domingo, abril 09, 2006
Primavera, Oviedo
Paseo con mamá a media mañana de un domingo lluvioso y gris de abril: Oviedo. Calles desiertas y aceras húmedas nos conducen al mercadillo de El Fontán, en el camino mamá trata de buscar a conocidos en tumultuosos bares dominicales llenos de ovetenses domingueros, me quejo, me niego, no quiero ser más un testigo mudo de la vida social de mi madre, un títere que enseñar (mi hijo escribe, mi hijo estudia astrofísica en madrid, éste es mi hijo), en los puestos de libros de viejo compro un ejemplar por 2 euros, un pequeño libro de segunda mano negro y amarillo (editorial El Acantilado) de una joven barcelonesa que escribe como me gusta a mi, luego comemos en la pizzería de la callejuela cerca de la Catedral (La Taormina), un lugar pequeño y acogedor, yo tomo spaguetti con gambas y pizza Hawaii pero sin piña -es decir, pizza de jamón de york- y de postre me apetece la hija de la dueña, esa camarera joven de mirada tímida, cintura breve y piel de mazapan, pero la mujer me ofrece una tarta de limón que rechazo con la displicencia con la que rechazo todo tipo de segundos premios y consolaciones. Después mamá y yo cogemos una peli de Woody Allen del penoso videoclub de al lado de casa y bajo la lluvia mamá me cuenta que de niña, en el colegio, trató de escribir una novela que comenzaba así: "era una tarde de domingo ventoso y nos aburríamos como osos", pero una monja descubrió sus planes y la reprendió fuertemente, a ella le dio la risa y estábamos bajo la lluvia y la tarde fue osezna aunque lo que descubrí anoche con mis ojos de exiliado en los bares de siempre es que Oviedo está lleno de cerdas como nunca, ya lo dijo el otro: es una porqueriza.
viernes, abril 07, 2006
Felatriz?
Abrir los ojos cualquier mañana y encontrarte allá abajo lamiendo mi sexo fue algo que siempre esperé durante aquel tiempo que estuvimos los dos montados en un carrusel hace ya algunos años y que nunca me diste, pues fuiste tú quien me enseñaste que las promesas que hace la noche las disuelve la mañana; sin duda era mejor no creer las mentiras que resbalaban de tus gruesos labios de gata.
So guarra.
So guarra.
martes, abril 04, 2006
Funciones vitales
Y de pronto un domingo soleado por la tarde, después de un fin de semana que duró un siglo o dos, llegas a un extraño lugar con el pasillo en rojo que debe de ser tu casa acompañado de dos chicas ojerosas: una morena que al parecer es tu compañera de piso y otra de ojos azules que asegura haber tenido, no hace mucho tiempo atrás, un flequillo gigantesco y compartir ultimamente tu "cama"; y entonces decidís pedir comida china y comer, que es una actividad que os han recomendado y que consiste en introducir el alimento en ese orificio que tenéis bajo la nariz lleno de piezas de marfil, cuando acabáis con lo que trae una niña de ojos rasgados que pica a la puerta y que habla raro te das una ducha y eso ya te suena un poco más, tienes el recuerdo borroso de haberlo hecho alguna vez, en las brumas del pasado, algo que implica agua y desnudez, así que intentas repertirlo pero finalmente metes la pata como un principiante, te duchas en el inodoro en vez de en la bañera y te cepillas las piezas de marfil que tienes en el orificio de comer con la escobilla del baño en vez de con el cepillo destinado a las plaquitas, y lo dejas todo perdido de agua y jabón y pasta dentífrica y lejía; lo mejor, piensas, después de este desaguisado es probar esa otra cosa que también te han recomendado en algún bar horas antes y que debe de estar bien, "dormir" le dicen, algo así como desconectarte durante unas horas y ver películas surrealistas sin argumento en tu cabeza llamadas "sueños", así que te vas a ese artefacto diseñado a tal efecto -la "cama", por alguna razón hay una en el que parece ser tu cuarto- y tratas de dormir en compañía de los ojos azules pero ella sabe hacer otras cosas sorprendentes, enroscarse y formar un revoltijo, hasta que todo se acaba y se apaga y se hace negro y tal vez recuerdes tu nombre algún día si es que hay mañana y si es que algo existe.
miércoles, marzo 29, 2006
Videoclip
Dicen que cuando uno está cerca de la muerte su vida le pasa ante los ojos como si fuera un videoclip de reggaeton, es decir, la visión del médico que te saca de entre las piernas de tu madre -ante la mirada entre atónita y asqueada de tus futuros seres queridos- ataviado con grandes cadenas doradas y símbolos del dolar, tu madre moviendo el cucu el día de tu primera comunión encima de una mesa familiar, tu padre vestido con pantalones anchos, camiseta de los Knicks y gorra puesta de lado la primera vez que montaste en bicicleta, en fin, nalgas mulatas bamboleándose como gelatina, y dale don dale, y baila morena, perreo pa los niños, perreo pa las nenas, y tus primas semidesnudas contoneándose orgullosas de sus peinados afro aquel agosto de los ochenta en Torremolinos. Ya saben, todo eso.
Algo así me ocurrió un día a finales de otoño, creo recordar, regresando de la panadería a casa con un pan bajo el brazo -tal y como muchos vienen al mundo- por el Paseo de las Delicias -hacía sol y buen tiempo, un bonito día sin duda, algunas hojas aún aguantaban en las ramas de los árboles. Entonces me crucé con alguien, una chica, a la que por un instante, un momento, un nanosegundo creí conocer y luego despareció por el rabillo de mi ojo. Me paré en seco, giré sobre mi mismo frunciendo el ceño y la observé alejarse Paseo abajo. No era ella, aquel no era su culo, ni aquellos sus andares, ni siquiera su pelo se asemejaba al que yo conocía. Extraño. Realicé un giro inverso para seguir mi camino cuando, de pronto, plaf, me sobresaltó un estruendo tres metros delante mío, una maceta que, a juzgar por su velocidad, caía por lo menos de un quinto piso y que estalló en tres mil pedazos ahí delante, ante la mirada sorprendida de una joven en mi misma situación pero tres metros más allá, al otro lado del desastre. Ahí estaba lo que había sido una planta, lo que había sido la maceta y un montón de tierra húmeda y negra. Muchos vecinos y viandantes se pararon murmurantes a contemplar aquel desaguisado.
Es curioso, si no hubiera sido por el cruce fortuito con aquella desconocida que creí reconocer, si no me hubiera dado la vuelta un instante a comprobar que aquel culo era su culo, aquellos andares los suyos y aquella melena la melena que creí ver, probablemente la maceta se hubiera encontrado con mi cabeza tres metros más allá y las dos se hubieran fragmentado en trozos infinitesimales. Y yo hubiera muerto, eso seguro, y nadie se hubiera comido aquella barra de pan. Ya en casa, con la comida sobre la mesa y el pan partido sobre el mantel -y ya no bajo mi brazo- brindé secretamente por aquellas dos mujeres, la conocida y la desconocida, que de alguna forma me habían salvado la vida, pues los caminos del Señor son inescrutables y los hilos invisibles del azar y la realidad muchas vecen hacen nudos marineros.
Algo así me ocurrió un día a finales de otoño, creo recordar, regresando de la panadería a casa con un pan bajo el brazo -tal y como muchos vienen al mundo- por el Paseo de las Delicias -hacía sol y buen tiempo, un bonito día sin duda, algunas hojas aún aguantaban en las ramas de los árboles. Entonces me crucé con alguien, una chica, a la que por un instante, un momento, un nanosegundo creí conocer y luego despareció por el rabillo de mi ojo. Me paré en seco, giré sobre mi mismo frunciendo el ceño y la observé alejarse Paseo abajo. No era ella, aquel no era su culo, ni aquellos sus andares, ni siquiera su pelo se asemejaba al que yo conocía. Extraño. Realicé un giro inverso para seguir mi camino cuando, de pronto, plaf, me sobresaltó un estruendo tres metros delante mío, una maceta que, a juzgar por su velocidad, caía por lo menos de un quinto piso y que estalló en tres mil pedazos ahí delante, ante la mirada sorprendida de una joven en mi misma situación pero tres metros más allá, al otro lado del desastre. Ahí estaba lo que había sido una planta, lo que había sido la maceta y un montón de tierra húmeda y negra. Muchos vecinos y viandantes se pararon murmurantes a contemplar aquel desaguisado.
Es curioso, si no hubiera sido por el cruce fortuito con aquella desconocida que creí reconocer, si no me hubiera dado la vuelta un instante a comprobar que aquel culo era su culo, aquellos andares los suyos y aquella melena la melena que creí ver, probablemente la maceta se hubiera encontrado con mi cabeza tres metros más allá y las dos se hubieran fragmentado en trozos infinitesimales. Y yo hubiera muerto, eso seguro, y nadie se hubiera comido aquella barra de pan. Ya en casa, con la comida sobre la mesa y el pan partido sobre el mantel -y ya no bajo mi brazo- brindé secretamente por aquellas dos mujeres, la conocida y la desconocida, que de alguna forma me habían salvado la vida, pues los caminos del Señor son inescrutables y los hilos invisibles del azar y la realidad muchas vecen hacen nudos marineros.
martes, marzo 28, 2006
Yawn!
Bien: algunas nubecillas allá a tomar por culo casi encima de Getafe -desde aquí se ve el Cerro de los Ángeles-, el bosque de grúas de construcción que levantan un bloque de edificios en al sureste -aunque este bosque parece no florecer-, el gigantesco hospital 12 de Octubre, la voz de Jaime Peñafiel y sus monárquicos problemas que llega de la tele del salón, un café que quema, un cigarro que también. Y sol, sol iluminando primaveralmente la Mancomunidad en la que vivo, las chimeneas, los coches aparcados, esos arbolillos absurdos y ninguna vieja arrastrándose hasta la calle.
Me iré a almorzar a casa de Rory en el barrio de Salamanca y trataré de quitarme de encima esta persistente desidia que me infecta desde hace unos días. Dónde están mis ideas. Y dónde mi vida, caracoles.
Me iré a almorzar a casa de Rory en el barrio de Salamanca y trataré de quitarme de encima esta persistente desidia que me infecta desde hace unos días. Dónde están mis ideas. Y dónde mi vida, caracoles.
jueves, marzo 23, 2006
Víctimas
Qué triste meterse antes con las víctimas que con los verdugos, al final iba a tener razón mi TíaVicen y resulta que soy un hombre atormentado y desequilibrado, si es que llego a eso, a hombre, y si es que esto significa algo, pero es que los verdugos se han quedado siempre en su sitio, sanguinarios, encapuchados, fríos, calculadores, con el hacha cogida fuerte entre ambas manos peludas, donde tenían que estar. ¿me comprenden?, mientras que las víctimas, ay las víctimas, éstas han pasado a la ofensiva, olvidando su papel en la opereta, como un actor rebelde que de pronto hace lo que le da la gana y deja a todos, público, reparto y director perplejos y desorientados.
Porque ¿es lícito que la madre de una niña violada juzgue y condene al violador de su hija? ¿está uno en condiciones de juzgar al asesino de su hermano? ¿o de quien le ha volado una extremidad? ¿No hay jueces para eso, jueces sin hija violada, con hermano y con pierna? Entonces ¿por qué este grupo denominado Asociación de Víctimas del Terrorismo se empeña en dirigir la política antiterrorista? ¿Por qué no fundan un partido político y se dejan de zarandajas?
Y entonces tres encapuchados que parecen alienígenas con boina dicen en la tele -bajo un hacha y una serpiente, bietan jarrai- que hay un alto el fuego permanente y además comprobamos asombrados que el cuerpo del medio pertenece a una mujer o a un hombre con voz de mujer -la voz que suena es definitivamente femenina, gora euskadi sozialista- y aparece ese señor con gafas que preside la Asociación de Víctimas y también aparece la hermana de Miguel Ángel Blanco opinando con la certeza de que su opinión es la autorizada, de que tienen más que decir que yo simplemente porque les han matado a un familiar, y es esto simplemente lo debería hacerles callar porque sus palabras están impregnadas de dolor y de revancha; cuando nunca les importó esto hasta que no se vieron involucrados -la camisa llena de sangre, reventadas las cabezas- y no quieren ningún tipo de negociación y dicen que esto es un chantaje y gritan que es una victoria de los terroristas porque les importa más su propio orgullo y su propia miseria que el bien común, les importa un bledo que haya más víctimas, les importa una mierda que por no acabar con esto de una vez mañana maten a tu mamá cuando esté en una confitería tomando croissant con chocolate, o que vuelen el supermercado donde compras el pan y la leche, o que generaciones de vascos vivan instalados en el miedo, o que tengamos que soportar una política que gira alrededor de un tema anacrónico y repetitivo y sangriento y pegajoso. Solo les importa su propia guerra, el diente por el diente, el ojo por el ojo, an eye for an eye makes the world blind.
Tan viles que ni siquiera su triste condición les ennoblece.
Porque ¿es lícito que la madre de una niña violada juzgue y condene al violador de su hija? ¿está uno en condiciones de juzgar al asesino de su hermano? ¿o de quien le ha volado una extremidad? ¿No hay jueces para eso, jueces sin hija violada, con hermano y con pierna? Entonces ¿por qué este grupo denominado Asociación de Víctimas del Terrorismo se empeña en dirigir la política antiterrorista? ¿Por qué no fundan un partido político y se dejan de zarandajas?
Y entonces tres encapuchados que parecen alienígenas con boina dicen en la tele -bajo un hacha y una serpiente, bietan jarrai- que hay un alto el fuego permanente y además comprobamos asombrados que el cuerpo del medio pertenece a una mujer o a un hombre con voz de mujer -la voz que suena es definitivamente femenina, gora euskadi sozialista- y aparece ese señor con gafas que preside la Asociación de Víctimas y también aparece la hermana de Miguel Ángel Blanco opinando con la certeza de que su opinión es la autorizada, de que tienen más que decir que yo simplemente porque les han matado a un familiar, y es esto simplemente lo debería hacerles callar porque sus palabras están impregnadas de dolor y de revancha; cuando nunca les importó esto hasta que no se vieron involucrados -la camisa llena de sangre, reventadas las cabezas- y no quieren ningún tipo de negociación y dicen que esto es un chantaje y gritan que es una victoria de los terroristas porque les importa más su propio orgullo y su propia miseria que el bien común, les importa un bledo que haya más víctimas, les importa una mierda que por no acabar con esto de una vez mañana maten a tu mamá cuando esté en una confitería tomando croissant con chocolate, o que vuelen el supermercado donde compras el pan y la leche, o que generaciones de vascos vivan instalados en el miedo, o que tengamos que soportar una política que gira alrededor de un tema anacrónico y repetitivo y sangriento y pegajoso. Solo les importa su propia guerra, el diente por el diente, el ojo por el ojo, an eye for an eye makes the world blind.
