien tose, somos pocos desperdigados en mesas enormes, a veces alguien se levanta para consultar un volumen de pie al lado de la estantería y luego regresa a su puesto- y se escuchan las gotas de sudor resbalando por las sienes hasta caer finalmente sobre las hojas de papel plagadas de fórmulas garabateadas y de absurdos dibujos que trazamos cuando nos distraemos por un instante y dejamos que la mente alce el vuelo, más como una mosca que como un águila imperial, revoloteando en espirales y deseando salir por la ventana, que por estas fechas siempre está abierta, para volver a donde está la vida realmente, no aquí entre libros, ceños fruncidos y pies que martillean el suelo, sino ahí fuera, tumbada en las plazas, inundada de sol amarillo, en las gotas de agua que escapan de las fuentes y se posan sobre la hierba, en los dientes que descubren las sonrisas, en los hombros desnudos de las niñas, en el asfalto caliente, entre los coches, donde hay ruido, asomada a los balcones, pero no aquí, no está aquí la vida, no a este lado.

Mañana acabo.

lunes, junio 26, 2006

Que vengan mis amigos con la boca llena de flores y me digan que soy un muchacho excelente y que cumpla muchos más, que llenen mi buzón de cartas primaverales y que me llame gente cuyo rostro es ya borroso pero recuerde este día y yo aún su voz. Que pongan langostinos en la plancha. Y corten jamón. Y descorchen botellas. O vino de brick. Y los langostinos se tornen colorados. En mi aniversario.

Hoy hace exactamente veintiséis años que asomé la cabeza entre las piernas abiertas de mamá. Allá al norte, en Asturias. A las once de la mañana. Bajo el signo del cangrejo. Ha girado el planeta veintiséis veces alrededor de la estrella y yo lo he visto.

Mi madre guarda en algún lugar la pulserita que me colocaron en el hospital después de nacer para identificarme. Mi primer complemento y a la vez mi primer documento de identidad. Es muy pequeña, la pulsera, aunque mis muñecas siguen siendo finas a día de hoy. Dice mamá que la primera vez que me vio, cuando después del parto me pusieron entre sus brazos y era un bichejo nuevo, blando y rosado, le dio un ataque de risa. Porque nací con bigote.

Un día cualquiera de 1984 yo estoy en el descansillo de la casa de mamá vestido de azul y pego un moco denso y verde oscuro en la puerta metálica del ascensor. Ese es mi primer recuerdo consciente. Desde entonces todo ha ido sucediendo, tal y como atestiguan las fotos que la otra noche se proyectaron en la despedida de soltera de una amiga del cole. Que ya se casa.

Ya sé que todo esto es un poco inconexo. Qué quieren, la vida es así. Inconexa, sobre todo cuando transcurre en la memoria.

Y no sé si cumplir años me hace gracia. Pero felicítenme, de todas formas.

viernes, junio 23, 2006

Filosofía

Lo que más me impresionó de la muerte de mi tío César. Las sábanas revueltas. El silencio en su habitación. Le habían sacado en mitad de la noche de aquella cama. A la hora a la que se reparten los periódicos y los panaderos amasan el pan. Y riegan las calles los barrenderos. A esa hora. Aún oscuro. Frío. Húmedo. Y silencioso. Sacaron el cadáver de mi tío. No hubo tiempo de ordenar la estancia. Ni de recoger sus zapatos de piel negra y meterlos en el armario. Uno en cada esquina. Ni de hacer la cama. Y luego las palabras de mi madre. Cuando yo volvía del cole con ganas de comerme una magdalena. Empapada en colacao. Vamos a visitar a la tía Vicen. Sin motivo aparente. Un miércoles que estaba nublado y amenazaba llover. Como siempre. Y luego toda la familia reunida en el salón de la tía Vicen. Y las sábanas revueltas. Gente que no veía desde hacía mil años. O dos mil. Gente que me besaba las mejillas con cariño fingido. Mucha gente. Este niño siempre fue tan callado. Y tan formal. Les veía en bodas, bautizos y comuniones. Me explica mamá que tengo que quererlos. Porque son mi familia. Por eso. Son los que me apoyarán cuando esté viejo. Y triste. Y solo. Quien estará a mi lado. Quien poblará mi casa el día que me muera. Ellos o sus hijos. Verán mis sábanas revueltas. Mis zapatos perdidos. O no. Aquella gente en aquel salón lleno de fotos de bodas. De bautizos. De comuniones. Fotos de gente sonriente, que veo cada mil años. O dos mil. Y la tía Vicen apareciendo una hora después y forzando una sonrisa como la que muestras cuando te hacen una foto. No como la que pones tras la muerte de tu marido. Y has estado un rato antes agarrando la mano de un cadáver entubado con el que una vez te casaste. Vestida de rojo. Que trataba de decir adiós. O algo parecido. Y que no volverá a agonizar en el sofá delante de la tele. Viendo telebasura. Y yo leyendo una revista de baloncesto americano hundido en uno de aquellos sillones marrones. Donde una vez mi tío me enseñó tres dedos de una de sus manos peludas. Y después me explicó lo que significaba la palabra Filosofía. Y no entendía nada. Pero me hacía gracia. Y lo recuerdo. Cuando el cáncer ya le había mordido la mayor parte del pulmón. Y tenía el pelo ya blanco y los huesos asomando. Y me daba cien pesetas por visitarle, rebuscadas en un monedero de cuero negro. Y respiraba suave. Como un peluche. Y cada vez hablaba más flojo.

lunes, junio 19, 2006

Conocer gente

Cada noche sus sonrisas corrían a mis labios, aquellos años locos, y luego sus cuerpos se perdían en los laberintos de mi cama irónicamente matrimonial, yo vagaba perdido y confuso entre pieles húmedas, voces tontas y nuevas babas, coños jamón de york y rostros constreñidos de placer, como un marinero rudo y tatuado visitando mujeres exóticas en vez de playas, cada noche tenía su pesca, su botín o su tesoro enterrado escondido en un cofre, y las risas y las promesas que volaban por los aires las iba borrando el amanecer que se filtraba; siempre exigía que leyeran en voz alta uno o dos de mis poemas antes de enredarnos -aún cuando les bailaban las letras y no podían o no entendían- y pensaba que era cruel y megalómano verter mis palabras en sus bocas y oírme hablar en sus blancas voces y eso me gustaba y lo hacía todo más porno. Y la mañana, después de un sueño corto o inexistente, traía la eterna pregunta, cómo te llamas, quién eres tú y, sobretodo, quién yo; se iban y solo dejaban un vaso de café templado bebido con mucha prisa, el estruendo de la puerta cerrándose de un golpe a su espalda, un recuerdo neblinoso y drogotonto y un nuevo número de teléfono apuntado en un papel antes de irse que yo arrojaba invariablemente a la basura desde que aprendí que nunca volvía a llamar o a ser llamado y que los nombres abandonaban con el tiempo a los cuerpos y a las caras. Quedaba eso, el vaso vacío en la mesa de la cocina y mi cuerpo extendido sobre la cama aún caliente, las sábanas revueltas, algún pelo, el aliento a noche pasada y la palabra soledad revoloteando por mi habitación caótica como una mosca: soledad, qué palabra tan grande para un silencio tan perfecto; me acompañaba, la soledad, como a un explorador en busca de un gran amor recién perdido, tratando de reconstruir las ruinas del pasado y pensando que eso, el amor, era un objeto que, cada noche, alguna mujer introducía en mi cama, pero estaba, como siempre, equivocado.

viernes, junio 16, 2006

Panfleto

Es curioso, fíjense en los comentarios del anterior post: a nadie parece gustarle Mariano Rajoy ni ninguno de sus secuaces, al menos como político (como objeto sexual parece tener más éxito). Lo cierto es que he conocido a pocas personas afines al PP en mi vida y me pregunto: ¿cómo pudo gobernar tantos años con mayoría absoluta?, ¿cómo puede ser el segundo partido del Estado?, es decir, ¿dónde se esconden sus seguidores?. Cuando hablo de esta inquietud por ahí - por las barras de los bares o las terrazas- me dicen que claro, que yo no conozco a peperos porque no me muevo en ese círculo, porque ellos son viejunos y yo joven, fresco y dinámico, porque no voy a lugares ni vivo en barrios donde abunde esta especie. No suelo frecuentar iglesias, ni sedes del Opus Dei, ni pistas de pádel. Ya, ok, pero ¿aquí en el blog? Aquí la gente circula sin conocerse y yo no sé quién lee o postea, no selecciono mis amistades cibernéticas y aún así todos parecen gente de bien que maldice al PP. ¿Es bloguear una actitud izquierdista o qué? El otro día leí que uno de cada cuatro españoles es un psicópata. Y me pregunté lo mismo: si hay uno de cada cuatro, ¿por qué yo no conozco a ninguno? ¿O será que los conozco y no me doy cuenta? ¿O serán los votantes del PP los mismos que los psicópatas? En esto último estoy casi seguro.

He estado pensando además en ese discursito ubicuo en la tele últimamente que dice que la violencia es inadmisible siempre y en todas su formas, que hay que respetarlo todo, que si la tolerancia y bla bla bla... Bueno, la cosa es algo como así, el Pensamiento Único ese piensa y dice por su Boca Única: tolerancia, respeto, la violencia es el mal, buen rollo y solidaridad, así, todo muy sentencioso como un libro de Autoayuda que queda muy bien y la gente se lo cree (si lo dice un libro...). Es, a todas luces, un discurso descafeinado prueba de cierta indigencia mental pero muy útil a la hora de mantener cierta paz social y una democracia light como ésta, tan light que quizás no merezca ni ese nombre, vamos, etimológicamente.
Lo que yo digo es: si respetamos todo qué sentido tiene merecer respeto, qué valor. El respeto siempre ha habido que ganárselo, y ahí radica su gracia, además hay cientos de miles de cosas que no son respetables. Respecto a lo de la violencia supongo que los que dicen que no es admisible bajo ninguna forma tampoco creen que deba utilizarse para perseguir a asesinos o violadores, o digamos sin ser tan demagogos, que sólo se considera legítimo el monopolio de la violencia por parte del Estado. Será eso... Anyway todo es cuestión de grado, yo no estaría de acuerdo con que linchasen y colgasen a Rajoy del palo mayor pero de esto a tirarle unos huevos hay un buen trecho... Esta costumbre de arrojar huevos y tomates y vociferar un poco es más vieja que la prostitución y muy sana y natural, se queda uno como la seda, oiga. Además son alimentos sin colesterol, y gente como los gerifaltes del PP que apoyaron sin pestañear varios genocidios deberían ser blanco de estas legumbres y hortalizas más a menudo. Y que conste que a mi lo del conflicto catalán me es ajeno, pero me hace risa.

miércoles, junio 14, 2006

Un Demócrata

Ay qué pena Mariano, qué pena que tengas que huir así, zarandeado por una multitud, abucheado por gente mala en un idioma bárbaro, metido a trompicones en tu coche blindado por un guardaespaldas gigante que te coloca la mano sobre la cabeza como si fueras un vulgar delincuente. Pero no estés triste Mariano: ellos no son demócratas; son solo esos jóvenes radicales y folloneros que quieren destruirlo todo. Nosotros, en cambio, te queremos Mariano, yo te quiero: amo tu boca de fresa rodeada de pelo salvaje, amo tus labios gordos siempre brillantes y húmedos, amo tu dicción de niño sabiondo y tu cara de hombre asustado cuando subes a la palestra en el parlamento, amo las partículas de saliva que escupes al hemiciclo cuando te excitas. Tú no has tenido reparo en hacer cualquier cosa, hasta la más peregrina, por la unidad de España -que nos la quieren romper Mariano. Sólo tú sabes que no fueron los islamistas sino La Eta, y no has dudado en insultar, en recoger firmas a través de niñas pijas, en echar obispos a la calle, en reclutar ancianos o niños por toda la piel de toro y darles un bocata para que se paseen con pancartas por las calles de Madrid por el bien de todos. Tú y esos atractivos hombres con pinta de gángster que te rodean lo dáis todo por nosotros, para que vivamos en un mundo mejor, uno, grande y libre, un mundo con menos maricas, moros y rojos y más ancianas que salgan de misa, cada domingo, tranquilas, a tomarse un chocolate caliente con bollos sin nada malo que temer.

sábado, junio 10, 2006

Cosmología

Mientras me lavo los pies en la bañera –ha llovido y yo iba en chanclas porque al salir de casa hacía sol, pero luego llegó una tormenta de verano y se me han manchado los pies de barro y arena- y veo el agua negra caer y arremolinarse en torno al sumidero, pienso en que al principio toda la materia del universo estaba contenida en un punto adimensional, un punto matemático de volumen cero, y que cuando éste punto estalló comenzó el espacio y el tiempo, así que no tiene sentido preguntarse qué había antes, como suele hacer la gente, pues el tiempo nació en ese justo instante y no tiene sentido pensar en un “antes”. Luego me seco los pies, me miro en el espejo y el espejo me devuelve la imagen de mis ojeras, últimamente no duermo mucho, observo entonces la superficie del lavabo, cóncava como el espaciotiempo curvado por la presencia de una estrella masiva; según la relatividad general de Einstein, que parece a todas luces la correcta, no existen las fuerzas de gravedad entre los cuerpos, si no que los cuerpos deforman el espaciotiempo y las cosas –los planetas, los cometas, la luz- simplemente siguen las líneas rectas de ese mundo torcido, las geodésicas, dándonos a nosotros la falsa sensación, que solo vemos las tres dimensiones espaciales, que opera una extraña fuerza; si la masa es muy grande se hace un agujero en la realidad, como el sumidero del lavabo, y todo cae, hasta la luz, es un agujero negro. Me cepillo durante unos minutos y camino por la casa, no soporto estar quiero en el baño dándole a la dentadura, echo un vistazo al salón y a la cocina y hay algunas migas en el suelo; la materia se formó cuando la temperatura fue lo suficientemente baja como para que las partículas se recombinasen formando átomos, antes solo había una sopa calentísima de todos los objetos microscópicos que forman ese zoo que son las partículas elementales. Cuando se formaron los átomos, el universo pasó a ser transparente a la luz y se formaron las galaxias y las estrellas que explotan como supernovas produciendo los átomos pesados, de oxígeno, de hierro, de carbono, que más tarde forman las migas de pan que hay en el suelo de mi cocina, así todo lo que vemos proviene de una estrella que estalló, somos polvo de estrellas al fin y al cabo. Después de aclararme la boca me tumbo un rato en la cama y pienso en cómo acabará todo esto, si el universo se contraerá de nuevo volviendo al punto original en un Big Bang inverso –el Big Crunch- o por el contrario se expanderá eternamente enfriándose hasta ser un cadáver, y de pronto me siento muy muy pequeño y caigo en la cuenta de que aunque sepa cientos de ecuaciones abstrusas, datos, desarrollos, razonamientos, en realidad no comprendo nada, es incomprensible, y estoy muy muy cansado, tuve examen de Cosmología esta mañana –sábado-, y volví con la cabeza como las fallas de Valencia, necesito descansar.