Tan viles que ni siquiera su triste condición les ennoblece.
sábado, marzo 18, 2006
Reloj
El segundero pasa del segundo 44 al 45, luego vuelve, da marcha atrás hasta el 44 y sube de nuevo al 45, y luego otra vez, y otra, y otra, así todo el rato, encallado en un segundo, lo veo cada fuckin' noche antes de acostarme, cuando me siento con las piernas ya desnudas en mi catre, antes de tumbarme y dormir; ese extraño reloj instalado sobre un muelle -a veces hace movimientos locos- que mi dulce madre me obsequió hace ya mucho tiempo, no recuerdo, y que me ha acompañado por una larga sucesión de casas y cuartos en los que he vivido los últimos años -locos, como si estuvieran instalados sobre un muelle- y pienso siempre, medio adormilado, que debería arreglar eso, ese extraño reloj que no está parado ni en movimiento, sino obsesionado entre el segundo 44 y el 45 de las 4 horas y un minuto -no sé si de la madrugada o de la tarde- de un día inidentificado del finales del mes de enero, cuando contrajo su neurosis obsesiva y se quedó así, repetitivo, redundante, moviendo la aguja mínimamente como mueve la pata un animal moribundo antes del fin; y me he dicho mil veces, ahogado en pensamientos absurdos, que no sé cual será la implicación de este hecho mínimo en mi vida, si realmente algo se paró aquel día sin nombre o si todas las cosas del mundo y de la vida están conectadas por hilos secretos,y me pregunto si algún día de estos decido cambiarle la pila -y entonces la aguja pasa del 45 al 46 y luego al 47 y se pone a dar vueltas como dios manda-, volverá mi existencia a ponerse en marcha y abandonará la inmovilidad en la que parece que se ha instalado ultimamente. Tal vez solo haga falta eso para que arranque de una puta vez la primavera que no para de darnos avisos para clavárnosla después, tal vez todo el estado atmosférico del planeta dependa de que yo, una tarde aburrida baje al chino a comprar una pila barata y se la ponga a mi reloj raro para espabile y entonces haga sol ya de seguido, que ayer llovió de lo lindo y se les aguó la fiesta, nunca mejor dicho, a esa alegre muchachada madrileña que ama más al vino y a la vida que a la leyes, cosa, por otra parte, lógica y normal ya que lo aberrante y desviado sería lo contrario, una juventud virtuosa y viernes sin borrachera.
jueves, marzo 16, 2006
Perséfone
Y entonces Hades, señor de los infiernos, en vista de toda aquella voluptuosidad, raptó a Perséfone, hija de Démeter, y la recluyó en el inframundo donde la tomó por esposa y le dió a tomar aquellas pepitas de granada que no la permitirían volver a salir a la luz del sol; Démeter en represalia, no sé contra qué ni contra quién, dejó al mundo estéril y sin vida, y todas las cosas y las formas muriendo, y los campos vacíos y desnudas las ramas de los árboles, así que Zeus con la idea de acabar con aquel erial llegó a un pacto con Hades en virtud del cual Perséfone saldría seis meses a la tierra a acompañar a su madre -y entonces todo florecería- y pasaría el resto del año-el otoño, el invierno- a la vera de su esposo; es por esto que ahora que se acerca el equinoccio Perséfone ya se prepara a salir de nuevo, y todos nos echamos a las calles a recibirla con gafas de sol y en manga corta, y yo, después de tanto infierno personal, burocrático, telefónico, corporal, sentimental y gástrico escupo las pepitas de granada del inframundo, le digo adiós al Cancerbero y me pongo el cuerpo y la mente de los domingos para disfrutar de los próximos meses en el mejor lugar del mundo para hacerlo hasta que me salgan las flores por las orejas, los pajaritos cantan, las nubes se levantan.
viernes, marzo 10, 2006
Gastroenteritis
Hace unos años me resultaba fácil provocarme el vómito, solo había que introducir dos dedos exploradores en las profundidades de la garganta y, a ser posible, delante de un cubo de basura y con el estómago repleto de calimocho. Lo hacíamos para tener más espacio, para poder seguir bebiendo, para dejar de marearnos, para volver a casa y enfrentarnos a mamá- a eso de las 11 de la noche- con buen aspecto. De alguna manera era placentero.
Ayer cuando sentí una bola de fuego en el estómago (no como en la acidez, que te arden los pulmones, esto era fuego en las paredes del estómago) le dije a Ale que hacía mucho que no vomitaba -esto era cierto- y que vomitar molaba -yo lo recordaba así. Así que vomité una vez y me sentí mucho mejor, pensé: todo resuelto, vomitar está bien, es como estornudar, se sufre un poco pero luego se siente uno liberado. Tres horas después había vomitado más de diez veces y había comprobado que no es tan placentero cuando no queda nada que expulsar, cuando te duele todo el tracto digestivo, cuando te tumbas, y estás solo, y en principio bien pero según pasan los minutos vuelves a sentir la necesidad irrefrenable de echar la pota, y te ahogas, y no puedes coger aire y sientes el último resto sólido ascender como por arte de magia por tu esófago (son mágicos los movimientos peristálgicos del esófago) y lo expulsas entre gemidos patéticos y la luz de la lamparita de tu habitación te parece más fúnebre y mortecina que de costumbre, toda la noche agarrado a una bolsa de plástico del Mercadona y teniendo sueños extraños y aciagos.
No coman berberechos frescos.
Ayer cuando sentí una bola de fuego en el estómago (no como en la acidez, que te arden los pulmones, esto era fuego en las paredes del estómago) le dije a Ale que hacía mucho que no vomitaba -esto era cierto- y que vomitar molaba -yo lo recordaba así. Así que vomité una vez y me sentí mucho mejor, pensé: todo resuelto, vomitar está bien, es como estornudar, se sufre un poco pero luego se siente uno liberado. Tres horas después había vomitado más de diez veces y había comprobado que no es tan placentero cuando no queda nada que expulsar, cuando te duele todo el tracto digestivo, cuando te tumbas, y estás solo, y en principio bien pero según pasan los minutos vuelves a sentir la necesidad irrefrenable de echar la pota, y te ahogas, y no puedes coger aire y sientes el último resto sólido ascender como por arte de magia por tu esófago (son mágicos los movimientos peristálgicos del esófago) y lo expulsas entre gemidos patéticos y la luz de la lamparita de tu habitación te parece más fúnebre y mortecina que de costumbre, toda la noche agarrado a una bolsa de plástico del Mercadona y teniendo sueños extraños y aciagos.
No coman berberechos frescos.
martes, marzo 07, 2006
Tan cierto como que la Tierra gira alrededor de su eje es que los estados emocionales dependen de y tienen su base en la neuroquímica del cerebro y en otras químicas externas con las que uno puede salpimentarlo, venía pensando yo en ese triste viaje en metro de vuelta a casa un domingo a mediodía, siendo blanco de algunas miradas cómplices de conciudadanos que me habían reconocido como un monstruo escupido de las cavernas de la noche -esas ojeras profundas- o como un Orfeo de vuelta de los infiernos, tratando de fulminar su indisimulado interés con los rayos x de mis ojos, tratando de asustar a la criatura que me señalaba y cuchicheaba con su madre -tal vez solo mi paranoia-, tratando de ignorar a esa mujer de mediana edad que se sentaba enfrente -forro polar, pelo descuidado- a la que no sé si mojaba la entrepierna o provocaba repugnancia.
Ayer me levanté azorado, raro, nervisoso, fuera mi propio cuerpo. Si mi estado neuronal se parecía el día anterior a las fallas de valencia ayer era como un entierro en el norte de noruega, y me pasé la jornada tratando de bajar de la montaña rusa emocional en las que a veces uno se sube en los festivos y reconciliarme con una realidad que me parecía gris y absurda: sobretodo acabar con el enésimo experimento mental en el que me sumerjo y salgo escaldado. El día trascurrió a peor pues me descubrí a media tarde escuchando un viejo disco de Los Planetas y experimentando tristezas pasadas que tal vez en su día no experimenté y aún mantenía guardadas. Al llegar las nueve de la noche y tras un pizza congelada toda yonqui decidí que deseaba pasar a un estado de inconsciencia, olvidarme de todo aquello, tener sueños buenos o malos -pero sueños al fin y no realidades- y me mentí en la cama, donde me dió un ataque de acidez de esos que tanto me gustan y tras el que -lo superé con un comprimido de Omeprazol- dormí catorce horas. Hasta esta mañana. En la que todo va mejor.
La familia bien gracias.
Ayer me levanté azorado, raro, nervisoso, fuera mi propio cuerpo. Si mi estado neuronal se parecía el día anterior a las fallas de valencia ayer era como un entierro en el norte de noruega, y me pasé la jornada tratando de bajar de la montaña rusa emocional en las que a veces uno se sube en los festivos y reconciliarme con una realidad que me parecía gris y absurda: sobretodo acabar con el enésimo experimento mental en el que me sumerjo y salgo escaldado. El día trascurrió a peor pues me descubrí a media tarde escuchando un viejo disco de Los Planetas y experimentando tristezas pasadas que tal vez en su día no experimenté y aún mantenía guardadas. Al llegar las nueve de la noche y tras un pizza congelada toda yonqui decidí que deseaba pasar a un estado de inconsciencia, olvidarme de todo aquello, tener sueños buenos o malos -pero sueños al fin y no realidades- y me mentí en la cama, donde me dió un ataque de acidez de esos que tanto me gustan y tras el que -lo superé con un comprimido de Omeprazol- dormí catorce horas. Hasta esta mañana. En la que todo va mejor.
La familia bien gracias.
sábado, marzo 04, 2006
Y cómo y, sobretodo, por qué negarme a mí mismo que esta noche de cielo naranja Blade Runner voy a salir y a tratar de ser automático como un replicante, con sentimientos como un replicante, así que definitivamente replicante aún sin saber si se sigue viendo Orión a estas alturas del año aunque debería de saberlo por perversión profesional -pero el cielo está naranja Blade Runner y yo no veo nada-, si he hecho planes para ello, si ya casi está todo listo y solo falta ducharse, ponerse más guapo aún y comer algo de comida basura con los vecinos y entonces coger un taxi y trasladarme a nuestro habitual y común sitio de recreo, ese templo de la electrónica macarra pero elegante, bakala pero de vanguardia, que te permite cometer las habituales faltas a la estética, a la moral y a la salud y aún así seguir conservando un halo de intelectualidad simplemente porque todos o algunos incautos nos lo creemos.
Así que después de una semana etílica y suavizante, después de la fiesta marroquí que anoche la vecina desplegó en nuestro (vuestro) salón, después de un puñado de días aferrado a una botella marrón y una siesta psicodelico-cósmica que me llenó de inquietud y de inquietudes, me dispongo valiente, fuerte y convencido a afrontar un nuevo asalto a estados libres asociados de conciencia con Estatuto o sin él, con cese de la violencia o sin él, con víctimas o sin ellas (no haremos prisioneros vivos es la consigna), que a mi ya me da igual y me lo merezco. Porque yo lo bailo.
Así que después de una semana etílica y suavizante, después de la fiesta marroquí que anoche la vecina desplegó en nuestro (vuestro) salón, después de un puñado de días aferrado a una botella marrón y una siesta psicodelico-cósmica que me llenó de inquietud y de inquietudes, me dispongo valiente, fuerte y convencido a afrontar un nuevo asalto a estados libres asociados de conciencia con Estatuto o sin él, con cese de la violencia o sin él, con víctimas o sin ellas (no haremos prisioneros vivos es la consigna), que a mi ya me da igual y me lo merezco. Porque yo lo bailo.
miércoles, marzo 01, 2006
Que viene

He escuchado -muy levemente, casi dormido- las caricias de la primavera en la puerta de mi cuarto esta mañana. Finalmente, detrás de la persiana se escondía un sol diplodocus. Y todo el mundo ha dicho hoy -preparé paella de pollo para seis-: "ya es primavera". No es cierto, aún quedan veinte días, pero pronto estaremos todos en las plazas como lagartijas al sol, en las terrazas, en los parques. Y es que la vida es suave y fácil cuando uno puede poner su cuerpo al sol, parece que nada más tiene importancia.
Y ahí les dejo una primaveral foto flamenca, o mejor, flamenquita. ¡Ele!
miércoles, febrero 22, 2006
Ese momento mágico
Qué bien, conseguir escapar de la Fnac indemne con tres discos robados cuando ese segurata tarugo cejijunto me llevaba siguiendo un buen rato y salir a la calle Preciados sintiéndome James Bond o Arsenio Lupin o cualquier elegante ladrón de guante blanco, y así bajar hasta Sol en la marabunta de gente escuchando en mi cabeza la banda sonora de una peli de acción y con tan buena suerte que, una vez sumergido en el metro, me enfrento a las escaleras de la línea tres dirección Delicias y veo que allá abajo empiezan a aparecer los viajeros apresurados y que, por tanto, el tren acaba de llegar y está allá abajo esperándome, pero solo por unos instantes, así que bajo a toda prisa, saltando los escalones de tres en tres, esquivando a viejas y maleantes -que a veces vienen a ser lo mismo- y una vez abajo doblo la esquina y ahí está el vagón, sigo corriendo, derrapando, resbalando, giro sobre mi mismo ejecutando un reverso perfecto para esquivar a una señora con bolsas de El Corte Inglés y cuando ya estoy a punto de llegar a las puertas reparó en que en ese vagón no cabe ni un alfiler ni una sardina más así que rápidamente giro la vista a la derecha y resulta que la siguiente puerta deja hueco libre en su interior y sin parar de moverme tuerzo in extremis, cambio de rumbo, recorro a zancadas los últimos metros y finalmente, por fin, entro en el vagón de la misma forma que un saltador de longitud toma tierra después de recorrer unos cuantos metros ingrávido flotando en el aire, ante la mirada entre atónita y asombrada de todos los viajeros. Definitivamente soy un héroe.
Lo malo es que en ese justo momento en el que yo piso el vagón y me recompongo la ropa y el pelo las puertas deberían haberse cerrado a mis espaldas atrapándome casi y el tren emitir un furioso pitido y arrancar a toda máquina, misión cumplida. Pero lo que en realidad pasó es que esperó del orden de treinta o cuarenta segundos más inmóvil, con las puertas abiertas y todo mi peripecia, toda mi acrobacia, toda mi astucia y heroicidad se esfumó y simplemente me sentí rídículo. Así que me puse a silbar.
Lo malo es que en ese justo momento en el que yo piso el vagón y me recompongo la ropa y el pelo las puertas deberían haberse cerrado a mis espaldas atrapándome casi y el tren emitir un furioso pitido y arrancar a toda máquina, misión cumplida. Pero lo que en realidad pasó es que esperó del orden de treinta o cuarenta segundos más inmóvil, con las puertas abiertas y todo mi peripecia, toda mi acrobacia, toda mi astucia y heroicidad se esfumó y simplemente me sentí rídículo. Así que me puse a silbar.
lunes, febrero 13, 2006
Amor vecinal y dedos rotos

Bien, me han pasado esta instantánea y la he considerado, instantáneamente, de gran interés para ustedes. En ella salen retratados Ale -cómo no- e Isaac, al que les presento en imagen por vez primera. Isaac es el novio de Ale y vive con Guillermo -que es el tipo que sale al fondo y que alguna vez han visto- en la calle de enfrente en otro de los puntos neurálgicos de la movida juvenil del barrio de las Delicias, el nuevo Soho madrileño. El pobre Isaac -ser maltratado por la vida- se fracturó el meñique en extrañas circunstancias navideñas y le colocaron la notable escayola que se muestra en la foto. Afortunadamente se la han quitado hace apenas un par de días, olía a ajo. Al pobre Isaac le ha quedado una muñeca más delgada que la otra y se pasa el día jugueteando con una pelota rosa en lo que él considera una rehabilitación. Diré en su descargo que en su convalecencia nunca se le puso por delante la escayola a la hora de intentar cocinar o hacerme los trabajos de la facultad, aunque su actividad preferida era, sin ningún lugar a dudas, estrangular cariñosamente a Ale por los bares o golpearse la cabeza con la escayola produciendo un ruido la mar de desagradable.
miércoles, febrero 08, 2006
Malasiesta
sueño con edificios muy altos sueño con un policía que introduce piedras en mi garganta sueño con una herida sangrante en el corazón que alguien me cose con lana morada sueño que nunca cicatriza sueño con gente que esconde su rostro tras las palmas de sus manos sueño con un barco gigantesco que cambia de rumbo en una noche polar. He conseguido dominar mi sueño: apoyo mis manos entrelazadas sobre el espacio vacío y salgo volando, como me enseñó un maestro. He sentido la terrible angustia de no poder despertar, de soñar que despierto y no despertar, de volver a soñarlo una y otra vez y extenderlo hasta el infinito: gritar gritar gritar y que no suene nada nada nada.
jueves, febrero 02, 2006
?

Por eso trato de ser breve. Yo sé que ustedes que me leen son gente atareada y no tienen mucho tiempo. Que el mundo está loco en estos días y gira muy deprisa. Que estamos todos muy nerviosos. Y no quisiera yo robarles nada de su vida ajetreada enredándoles en frases perniciosas.
Yo sé también que en este mundo muchos dicen que una imagen vale más que mil palabras. Que los que amamos a las letras tenemos la batalla perdida de antemano, si no la guerra. Que cuesta mucho esfuerzo concentrarse y mirar lento cada línea. Pero no pierdan la esperanza, tal vez esto sean también imágenes, imágenes que pinto en su cabeza.
Por lo demás pasé la tarde en casa enfréntandome a libros y problemas. Y ahí les pongo una foto de esta tarde, aunque valga menos que una mierda. Tres palabras y media.
viernes, enero 27, 2006
Peligros
Si supieran lo fácil que es matar a una persona. La cantidad de formas que existen de hacerlo.
Si conocieran la cantidad de hombres que eligieron el mejor cuchillo del cajón de su cocina, salieron de casa, buscaron un descampado, violaron a una joven que por allí pasaba y nunca fueron descubiertos.