PD: Me salió muy bien

lunes, junio 05, 2006

Después

Es bien sabido que no es lo mismo ser un drogadicto que estar bien drogadito y a veces en domingos soleados se deja caer por casa algún amiguete en el segundo de los casos anteriormente descritos afirmando no haber pegado ojo desde que cayó el Muro de Berlín y Fukuyama profetizaba el fin de la historia o incluso antes, desde el siglo XVI, cuando reinaba Felipe II, el Rey Prudente, y el sol no se ponía sobre nuestros dominios. A día de hoy, tal como están las cosas, el sol no se pone sobre nuestras drogas y la juventud hace como el astro rey: sale y se pone, sale y se pone, sale y se pone…, así que el amiguete, que se encuentra en estas circunstancias tan de hoy en día, revolotea por la casa luciendo unas ojeras impecables y un carrusel de estados de ánimo: cae en la cama desfallecido, no puedo más, para luego resurgir de un salto y mover el esqueleto eufórico al ritmo de algún temazo revientapistas que le pincho condescendientemente, luego se siente triste, vaya bajona, por qué no llamamos a alguien, tengo sueño, vamos a tomar cañas, la liado parda, tienes algo por ahí; y se ríe y se calla, qué amigos somos, te acuerdas cuando nos conocimos, y se rompe la presa cerebral que contiene todas esas anécdotas del pasado reciente, así hasta que finalmente lo hallo dormido acurrucado en cualquier esquina con un enternecedor aspecto de gatito lindo que se niega a despertar ante mis zarandeos. Mientras, el Ministerio de Sanidad desinforma en puestos callejeros donde se reparten panfletos en los que se dice que las drogas de diseño no son de diseño y que no la toma gente cool y moderna, no la toman los diseñadores ni los artistas ni la gente guapa: no debes tomar drogas, ciudadano adolescente, porque la gente que las toma son personas vacías, incultas, de clase baja, feas y, al parecer, malolientes y con pezuñas, brillante argumento, y yo digo: démos un fuerte aplauso a las políticas antidroga de la administración, olé, chapeau, seguid negando la evidencia cómo siempre negáis las realidades sociales –tanto tiempo cerrasteis los ojos ante el conflicto de las provincias vascongadas pensando neciamente que era un problema de delicuencia cuando en realidad se trata de un trauma social enquistado-, y seguid mintiendo en vuestra propaganda sobre los motivos, las causa y la consecuencias de esa cosa que llamáis Droga y que produce dobledosis. Dentro de unas horas sonará el despertador y empujará a mi amigo por un resbaladizo y depresivo tobogán que le llevará de nuevo al jueves, otra vez al carnaval y a la pirotecnia porque aquí ante tanto hastío y tanta mediocridad llegamos al fin de semana como animales salvajes huidos del zoo.

miércoles, mayo 31, 2006

Viento

Miente y putea la primavera como una mujer hermosa y que se calle el viento por favor, que se calle, el viento taladrando mi persiana, golpeando caóticamente la ventana, el viento aullando ahogado entre las ramas de los árboles de ahí fuera, el viento toda la noche y mi cuerpo desnudo y sudoroso sobre mi colchón caliente como un desierto, la sábana húmeda enredada otra vez entre mis piernas, que se calle el viento, que se calle y me deje dormir, toda la noche dando vueltas, no existe la postura perfecta, el pelo enmarañado y los sueños retorcidos, incubando unas profundas ojeras moradas y siniestras que me acompañan durante el día fieles como un estigma.

lunes, mayo 29, 2006

La fe y la ciencia

Le había visto caminando solo por los pasillos de la facultad, vistiendo negro y alzacuellos, por momentos sospeché que pertenecía a alguna tribu siniestra o gótica, pero con aquella cara no podía ser. La otra tarde entró en el laboratorio de electrónica mostrando el rostro sonriente que tantas veces había visto sentado al fondo de las aulas y que dice algo así como os amo a vosotros como a mi mismo. Se acercó a mí y resultó que nos había tocado hacer las prácticas juntos, seríamos un equipo, diseñaríamos circuitos y jugaríamos con miles de cable y chips; al estrechar su mano confirmé que en realidad era cura: la misma mano sacerdotal que solía estrechar en mi infancia unida al cuerpo de diferentes curas y siempre igual: blanda, rechoncha y húmeda. Se trataba, en efecto, de un joven seminarista. Me llamo J., me dijo. J. santifica las fiestas, honra a su padre y a su madre, cree en Dios sobre todas las cosas y no mata ni roba, y esto me tranquiliza.

La infancia de todos está llena de curas y de Iglesias porque es cuando somos jóvenes y nuestro cráneo y cerebro están aún blandos cuando tratan de alistarnos para su causa utilizando como arma las canciones de catequesis y las parábolas del galileo melenudo, que ellos, muchas veces, predican pero no practican: hoy en día ser católico es una postura similar a ser del Betis. Simplemente eso, una postura.

Así que resulta que tenemos a este joven sacerdote –tiene los ojos claros, verdes en el centro y azul en la periferia de la pupila- que quiere ser científico y que parece un buen tipo. Eso sí es una postura difícil –como el pino puente- y eso me gusta.

Solo espero que en medio de cualquier sesión de laboratorio se nos aparezca el Espíritu Santo convertido en blanca paloma y nos apruebe, a mí aunque sea de bulto, como uno de esos ladrones que crucificaron a la vera de Jesucristo.

jueves, mayo 25, 2006

Homenaje

No creas que a mi no me da tristeza que las cosas no sean como ambos queremos, que la vida sea un puzzle de piezas melladas que nunca encajan, un rompecabezas diabólico e irresoluble que solo de vez en cuando –en una coincidencia cósmica, cuando los planetas se alinean y todas las monedas que tiramos al aire caen de canto- nos da una alegría efímera. Te dije mil veces que para nada hacían falta planes o poner nombres a las cosas, que las cosas mejores no son las firmadas y estipuladas sino las que ocurren de hecho, las que ya están ahí, y los mejores nombres –arte, amor, poesía- son los que no se refieren a nada; pero no quisiste entender y te negaste a embarcar en un barco perdido a la deriva, empujado suave por la brisa.

Al principio dijiste que querías ser algún día protagonista de estas líneas. Ahora, al final, ya lo eres, me escribes un poema pueril y encantador sobre las vistas que hay desde mi ventana y cada vez que entro en mi cuarto echo en falta - de pronto- tu cuerpo loco y hermoso sobre la cama nueva que compartíamos, sintiendo sobre mi espalda el peso del cariño que me diste y no supe encajar, como una piedra.

miércoles, mayo 17, 2006

Papiroflexia

Nunca salieron esas palabras de tu boca. Nunca moldearon tus labios ni tu lengua el aire para decir aquello. Nunca me avisaste con las manos ni con el rostro, los ojos, las mejillas, el ceño fruncido. No hubo ni una sola señal, ni una. Se trató al final de una servilleta arrugada y manchada de café manuscrita con tu nerviosa caligrafía que dejaste sobre la mesa de noche en la que se podía leer algo así como un adiós y en la que además estaba impresa la frase “gracias por su visita” en letras de molde verdes y que yo hábilmente transformé haciendo papiroflexia, ya saben, doblando los bordes del papel de la manera adecuada para que las letras que tienen que coincidir coincidan, en un rencoroso y dolido “gracias puta”.

domingo, mayo 14, 2006

Un buen día

Las palabras nunca son suficiente, nunca bastan, y la literatura funciona como El Precio Justo: gana quien más se aproxima y es difícil dar en el clavo. Por ejemplo yo podría contarles que hoy sólo se ve una nube perdida en un cielo diáfano y que el sol calienta mi cuerpo serrano en la terracita del salón, hoy la primavera está siendo -por fin- consecuente consigo misma y dan ganas de vivir en este día amarillo y azul. Pero ustedes verán que es la típica historia de buen rollito, de me levanté contento, de es domingo, anoche no salí y huele a cafe recién hecho y a pan tostado, ya ven, esa mierda, y lo más probable es que no consiga transmitirles ni una pizca de mi satisfación matutina.

Así que mejor les digo que hace un día de puta madre, llevo gafas de sol y hay un vaso de birra fría en mi mano. Bien.

miércoles, mayo 10, 2006

Digo

Y precisamente es en su inutilidad donde radica su belleza: se trataba sin ninguna duda de encomendar mi existencia a saberes absurdos y hábitos tóxicos, analizar la radiación obtenida por un telescopio de rayos x orbitando alrededor de la tierra procedente de galaxias que chocan a años luz de distancia y que para nada nos afectan, hilvanar historias contadas mil veces de mil bocas a mil oídos cambiado solo las palabras o las intenciones, perderme en noches laberínticas de luces y humo creyendo que en el límite estaba la respuesta esperando dormida; recuerdo de adolescente imaginando vivir en una casa como ésta, con grietas en los muros –siempre el temor a desplomarse en cualquier momento-, música independiente y una pared pintada de rojo y la subversión que significó robar el primer libro de mi muy robada biblioteca y que luego ni siquiera me gustó, el deseo de contar con una interminable lista de amantes y una nutrida colección de discos indispensables según las mejores revistas, poner mi cama a ras de suelo, ser golpeado por un policía mientras cortaba el Paseo del Prado en una protesta idealista y no comer carne, entender, en fin, la vida como una sucia novela o una sucesión de fotogramas y luego contarlo –yo fui hijo único-, tener la cabeza llena de pajaritos punks.