Si comprobasen lo sencillo que resulta conseguir los ingredientes para construir una bomba, nitrato de amonio, cloruro potásico.
Si conocieran el número de inocentes que cumplen condena en las cárceles del país mientras los verdaderos asesinos caminan libres por cualquier calle.
Si supieran que, en teoría, uno de cuatro españoles sufre problemas psicóticos mientras que las armas blancas se venden sin ningún tipo de regulación.
No saldrían de su cama.
El hombre del telediario dice tener esperanza en el cese de los atentados terroristas. En ese mismo instante, en cualquier otro lugar, unas manos enguantadas fabrican un explosivo.
Si conocieran la cantidad de hombres que eligieron el mejor cuchillo del cajón de su cocina, salieron de casa, buscaron un descampado, violaron a una joven que por allí pasaba y nunca fueron descubiertos.
Si comprobasen lo sencillo que resulta conseguir los ingredientes para construir una bomba, nitrato de amonio, cloruro potásico.
Si conocieran el número de inocentes que cumplen condena en las cárceles del país mientras los verdaderos asesinos caminan libres por cualquier calle.
Si supieran que, en teoría, uno de cuatro españoles sufre problemas psicóticos mientras que las armas blancas se venden sin ningún tipo de regulación.
No saldrían de su cama.
El hombre del telediario dice tener esperanza en el cese de los atentados terroristas. En ese mismo instante, en cualquier otro lugar, unas manos enguantadas fabrican un explosivo.
viernes, enero 20, 2006
Insurrecto
Pasaremos a la clandestinidad. Nos ocultaremos en las alcantarillas, en los cobertizos, en las casas abandonadas. En los resquicios del sistema. Nos echaremos al monte.
Seremos como las sombras, nos moveremos rápido y en silencio. Jamás nos atráparéis. Cuando halléis nuestros escondrijos nosotros ya estaremos lejos, una nota manuscrita diciendo adiós será lo único que dejaremos a nuestras espaldas.
Estaremos organizados. Crearemos redes. Tendremos mensajeros y lenguajes cifrados. Formaremos comandos. Nos armaremos.
Extenderemos planos amarillentos bajo luces mortecinas. Nuestros cuarteles serán oscuros. Llevaremos barbas, boinas puestas de lado y pipas en la boca. Señalaremos con grandes rotuladores rojos nuestros objetivos sobre el mapa.
Oiréis hablar de nosotros, pero no podréis vernos. Estaremos por todas partes, camuflados. Podríamos ser cualquiera. El hombre que se sienta al lado en el metro. La camarera que os sirve una caña. Vuestros propios hijos. Tendréis miedo.
Algunos caerán, los sabemos. Será duro, también lo sabemos. Pero resisitiremos hasta la confrontación final. Ese día, un día lejano y tormentoso, nos revelaremos. Saldremos de nuestros agujeros y más vale que Dios os coja confesados pues no mostraremos piedad. Llenaremos de humo vuestras escuelas y universidades. Llenaremos de humo vuestros museos y ministerios. Vuestros edificios oficiales. Llenaremos de humo los transportes públicos y los centros de ocio. Todo lo llenaremos de humo, todo, hasta los ataúdes donde descansan vuestros muertos.
Moriréis tosiendo y tumorados.
Y fumaremos, por fin, donde nos dé la gana.
Seremos como las sombras, nos moveremos rápido y en silencio. Jamás nos atráparéis. Cuando halléis nuestros escondrijos nosotros ya estaremos lejos, una nota manuscrita diciendo adiós será lo único que dejaremos a nuestras espaldas.
Estaremos organizados. Crearemos redes. Tendremos mensajeros y lenguajes cifrados. Formaremos comandos. Nos armaremos.
Extenderemos planos amarillentos bajo luces mortecinas. Nuestros cuarteles serán oscuros. Llevaremos barbas, boinas puestas de lado y pipas en la boca. Señalaremos con grandes rotuladores rojos nuestros objetivos sobre el mapa.
Oiréis hablar de nosotros, pero no podréis vernos. Estaremos por todas partes, camuflados. Podríamos ser cualquiera. El hombre que se sienta al lado en el metro. La camarera que os sirve una caña. Vuestros propios hijos. Tendréis miedo.
Algunos caerán, los sabemos. Será duro, también lo sabemos. Pero resisitiremos hasta la confrontación final. Ese día, un día lejano y tormentoso, nos revelaremos. Saldremos de nuestros agujeros y más vale que Dios os coja confesados pues no mostraremos piedad. Llenaremos de humo vuestras escuelas y universidades. Llenaremos de humo vuestros museos y ministerios. Vuestros edificios oficiales. Llenaremos de humo los transportes públicos y los centros de ocio. Todo lo llenaremos de humo, todo, hasta los ataúdes donde descansan vuestros muertos.
Moriréis tosiendo y tumorados.
Y fumaremos, por fin, donde nos dé la gana.
martes, enero 17, 2006
5 hábitos extraños
He sido elegido jugador de este juego por La Poca Sangre. ¡Juega conmigo!Reglamento:El primer jugador de este juego inicia su mensaje con el título "5 extraños hábitos tuyos". Las personas que son invitadas a escribir un mensaje en su respectivo blog, a propósito de sus extraños hábitos, deben también indicar claramente este reglamento. Al final, debéis escoger 5 nuevas personas a indicar y añadir el link de su blog o diario web. No olvidéis dejar un comentario en su blog o diario web diciendo "Has sido elegido" y pidiendo que lean el vuestro.
1. Dar collejas a las ancianas que salen de misa. Me hago pasar por un indigente de los que piden limosna en las escaleras de la iglesia y cuando ellas pasan, aún tratando de tragar la hostia, yo les golpeo en la nuca a mano abierta, ¡zas! Luego huyo a toda velocidad. Ellas se indignan, levantan el paraguas, juran y perjuran (con Aznar no pasaba esto) e incluso blasfeman. Es especialmente excitante los domingos, en misa de ocho.
2. Ver cine de autor polaco en versión original. Sin subtítulos. Aunque no me entero de nada me gusta, no se por qué, tal vez por la sonoridad del idioma.
3. Maniatar y amordazar a mis parejas sexuales. Luego cubrirlas de nata, mermelada o fabada Litoral. A veces solo hacer esto me produce tal satisfacción que no necesito consumar el acto sexual. Ellas, claro está, se quejan, montan en cólera, intentar gritar pero como están amordazadas no molestan mucho.
4. Ordenar los libros y los cd's por colores tratando de formar un arcoiris en la estantería. Comprar, a veces, libros o cd's solamente por que el color del lomo encaja bien en el conjunto.
5. Inventarme historias. Mentir.
Sí, mentir.
Le paso el testigo a:
- Un extintor bajo el agua
- El Reposacabezas
- Brisa en la noche
- Tus tripas y las mias se entienden bien
- Madrid Oasis
1. Dar collejas a las ancianas que salen de misa. Me hago pasar por un indigente de los que piden limosna en las escaleras de la iglesia y cuando ellas pasan, aún tratando de tragar la hostia, yo les golpeo en la nuca a mano abierta, ¡zas! Luego huyo a toda velocidad. Ellas se indignan, levantan el paraguas, juran y perjuran (con Aznar no pasaba esto) e incluso blasfeman. Es especialmente excitante los domingos, en misa de ocho.
2. Ver cine de autor polaco en versión original. Sin subtítulos. Aunque no me entero de nada me gusta, no se por qué, tal vez por la sonoridad del idioma.
3. Maniatar y amordazar a mis parejas sexuales. Luego cubrirlas de nata, mermelada o fabada Litoral. A veces solo hacer esto me produce tal satisfacción que no necesito consumar el acto sexual. Ellas, claro está, se quejan, montan en cólera, intentar gritar pero como están amordazadas no molestan mucho.
4. Ordenar los libros y los cd's por colores tratando de formar un arcoiris en la estantería. Comprar, a veces, libros o cd's solamente por que el color del lomo encaja bien en el conjunto.
5. Inventarme historias. Mentir.
Sí, mentir.
Le paso el testigo a:
- Un extintor bajo el agua
- El Reposacabezas
- Brisa en la noche
- Tus tripas y las mias se entienden bien
- Madrid Oasis
miércoles, enero 11, 2006
Coup de Etat
Soy la mujer que se sienta enfrente en el metro. Tengo cerca de cuarenta años y aún soy atractiva. Mis compañeros de trabajo, mis subordinados, me miran el trasero disimuladamente cuando paso. Mi trabajo es un buen trabajo. En una oficina.
Llevo un abrigo beige. Largo. El pelo rubio, con raya al lado, recogido detrás de la oreja. Pendientes pequeños dorados. Maquillaje. Un bolso de El Caballo.
Mido cerca de un metro setenta y cinco y miro alrededor con desdén. Como si el metro no fuera para mí. Como si me diera asco. Como si me dieras asco. Llegaré a Embajadores y cogeré un tren hasta mi urbanización. Espero no rozarme con ningún inmigrante. Me espera mi familia bien. Y el perro. Para cenar bien. Y el perro también. Voto al PP.
Mañana me devuelven el coche los del taller. Los mecánicos siempre trabajan mal. Siempre tardan más de la cuenta. Son vagos. No les daré propina. Me obligan a viajar en metro. Sentada frente a tí.
Llevo una de esas pulseras con la banderita de España bordada. Como las de los adolescentes que se manifestaron en la retirada de la estatua de Franco. Temo que nuestro país se desvertebre. Se desuna . Se deshaga.
Tendría que haber un golpe de estado.
O dos.
Llevo un abrigo beige. Largo. El pelo rubio, con raya al lado, recogido detrás de la oreja. Pendientes pequeños dorados. Maquillaje. Un bolso de El Caballo.
Mido cerca de un metro setenta y cinco y miro alrededor con desdén. Como si el metro no fuera para mí. Como si me diera asco. Como si me dieras asco. Llegaré a Embajadores y cogeré un tren hasta mi urbanización. Espero no rozarme con ningún inmigrante. Me espera mi familia bien. Y el perro. Para cenar bien. Y el perro también. Voto al PP.
Mañana me devuelven el coche los del taller. Los mecánicos siempre trabajan mal. Siempre tardan más de la cuenta. Son vagos. No les daré propina. Me obligan a viajar en metro. Sentada frente a tí.
Llevo una de esas pulseras con la banderita de España bordada. Como las de los adolescentes que se manifestaron en la retirada de la estatua de Franco. Temo que nuestro país se desvertebre. Se desuna . Se deshaga.
Tendría que haber un golpe de estado.
O dos.
martes, enero 10, 2006
Primer día
Y llego en una tardenoche de lunes a la estación de Mendez Álvaro donde es imposible coger un taxi, así que me pongo la mochila a la espalda -pesa como mil demonios- y agarro el metro que me deja en Atocha Renfe, bajo hasta casa por una calle que nunca había recorrido y descubro un restaurante caribeño, un supermercado Supersol y una tienda de frutos secos llamada Don Cerdito. Cuando diviso la ventana del salón se proyectan las sombras de Ale e Isaac sobre la pared roja y pienso que es momento entrañable, llamó al telefonillo, subo y le doy dos besos a Ale, descubró que Isaac tiene el brazo vendado y la cabeza rapada, le digo que parece un refugiado de los Balcanes y nos reímos, después llegan Virginia y Edgar y también los abrazamos, nos vamos a cenar a casa de Isaac, en la calle de al lado, tomamos croquetas congeladas y una especie de pollo precocinado con un huevo duro dentro, estamos con Esme y Elisa, hablamos de pintar paredes, de caseros drogadictos y de música eléctrónica. Bienvenido, esto es Madrid.
domingo, enero 08, 2006
Último día
La ligera melancolía del domingo por la tarde en la capital de provincias, el cielo blanco, a media tarde, desde la ventana de siempre la calle desierta como nunca, a mis espaldas el silencio de la casa vacía y otras navidades en la memoria, el humo del cigarrillo disolviéndose lento, el aire quieto, la luz azulada, mi respiración
doblar toda la ropa
hacer la maleta
comprar un billete
marcharse
otra vez
doblar toda la ropa
hacer la maleta
comprar un billete
marcharse
otra vez
sábado, enero 07, 2006
Pornografía
Preparé un dossier con algunos de mis relatos para los tipos de la revista Clarín y repartí copias en la tertulia celebran los viernes por la tarde. Incluí en la selección el cuento del chuloputas aficcionado al cine de la Nouvelle Vague, el del tipo que intenta sustituir a su mujer huida por una muñeca hinchable, también el cuento filogay sobre albañiles sudorosos con mostacho y algunos más. Dejé una copia de los relatos en casa y cayó en manos de mi TiaVicen que nunca me había leído. Ayer subí a verla y me dijo que escribía muy bien (que "pongo muy bien los puntos y las comas") pero que los temas son pornográficos. Que soy un pornografo. Comenté a mamá la historia y me dijo que la tia está preocupada por mí, piensa que si se me pasan tales historias por la cabeza es que soy una persona atormentada. Bueno, nunca me había fijado pero lo cierto es que las historias que escribo son algo truculentas y sórdidas. Pero no sé, no estoy loco. Creo. Los pies de los niños son bonitos.
jueves, enero 05, 2006
Monarquía Parlamentaria
Escribo asomado a la ventana de mi habitación de Oviedo y allá abajo hay una marabunta de niños y padres chillando ante la presencia de los Reyes Magos en cabalgata.
Bien mirado esto de los Reyes es el rito perfecto de iniciación para niños en el capitalismo de consumo. Coges a las criaturas y les cuentas una bonita fábula sobre tres tipos que vienen no se sabe cómo de Oriente cargados de Playstations y Furbys, fomentas su deseo de poseer bienes banales mediante una tradición cristiana y ya lo tenemos todo bendecido por la religión, esa que por otro lado predica la austeridad. Además les impones la necesidad de acatar la moral establecida (ser buenos) todo el año a cambio de recibir los regalos, en caso contrario pesa sobre ti la amenaza de recibir carbón, esa cosa sucia y negra que manejan los mineros, esos hombres rudos y revoltosos que queman neumáticos en las carreteras de la región. Pasan unos años y llega el momento de confesar que los reyes son los padres, aunque hoy en día el que no se ha enterado antes es que es gilipollas o vive en una burbuja. Y así seguimos entonces lo que nos queda de vida, tratando de vivir de los reyes, perdón, de los padres hasta que no nos queda otro remedio que pringar como todos para poder, al menos en Navidad, reunir un pastón para seguir engañando ya a nuestros propios hijos e hinchando las arcas del sistema.
Desde luego el consumismo ha sido nuestro hijo más listo.
Bien mirado esto de los Reyes es el rito perfecto de iniciación para niños en el capitalismo de consumo. Coges a las criaturas y les cuentas una bonita fábula sobre tres tipos que vienen no se sabe cómo de Oriente cargados de Playstations y Furbys, fomentas su deseo de poseer bienes banales mediante una tradición cristiana y ya lo tenemos todo bendecido por la religión, esa que por otro lado predica la austeridad. Además les impones la necesidad de acatar la moral establecida (ser buenos) todo el año a cambio de recibir los regalos, en caso contrario pesa sobre ti la amenaza de recibir carbón, esa cosa sucia y negra que manejan los mineros, esos hombres rudos y revoltosos que queman neumáticos en las carreteras de la región. Pasan unos años y llega el momento de confesar que los reyes son los padres, aunque hoy en día el que no se ha enterado antes es que es gilipollas o vive en una burbuja. Y así seguimos entonces lo que nos queda de vida, tratando de vivir de los reyes, perdón, de los padres hasta que no nos queda otro remedio que pringar como todos para poder, al menos en Navidad, reunir un pastón para seguir engañando ya a nuestros propios hijos e hinchando las arcas del sistema.
Desde luego el consumismo ha sido nuestro hijo más listo.
martes, enero 03, 2006
Chof
No sé, no se me ocurre. Podría contaros alguna cosa de las que me pasan, que hoy está un poco gris ahí al otro lado de la ventana, por ejemplo, pero que no os creáis todo lo que dicen, que aquí, en Asturias, no siempre hace mal tiempo, que es un mito y que la mayoría de las veces subo la persiana y esto se inunda de sol. Vamos, lo que siempre cuento. O podría felicitaros el nuevo año, relataros todas la locuras de Nochevieja, contaros mis nuevos propósitos o hacer balance del año pasado pero, qué pereza, ¿no? Que estoy chof estos días coñe, y que no es por la Navidad ni por la vanidad, simplemente uno de esos ataques de desidia que me dan regularmente, que me impiden hacer nada de lo que debo y en los que los días pasan uno tras otro sin que nada cambie ni por aquí ni en los alrededores y nada nada parece tener sentido.
lunes, diciembre 26, 2005
Seafood
A mi el tema del marisco siempre me ha fascinado.