Crecer es rezar un rosario de desencantos y nunca uno imagina cuantas veces puede llegar a perder la inocencia y cuanta aún le queda escondida donde no la puede ver –parece el único bien inagotable. La madurez es un mito inventado por la juventud para justificar cierto respeto por sus mayores o para diferenciarse del otro arguyendo una mayor evolución La intensidad es exclusiva de los primeros momentos y luego decae exponencialmente cuando todo se torna repetición y hastío, hasta lo más excitante hasta lo más más. Tal vez el error fuera albergar unas ambiciones demasiado vertiginosas: a los veintiocho dicen que desaparecen las ganas de salir –aunque está de sobra comprobado que esto es falso-, las mujeres fantasean con tener un hijo –o lo tienen- y el otro día Keith Richards volvió a amenazar con palmarla mientras Johnny Rotten participa en reality shows allá, en Inglaterra.

martes, mayo 09, 2006

Promoción


¿No trata, acaso, la primavera de eso, de florecer, de hormonar, de humedades?

Pues fíjense, caminábamos Isaac y yo envueltos en un fresco día amarillo sol y él iba armado con su nueva cámara, una de esas que ya no se ven tanto, de las de pensar, de las que tienen un objetivo y unas palanquitas que manipular antes de cada foto. Buscaba motivos que fotografiar: el capó de ese coche, las hojas de aquel árbol, voy a robarle retratos a ciudadanos que no conozco, cuando, viendo lo que se acercaba ahí delante le dije: Isaac, sácame una afoto con aquellas.

Y eran tres primaverales nínfulas vestidas de rojo con esposas colgando del pantalón, gafas oscuras y gorra policial, tres deidades menores de la telefonía movil -Vodafone decían- salidas de algún paraíso de la promoción comercial callejera. Y ahí ven, en la imagen, cómo se lo monta el Autor en compañía de las susodichas. No nos vendieron nada.

sábado, mayo 06, 2006

Un mundo fantástico

Creánme, existe un mundo mejor que éste. Yo se que ustedes viven en un mundo fabricado con lunes y charcos, con nubes negras que amenazan ahí enfrente, un mundo de hombres viejos y sudorosos que escupen flemas verdes y viscosas sobre las aceras, un mundo de bajos salarios, gente que dice adiós y primaveras que mienten –siempre miente la primavera-, y ustedes se retuercen entre bullzoders, atascos, ruidos y anchoas, sobretodo latas de anchoas. Pero existe un mundo mejor que éste en otra parte y no se roza con el nuestro, aunque a veces, solo a veces, en momentos especiales, se abre una brecha en el espacio-tiempo y a través de ella se cuelan en nuestra realidad algunas de las cosas fantásticas que lo habitan. Se lo explicaré.

Imaginen por un momento un par de finos filetes de ternera, imaginen que no son ustedes vegetarianos y que tienen un par de tiernos filetes de ternera. Imaginen ahora unas lonchas de queso manchego y jamón serrano. Si son ustedes afortunados puede que incluso haya berenjena, pimiento rojo o espárragos. Imaginen que introducen todo esto entre los filetes de ternera, que empanan el conjunto y que lo fríen en aceite de oliva caliente hasta dejarlo doradito. Si hacen todo esto estarán en posesión de lo que se llama un cachopo. Y el cachopo es una de las cosas más fantásticas y maravillosas que su triste vida echa de tos y preocupaciones les podrá ofrecer. Creánme

viernes, mayo 05, 2006

Abracadabra

Siempre con la vana esperanza de cambiar el mundo mediante las palabras, de que si supiese poner una detrás de otra las palabras adecuadas, las que mejor sonasen, las más bonitas, en definitiva, las necesarias, la realidad sería de otra manera. Pero las palabras, como todo, se unen y separan y no queda nada, al final todo sigue su curso natural, la tierra rota en el espacio vacío y las palabras permanecen girando en el vacío de la mente y estos dos espacios apenas se tocan.

Quisiera poseer un pesado grimorio de magia negra, posarlo sobre la mesa, soplar el polvo de las cubiertas que nublaría la estancia; buscar después en las páginas amarillentas el sortilegio adecuado. Pronunciar solemnemente algo así como un poema y dos o tres abracadabras y ver como todo se llena de chispas y centellas y como todas las cosas de la vida van en-ca-jan-do-per-fec-ta-men-te.

Pero esto no se puede.

domingo, abril 30, 2006

Cambio



Ayer Guillermo dió cuerda a un viejo reloj oxidado que alguien debió dejar olvidado hace años en el pasillo y desde entonces un tic tac monótono y amenazante vertebra la casa.
Después nos sentamos en el salón a observar los muebles de Ikea recién montados.

- Vivimos en la era de la velocidad -dijo Guillermo blandiendo un cigarro en la mano.- Por la mañana viene un camión, se lleva unos muebles y a un par de amigos. Por la tarde viene otro camión conducido por un colombiano y un tipo de Groenlandia, dejan unos muebles, los montas y ya tienes casa otra vez.

Esa mañana Edgar y Virginia -en la foto- nos dejaron para irse a vivir a Sevilla. La resuelta andaluza y el mago del humor catalán empezarán una nueva vida a orillas del Guadalquivir. Se llevaron un montón de muebles que les pertenecían -la mesa grande, la lámpara chula, el microondas- pero supongo que el hueco que dejan no se podrá llenar con muebles desmontables de diseño sueco.
A Virginia la conocí junto con Ale hace unos tres años en un after hours que ya no existe. Edgar apareció unos meses después en otro agujero aún menos recomendable. Desde septiembre vivimos los cuatro juntos en el ya famoso Barrio de las Delicias, en esta casa que transformamos completamente con nuestras manos desnudas y que ahora parece un garito.

La verdad es que en los últimos doce meses mi vida a cambiado lo indecible. Hace un año por estas fechas, la pasada primavera, yo vivía en aquella lujosa casa de Ópera con Andy y Yoli. Luego vino la mudanza y también la mudanza de tantos amigos asturianos a Madrid, arreglar el piso, tener un par de fracasos sentimentosexuales, conocer a esa tribu de hardnighters que revienta los fines de semana capitalinos, la muerte de un conocido en accidente de tráfico, un montón de relatos, la vida de barrio en Delicias, en fin, el mundo patas arriba.

Edgar y Virginia me dejan los recuerdos, la amistad y un poco de pena. También un colchón grande que Edgar consiguió en la película donde trabajaba. Ahora fantaseo cada noche con los divinos culos de Leonor Watling y Victoria Abril posados sobre mi cama repleta de insomnio y ansiedades cinematográficas.

Hasta pronto amigos.

miércoles, abril 26, 2006

Reminiscencia

Otra vez esa sensación, empieza a hacer calor, la luz del sol calienta mi rostro como un puré caliente y blando derritiéndose sobre mi piel, como aquellos veranos en Caños de Meca cientos de años atrás, bajando acalorados las escaleras serpenteantes donde siempre estábamos a punto de matarnos y en las que una vez encontramos un camaleón de ojos saltones que te hizo mucha gracia y al final, abajo, la playa, todas aquellas noches de flamenco, la arena entre los dedos de los pies, el cajón, la guitarra y la flauta travesera (yo amaba su sonido sinuoso) y el firmamento dándonos cobijo limpio y oscuro –todas la estrellas, todas- y perfectamente redondo porque todo era así entonces, esférico y perfecto, hasta la Tierra y el Cielo, hasta eso; recuerdo tu cuerpo fibroso perlado de sal mientras te comías una gamba gorda y hermosa y una gota de mar caía en tu ombligo desnudo, plof, y se oían las olas y yo te decía tu piel es dorada como el pollo frito y tú te reías mostrándome todos tus pequeños dientes que parecían perlas o pastillas de éxtasis; a veces noté un fino velo de ceniza cubriendo tu mirada y no me preocupó lo suficiente, eso lo recuerdo ahora pero el recuerdo tiene la calidad del sueño o la ficción o la fantasía y ya no sé si realmente ocurrió o simplemente lo imaginé porque éramos solos los dos y el resto del mundo no existía y la gente eran actores y al atardecer corríamos bajo la sombra trenzada por miles de ramas trenzadas en nuestro campamento en El Camaleón y cuando venía la noche nos trenzábamos nosotros -las manos, los brazos, las piernas- y dormíamos.