Una vez, cuando niño, mamá compró un centollo bastante grande en una cetárea de Gijón que estaba al borde del mar. A la vuelta compartí el asiento de atrás del coche con aquel centollo supermasivo, el pobre iba metido en una bolsa del Pryca y alguien le había dejado una patita fuera que movía lentamente, porque los mariscos son animales muy serenos. No se si trataba de decirme algo, en cualquier caso no oí ninguna palabra que saliera de su ¿boca?. Al llegar a casa me enteré de que no era una nueva mascota sino que lo que en realidad le esperaba al bichejo era una olla llena de agua hirviendo y no paseos por el parque cada noche persiguiendo una pelota de tenis. Me sentí desolado y decidí, ya que nos lo íbamos a comer para cenar, darle un agradable último dia. Llené la bañera de agua y ahí lo solté, esperando que rememorase sus días de juventud en el fondo del mar. Pero claro, los centollos viven en agua salada y supongo que por algún mecanismo osmótico o algo parecido la palmó y dejó el agua de la bañera de un triste color rosado.
Por lo demás estos días son como el Holocausto del Langostino. Y eso a mí la verdad es que me gusta. ¿Saben ustedes que cuando viven en libertad los langostinos son transparentes y, en vez de estar en posición fetal, caminan rectos sobre la arena? Inquietante, ¿no es así? Luego se encogen y se ponen coloraos cuando uno los cuece. Este año mamá compró unos langostinos bastante poderosos, el día de Nochebuena casi no me atrevía a entrar en la cocina, sabiendo que estaban allí, acechantes. Una vez cocidos no eran tan imponentes, estaban todos puestos de perfil en el plato -¿han visto alguna vez a una gamba de frente?-, creo que lo que hacían, los muy insolidarios, era tratar de pasar desapercibidos, disimulando como si la cosa no fuera con ellas, intentando decir: no me comas a mi, cómete al de al lado; que bien podría ser su primo o su cuñao. Así que al final nos los comimos a todos untados en mayonesa, por hijosdeputa.
Una vez, cuando niño, mamá compró un centollo bastante grande en una cetárea de Gijón que estaba al borde del mar. A la vuelta compartí el asiento de atrás del coche con aquel centollo supermasivo, el pobre iba metido en una bolsa del Pryca y alguien le había dejado una patita fuera que movía lentamente, porque los mariscos son animales muy serenos. No se si trataba de decirme algo, en cualquier caso no oí ninguna palabra que saliera de su ¿boca?. Al llegar a casa me enteré de que no era una nueva mascota sino que lo que en realidad le esperaba al bichejo era una olla llena de agua hirviendo y no paseos por el parque cada noche persiguiendo una pelota de tenis. Me sentí desolado y decidí, ya que nos lo íbamos a comer para cenar, darle un agradable último dia. Llené la bañera de agua y ahí lo solté, esperando que rememorase sus días de juventud en el fondo del mar. Pero claro, los centollos viven en agua salada y supongo que por algún mecanismo osmótico o algo parecido la palmó y dejó el agua de la bañera de un triste color rosado.
Por lo demás estos días son como el Holocausto del Langostino. Y eso a mí la verdad es que me gusta. ¿Saben ustedes que cuando viven en libertad los langostinos son transparentes y, en vez de estar en posición fetal, caminan rectos sobre la arena? Inquietante, ¿no es así? Luego se encogen y se ponen coloraos cuando uno los cuece. Este año mamá compró unos langostinos bastante poderosos, el día de Nochebuena casi no me atrevía a entrar en la cocina, sabiendo que estaban allí, acechantes. Una vez cocidos no eran tan imponentes, estaban todos puestos de perfil en el plato -¿han visto alguna vez a una gamba de frente?-, creo que lo que hacían, los muy insolidarios, era tratar de pasar desapercibidos, disimulando como si la cosa no fuera con ellas, intentando decir: no me comas a mi, cómete al de al lado; que bien podría ser su primo o su cuñao. Así que al final nos los comimos a todos untados en mayonesa, por hijosdeputa.
domingo, diciembre 25, 2005
Megáfono
Así que mamá quiere que le lea mis últimos relatos y a mi me parece estupendo la muestra de interés, pero como duerme en la habitación contigua se tiende en la cama a esperar y se los tengo que leer desde mi cuarto donde tengo el ordenador. Y uno a uno voy gritando todas esas historias tristes que me da por escribir para que mi voz le llegue y pienso que es una situación absurda, mis cuentos viajando a gritos hasta sus oidos adormecidos, carentes ya de todo dramatismo, como alquilar una peli de Truffaut en el Blockbuster, tener una cita en un Starbucks o recitar con un megáfono al oido de tu novia uno de esos poemas de Pablo Neruda que todo el mundo se sabe de memoria y que sirven, básicamente, para ligar.
sábado, diciembre 24, 2005
Estas fechas tan señaladas
Muestro mi sonrisa más grande y llena de dientes al tiempo que aprieto fuerte la mano del nuevo novio de mi madre, luego vamos a un restaurante y me meto un entrecot entre pecho y espalda, mamá pide más pimiento y renuncia al café que le sirven con el postre, las mujeres que sobrepasan la treintena no deben tomar leche de vaca, tiene bacterias y pus dice la camarera y a mi me parece aberrante; en el supermercado conozco a una pescadera y me hago fan suyo porque es graciosa y consigue vendernos dos kilos de mejillones que en principio no íbamos a comprar y que probablemente acaben en la basura, ya ven, así son estas fechas, está haciendo sol y no demasiado frío, existen demasiados mitos en torno en clima asturiano, en realidad es más suave de lo que piensan los que viven al otro lado de la Cordillera Cantábrica, nosotros no vestimos pieles ni cazamos osos con las manos desnudas, aunque nos gustaría, al menos a mí, de todas maneras los habitantes de estas tierras resistieron a romanos, árabes y fascistas, quizás por eso somos un pueblo primitivo de mofletes rosados -he de decir que yo más bien parezco de Cádiz, tengo la piel aceitunada, será la sangre de mi padre y de mi abuelo, que se dedicaba al extraperlo-; anoche un grupo de estos asturianos que iban juntos a la escuela se reunieron para cenar, entre ellos estaba yo -con mi tez aceitunada- y una de la chicas casaderas vomitó en el baño de nuestro bar favorito, aunque nadie sabe muy bien quién fue porque tal vez no fue nadie. La comida bien, gracias, aunque un poco cara.
Y odio que digan sidriña cuando deben decir sidrina, los putos españoles.
Y odio que digan sidriña cuando deben decir sidrina, los putos españoles.
jueves, diciembre 15, 2005
4 de los mejores hombres que formaban un comando

Acabo de recibir esta encantadora fotografía polaroid cortesía de mi admirada Elenita. Se trata de un botón de muestra de la gente que pulula por este lado del mundo. A mi y a Ale (otra vez vestida de gheisa) ya nos conocéis. Además están la inefable Virginia, mi otra compi de piso (desgraciadamente su amado Edgar -que también vive con nosotros- no aparece) luciendo su chistera mágica y el amigo Guillermo, ese dandy trasnochado que vive cruzando la calle. Yo, por si no os dais cuenta, soy ese tipo tan majo con la camiseta de Playboy (que me regalaron con la suscripción perpetua). Se trata de una de esas fiestas que surgen en casa y todo el mundo acaba disfrazado.
Ya ven, entrañable y navideño.
miércoles, diciembre 14, 2005
Albóndigas (o almóndigas)

Anoche cené una lata de albóndigas por primera vez desde que vivimos en este piso. Eso significa que llevaba tres meses y medio limpio. Porque aunque por aquí somos muy desastre para algunas cosas, lo cierto es que nos alimentamos medianamente bien. No esperéis encontrar en esta casa a consumidores de fast food o pizzas congeladas, nosotros cocinamos a diario. Potajes, ensaladas, arroces y pastas. Quizás demasiados hidratos de carbono. Pero anoche algo -no sé, una inquietud, una extraña sensación en el bajo vientre- me impulsó a bajar al chino y a comprar una lata de albóndigas de mi marca preferida, de las que dicen por ahí que son carne de perro. Porque si uno se como una vaca o un cerdo, ¿qué le impide comerse un perro? ¿O a un chino?
Y es que lo de las albóndigas de lata es mi vicio más vergonzoso, aunque no tengo verguenza en confesarlo: me gustan las albóndigas de lata porque soy un hombre sin escrúpulos y porque me producen una suerte de placer morboso. Hay que probarlo todo. Después de comerlas, con media barra de pan, comienza a girar la ruleta, cualquier cosa puede pasar: mala digestión, sopor, sueñito... Ahora que las he dejado puedo tomarlas de vez en cuando. No pasa nada, no os preocupéis que yo controlo.
Creo que todo empezó hace unos años, cuando vivía en la casa de Atocha. Era joven y los recuerdos que conservo son borrosos, no logro rememorar la primera vez que alguien me dió a probar una de estas latas. El caso es que me aficcioné: era tan fácil olvidarse del supermercado y de la cocina y simplemente bajar a la tienda a cualquier hora en busca de albóndigas... Así entré en una espiral de carne picada y me ví comiendo meatballs varias veces por semana, ante la mirada preocupada de los que vivían conmigo. No entraré ahora en detalles de aquella vida repleta de indigestiones, no quiero aburriros ni hacerme la víctima. Yo ya no soy aquel, fue una etapa difícil, un error, una locura de juventud y no quiero que me juzguéis por ello ni que me asociéis a esta adicción. Solo os diré que he rehecho mi vida, y que, aunque en principio no veía salida ahora disfruto de las cosas buenas y sencillas, lejos de las bolas de carne.
Me temo, de todas maneras, que estoy incubando una nueva adicción. Las magdalenas del superbolsón (sic) de magdalenas que venden en el Mercadona.
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En la imagen aparezco en pose de arrepentimiento tras la ingesta de las albóndigas.
martes, diciembre 13, 2005
La gran evasión
Fíjense, el domingo por la mañana asistí a una fiesta que se celebraba en casa de un conocido cerca de Gran Vía. Mientras en la calle amanecía allí dento las persianas estaban bajadas y el ambiente inundado de luz amarilla y humo. Había un puñado de desconocidos, unas cuantas botellas sobre la barra de la cocina y una mesa de mezclas: era lo que se conoce por estos lares como un aftercasa, o bien, reafter. Nos servimos un vaso de cerveza y nos integramos en los grupos que charlaban en diferentes partes del salón. Las circunstancias me llevaron a coincidir en el cuarto de baño con una chica de largas rastas rojas (ocho años de edad, las rastas, le llegaban hasta el culo) que hacía rayas cuidadosamente con el polvo que había resultado de machacar una de esas pastillas azules. Pensé que tenía una mirada enigmática. Pues bien, entablamos conversación y me confesó que llevaba diez días despierta, esto es, desde antes de la semana de los puentes (la Constitución y la Inmaculada). Desde el jueves anterior, concretamente. Yo puse cara de incredulidad y pensé en los cientos de cosas que yo había hecho en los últimos diez días. Ella repuso que había dormido tan solo seis horas en todo ese tiempo. Sale más o menos a cuarenta minutos por día. Me recordó a Leonardo da Vinci, del que dicen que solo dormía un cuarto de hora cada cuatro horas o a la historia de aquella chica guiri que en una semana de vacaciones en Ibiza solo comió un plátano. Y yo pensando que su mirada era misteriosa cuando en realidad lo que ocurría es que estaba supervolada.
Con esto del hedonismo posmoderno y la democratización de la droga es bastante común que en Madrid la gente pase días y días de fiesta, aunque diez resulte una exageración. Lo normal es que la gente salga una noche y llegue a casa al día siguiente al mediodía. Algunos aguantan hasta el anochecer, incluso. Aquí encontramos un punto de inflexión, pues los que sigan adelante volverán a salir a la calle (hasta entonces la gente se esconde en casas o en bares de cañas) y a ir a bares de copas y clubs hasta la madrugada. Lo máximo que se suele ver por aquí es a gente que ha pasado de fiesta desde el jueves noche hasta el domingo de madrugada -porque el lunes es laborable-, aunque esto ya es muy raro. Yo no sé si creer a la chica de ojos extraviados.
Bien mirado, esto de las fiestas sin fin ni horario es una especie de subversión contra el orden natural de las cosas, una rebeldía clandestina que coloca al placer como bien supremo. La juventud se pasa por el arco de triunfo los ciclos circadianos, los horas de las comidas, el horario civil, la moral, la salud y el decoro. Extraño fenómeno éste: miles de personas huyendo de un mundo gris y monótono como en aquella película, La Gran Evasión, que trataba de soldados huyendo de un campo de concentración nazi a través de un túnel horadado en la tierra como ahora se horadan en los fines de semana.
A mi el personaje que más me gustaba era el de Steve McQueen. Aunque al final los nazis le cazaban cuando trataba de escapar con aquella moto, saltando alambradas.
Con esto del hedonismo posmoderno y la democratización de la droga es bastante común que en Madrid la gente pase días y días de fiesta, aunque diez resulte una exageración. Lo normal es que la gente salga una noche y llegue a casa al día siguiente al mediodía. Algunos aguantan hasta el anochecer, incluso. Aquí encontramos un punto de inflexión, pues los que sigan adelante volverán a salir a la calle (hasta entonces la gente se esconde en casas o en bares de cañas) y a ir a bares de copas y clubs hasta la madrugada. Lo máximo que se suele ver por aquí es a gente que ha pasado de fiesta desde el jueves noche hasta el domingo de madrugada -porque el lunes es laborable-, aunque esto ya es muy raro. Yo no sé si creer a la chica de ojos extraviados.
Bien mirado, esto de las fiestas sin fin ni horario es una especie de subversión contra el orden natural de las cosas, una rebeldía clandestina que coloca al placer como bien supremo. La juventud se pasa por el arco de triunfo los ciclos circadianos, los horas de las comidas, el horario civil, la moral, la salud y el decoro. Extraño fenómeno éste: miles de personas huyendo de un mundo gris y monótono como en aquella película, La Gran Evasión, que trataba de soldados huyendo de un campo de concentración nazi a través de un túnel horadado en la tierra como ahora se horadan en los fines de semana.
A mi el personaje que más me gustaba era el de Steve McQueen. Aunque al final los nazis le cazaban cuando trataba de escapar con aquella moto, saltando alambradas.
sábado, diciembre 10, 2005
Cosas de casa
Esta entrañable instantánea refleja un momento cualquiera de nuestra vida cotidiana en el piso. Como véis somos jóvenes dinámicos, actuales e independientes y nuestro hogar parece un garito -para evitar ponernos tristes cuando no podemos estar festejando aferrados a una barra o reventado la pista. En la imagen aparecemos la Ale -a la que ya conocéis- y yo -al que supongo que también. Pronto más personajes.
miércoles, diciembre 07, 2005
Largo puente de noviazgo
La conocí en la madrugada del viernes al sábado durante el ejercicio de nuestras tendencias autodestructivas. Era morena, muy morena y, cómo no, de Cádiz. A ella le gusté yo y a mi me gustó ella, así que terminó viniendo a la fiesta que organizamos en casa al amanecer. No recuerdo exactamente cuando, pero me dijo con su profundo acento andalúh que el domingo se iba a vivir a Barcelona, aunque también tenía la opción de irse el miércoles; y yo que estaba tan contento acariciendo su cuerpo duro y canela le propuse que se quedase conmigo, en mi casa, y que fuésemos novios hasta entonces. Ella aceptó. La idea me pareció muy literaria: un noviazgo de media semana con una desconocida, sabiendo de antemano el cuándo, el dónde, el cómo y el por qué del desenlace. Encajaba a la perfección con mis aspiraciones de convertir mi existencia en una novela.
Nos pegamos la gran fiesta durante el fin de semana y descubrí un puñado de cosas de ella: que era muy jipi, que llevaba un tiempo dando tumbos por el mundo, que trabajaba en cine, que hacía escalada (de ahí la dureza de su culo) y que en la cama era una salvaje. La chica, desde luego, tenía caracter -estaba medio loca- y esto lo hacía todo más interesante. A todos la presentaba como mi novia hasta el miércoles y a todos les parecía divertido: tal vez siempre debiéramos entender las cosas de la vida y la vida misma así, como una cosa con principio y fin.
El domingo superamos como pudimos una resaca considerable y se instaló entre nosotros una ligera tensión: después de todo el festival volvíamos a la realidad y caíamos en la cuenta de que, al fin y al cabo, éramos un par de desconocidos condenados a convivir por unos días en una cama de noventa. Y hay momentos en los que uno prefiere estar solo. Pero el lunes ya lo llevamos mejor, empezábamos a salir de la crisis -ya véis, en esta historia la cosa iba a toda mecha. El martes lo pasamos separados, ella estuvo en la casa donde se hospedaba antes de conocerme y así estuvo bien: en toda relación son necesarios los tiempos y los espacios privados. Y hoy miércoles llegó la despedida. Tomamos una caña en Lavapiés y luego cocinó para mí en casa. Antes de que partiera le regalé una alegre flor de peluche que guardaba para alguien que finalmente no la mereció. Era una margarita con pétalos rojos y yo se la dediqué por la parte de atrás. Ella hizo lo propio con unas bragas verdes mínimas que había olvidado hechas un ovillo en una esquina de mi habitación, para mi novio de media semana, firmado Azulita.
Y esto era lo mejor de todo, su nombre: se llamaba Azul y sonaba como sacado de un cuento.
Nos pegamos la gran fiesta durante el fin de semana y descubrí un puñado de cosas de ella: que era muy jipi, que llevaba un tiempo dando tumbos por el mundo, que trabajaba en cine, que hacía escalada (de ahí la dureza de su culo) y que en la cama era una salvaje. La chica, desde luego, tenía caracter -estaba medio loca- y esto lo hacía todo más interesante. A todos la presentaba como mi novia hasta el miércoles y a todos les parecía divertido: tal vez siempre debiéramos entender las cosas de la vida y la vida misma así, como una cosa con principio y fin.
El domingo superamos como pudimos una resaca considerable y se instaló entre nosotros una ligera tensión: después de todo el festival volvíamos a la realidad y caíamos en la cuenta de que, al fin y al cabo, éramos un par de desconocidos condenados a convivir por unos días en una cama de noventa. Y hay momentos en los que uno prefiere estar solo. Pero el lunes ya lo llevamos mejor, empezábamos a salir de la crisis -ya véis, en esta historia la cosa iba a toda mecha. El martes lo pasamos separados, ella estuvo en la casa donde se hospedaba antes de conocerme y así estuvo bien: en toda relación son necesarios los tiempos y los espacios privados. Y hoy miércoles llegó la despedida. Tomamos una caña en Lavapiés y luego cocinó para mí en casa. Antes de que partiera le regalé una alegre flor de peluche que guardaba para alguien que finalmente no la mereció. Era una margarita con pétalos rojos y yo se la dediqué por la parte de atrás. Ella hizo lo propio con unas bragas verdes mínimas que había olvidado hechas un ovillo en una esquina de mi habitación, para mi novio de media semana, firmado Azulita.
Y esto era lo mejor de todo, su nombre: se llamaba Azul y sonaba como sacado de un cuento.
martes, diciembre 06, 2005
La carta del banco
Recibí la otra tarde la primera carta del banco (Cajastur, casi el último rastro de mi asturianía) que llega a mi nueva dirección. La cogí emocionado y abrí el sobre en el ascensor. Esperaba encontrar algo así:
Querido Txe,
por aquí te echamos de menos. Últimamente no se te ve el pelo y parece que el cielo siempre está cubierto de nubes. A veces llueve levemente y las horas no pasan, miramos a través del cristal y el mundo está congelado. Ojalá vinieras un día de estos para iluminar nuestra jornada con tu sonrisa. Ojalá vinieras y nos contaras todo lo que te pasa por allí, tan lejos, cómo te trata la vida y las cosas raras que te ocurren. Por aquí, como ves, nada pasa. Cuidate mucho Txe, estudia y haz lo que debes, ten cuidado con las noches -que son traicioneras- y abrigate bien: se acerca un invierno duro. Acuerdate un poco de nosotros. Escribe.
Un beso de todo el equipo de tu oficina bancaria.
Pero lo único que había en el sobre era un extracto de mi cuenta donde figuraban todos los desmanes que había cometido con mi dinero durante el mes pasado.
Querido Txe,
por aquí te echamos de menos. Últimamente no se te ve el pelo y parece que el cielo siempre está cubierto de nubes. A veces llueve levemente y las horas no pasan, miramos a través del cristal y el mundo está congelado. Ojalá vinieras un día de estos para iluminar nuestra jornada con tu sonrisa. Ojalá vinieras y nos contaras todo lo que te pasa por allí, tan lejos, cómo te trata la vida y las cosas raras que te ocurren. Por aquí, como ves, nada pasa. Cuidate mucho Txe, estudia y haz lo que debes, ten cuidado con las noches -que son traicioneras- y abrigate bien: se acerca un invierno duro. Acuerdate un poco de nosotros. Escribe.
Un beso de todo el equipo de tu oficina bancaria.
Pero lo único que había en el sobre era un extracto de mi cuenta donde figuraban todos los desmanes que había cometido con mi dinero durante el mes pasado.
viernes, diciembre 02, 2005
Un Billy Elliot latino
Hoy me he dado cuenta de las ventajas que me reporta el haber practicado la danza durante tantos años. Llovía en Madrid y por las aceras se habían instalado unos charcos harto incómodos, aunténticos ríachuelos arrastraban las hojas caídas calzada abajo. Cruzé una calle por el paso de cebra y al llegar a la otra orilla descubrí un charco gigantesco que se interponía entre la acera y yo. Así que, ni corto ni perezoso, ejecuté con maestría inigualable un grand jeté que me dejó sano y salvo al otro lado del charco, con los pies secos sobre la acera. Para quien no lo sepa un grand jeté es un salto de ballet de largo alcance y con las piernas abiertas en ángulo cercano a los 180 grados.
Porque sí, yo de joven era bailarín de danza clásica y contempóranea. Fui un Billy Elliot latino. Les explico: mi madre vió a las cuatro años Las Zapatillas Rojas y entonces decidió hacerse bailarina. Un puñado de años después creaba una compañía de danza en Oviedo, el Joven Ballet de Asturias, e inaguraba su propia escuela. Así que me tocó pringar toda mi niñez y preadolescencia tomando clases y actuando, de tanto en tanto, por los escenarios de la región. Lo cierto es que era una ocupación dura, tenía que ensayar después de clase cuando mejor hubiera estado tomando magdalenas con colacao y viendo aquel programa tan simpático con Rita Irasema, Miliki y aquel gorila llamado Borondongo. La cosa tenía sus ventajas: adquirí una sensibilidad especial, un preciso sentido del ritmo que aún conservo y podía contemplar sin reservas los frescos cuerpos semidesnudos de mis compañeras e incluso, a veces, sobarlas. Así es el mundo de las artes escénicas, sin complejos. Por otro lado, en el colegio, decían que aquello era de maricas: eran tiempos en que lo gay era malo y no bueno como ahora. Pero a mi me daba bastante igual lo que dijeran, estaba contento siendo el gallito del corral en la escuela de mi madre, el pequeño danzarín hijo de la directora.
Lo dejé a eso de los quince años y por fin pude dedicar las tardes a ver los programas de las cadenas privadas, Hablando se entienda la basca y todo aquello. A mí madre, claro está, nunca le hizo mucha ilusión que dejase la danza. En una ocasión, incluso, una examinadora londinense propuso llevarme a su tierra para que el Royal Ballet me formase, pero nos negamos. Era bastante bueno -hay algún video por ahí-, como se dice en el mundillo tenía condiciones, apuntaba maneras. Desde luego que ahora mi vida sería muy diferente. Anyway lo que dije por ahí para justificar mi distanciamiento de la danza es que me habían echado por marcar mucho paquete con aquellas mallas tan estrechas. Nadie quiso creerme.
Pero no crean, aún bailo en lugares oscuros los fines de semana. Aún intento poner la mano encima a mis compañeras de baile. Gracias mamá.
Porque sí, yo de joven era bailarín de danza clásica y contempóranea. Fui un Billy Elliot latino. Les explico: mi madre vió a las cuatro años Las Zapatillas Rojas y entonces decidió hacerse bailarina. Un puñado de años después creaba una compañía de danza en Oviedo, el Joven Ballet de Asturias, e inaguraba su propia escuela. Así que me tocó pringar toda mi niñez y preadolescencia tomando clases y actuando, de tanto en tanto, por los escenarios de la región. Lo cierto es que era una ocupación dura, tenía que ensayar después de clase cuando mejor hubiera estado tomando magdalenas con colacao y viendo aquel programa tan simpático con Rita Irasema, Miliki y aquel gorila llamado Borondongo. La cosa tenía sus ventajas: adquirí una sensibilidad especial, un preciso sentido del ritmo que aún conservo y podía contemplar sin reservas los frescos cuerpos semidesnudos de mis compañeras e incluso, a veces, sobarlas. Así es el mundo de las artes escénicas, sin complejos. Por otro lado, en el colegio, decían que aquello era de maricas: eran tiempos en que lo gay era malo y no bueno como ahora. Pero a mi me daba bastante igual lo que dijeran, estaba contento siendo el gallito del corral en la escuela de mi madre, el pequeño danzarín hijo de la directora.
Lo dejé a eso de los quince años y por fin pude dedicar las tardes a ver los programas de las cadenas privadas, Hablando se entienda la basca y todo aquello. A mí madre, claro está, nunca le hizo mucha ilusión que dejase la danza. En una ocasión, incluso, una examinadora londinense propuso llevarme a su tierra para que el Royal Ballet me formase, pero nos negamos. Era bastante bueno -hay algún video por ahí-, como se dice en el mundillo tenía condiciones, apuntaba maneras. Desde luego que ahora mi vida sería muy diferente. Anyway lo que dije por ahí para justificar mi distanciamiento de la danza es que me habían echado por marcar mucho paquete con aquellas mallas tan estrechas. Nadie quiso creerme.
Pero no crean, aún bailo en lugares oscuros los fines de semana. Aún intento poner la mano encima a mis compañeras de baile. Gracias mamá.
jueves, diciembre 01, 2005
Triunfo
Me contaba un amigo que en una ocasión una conocida común le había respondido así a la pregunta de cuánto tiempo pensaba quedarse en Madrid
- Hasta que triunfe.
Bien, la chica es actriz y puede que pronto triunfe, está haciendo una peli con gente conocida, dicen que trabaja bien y además está buena - esto último os lo puedo confirmar.
Luego hubo más gente que dijo que sí, que a Madrid venimos todos a triunfar y bla bla bla. Le he estado dando vueltas últimamente a este tema y creo que carezco de ese concepto de triunfo. ¿En qué planeo triunfar yo? Pues no sé, en la física o en la literatura (tengo ahora un contacto en el mundo editorial) pero lo cierto es que aunque a veces he fantaseado con ello nunca me lo he tomado muy en serio. Como que me da pereza. No sé, no me veo yo triunfante.
Porque ¿qué espero yo de la vida? Lo cierto es que siempre he sido bastante hedonista: cuando la familia (la biológica) me preguntaba respecto a esto siempre decía que disfrutar de la vida, ser un bon vivant. He de ver el mundo y conocer muchas personas, como decía el Principito. Lo que siempre he deseado es tener una existencia novelesca, tal vez por eso escribo. Como solía decir: que cuando sea viejo y decrépito pueda escribir unas memorias interesantes que incluso puedan ser llevadas al cine. Por ahora la cosa va bien, en lo que llevo dando tumbos por este planeta me han pasado multitud de cosas fuera de lo común, he visto mundo y por mi historia se han asomado personajes secundarios de excepción. Lo malo es que la mayoría de las cosas interesantes o hilarantes que me ocurren no se pueden contar así como así. Y además también suele pasar que si te sale bien la novela al final lo que te sale mal es la vida.
- Hasta que triunfe.
Bien, la chica es actriz y puede que pronto triunfe, está haciendo una peli con gente conocida, dicen que trabaja bien y además está buena - esto último os lo puedo confirmar.
Luego hubo más gente que dijo que sí, que a Madrid venimos todos a triunfar y bla bla bla. Le he estado dando vueltas últimamente a este tema y creo que carezco de ese concepto de triunfo. ¿En qué planeo triunfar yo? Pues no sé, en la física o en la literatura (tengo ahora un contacto en el mundo editorial) pero lo cierto es que aunque a veces he fantaseado con ello nunca me lo he tomado muy en serio. Como que me da pereza. No sé, no me veo yo triunfante.
Porque ¿qué espero yo de la vida? Lo cierto es que siempre he sido bastante hedonista: cuando la familia (la biológica) me preguntaba respecto a esto siempre decía que disfrutar de la vida, ser un bon vivant. He de ver el mundo y conocer muchas personas, como decía el Principito. Lo que siempre he deseado es tener una existencia novelesca, tal vez por eso escribo. Como solía decir: que cuando sea viejo y decrépito pueda escribir unas memorias interesantes que incluso puedan ser llevadas al cine. Por ahora la cosa va bien, en lo que llevo dando tumbos por este planeta me han pasado multitud de cosas fuera de lo común, he visto mundo y por mi historia se han asomado personajes secundarios de excepción. Lo malo es que la mayoría de las cosas interesantes o hilarantes que me ocurren no se pueden contar así como así. Y además también suele pasar que si te sale bien la novela al final lo que te sale mal es la vida.
martes, noviembre 29, 2005
Mis compis de piso. Capítulo 1: Alejandra.

Esta japonesita agitanada que os tiende la mano desde la foto es Ale. Nos conocimos hace más de dos años cuando la perseguí a ella y a Virginia (ya la conoceréis) por varios afters madrileños. La fiesta se dilató (es increíble el poder de dilatación de las fiestas) y al final se fueron cuando terminó el finde. Y desde entonces somos amigos y hemos reunido a un nutrido batallón de incautos a nuestro alrededor. Nuestra familia. También los iréis conociendo.
La Ale ocupa la habitación cuya puerta da al salón. Tiene una estantería, una cama y unos cuantos libros y cd´s. El ordenador desde el que escribo todo esto es suyo. Es más buena que todos vosotros juntos y, curiosamente, nació en Algeciras, Cádiz, como mi papá. Se prepara para el mundo de las letras. Hizo un año de la Escuela de Letras y ahora un Máster en Edición. Espero que algún día sea mi editora o, al menos, me enchufe. Lo compagina con otros curros de esos que no tienen nada que ver con lo que te gusta y que parece que proliferan como los hongos, aunque ahora la Ale está de baja: le robaron el bolso el otro día a la pobre.
lunes, noviembre 28, 2005
Adiós
Todo ha ocurrido hoy. Yo estaba en una fiesta en casa de unos amigos. Era domingo nublado a mediodía. Entonces sonó el teléfono y la pantalla anunció que era Virginia. Hablamos.
- Ha pasado algo pero no sé si decirtelo porque estás de fiesta.
- No, no te preocupes, dímelo, estoy bien, sereno.
- M. ha muerto esta noche en un accidente de coche.
Y entonces la confusión y el miedo. La incredulidad. La impotencia y el sabernos vulnerables, débiles, perecederos. También a nosotros nos pueden ocurrir esas cosas que por lo general solo le ocurren a los demás.
Un beso.
- Ha pasado algo pero no sé si decirtelo porque estás de fiesta.
- No, no te preocupes, dímelo, estoy bien, sereno.
- M. ha muerto esta noche en un accidente de coche.
Y entonces la confusión y el miedo. La incredulidad. La impotencia y el sabernos vulnerables, débiles, perecederos. También a nosotros nos pueden ocurrir esas cosas que por lo general solo le ocurren a los demás.
Un beso.
sábado, noviembre 26, 2005
Apariencia
Quedo bastante bien paseando este invierno por entre los árboles del Paseo del Prado, arrastrando hojas secas con los pies, dentro de mi bufanda negra y mi abrigo verde oliva, con mi tez aceitunada. Deberían sacarme una foto en blanco y negro.
No, no estoy moreno, soy así. Medio gitano.
No, no es invierno aunque hace frío, es otoño todavía.
No, no estoy contento, sonrío por costumbre. En realidad estoy puteado.
No, no hay doble sentido, solo escribo lo que ocurre.