¿Lo recuerdas? A la vuelta me dijiste que me habías dejado de querer y las fotos ni siquiera habían salido.

Otra vez esa sensación.

martes, abril 25, 2006

Bailad malditos

- ¿Por qué será que mola tanto bailar? No sé, tal vez todo lo que existe es movimiento, desde la vibración loca de las partículas subatómicas hasta las ondas densidad en las galaxias espiral y así todo el universo vibra en una absurda danza cósmica al ritmo del Tao y de la diosa Shiva bailarina que con una mano crea y la otra destruye, sensual y terrible a la vez; explota el cosmos y se expande al infinito para contraerse después como un gigantesco corazón, y baila el mar con los delfines y lamen las olas las playas sin descanso, y danzan los planetas en perfecta armonía en torno a una estrella inimaginable y giran las moscas y los derviches, y todo nace y muere y yo siento morir hilvanada en la línea de bajo, títere de un Dj bajado de los cielos o quizás venido de los infiernos, quién sabe, en el medio de la pista mi cuerpo flota y gira y reluce en éxtasis místico y siento las gotas de sudor tibio surcando mi frente y mis sienes y la realidad se cubre de aceite y todo resbala suavemente, es una batalla de brazos y piernas y ojos perdidos, deseo levantar el vuelo como un cohete espacial y traspasar la atmósfera, salir del Sistema Solar y de la Vía Láctea y alcanzar el centro del Universo y la Nada que lo circunda a la velocidad de la luz y mi cuerpo que crezca, se expanda –subidón, subidón, subidón- y que lo cubra todo, que yo y el mundo seamos uno, por fin explotar en cientos de millones de pedazos brillantes como supernovas y unirme en comunión cósmica con Dios y la Eternidad, descansar al fin.
Y tú ¿qué crees?

- Que estas drogada.

viernes, abril 21, 2006

Una foto


Pues es primavera y ahí fuera hace sol y la gente está más guapa y a nadie le apetece escribir ni leer ni pensar en cosas profundas y ni siquiera en chorradas, así que ahí les pongo una fotico del Autor para animar un poquito el blog y que fue tomada hace un año, la primavera pasada -cómo ha cambiado todo en un año-, por Andy un guiri con el que vivía entonces -el segundo al que enseñé español y el onceavo extranjero con el que compartí piso- y que ahora está en Perú o en Argentina en uno de esos viajes de iniciación y autoconocimiento que lo hijos de la pérfida Albión suelen darse cuando ven que se les acaba la juventud. Luego vuelven y se casan y lo cuentan a sus hijos y después a sus nietos.

Andy siempre estaba tomando fotos, consciente de su efímero paso por Madrid, así que conservo amplia documentación fotográfica de aquella época en la que paseábamos durante horas casi a diario: a Andy le fascinaba esta ciudad, sus calles, su cielo y sus mujeres. "La vida es buena aquí" decía siempre cuando volvíamos a casa al atardecer y nos tomábamos una caña en algún bar cerca de Plaza de España. "Sí", le decía yo, "sobretodo en primavera".

En la instantánea aparezco en el parquecito donde está el Templo de Debod, él siempre fantaseaba conque esta foto ilustrase la solapa de mi primer libro; bien, esto no es lo mismo pero se le parece.

Un beso.

miércoles, abril 19, 2006

Asiento reservado

No me venga usted a decir que somos personas desalmadas y faltas de humanidad. No me venga usted a decir, señora, que esto es una vergüenza y que alucina bellotas con sus congéneres. Simplemente veníamos Isaac y yo cansados de la facultad y charlando de Termodinámica Fuera del Equilibrio –que es un tema complejo y desquilibrado, como usted- y estaba el vagón de metro a rebosar, lleno de esa turba mestiza madrileña, cuando subió usted y esa vieja pelleja, débil, pequeña y encorvada a la que no cedimos el sitio, simplemente porque no la vimos, porque había muchos cuerpos grandes junto a su cuerpo pequeño y resultó imposible, porque Isaac me hablaba de simulaciones numéricas y soluciones a la maldita ecuación de Boltzmann que acaparaban mi atención. Y entonces tuvo usted que ponerse casi a gritar “esto es inaudito, esto no puede ser” y la pobre vieja pelleja diciendo que no había problema, que solo iba a viajar hasta la siguiente parada, pero a usted eso le daba igual: “señora, como puede ser que nadie la deje sentarse” decía usted con su pelo teñido de un caoba imposible y embutida en pantalones de chándal, así hasta que nos damos cuenta del desaguisado –cómo no hacerlo- e Isaac se levanta y le cede amablemente el asiento a la señora vieja y pelleja -que se sienta más bien resignada porque se bajaba en la siguiente- y aún así la otra, usted, la conferenciante, sigue con su perorata “esto es una falta de solidaridad y de humanidad”, y me entran una ganas enormes de levantarme y darle un soberano bofetón, vieja de mierda, váyase a salvar el mundo a una de esas guerras desconocidas de África o váyase a bucear a pulmón a la fosa de las Marianas que hay unos animales abisales que viven en las profundidades más absolutas y oscuras y crean su propia luz animal, déjenos en paz que si no cedimos antes el asiento no fue por maldad sino por puro despiste y muy bien podía usted habernos avisado amablemente –perdonad, chicos, cededle el asiento- , en vez de dar su apestoso mitin que tenía como único propósito hinchar su ego que bota y rebota dentro de su horrible pantalón de chándal Carrefour; váyase por favor a tomar por culo y déjenos en paz que si no me levanto y le doy una hostia a mano abierta es simplemente por eso, por la pura humanidad que sus necias palabras salidas del infierno me niegan. Coñe.

lunes, abril 17, 2006

Una botella de ron

Hace ya seis u ocho años, no recuerdo, que por estas fechas visitamos Tapia de Casariego -un pueblo costero asturiano minúsculo en la zona donde ya se intuye Galicia- con motivo de una prueba del Campeonato Mundial de Surf; pero no nos malinterpreten, no: a nosotros el surf nos da igual, no tenemos bonita ropa playera ni rastas ni un bronceado estupendo -mi tez es aceitunada ya de nacimiento, un poco gitana, un poco iraní-, de hecho en esta larga sucesión de visitas aún no hemos visto a nadie cabalgando las olas en la playa ni una sola tabla de surf; a nosotros lo que nos llama es lo mismo que nos mueve siempre: el bullicio, la fiesta, la congregación de multitudes en los bares del puerto cuando la noche todopoderosa -porque la noche es más noche a la orilla del Cantábrico- cubre al pueblo indefenso. Lo demás es mera excusa.

Nos hospedamos siempre en una pequeña casa marinera encaramada a lo alto de un acantilado y propiedad de A, los ventanales del salón -del suelo al techo- dan al abismo, a un mar inmenso, a un cielo también inmenso y allá abajo, a unos cincuenta metros, las olas golpean furiosas contra las rocas, y el mar se rompe violentamente, la casa tiembla y la madera cruje, es como un barco esta casa, llena de motivos navales -los nudos marineros, los salvavidas, los catalejos, los ojos de buey en la habitación del tercer piso-, solo le falta balancearse de un lado a otro mecida por las olas, o separarse algún día de la costa y emprender el viaje mar adentro hasta dejarnos sorprendidos en el medio del mar o encallados en una playa perdida de la isla de Irlanda.