Gracias.
No, no estoy moreno, soy así. Medio gitano.
No, no es invierno aunque hace frío, es otoño todavía.
No, no estoy contento, sonrío por costumbre. En realidad estoy puteado.
No, no hay doble sentido, solo escribo lo que ocurre.
Gracias.
L' amour
Cómo es la vida, llena de casualidades. Ya ven, estoy esta noche recluido en casa viendo una peli con Ale, "Solo mía", salen Sergi López y Paz Vega. Suena además, en un volumen menor que el de la peli, la canción "Montones de basura", de los Planetas. Es una canción sobre miedo. Miedo a las relaciones. Relaciones sentimenales. La peli va de malos tratos.
Imagínense enamorarse de alguien. Imagínense que todo es estupendo, que piensan que es lo mejor que le ha pasado en la vida. Imagínense, por un momento, el amor (si es que existe): esto es, mariposas revoloteando en el estómago, pensamientos obsesivos, euforia al encontrarse y mitificación. Imagínense que, de pronto, casi sin darse cuenta, llega un momento en que alguien le parte las piernas y los brazos. Que le parte la mandíbula si dice algo. Imagínense levantarse doloridos y amoratados. Tener que esconder las marcas. Y que el que hace eso era la misma persona a la que amaba o a la que ama.
Es terrible ¿verdad?
No quiero unirme a la moda de denunciar los malos tratos como hacen los jugadores del Real Madrid y las ¿estrellas? de antena 3 como Andoni Ferreño.
No, no es eso. Solo querría decir que:
tampoco hay que irse tan lejos. Los malos tratos son una desviación patológica y extrema de algo que ocurre todos los días aquí y en China, en mi casa y en la de los vecinos de la puerta de al lado. En nuestro mundo tratamos de vivir un sueño instaurado por las canciones, las pelíclulas, los poemas, Tom Hanks y Meg Ryan: la Cultura. El 90% (así a ojo) de los productos culturales, el cine, la literatura, la música, tratan sobre esto. El amor cortés, el amor romántico, nació en la edad media (en el mundo grecolatino se entendía todo esto mejor: genitalmente) y aún lo seguimos sufriendo. Es un mito, una panacea. Nunca te voy a querer para siempre. Nunca serás lo mejor que me ha pasado. Es todo una mentira alimentada hasta el infinito por todos los que han fabricado cultura cuando están de bajón, cuando están enamorados, cuando no les quieren o cuando se sienten solos.
El enamoramiento es algo perecedero. Como los yogures. Como lo que compras en el supermercado. Como lo que se vende en el Dia o en el Lidl. Y encima tienes que pagar cinco céntimos por la bolsa de plástico. Así es: nadie gana en este juego; un juego perdido de antemano, aunque tal vez necesario.
Pero a vivir que son dos días y estoy borracho.
Imagínense enamorarse de alguien. Imagínense que todo es estupendo, que piensan que es lo mejor que le ha pasado en la vida. Imagínense, por un momento, el amor (si es que existe): esto es, mariposas revoloteando en el estómago, pensamientos obsesivos, euforia al encontrarse y mitificación. Imagínense que, de pronto, casi sin darse cuenta, llega un momento en que alguien le parte las piernas y los brazos. Que le parte la mandíbula si dice algo. Imagínense levantarse doloridos y amoratados. Tener que esconder las marcas. Y que el que hace eso era la misma persona a la que amaba o a la que ama.
Es terrible ¿verdad?
No quiero unirme a la moda de denunciar los malos tratos como hacen los jugadores del Real Madrid y las ¿estrellas? de antena 3 como Andoni Ferreño.
No, no es eso. Solo querría decir que:
tampoco hay que irse tan lejos. Los malos tratos son una desviación patológica y extrema de algo que ocurre todos los días aquí y en China, en mi casa y en la de los vecinos de la puerta de al lado. En nuestro mundo tratamos de vivir un sueño instaurado por las canciones, las pelíclulas, los poemas, Tom Hanks y Meg Ryan: la Cultura. El 90% (así a ojo) de los productos culturales, el cine, la literatura, la música, tratan sobre esto. El amor cortés, el amor romántico, nació en la edad media (en el mundo grecolatino se entendía todo esto mejor: genitalmente) y aún lo seguimos sufriendo. Es un mito, una panacea. Nunca te voy a querer para siempre. Nunca serás lo mejor que me ha pasado. Es todo una mentira alimentada hasta el infinito por todos los que han fabricado cultura cuando están de bajón, cuando están enamorados, cuando no les quieren o cuando se sienten solos.
El enamoramiento es algo perecedero. Como los yogures. Como lo que compras en el supermercado. Como lo que se vende en el Dia o en el Lidl. Y encima tienes que pagar cinco céntimos por la bolsa de plástico. Así es: nadie gana en este juego; un juego perdido de antemano, aunque tal vez necesario.
Pero a vivir que son dos días y estoy borracho.
viernes, noviembre 25, 2005
El estado de las cosas.
Mis coordenadas espacio temporales son: sentado en un séptimo piso con vistas en el Paseo de las Delicias a las 20:18 de un viernes de noviembre. Tengo una estufa catalítica de gas butano a mi espalda. Si explota moriré.
jueves, noviembre 24, 2005
Cajón desastre
Mantener un cajón ordenado es tan difícil como mantenerse ordenado a uno mismo. Es decir: imposible.
En todos los escritorios que he tenido a lo largo de mi vida ha habido cajones llenos de chinchetas, papeles con números de teléfono no identificados, panfletos de bares y restaurantes chinos, algunas fotos viejas, bolis, cigarrillos rotos, servilletas con restos de poemas, cables, transformadores, migas de pan y todo lo demás. Trataba de ordenarlos cuidadosamente, apilaba las libretas y los folios, colocaba paralelamente los rotuladores, metía los clips en cajitas y limpiaba los restos de tabaco. Entonces cerraba el cajón satisfecho. Pero cuando lo abría de nuevo se había vuelto a instalar el caos (incluso los restos de tabaco), como si aquel hueco paralelepipédico (¡al loro!) albergase a un duendecillo travieso -o mejor, hijoputa.
Así somos, un saco de carne con un revoltijo dentro: recuerdos, emociones, fobias, alergias, emociones y manías. Hay días que se levanta uno con todo en su sitio pero ocurre un suceso aciago y todo se vuelve un lío. Pasa una nube y te da la ansiedad. Te tropiezas con algo y brota -como un grano- un recuerdo ponzoñoso. Hueles por casualidad el perfume de alguien mientras cruzas el paso de cebra y te trae a la cabeza a otro alguien que te pone de mala hostia, joder. O te provoca una erección, que casi es peor. Como si los olores conectasen a la gente en diferentes lugares del mundo.
Ocurre además que el aspecto de tu dormitorio es indicador de tu estado de ánimo. Cuando todo va bien y hace sol y buen tiempo las cosas están en su sitio, donde deben de estar. Las mantas dobladas sobre la cama, cada cd en su caja, los libros por orden alfabético y los monstruos (y los gays no declarados) dentro del armario. Pero cuando uno sufre un bache parece que la ropa, misteriosamente, sale de su lugar volando y se desperdiga por el suelo a jugar con los periódicos arrugados de la semana pasada. Si quieres saber cómo está alguien basta con echar un vistazo a su cuarto.
Así que no sé. Debería contratar a una asistenta para que me mantuviera en orden. Un psicólogo (o quizás un psiquiatra), creo que es el nombre que reciben estos profesionales, aunque uno de estos no me barrería el suelo. Por lo pronto la cosa es bastante triste: ayer metí mi mano en el cajón en busca de unas tijeritas de uñas y, confundido, extraje un recuerdo de hace muchos años que me mantuvo todo el día cabizbajo y murmurante.
En todos los escritorios que he tenido a lo largo de mi vida ha habido cajones llenos de chinchetas, papeles con números de teléfono no identificados, panfletos de bares y restaurantes chinos, algunas fotos viejas, bolis, cigarrillos rotos, servilletas con restos de poemas, cables, transformadores, migas de pan y todo lo demás. Trataba de ordenarlos cuidadosamente, apilaba las libretas y los folios, colocaba paralelamente los rotuladores, metía los clips en cajitas y limpiaba los restos de tabaco. Entonces cerraba el cajón satisfecho. Pero cuando lo abría de nuevo se había vuelto a instalar el caos (incluso los restos de tabaco), como si aquel hueco paralelepipédico (¡al loro!) albergase a un duendecillo travieso -o mejor, hijoputa.
Así somos, un saco de carne con un revoltijo dentro: recuerdos, emociones, fobias, alergias, emociones y manías. Hay días que se levanta uno con todo en su sitio pero ocurre un suceso aciago y todo se vuelve un lío. Pasa una nube y te da la ansiedad. Te tropiezas con algo y brota -como un grano- un recuerdo ponzoñoso. Hueles por casualidad el perfume de alguien mientras cruzas el paso de cebra y te trae a la cabeza a otro alguien que te pone de mala hostia, joder. O te provoca una erección, que casi es peor. Como si los olores conectasen a la gente en diferentes lugares del mundo.
Ocurre además que el aspecto de tu dormitorio es indicador de tu estado de ánimo. Cuando todo va bien y hace sol y buen tiempo las cosas están en su sitio, donde deben de estar. Las mantas dobladas sobre la cama, cada cd en su caja, los libros por orden alfabético y los monstruos (y los gays no declarados) dentro del armario. Pero cuando uno sufre un bache parece que la ropa, misteriosamente, sale de su lugar volando y se desperdiga por el suelo a jugar con los periódicos arrugados de la semana pasada. Si quieres saber cómo está alguien basta con echar un vistazo a su cuarto.
Así que no sé. Debería contratar a una asistenta para que me mantuviera en orden. Un psicólogo (o quizás un psiquiatra), creo que es el nombre que reciben estos profesionales, aunque uno de estos no me barrería el suelo. Por lo pronto la cosa es bastante triste: ayer metí mi mano en el cajón en busca de unas tijeritas de uñas y, confundido, extraje un recuerdo de hace muchos años que me mantuvo todo el día cabizbajo y murmurante.
miércoles, noviembre 23, 2005
Quedódromos madrileños
Si viven en Madrid deben fijarse, al pasar por la Puerta del Sol, en que allí se encuentran dos de los quedódromos oficiales de la villa. Quedódromo es un término que yo mismo he acuñado y que sirve para designar esos lugares donde todo el mundo concierta sus citas. Concretamente se trata del Kilómetro Cero (esa plaquita en el suelo que señala el origen de la red de carreteras) y la estatua del Oso y el Madroño, constante e incomprensiblemente fotografiada por los turistas. Todos los que vivimos aquí hemos cometido alguna vez, quizás por pura desidia, por no pensar, el error de quedar con alguien en uno de estos sitios. Así que uno llega al punto de encuentro y descubre, estupefacto, que hay decenas o quizás cientos de personas en la misma situación: de pie inmóviles junto a la pared o deámbulando lentamente como fantasmas, eso sí, todos escudriñando a la masa en busca de su compañero/a/os/as. Si sumamos la gente que espera, los transeúntes que pasan, los manifestantes que casi siempre protestan por algo, los carteristas, los chaperos, ese predicador de Jesús te ama anunciando el apocalipsis inminente, los turistas (que siguen fotografiando la estatua esperpéntica), resulta una muchedumbre donde resulta díficil encontrar a alguien. Entre tanto jaleo siempre hay alguna persona que durante un instante te mira abriendo mucho los ojos, sonriendo, dirigiéndose finalmente hacia ti hasta cambiar la cara por una mueca de sorpresa y bajar la cabeza avergonzado porque no eras tú a quien esperaba. Tambien suele ocurrir que uno mismo cae en la trampa al confundir unas gafas de pasta, una forma de caminar, una abrigo o un gorro cubriendo una melena castaña por otra que no era.
Lo que a mi se me ocurre, también, es que seguro que mucha de esa gente que mira de un lado para otro impaciente espera pero sin saber a quién. Siempre que paseo aburrido tengo la tentación de quedarme ahí de pie aguardando a que un desconocido se acerque, me estreche la mano sonriente y me de dos besos. Después iríamos a tiro fijo a un bar de cañas, como si todo estuviese ya planeado de antemano. Tomaríamos cerveza y charlaríamos del tiempo, de que la Navidad cada vez empieza antes, cuando lo exige El Corte Inglés, de cómo está el mundo, hay que ver, y de que estamos un poco resfriados este invierno y otra caña, yo también, gracias, se me está haciendo tarde, sí, ya anochece, y salir del bar para volver a la Puerta del Sol, pararse tal vez ante un escaparate o el Top Manta, y luego despedirse, saluda a tu familia, llámame, a ver si volvemos a quedar, claro, un saludo, adiós, y pretender todo el rato que en verdad nos conocíamos y que no estábamos solos y aburridos aquella tarde.
Lo que a mi se me ocurre, también, es que seguro que mucha de esa gente que mira de un lado para otro impaciente espera pero sin saber a quién. Siempre que paseo aburrido tengo la tentación de quedarme ahí de pie aguardando a que un desconocido se acerque, me estreche la mano sonriente y me de dos besos. Después iríamos a tiro fijo a un bar de cañas, como si todo estuviese ya planeado de antemano. Tomaríamos cerveza y charlaríamos del tiempo, de que la Navidad cada vez empieza antes, cuando lo exige El Corte Inglés, de cómo está el mundo, hay que ver, y de que estamos un poco resfriados este invierno y otra caña, yo también, gracias, se me está haciendo tarde, sí, ya anochece, y salir del bar para volver a la Puerta del Sol, pararse tal vez ante un escaparate o el Top Manta, y luego despedirse, saluda a tu familia, llámame, a ver si volvemos a quedar, claro, un saludo, adiós, y pretender todo el rato que en verdad nos conocíamos y que no estábamos solos y aburridos aquella tarde.
lunes, noviembre 21, 2005
Lafotorosa

Alguien ha pedido que cuelgue una afoto. He aquí una instantánea que fue tomada hace aproximadamente dos meses, cuando llegamos a la nueva casa. Fue una mañana de domingo, a la vuelta de la noche. En primer plano, con gafas de sol, aparezco yo y más atrás, con la cresta, un amiguete que pincha cosas de afterpunk, death rock, y todo eso. Parecemos una banda de música electrónica: yo sería el solista y él pondría la música. Como Fangoria, Depeche Mode o, incluso, ¡OBK!
viernes, noviembre 18, 2005
La vida secreta de las palabras
Resulta sorprendente, cuando menos, que existan palabras para designar sentimientos, emociones o percepciones que todos compartimos. Seguramente esta tarde en el parque yo y la chica con gorro que se sentó al lado miramos al cielo y nos dijimos: el cielo está azul.
Pero ¿cómo puedo tener la certeza de que lo que yo veo azul (al menos lo que yo entiendo por azul) no lo ve ella rojo o amarillo chillón? ¿Cómo saber si usted y el chino de la tienda entienden lo mismo cuando pronuncian la palabra acidez o melancolía?
Daré una breve definición personal de ataque de ansiedad: temor súbito a morir, gran peso en el pecho, dificultad para respirar, pensamientos obsesivos, depresión pasajera, taquicardia, inquietud, deseo de salir a un espacio abierto, desconcierto, posterior ingesta de benzodiazepinas; Lexatin u Orfidal. Durante algún tiempo me pasaba a menudo. El otro día me ocurrió en el metro, al volver a casa, aunque ya no es lo que era.
En cambio pasé un montón de tiempo con una chica para la que la ansiedad era necesidad compulsiva de fumar o comer pipas. Ya ven.
Pero ¿cómo puedo tener la certeza de que lo que yo veo azul (al menos lo que yo entiendo por azul) no lo ve ella rojo o amarillo chillón? ¿Cómo saber si usted y el chino de la tienda entienden lo mismo cuando pronuncian la palabra acidez o melancolía?
Daré una breve definición personal de ataque de ansiedad: temor súbito a morir, gran peso en el pecho, dificultad para respirar, pensamientos obsesivos, depresión pasajera, taquicardia, inquietud, deseo de salir a un espacio abierto, desconcierto, posterior ingesta de benzodiazepinas; Lexatin u Orfidal. Durante algún tiempo me pasaba a menudo. El otro día me ocurrió en el metro, al volver a casa, aunque ya no es lo que era.
En cambio pasé un montón de tiempo con una chica para la que la ansiedad era necesidad compulsiva de fumar o comer pipas. Ya ven.
jueves, noviembre 17, 2005
Atasco
A las 9:30 de la mañana ha sonado el timbre.
- Fontanero.
La taza del váter (cómo se escribe el váter) llevaba atascada unos cuantos días y bajábamos en fila india a La Pepa para ir al baño. Era, sin duda, bastante triste: Ale sorprendió la otra tarde en el baño de la taberna a una señora con abrigo de visón tratando de defecar adoptando la postura del esquiador, ya saben, para no tener que sentarse y evitar coger enfermedades. A la señora le dio tanta verguenza que tardó un buen rato en abandonar el baño, esperando que no aguardásemos fuera.
En realidad tener que bajar a la calle para hacer nuestras necesidades -como los perros- no era tan incómodo, bastaba con hacerlo una vez al día, pero la situación en la casa nos provocaba cierta inquietud. El fontanero nos pareció de confianza, de la vieja escuela: entrado en años y con mono azul. Entró en el cuarto de baño, observó el desaguisado un instante y pidió una fregona. La sumergió en el agua estancada, hizo algo de fuerza y violá: desatascado. Nos quedamos de piedra, lo habíamos intentado con el desatascador repetidas veces sin ningún éxito, pero ya ven, la experiencia es un grado y el viejo fontanero con tan solo introducir la fregona lo solucionó en un momento.
Le preguntamos cuanto se debía.
- Son treinta euros.
Lo peor es que hace tres o cuatro semanas, cuando la avería se produjo por vez primera le habíamos pagado doscientos cuarenta europeos a un fontanero de urgencia - un sábado por la tarde- por repararlo.
Sí, definitivamente somos gilipollas.
- Fontanero.
La taza del váter (cómo se escribe el váter) llevaba atascada unos cuantos días y bajábamos en fila india a La Pepa para ir al baño. Era, sin duda, bastante triste: Ale sorprendió la otra tarde en el baño de la taberna a una señora con abrigo de visón tratando de defecar adoptando la postura del esquiador, ya saben, para no tener que sentarse y evitar coger enfermedades. A la señora le dio tanta verguenza que tardó un buen rato en abandonar el baño, esperando que no aguardásemos fuera.
En realidad tener que bajar a la calle para hacer nuestras necesidades -como los perros- no era tan incómodo, bastaba con hacerlo una vez al día, pero la situación en la casa nos provocaba cierta inquietud. El fontanero nos pareció de confianza, de la vieja escuela: entrado en años y con mono azul. Entró en el cuarto de baño, observó el desaguisado un instante y pidió una fregona. La sumergió en el agua estancada, hizo algo de fuerza y violá: desatascado. Nos quedamos de piedra, lo habíamos intentado con el desatascador repetidas veces sin ningún éxito, pero ya ven, la experiencia es un grado y el viejo fontanero con tan solo introducir la fregona lo solucionó en un momento.
Le preguntamos cuanto se debía.
- Son treinta euros.
Lo peor es que hace tres o cuatro semanas, cuando la avería se produjo por vez primera le habíamos pagado doscientos cuarenta europeos a un fontanero de urgencia - un sábado por la tarde- por repararlo.
Sí, definitivamente somos gilipollas.
domingo, noviembre 13, 2005
Esta casa es una ruina
Nuestros errores: la casa era bonita, eso de encontrarse dentro de una mancomunidad proletaria (ferroviarios de la RENFE) con plaza de aparcamiento y verja para los coches resultaba emocionante, el metro que lleva al centro en 7 minutos caía enfrente, los amigos vivían cerca y parecía que las paredes del piso se sujetaban solo por la presión de la luz que entraba por las ventanas. Así era de luminoso.
Ahora: nos empezamos a dar cuenta de cómo será un invierno sin calefacción, nos equivocamos con los colores con los que hemos pintado laz zonas comunes (dicen que es culpa de ese hombre que nos vendió la pintura recomendándonos pintar bebiendo güiski), la tapa del váter se ha caído, la instalación eléctrica del baño hizo plof, hace frío, el suelo esta lleno de manchas, el grifo de la cocina gotea, a veces discutimos, esta tarde la lámpara del salón se ha encendido sin motivo mientras veía una película y ahora no se apaga, el suelo del baño atrae a la mierda, hay grietas por las paredes y los cimientos son inestables. El otro día un cable se quemó sin motivo aparente. Podría haber sido un incendio. Podríamos haber muerto calcinados.
Pero sigue siendo bonito que el sol salga por la ventana de mi habitación, tener estas vistas suburbanas, un cielo taaaan grande (cientos de nubes) y plaza de aparcamiento, un salón apañao y fogones de butano.
Somos unos románticos.
¿O somos gilipollas?
Ahora: nos empezamos a dar cuenta de cómo será un invierno sin calefacción, nos equivocamos con los colores con los que hemos pintado laz zonas comunes (dicen que es culpa de ese hombre que nos vendió la pintura recomendándonos pintar bebiendo güiski), la tapa del váter se ha caído, la instalación eléctrica del baño hizo plof, hace frío, el suelo esta lleno de manchas, el grifo de la cocina gotea, a veces discutimos, esta tarde la lámpara del salón se ha encendido sin motivo mientras veía una película y ahora no se apaga, el suelo del baño atrae a la mierda, hay grietas por las paredes y los cimientos son inestables. El otro día un cable se quemó sin motivo aparente. Podría haber sido un incendio. Podríamos haber muerto calcinados.
Pero sigue siendo bonito que el sol salga por la ventana de mi habitación, tener estas vistas suburbanas, un cielo taaaan grande (cientos de nubes) y plaza de aparcamiento, un salón apañao y fogones de butano.
Somos unos románticos.
¿O somos gilipollas?
sábado, noviembre 12, 2005
Foto
Se trata de una foto de ella al borde del mar Cantábrico.
Aparece tomada desde arriba, dormida sobre la hierba, muy pálida -debería hablar más bajo para no despertarla-, con los labios-gajos muy rojos y el pelo enredado en las briznas muy verdes; hay también algunas flores amarillas rodeándola y sus ojos cerrados negando al mundo lo que esconden los párpados: sus ojos son demonios.
Parece estar muerta y es hermosa.
Aparece tomada desde arriba, dormida sobre la hierba, muy pálida -debería hablar más bajo para no despertarla-, con los labios-gajos muy rojos y el pelo enredado en las briznas muy verdes; hay también algunas flores amarillas rodeándola y sus ojos cerrados negando al mundo lo que esconden los párpados: sus ojos son demonios.
Parece estar muerta y es hermosa.
jueves, noviembre 10, 2005
Excusa
No he hecho el estúpido trabajo de física de primer curso. Hoy tendré que decirselo a ese profesor joven que nos trata como si fueramos coleguitas. Seguro que algún día me lo encuentro en algún bar. Aunque no creo que frecuente los mismo lugares que yo. Su asignatura es una mierda.
Estoy pensando qué decirle:
- Se me ha estropeado el pc. No sé, algo raro en el disco duro.
- Mi tía. La pobre, tan joven. La enfermedad fue fulminante. Un día está uno perfectamente y al siguiente te han metido en una caja de pino. No somos nada.
- He tenido que salir de la ciudad unos días. Asuntos familiares. Ocho horas en un autobús. Horroroso.
- No solo yo, parece que todo el mundo se ha resfriado por estas fechas. Será gripe aviar.
En realidad me he pasado dos días de fiesta. He estado en tres bares, una discoteca y dos casas de amigos cuando ya era de día. Tomé cerveza y ron con cola. Llevaba los pantalones de campana verdes que he recuperado del armario para el invierno, son calentitos. La camiseta que llevaba también era verde. Me han dicho cosas bonitas cuando me estaba quedando dormido, preferíamos estar despiertos pero se nos caían los ojos, un beso.
Estoy pensando qué decirle:
- Se me ha estropeado el pc. No sé, algo raro en el disco duro.
- Mi tía. La pobre, tan joven. La enfermedad fue fulminante. Un día está uno perfectamente y al siguiente te han metido en una caja de pino. No somos nada.
- He tenido que salir de la ciudad unos días. Asuntos familiares. Ocho horas en un autobús. Horroroso.
- No solo yo, parece que todo el mundo se ha resfriado por estas fechas. Será gripe aviar.
En realidad me he pasado dos días de fiesta. He estado en tres bares, una discoteca y dos casas de amigos cuando ya era de día. Tomé cerveza y ron con cola. Llevaba los pantalones de campana verdes que he recuperado del armario para el invierno, son calentitos. La camiseta que llevaba también era verde. Me han dicho cosas bonitas cuando me estaba quedando dormido, preferíamos estar despiertos pero se nos caían los ojos, un beso.
martes, noviembre 08, 2005
El sueño de la razón produce monstruos.
- ¿Y qué nos dice la ecuación 8? - dice el tipo con gafas y frente ancha sacando mis ojos de la ventana y mi cabeza de las ramas de los árboles del parque de ahí enfrente.
Bien, pongo los pies sobre las baldosas del suelo, me siento correctamente y la busco entre las fotocopias. Aquí está, la ecuación 8. Mmmm. La miro y agudizo el oído. Acerco un poco la oreja derecha pero nada. No oigo nada. No dice nada. Intento iniciar el diálogo.
-¿Hola?- susurro. El tipo que se sienta al lado me mira. Lleva una horrible camisa de cuadros. Vuelvo a lo mio.
-¿Hola?- Y la ecuación 8 no me responde. Es una ecuación tímida o, acaso, muda.
Me quedo mirándola un poco chafado. En verdad es bonita: hay una integral y una derivada segunda. También un par de sinuosas letras griegas, psi y epsilon. Y un sumatorio. No tengo ni idea de lo que quiere decir, si es que quiere decir algo. Así me quedo un rato, perdido en sus curvas, mecido suavemente por el ronroneo del profesor, comenzando a sentirlo todo un poco borroso -el sol calentándome levemente la nuca- y perdiendo progresivamente rigidez en el cuello. Y entonces la oigo. La ecuación 8 me habla:
- Siente como pesan tus párpados. Siente que son de plomo y que caen irremediablemente. Ven conmigo, ven. Duerme, mi niño, duerme.
Mmm.
Bien, pongo los pies sobre las baldosas del suelo, me siento correctamente y la busco entre las fotocopias. Aquí está, la ecuación 8. Mmmm. La miro y agudizo el oído. Acerco un poco la oreja derecha pero nada. No oigo nada. No dice nada. Intento iniciar el diálogo.
-¿Hola?- susurro. El tipo que se sienta al lado me mira. Lleva una horrible camisa de cuadros. Vuelvo a lo mio.
-¿Hola?- Y la ecuación 8 no me responde. Es una ecuación tímida o, acaso, muda.
Me quedo mirándola un poco chafado. En verdad es bonita: hay una integral y una derivada segunda. También un par de sinuosas letras griegas, psi y epsilon. Y un sumatorio. No tengo ni idea de lo que quiere decir, si es que quiere decir algo. Así me quedo un rato, perdido en sus curvas, mecido suavemente por el ronroneo del profesor, comenzando a sentirlo todo un poco borroso -el sol calentándome levemente la nuca- y perdiendo progresivamente rigidez en el cuello. Y entonces la oigo. La ecuación 8 me habla:
- Siente como pesan tus párpados. Siente que son de plomo y que caen irremediablemente. Ven conmigo, ven. Duerme, mi niño, duerme.
Mmm.
sábado, noviembre 05, 2005
Every teeth a wanted teeth
Llevo un par de días tomando pastillas. No me malinterpreten: se trata de antibióticos y antiinflamatorios. Me diagnosticó Álvaro por teléfono (Alvaro es médico) pericoronosis. Suena mal, ¿verdad?, pues se trata de una simple infección en la mandibula producida por la erupción de una de mis muelas del juicio. ¿Recuerdan que hace unos días me preguntaba si mis nuevos molares molaban? Pues definitivamente no molan. No disfruto de la comida, me duele al mover la boca y me cuesta hablar. Y a mi me gusta mucho hablar. No sé a cuento de qué me tienen que nacer a mi ahora otras muelas. Con las que tenía hasta el momento me iba estupendamente. Nunca he tenido una caries ni una muela picada ni un empaste ni nada parecido. Estaban todas en su sitio. Y ahora aparecen estas invitadas inesperadas y se me hincha media cara. Es como un embarazo no deseado. No quiero, no. Que se vayan por donde han venido.
miércoles, noviembre 02, 2005
Hipnosis
Acabo la noche hipnotizado, con un Ducados Rubios humeando entre mis dedos y la voz de Beth Gibbons en los oídos -"...god knows how I adore life..."-, asomado a la ventana de mi cuarto desde donde se domina el cielo rosado, un bosque de grúas de construcción levantando un complejo de bloques allá al sur, las luces azules del Carrefour, una chimenea fina y alargada, humo, aviones que cruzan sin censar, un puñado de estrellas y a veces la Luna, la estación de cercanías de Delicias y otra estación antigua de estilo modernista que ahora alberga un Museo, la cúpula semiesférica del Planetario, algunos árboles que susurran y pocas voces que gritan, barrios cuyo nombre desconozco, edificios de ladrillo visto repletos de gente dormida, el aire fresco en la cara... Aunque no lo creáis esto es belleza.
Siempre soñé que dentro mi ventana cupiera un cielo tan grande.
Siempre soñé que dentro mi ventana cupiera un cielo tan grande.
martes, noviembre 01, 2005
Todos tus muertos
Más que acordarme de los muertos me acuerdo cada año por estas fechas de los días de Todos los Santos de mi infancia -entonces lo de Halloween sonaba todavía muy raro por estos lares- cuando la familia se reunía para visitar, en el corazón de la cuenca minera, el cementerio donde todos, en teoría, vamos a acabar. Cogíamos los coches e íbamos casi en caravana desde Oviedo a Caborana, el pueblecito donde nacieron y se criaron mamá y sus 7 hermanos/as y toda esta historia, la de mi familia materna, comenzó. Según uno se acerca a la cuenca por la carretera -ahora ya hay autopista- los montes se van escarpando, las laderas se hacen más empinadas y las casas decrépitas parecen sostenerse por arte de magia. Todo se torna verde musgo y el cielo se cubre de plomo. Los valles de la cuenca son oscuros y las minas grandes estructuras metálicas casi abandonadas, cubiertas de óxido y sucias de carbón. Los edificios son grandes barracones para los obreros y el cuartelillo de la guardia civil recuerda los tiempos de la Revolución de Octubre del 34 y la guerra civil. Esta tierra horadada tiene algo de amenza silenciosa, de peligro inminente: una furia contenida que degeneró en tristeza. El cementerio está construido sobre una ladera que tiene una inclinación bastante pronunciada, desde lejos parece que los nichos se amontonan unos sobre otros, en realidad hay estrechos pasillos que separan un bloque de los otros. Cuando llegábamos allí casi no cabíamos, todos vestidos de negro y reunidos en torno a la tumba de mis abuelos, algunos tios, un primo heroinómano y otros familiares que no recuerdo o nunca conocí. Venía también un cura, creo recordar, y hablaba. Todo mezclado entre aquellas montañas y bajo el cielo gris: sacerdotes y guardias civiles, dinamita y sindicatos, minas y montones de carbón, mujeres deprimidas, prejubilados alcohólicos poblando los bares y jóvenes drogadictos como fantasmas en las esquinas. Era más bien el Día de Todos los Muertos, en una tierra que parece morirse.
Después nos íbamos a comer fabada alrededor de grandes mesas alargadas.