Cuando empezamos a hacer este viaje, después de la adolescencia, en la primera juventud, llámenlo como quieran, nos plantábamos en la casita hasta veinte o más personas (o personitas), utilizábamos todas las superficies para dormir, casi no cabíamos -la casa tiene cinco camas y un par sofás- y algunos tenían que dormir en el suelo, nos chocábamos en el pasillo y las escaleras, había cola en el baño y no cabíamos en la cocina; éramos jóvenes y cantábamos y las escapadas de casa de mamá eran nuevas y excitantes. Ahora ya solo vamos un puñado, seis o siete, y todos tenemos lugar donde dormir. La otra noche cuando el cielo se puso negro los ventanales del salón dejaron de mostrar el mar revuelto para mostrar nuestro reflejo bajo la luz amarilla, y nos vi allí, otro año más, los supervivientes, más cansados -casi no salimos de casa-, con más barba y menos pelo, como viejos piratas, quizás igual de contentos: hubo pulpo, hubo risa, y hubo cachopo (hablaré del cachopo otro día), y tomamos cerveza y pusimos discos chachis (y mucha música mala) y tuve hipercloridia y tomé Almax de 1 gramo en forma de pastilla masticable (que es como un asqueroso Sugus con sabor a menta que me salvó de sufrir el rigor de la acidez provocada por vasos de ron y latas de fabada, ya ven que triste, latas de fabada en plena Asturias) y al final nos volvimos a Oviedo en un domingo gris y lluvioso porque siempre que nos vamos de Tapia hace un día así, de agua y plomo, qué poético y qué bonito. El año que viene más, kowabunga!!!

jueves, abril 13, 2006

Brasil

Encontré una foto de aquella bizarra fiesta de travelos donde nos conocimos una noche de diciembre, ahí entre la multitud se aprecia mi cabeza -debe ser la mía- y la de algún amigo -casi no se nos ve entre la muchedumbre- y no sentí nada de pena, ni una pizca; en cambio recordé aquellos cuatro dias que dejaste Brasil o Portugal o ambos o lo que fuera y te veniste a esta ciudad que juzgaste excesiva, múltiple y vehemente -porque así lo es al fin y al cabo-; y aquel pueril e inocente tatuaje de un payaso en la parte delantera de tu hombro y luego aquella otra clave de Sol adulta y elegante que mostrabas en la espalda y que parecía te habías tatuado ya con el criterio de cierta madurez aún bastante tierna, como la que parecías poseer por entonces - para tí el proceso de maduración había transcurrido entre tu hombro y tu espalda-, aquellos cuatro días de tu piel morena y tu sonrisa amplia sobre mi cama -me hablaste durante horas de la política de Lula y el Partido de los Trabajadores en un idioma que no era el mío pero yo te entendía- que terminaron con un beso muy largo en la puerta de un bar cutre y barato de la calle Pez -como si nos quisiéramos o nos fuéramos a querer algún día- y una firme promesa de visitarte hace unas semanas a orillas del Atlántico, a finales de febrero, y que nunca cumplí, porque ciertas promesas ya se revelan imposibles antes de que terminen de salir de la boca y ésta era una de esas, porque esto y lo otro y lo de más allá, porque la gente va y viene -y alguien vino a final del invierno y parecía querer quedarse un rato-, porque dos meses son demasiado tiempo (gira la Luna dos veces) y hoy en día todo va demasiado rápido y nos llevamos la vida a mendigar fervor: se trataba más bien de sufrir un poco, puro romanticismo, y poder echar a alguien de menos y esta vez te tocó a tí, ya ves, así de triste y así de cierto, porque tú me quisiste un poco.

miércoles, abril 12, 2006

Garganta profunda

Regreso a casa paseando por la calle Uría (la principal de Oviedo) con una bolsa del supermercado donde llevo pescado, pollo y un litro de gazpacho para sobrevivir a la Semana Santa, cosa que no hizo Jesucristo, o sí, pero al tercer día y con enchufe, o yo que sé; cuando me cruzo con una de esas conocidas del Paleolítico que ya no sabes si saludar o no porque conversábamos en otro tiempo, sí, pero sobre nada en especial y nunca hicimos nada reseñable juntos y ella por separado supongo que tampoco excepto esto: felar, chupar, lamer; aquella tarde de adolescencia cuando C. la subió a su casa para que le practicase una felación mientras H., otro amigo, lo grababa en vídeo escondido en el armario y después -dicen- se proyectó el filme en el horrible bar que frecuentábamos nosotros y nuestras espinillas ante la hilaridad y erección general -aunque yo esto no lo ví y no sé cuanta parte de verdad hay en esta historia pero da lo mismo porque al fin y al cabo es una buena historia y una mamada es una mamada aquí y en China.

¿No es conmovedor encontrarse con el pasado en tu tierra natal?


PD: Viva la República.

domingo, abril 09, 2006

Primavera, Oviedo

Paseo con mamá a media mañana de un domingo lluvioso y gris de abril: Oviedo. Calles desiertas y aceras húmedas nos conducen al mercadillo de El Fontán, en el camino mamá trata de buscar a conocidos en tumultuosos bares dominicales llenos de ovetenses domingueros, me quejo, me niego, no quiero ser más un testigo mudo de la vida social de mi madre, un títere que enseñar (mi hijo escribe, mi hijo estudia astrofísica en madrid, éste es mi hijo), en los puestos de libros de viejo compro un ejemplar por 2 euros, un pequeño libro de segunda mano negro y amarillo (editorial El Acantilado) de una joven barcelonesa que escribe como me gusta a mi, luego comemos en la pizzería de la callejuela cerca de la Catedral (La Taormina), un lugar pequeño y acogedor, yo tomo spaguetti con gambas y pizza Hawaii pero sin piña -es decir, pizza de jamón de york- y de postre me apetece la hija de la dueña, esa camarera joven de mirada tímida, cintura breve y piel de mazapan, pero la mujer me ofrece una tarta de limón que rechazo con la displicencia con la que rechazo todo tipo de segundos premios y consolaciones. Después mamá y yo cogemos una peli de Woody Allen del penoso videoclub de al lado de casa y bajo la lluvia mamá me cuenta que de niña, en el colegio, trató de escribir una novela que comenzaba así: "era una tarde de domingo ventoso y nos aburríamos como osos", pero una monja descubrió sus planes y la reprendió fuertemente, a ella le dio la risa y estábamos bajo la lluvia y la tarde fue osezna aunque lo que descubrí anoche con mis ojos de exiliado en los bares de siempre es que Oviedo está lleno de cerdas como nunca, ya lo dijo el otro: es una porqueriza.

viernes, abril 07, 2006

Felatriz?

Abrir los ojos cualquier mañana y encontrarte allá abajo lamiendo mi sexo fue algo que siempre esperé durante aquel tiempo que estuvimos los dos montados en un carrusel hace ya algunos años y que nunca me diste, pues fuiste tú quien me enseñaste que las promesas que hace la noche las disuelve la mañana; sin duda era mejor no creer las mentiras que resbalaban de tus gruesos labios de gata.

So guarra.

martes, abril 04, 2006

Funciones vitales

Y de pronto un domingo soleado por la tarde, después de un fin de semana que duró un siglo o dos, llegas a un extraño lugar con el pasillo en rojo que debe de ser tu casa acompañado de dos chicas ojerosas: una morena que al parecer es tu compañera de piso y otra de ojos azules que asegura haber tenido, no hace mucho tiempo atrás, un flequillo gigantesco y compartir ultimamente tu "cama"; y entonces decidís pedir comida china y comer, que es una actividad que os han recomendado y que consiste en introducir el alimento en ese orificio que tenéis bajo la nariz lleno de piezas de marfil, cuando acabáis con lo que trae una niña de ojos rasgados que pica a la puerta y que habla raro te das una ducha y eso ya te suena un poco más, tienes el recuerdo borroso de haberlo hecho alguna vez, en las brumas del pasado, algo que implica agua y desnudez, así que intentas repertirlo pero finalmente metes la pata como un principiante, te duchas en el inodoro en vez de en la bañera y te cepillas las piezas de marfil que tienes en el orificio de comer con la escobilla del baño en vez de con el cepillo destinado a las plaquitas, y lo dejas todo perdido de agua y jabón y pasta dentífrica y lejía; lo mejor, piensas, después de este desaguisado es probar esa otra cosa que también te han recomendado en algún bar horas antes y que debe de estar bien, "dormir" le dicen, algo así como desconectarte durante unas horas y ver películas surrealistas sin argumento en tu cabeza llamadas "sueños", así que te vas a ese artefacto diseñado a tal efecto -la "cama", por alguna razón hay una en el que parece ser tu cuarto- y tratas de dormir en compañía de los ojos azules pero ella sabe hacer otras cosas sorprendentes, enroscarse y formar un revoltijo, hasta que todo se acaba y se apaga y se hace negro y tal vez recuerdes tu nombre algún día si es que hay mañana y si es que algo existe.

miércoles, marzo 29, 2006

Videoclip

Dicen que cuando uno está cerca de la muerte su vida le pasa ante los ojos como si fuera un videoclip de reggaeton, es decir, la visión del médico que te saca de entre las piernas de tu madre -ante la mirada entre atónita y asqueada de tus futuros seres queridos- ataviado con grandes cadenas doradas y símbolos del dolar, tu madre moviendo el cucu el día de tu primera comunión encima de una mesa familiar, tu padre vestido con pantalones anchos, camiseta de los Knicks y gorra puesta de lado la primera vez que montaste en bicicleta, en fin, nalgas mulatas bamboleándose como gelatina, y dale don dale, y baila morena, perreo pa los niños, perreo pa las nenas, y tus primas semidesnudas contoneándose orgullosas de sus peinados afro aquel agosto de los ochenta en Torremolinos. Ya saben, todo eso.

Algo así me ocurrió un día a finales de otoño, creo recordar, regresando de la panadería a casa con un pan bajo el brazo -tal y como muchos vienen al mundo- por el Paseo de las Delicias -hacía sol y buen tiempo, un bonito día sin duda, algunas hojas aún aguantaban en las ramas de los árboles. Entonces me crucé con alguien, una chica, a la que por un instante, un momento, un nanosegundo creí conocer y luego despareció por el rabillo de mi ojo. Me paré en seco, giré sobre mi mismo frunciendo el ceño y la observé alejarse Paseo abajo. No era ella, aquel no era su culo, ni aquellos sus andares, ni siquiera su pelo se asemejaba al que yo conocía. Extraño. Realicé un giro inverso para seguir mi camino cuando, de pronto, plaf, me sobresaltó un estruendo tres metros delante mío, una maceta que, a juzgar por su velocidad, caía por lo menos de un quinto piso y que estalló en tres mil pedazos ahí delante, ante la mirada sorprendida de una joven en mi misma situación pero tres metros más allá, al otro lado del desastre. Ahí estaba lo que había sido una planta, lo que había sido la maceta y un montón de tierra húmeda y negra. Muchos vecinos y viandantes se pararon murmurantes a contemplar aquel desaguisado.

Es curioso, si no hubiera sido por el cruce fortuito con aquella desconocida que creí reconocer, si no me hubiera dado la vuelta un instante a comprobar que aquel culo era su culo, aquellos andares los suyos y aquella melena la melena que creí ver, probablemente la maceta se hubiera encontrado con mi cabeza tres metros más allá y las dos se hubieran fragmentado en trozos infinitesimales. Y yo hubiera muerto, eso seguro, y nadie se hubiera comido aquella barra de pan. Ya en casa, con la comida sobre la mesa y el pan partido sobre el mantel -y ya no bajo mi brazo- brindé secretamente por aquellas dos mujeres, la conocida y la desconocida, que de alguna forma me habían salvado la vida, pues los caminos del Señor son inescrutables y los hilos invisibles del azar y la realidad muchas vecen hacen nudos marineros.

martes, marzo 28, 2006

Yawn!

Bien: algunas nubecillas allá a tomar por culo casi encima de Getafe -desde aquí se ve el Cerro de los Ángeles-, el bosque de grúas de construcción que levantan un bloque de edificios en al sureste -aunque este bosque parece no florecer-, el gigantesco hospital 12 de Octubre, la voz de Jaime Peñafiel y sus monárquicos problemas que llega de la tele del salón, un café que quema, un cigarro que también. Y sol, sol iluminando primaveralmente la Mancomunidad en la que vivo, las chimeneas, los coches aparcados, esos arbolillos absurdos y ninguna vieja arrastrándose hasta la calle.

Me iré a almorzar a casa de Rory en el barrio de Salamanca y trataré de quitarme de encima esta persistente desidia que me infecta desde hace unos días. Dónde están mis ideas. Y dónde mi vida, caracoles.

jueves, marzo 23, 2006

Víctimas

Qué triste meterse antes con las víctimas que con los verdugos, al final iba a tener razón mi TíaVicen y resulta que soy un hombre atormentado y desequilibrado, si es que llego a eso, a hombre, y si es que esto significa algo, pero es que los verdugos se han quedado siempre en su sitio, sanguinarios, encapuchados, fríos, calculadores, con el hacha cogida fuerte entre ambas manos peludas, donde tenían que estar. ¿me comprenden?, mientras que las víctimas, ay las víctimas, éstas han pasado a la ofensiva, olvidando su papel en la opereta, como un actor rebelde que de pronto hace lo que le da la gana y deja a todos, público, reparto y director perplejos y desorientados.

Porque ¿es lícito que la madre de una niña violada juzgue y condene al violador de su hija? ¿está uno en condiciones de juzgar al asesino de su hermano? ¿o de quien le ha volado una extremidad? ¿No hay jueces para eso, jueces sin hija violada, con hermano y con pierna? Entonces ¿por qué este grupo denominado Asociación de Víctimas del Terrorismo se empeña en dirigir la política antiterrorista? ¿Por qué no fundan un partido político y se dejan de zarandajas?

Y entonces tres encapuchados que parecen alienígenas con boina dicen en la tele -bajo un hacha y una serpiente, bietan jarrai- que hay un alto el fuego permanente y además comprobamos asombrados que el cuerpo del medio pertenece a una mujer o a un hombre con voz de mujer -la voz que suena es definitivamente femenina, gora euskadi sozialista- y aparece ese señor con gafas que preside la Asociación de Víctimas y también aparece la hermana de Miguel Ángel Blanco opinando con la certeza de que su opinión es la autorizada, de que tienen más que decir que yo simplemente porque les han matado a un familiar, y es esto simplemente lo debería hacerles callar porque sus palabras están impregnadas de dolor y de revancha; cuando nunca les importó esto hasta que no se vieron involucrados -la camisa llena de sangre, reventadas las cabezas- y no quieren ningún tipo de negociación y dicen que esto es un chantaje y gritan que es una victoria de los terroristas porque les importa más su propio orgullo y su propia miseria que el bien común, les importa un bledo que haya más víctimas, les importa una mierda que por no acabar con esto de una vez mañana maten a tu mamá cuando esté en una confitería tomando croissant con chocolate, o que vuelen el supermercado donde compras el pan y la leche, o que generaciones de vascos vivan instalados en el miedo, o que tengamos que soportar una política que gira alrededor de un tema anacrónico y repetitivo y sangriento y pegajoso. Solo les importa su propia guerra, el diente por el diente, el ojo por el ojo, an eye for an eye makes the world blind.
Tan viles que ni siquiera su triste condición les ennoblece.

sábado, marzo 18, 2006

Reloj

El segundero pasa del segundo 44 al 45, luego vuelve, da marcha atrás hasta el 44 y sube de nuevo al 45, y luego otra vez, y otra, y otra, así todo el rato, encallado en un segundo, lo veo cada fuckin' noche antes de acostarme, cuando me siento con las piernas ya desnudas en mi catre, antes de tumbarme y dormir; ese extraño reloj instalado sobre un muelle -a veces hace movimientos locos- que mi dulce madre me obsequió hace ya mucho tiempo, no recuerdo, y que me ha acompañado por una larga sucesión de casas y cuartos en los que he vivido los últimos años -locos, como si estuvieran instalados sobre un muelle- y pienso siempre, medio adormilado, que debería arreglar eso, ese extraño reloj que no está parado ni en movimiento, sino obsesionado entre el segundo 44 y el 45 de las 4 horas y un minuto -no sé si de la madrugada o de la tarde- de un día inidentificado del finales del mes de enero, cuando contrajo su neurosis obsesiva y se quedó así, repetitivo, redundante, moviendo la aguja mínimamente como mueve la pata un animal moribundo antes del fin; y me he dicho mil veces, ahogado en pensamientos absurdos, que no sé cual será la implicación de este hecho mínimo en mi vida, si realmente algo se paró aquel día sin nombre o si todas las cosas del mundo y de la vida están conectadas por hilos secretos,y me pregunto si algún día de estos decido cambiarle la pila -y entonces la aguja pasa del 45 al 46 y luego al 47 y se pone a dar vueltas como dios manda-, volverá mi existencia a ponerse en marcha y abandonará la inmovilidad en la que parece que se ha instalado ultimamente. Tal vez solo haga falta eso para que arranque de una puta vez la primavera que no para de darnos avisos para clavárnosla después, tal vez todo el estado atmosférico del planeta dependa de que yo, una tarde aburrida baje al chino a comprar una pila barata y se la ponga a mi reloj raro para espabile y entonces haga sol ya de seguido, que ayer llovió de lo lindo y se les aguó la fiesta, nunca mejor dicho, a esa alegre muchachada madrileña que ama más al vino y a la vida que a la leyes, cosa, por otra parte, lógica y normal ya que lo aberrante y desviado sería lo contrario, una juventud virtuosa y viernes sin borrachera.

jueves, marzo 16, 2006

Perséfone

Y entonces Hades, señor de los infiernos, en vista de toda aquella voluptuosidad, raptó a Perséfone, hija de Démeter, y la recluyó en el inframundo donde la tomó por esposa y le dió a tomar aquellas pepitas de granada que no la permitirían volver a salir a la luz del sol; Démeter en represalia, no sé contra qué ni contra quién, dejó al mundo estéril y sin vida, y todas las cosas y las formas muriendo, y los campos vacíos y desnudas las ramas de los árboles, así que Zeus con la idea de acabar con aquel erial llegó a un pacto con Hades en virtud del cual Perséfone saldría seis meses a la tierra a acompañar a su madre -y entonces todo florecería- y pasaría el resto del año-el otoño, el invierno- a la vera de su esposo; es por esto que ahora que se acerca el equinoccio Perséfone ya se prepara a salir de nuevo, y todos nos echamos a las calles a recibirla con gafas de sol y en manga corta, y yo, después de tanto infierno personal, burocrático, telefónico, corporal, sentimental y gástrico escupo las pepitas de granada del inframundo, le digo adiós al Cancerbero y me pongo el cuerpo y la mente de los domingos para disfrutar de los próximos meses en el mejor lugar del mundo para hacerlo hasta que me salgan las flores por las orejas, los pajaritos cantan, las nubes se levantan.

viernes, marzo 10, 2006

Gastroenteritis

Hace unos años me resultaba fácil provocarme el vómito, solo había que introducir dos dedos exploradores en las profundidades de la garganta y, a ser posible, delante de un cubo de basura y con el estómago repleto de calimocho. Lo hacíamos para tener más espacio, para poder seguir bebiendo, para dejar de marearnos, para volver a casa y enfrentarnos a mamá- a eso de las 11 de la noche- con buen aspecto. De alguna manera era placentero.

Ayer cuando sentí una bola de fuego en el estómago (no como en la acidez, que te arden los pulmones, esto era fuego en las paredes del estómago) le dije a Ale que hacía mucho que no vomitaba -esto era cierto- y que vomitar molaba -yo lo recordaba así. Así que vomité una vez y me sentí mucho mejor, pensé: todo resuelto, vomitar está bien, es como estornudar, se sufre un poco pero luego se siente uno liberado. Tres horas después había vomitado más de diez veces y había comprobado que no es tan placentero cuando no queda nada que expulsar, cuando te duele todo el tracto digestivo, cuando te tumbas, y estás solo, y en principio bien pero según pasan los minutos vuelves a sentir la necesidad irrefrenable de echar la pota, y te ahogas, y no puedes coger aire y sientes el último resto sólido ascender como por arte de magia por tu esófago (son mágicos los movimientos peristálgicos del esófago) y lo expulsas entre gemidos patéticos y la luz de la lamparita de tu habitación te parece más fúnebre y mortecina que de costumbre, toda la noche agarrado a una bolsa de plástico del Mercadona y teniendo sueños extraños y aciagos.

No coman berberechos frescos.

martes, marzo 07, 2006

Tan cierto como que la Tierra gira alrededor de su eje es que los estados emocionales dependen de y tienen su base en la neuroquímica del cerebro y en otras químicas externas con las que uno puede salpimentarlo, venía pensando yo en ese triste viaje en metro de vuelta a casa un domingo a mediodía, siendo blanco de algunas miradas cómplices de conciudadanos que me habían reconocido como un monstruo escupido de las cavernas de la noche -esas ojeras profundas- o como un Orfeo de vuelta de los infiernos, tratando de fulminar su indisimulado interés con los rayos x de mis ojos, tratando de asustar a la criatura que me señalaba y cuchicheaba con su madre -tal vez solo mi paranoia-, tratando de ignorar a esa mujer de mediana edad que se sentaba enfrente -forro polar, pelo descuidado- a la que no sé si mojaba la entrepierna o provocaba repugnancia.

Ayer me levanté azorado, raro, nervisoso, fuera mi propio cuerpo. Si mi estado neuronal se parecía el día anterior a las fallas de valencia ayer era como un entierro en el norte de noruega, y me pasé la jornada tratando de bajar de la montaña rusa emocional en las que a veces uno se sube en los festivos y reconciliarme con una realidad que me parecía gris y absurda: sobretodo acabar con el enésimo experimento mental en el que me sumerjo y salgo escaldado. El día trascurrió a peor pues me descubrí a media tarde escuchando un viejo disco de Los Planetas y experimentando tristezas pasadas que tal vez en su día no experimenté y aún mantenía guardadas. Al llegar las nueve de la noche y tras un pizza congelada toda yonqui decidí que deseaba pasar a un estado de inconsciencia, olvidarme de todo aquello, tener sueños buenos o malos -pero sueños al fin y no realidades- y me mentí en la cama, donde me dió un ataque de acidez de esos que tanto me gustan y tras el que -lo superé con un comprimido de Omeprazol- dormí catorce horas. Hasta esta mañana. En la que todo va mejor.

La familia bien gracias.

sábado, marzo 04, 2006

Y cómo y, sobretodo, por qué negarme a mí mismo que esta noche de cielo naranja Blade Runner voy a salir y a tratar de ser automático como un replicante, con sentimientos como un replicante, así que definitivamente replicante aún sin saber si se sigue viendo Orión a estas alturas del año aunque debería de saberlo por perversión profesional -pero el cielo está naranja Blade Runner y yo no veo nada-, si he hecho planes para ello, si ya casi está todo listo y solo falta ducharse, ponerse más guapo aún y comer algo de comida basura con los vecinos y entonces coger un taxi y trasladarme a nuestro habitual y común sitio de recreo, ese templo de la electrónica macarra pero elegante, bakala pero de vanguardia, que te permite cometer las habituales faltas a la estética, a la moral y a la salud y aún así seguir conservando un halo de intelectualidad simplemente porque todos o algunos incautos nos lo creemos.

Así que después de una semana etílica y suavizante, después de la fiesta marroquí que anoche la vecina desplegó en nuestro (vuestro) salón, después de un puñado de días aferrado a una botella marrón y una siesta psicodelico-cósmica que me llenó de inquietud y de inquietudes, me dispongo valiente, fuerte y convencido a afrontar un nuevo asalto a estados libres asociados de conciencia con Estatuto o sin él, con cese de la violencia o sin él, con víctimas o sin ellas (no haremos prisioneros vivos es la consigna), que a mi ya me da igual y me lo merezco. Porque yo lo bailo.

miércoles, marzo 01, 2006

Que viene


He escuchado -muy levemente, casi dormido- las caricias de la primavera en la puerta de mi cuarto esta mañana. Finalmente, detrás de la persiana se escondía un sol diplodocus. Y todo el mundo ha dicho hoy -preparé paella de pollo para seis-: "ya es primavera". No es cierto, aún quedan veinte días, pero pronto estaremos todos en las plazas como lagartijas al sol, en las terrazas, en los parques. Y es que la vida es suave y fácil cuando uno puede poner su cuerpo al sol, parece que nada más tiene importancia.

Y ahí les dejo una primaveral foto flamenca, o mejor, flamenquita. ¡Ele!