Después nos íbamos a comer fabada alrededor de grandes mesas alargadas.
viernes, octubre 28, 2005
Esas nubes negras
Estaba ahorita mismo escribiendo un nuevo post cuando el viento, abriendo violentamente la puerta del balcón y revolviendolo todo, me ha obligado a dejarlo y a escribir esto en cambio. Me he levantado a cerrar y he visto horrorizado a través del cristal como unas nubes negrísimas cubrían la ciudad a toda velocidad. Ha comenzado a llover de forma muy violenta hace un momento y el día se ha puesto oscuro, los árboles de ahí enfrente parece que se van a quebrar. Es curioso, me da la impresión de que el tiempo atmosférico siempre metaforiza las cosas que me pasan en cuestión de minutos -había ocurrido un suceso aciago hace un rato-, como si yo estuviese conectado con el cosmos o fuera un dios griego furioso.
jueves, octubre 27, 2005
El Sol sale para todos (pero para mí mejor)
La ventana de mi cuarto está orientada al Este y no hay nada delante que se interponga entre ella y el horizonte, allá a lo lejos, recortado de edificios. Hoy al despertar subí la persiana y eran las 8:57 de la mañana: el minuto justo en el que la bola de fuego aparecía en el cielo, toda la bóveda aún teñida de noche y aquel foco inmenso dándole vida a un día nuevo. Así que me ví fulminado instantáneamente por la primera luz del día. Intensa. Caliente. Creo que a partir de hoy intentaré levantarme siempre con el sol. No es para menos.
lunes, octubre 24, 2005
Buzo
He pasado este octubre buceando bajo los días. Algunas tardes algo o alguien llamaba desde fuera como agitando un sonajero. Sal de ahí, decía, entonces yo asomaba tímidamente la cabeza, temeroso, miraba alrededor y pensaba que lo mejor sería sumergirme de nuevo bajo las horas y las nubes, bajo mi manta estampada, prefiriendo no ver pasar los dias. Así los árboles se han puesto ocre, casi sin darme cuenta comienza a hacer frío en mi cuarto y ya encarrilamos noviembre. Todo va como debería de ir, parece, todo va bien.
sábado, octubre 22, 2005
Los flequis y yo
Una de las banderas de esta era de banalidad en la que nos arrastramos son los flequillos sobre las frentes de las señoritas. Y como soy un hombre de mi tiempo tengo el extraño don de cortarlos muy bien. Recuerdo que hace algo así como un año, en una fiesta a horas intempestivas en la casa de Iglesia Martalampa se prestó para que le cortase un flequillo. Lo cierto es que en vista del estado en que todos nos encontrábamos demostró mucho valor. Con la vista emborronada paseé las tijeras por delante de sus ojillos cerrados, el pelo rubio le estaba cegando. Finalmente quedó estupendo: el lunes en su trabajo de la ONG todos dijeron que jamás había llevado un estilismo tan acertado y moderno. Estaba guapa.
Hoy lo he vuelto a hacer. Al volver del almuerzo en el centro a Ale se le antojó que le cortase los pelos que le caían por la cara. Con más tino esta vez he recortado un estupendo flequillo que enmarca su carita en pelo negro azabache. Está muy guapa.
Debería ser peluquero, sería Txe Por Dios!
Hoy lo he vuelto a hacer. Al volver del almuerzo en el centro a Ale se le antojó que le cortase los pelos que le caían por la cara. Con más tino esta vez he recortado un estupendo flequillo que enmarca su carita en pelo negro azabache. Está muy guapa.
Debería ser peluquero, sería Txe Por Dios!
viernes, octubre 21, 2005
Todo tiempo pasado fue mejor
Viendo que se reeditan las obras completas de todos los grandes escritores me he puesto a leer mi antiguo blog, planetaimaginario. Así de perjudicado he llegado hoy a casa. Lo peor ha sido que creo que antes, hace un par de años o así, escribia bastante mejor que ahora. También la vida era más excitante. Así que pasen de mí y lean el que fui: solo ahí que pinchar aquí, Planetaimaginario.
PD. Lean lo más antiguo que puedan pinchando en la barra con las fechas. Llega hasta el 2002. Éramos jovenes entonces.
PD. Lean lo más antiguo que puedan pinchando en la barra con las fechas. Llega hasta el 2002. Éramos jovenes entonces.
jueves, octubre 20, 2005
Mis nuevas muelas ¿molan?
Las hojas se caen y a mi me salen nuevas piezas dentales. Las Muelas del Juicio: dicen los que saben que cuando aparecen cobras la razón. Espero que esta vez sea cierto. Son cuatro nuevos molares que van naciendo poco a poco, verlos crecer es como observar a tu niño o al árbol que has plantado para transcender. Ahora mismo duele un poco, parece que con ellas me he mordido partes interiores de la boca que no estaban preparadas para las recién llegadas. Lo bueno es que no es la encía lo que me molesta, así que espero que el dentista no quiera extraerlas. Es un trance por el que ha pasado gran parte de la gente que conozco y que no es nada grato. Como una circuncisión o como un ritual de paso a la edad adulta en las tribus africanas. De todas maneras lo mejor será no visitar al médico, dicen también los que saben que últimamente las sacan sistemáticamente para hacer algo más de dinero y yo creo que en mis poderosas mandíbulas aún queda hueco para nuevas piezas trituradoras. Me voy a comer el mundo, o al menos masticarlo.
miércoles, octubre 19, 2005
Mal presagio
He pasado un rato hoy, tras apagarse el cielo, fumando un piti y observando la luna desde el balcón. Desde casa se domina un cielo casi semiesférico: vivimos en un séptimo y no hay ningún edificio cercano. Este balcón, asomado al cruce entre Ferrocarril y Paseo de las Delicias, es casi lo mejor que tiene este piso que se cae por momentos. Estaba la luna, digo, completamente amarilla y a ratos cubierta levemente por algunas nubecillas que difuminaban la luz. Mirar la luna es mejor si uno se olvida de que es un disco plano y se convence de que en realidad es esférica, una bola que está ahí, bastante cerca, girando alrededor de nosotros. Y de que misteriosamente no se cae. Dicen que la ciencia explica todas estas cosas pero yo digo que, aún después de dedicarme a esto desde hace algunos años, ya no se qué creerme.
Anoche, volviendo de Lavapiés, la luna estaba más alta y más blanca y muy cerca, como si estuviera orbitando en torno a ella, se veía Marte de color rojo - tal vez anaranjado. Y para mí eso siempre fue un mal presagio aunque seguramente esta vez deje de serlo. Mañana, por lo pronto, es jueves.
Anoche, volviendo de Lavapiés, la luna estaba más alta y más blanca y muy cerca, como si estuviera orbitando en torno a ella, se veía Marte de color rojo - tal vez anaranjado. Y para mí eso siempre fue un mal presagio aunque seguramente esta vez deje de serlo. Mañana, por lo pronto, es jueves.
martes, octubre 18, 2005
Ultimo
Amanece un poco nublado. Pago la factura del agua. Almuerzo en el comedor de Renfe con amigos. Tomo un café descafeinado y duermo la siesta. Es martes y finalmente, a media tarde, el sol ha salido. Posiblemente sea el último sol del otoño.
lunes, octubre 17, 2005
Resaca monstruo
Media tarde de lunes y vuelvo a luchar -ya hacía tiempo- con una resaca monstruo. Lo cierto es que hoy no es el día más adecuado para tal empresa: al otro lado del balcón el cielo está blanco y ahí, en el medio de la plaza, se levanta ese obelisco que hay al lado de la Iglesia, como un falo divino totalmente oxidado. Laus deo, se puede leer en la base del obelisco, la ley de Dios. A veces me asusta. Por lo demás los arboles también se están poniendo poco a poco color óxido y empieza a hacer frío. Ha venido Álvaro e íbamos a hacer cosas pero finalmente se ha quedado sopa en el sofá. Mira, ahora mismo se está desperezando. El fin de semana me dejó fatal.
jueves, octubre 13, 2005
Mea Culpa
La culpa es del sistema. La culpa es del Estado. La culpa es de la tele. Y de los padres, que las visten como putas. La culpa es de la educación. Y de la cultura. La culpa es de la izquierda. También de la derecha. Del PP y del PSOE. La culpa es de la marginación. La culpa es del tiempo atmosférico. De los lunes. De las drogas. De la RENFE y de la ETA. De las viejas que salen de misa. La culpa es la desinformación, de los editores, de Operación Triunfo. La culpa la tiene la resaca y los nervios de última hora. La culpa es de Israel. La culpa es de mi vieja y también el garrafón tiene la culpa. La culpa es del vecino. La culpa es de los pilotos. Es de la juventud y de la Iglesia. La culpa es de las multinacionales y de las revistas de tendencias. La culpa es de la mayonesa hecha en casa. La culpa es de las putas, de los fontaneros que miraron mis tuberías. La culpa es del desayuno que me sentó mal. La culpa es de ese tipa que sentó frente a mi en el metro. La culpa es del amor. De Tom Hanks y de Meg Ryan. La culpa es tuya. La culpa es mía.
miércoles, octubre 12, 2005
A vueltas con el otoño y ahora en serio
Decía hace dos posts que cuando el cielo se ciega en Madrid hasta los cuervos bajan la cabeza. Y hablaba de prestado, pues en el fondo confiaba en que aquí jamás engriseciera. Pero ocurrió. Y hace un par de días el lunes se intersecó con el otoño y solo podía sonar en el lóbrego salón de mi casa Dominique A -tout sera comme avant-. Fue triste que la lluvia me cogiera, de pronto, sin avisar, frente al Museo del Prado, y también fue triste (si esta es la palabra para designar estas cosas) que todo el mundo corriera a guarecerse dentro de los portales o junto a la pared. Lo más triste fue, sin duda, ver como lentamente el suelo se ponía brillante y negro de agua y de suelas. Necesité tres vasos de ron y una llamada telefónica para sobreponerme y ni aún así. El futuro será como sea pero sobre todo otoñal y después terriblemente invierno.
miércoles, octubre 05, 2005
Mordisco
Llamó anoche mamá yy me dijo que al final TíaVicen se había levantado y me puse triste y sentí cierto asco de mí mismo. A veces no puedo aguantar el ritmo en mi constante y angustiante lucha contra la desidia: dejo las cosas que debo hacer. Es entonces cuando hago una visita relámpago a Asturias y me digo: tienes que visitar a la TíaVicen. Me digo luego: bueno, puedo hacerlo en cualquier momento. Porque la TíaVicen vive en el mismo edificio que mamá, sólo dos pisos más arriba y solo tengo que coger la escalera para plantarme en su puerta en menos de un minuto y entonces darle dos besos, aguantar que me riña un rato por mi pelo y por estudiar una carrera estrafalaria y por tener rotos los pantalones; asomarme con ella al balcón y escuchar otra vez que los vecinos de enfrente seguramente son etarras porque hacen cosas raras (como dormir en colchones en el suelo) y reírme un rato y luego recibir, tal vez, algo de dinero y volver a mis cosas, que son fundamentalmente no hacer nada o estar en el bar. Pero, incluso con lo poco que cuesta, a veces no lo hago. Me digo que lo haré más tarde, o mañana, sabiendo en el fondo que no lo voy a hacer. Resulta que es lo que ha pasado este finde. La TíaVicen llamó a casa y preguntó por mi la noche antes de mi partida. Me puse y le dije que me tenía billete para las 9:30 de la mañana, que podía visitarla antes de irme. Ella dijo que era muy temprano, que aún así la despertara. Por la mañana me mentí diciendo que no quería molestarla, la TíaVicen es una anciana y no madruga. Me mentí porque en realidad lo importante es que no me apetecía. A cerrar la puerta de casa tras de mí oí el teléfono sonar al otro lado, hice caso omiso y tome el ascensor. Era la TíaVicen, me dijo mamá anoche, que se había levantado para verme cinco minutos, y lo peor es que yo ya sabía que era ella la que llamaba, y peor aún, que ya sabía que se iba a levantar ella solita, que no la iba a tener que despertar porque me quiere. Aún así tomé el ascensor, digo, y me fui derechito a la estación, muy de mañana. Y ahora me muerde un animal que albergo en el bajo vientre, será la conciencia, si es que yo uso de eso.
domingo, octubre 02, 2005
Mis coordenadas espaciotemporales son las siguientes: Oviedo, sábado noche, las doce y cuarto ya de la noche. Estoy frente a mi ordenador tartamudo acompañado por una lata de Mahou cinco estrellas y un paquete de Ducados Rubio, nuestro último gran descubrimiento: veinte barritas de cáncer inflamables por solo un euro y pico. La mayoría de mis amigos están en Madrid o en una boda a la que no he sido invitado -tampoco había la confianza suficiente-. He hablado con María y están tomando sidra, hoy vuelve Madalena después de un largo verano en Salou con un trabajo basura. Tengo ganas de verla.
He pasado la tarde charlando con mi ex por el messenger -invento crucial de nuestra sociedad- y escuchando algunos discos. Ahora mismo suena James Holden, un dj inglés que pincha trance -no se sorprendan, soy un tipo más cultivado, pero dejen sus prejuicios y escúchendo-. Mi madre se ha ido al cine con un amigo a ver la última de Fernando León de Aranoa, yo he declinado la invitación porque me amanecí perezoso y he oido que el film es largo, efectista y algo tedioso. Una pena pues realmente amaba a ese director. Otro día la veré.
He leido, también, los textos de Isabel, una mujer que no conozco y a la que envidio. Su prosa poética es sorprendente y admirable. Quisiera escribir como ella pero, ya ven, aquí estoy relatando simplemente un día aburrido y preguntándome si debería salir a ver a mis amigas y si debo o no ducharme. Mis axilas -o sobacos- opinan que si. Yo, la verdad, no lo tengo nada claro, amanecí perezoso hoy.
He pasado la tarde charlando con mi ex por el messenger -invento crucial de nuestra sociedad- y escuchando algunos discos. Ahora mismo suena James Holden, un dj inglés que pincha trance -no se sorprendan, soy un tipo más cultivado, pero dejen sus prejuicios y escúchendo-. Mi madre se ha ido al cine con un amigo a ver la última de Fernando León de Aranoa, yo he declinado la invitación porque me amanecí perezoso y he oido que el film es largo, efectista y algo tedioso. Una pena pues realmente amaba a ese director. Otro día la veré.
He leido, también, los textos de Isabel, una mujer que no conozco y a la que envidio. Su prosa poética es sorprendente y admirable. Quisiera escribir como ella pero, ya ven, aquí estoy relatando simplemente un día aburrido y preguntándome si debería salir a ver a mis amigas y si debo o no ducharme. Mis axilas -o sobacos- opinan que si. Yo, la verdad, no lo tengo nada claro, amanecí perezoso hoy.
Otoño, Oviedo
Oviedo es una ciudad fabricada con hebras de otoño. Porque es siempre otoño en Oviedo, incluso cuando no lo es, incluso en agosto o febrero. Pero Oviedo es más otoño aún cuando es otoño, en las tardes grisáceas de octubre o en los cafés humeantes que se sirven en Noviembre. Un lugar para otoñear, verbo que denota el acto de ver caer las hojas, imaginar algún verso melancólico y pasear por calles de piedra con bufanda y libro bajo el brazo. Las aceras húmedas comparten color con el cielo y siempre hay una gota en la superficie de los cristales.
No me malinterpreten. Esta bien el otoño en Oviedo. Madrid, por ejemplo, es una ciudad de pequeños vasos dorados de cerveza tomados al aire libre, de primavera y verano si lo prefieren. Y cuando una nube plomo ciega el cielo de Madrid hasta los cuervos bajan la cabeza. En cambio en Oviedo, en otoño, osea, siempre, se produce esa tristeza que provoca un placer morboso, tristeza un poco parisina poblada de paraguas negros y hermosas muchachas de boina, piel blanca y tersa y gesto infantil. Leve melancolía, si lo prefieren. Ya sé: me compraré un gran abrigo negro de segunda mano, lleno de bolas, y una bufanda roja, iré a un café con solera a fumar en pipa e intentar releer Rayuela. Cuando salga tal vez llueva, pero así estará bien.
No me malinterpreten. Esta bien el otoño en Oviedo. Madrid, por ejemplo, es una ciudad de pequeños vasos dorados de cerveza tomados al aire libre, de primavera y verano si lo prefieren. Y cuando una nube plomo ciega el cielo de Madrid hasta los cuervos bajan la cabeza. En cambio en Oviedo, en otoño, osea, siempre, se produce esa tristeza que provoca un placer morboso, tristeza un poco parisina poblada de paraguas negros y hermosas muchachas de boina, piel blanca y tersa y gesto infantil. Leve melancolía, si lo prefieren. Ya sé: me compraré un gran abrigo negro de segunda mano, lleno de bolas, y una bufanda roja, iré a un café con solera a fumar en pipa e intentar releer Rayuela. Cuando salga tal vez llueva, pero así estará bien.
miércoles, septiembre 21, 2005
Un sueño
Soñé anoche que se declaraba de nuevo una guerra y volvíamos a salir a la calle y otra vez llegaba la policia y nos golpeaba, ellos con sus cascos negros, sus porras negras, su pecho negro con un zapato dentro, nosotros con nuestros pelos locos y la cabeza llena de pájaros.
jueves, septiembre 08, 2005
Txetxu ya no vive aquí
Ayer dejé mi casa. O la que era mi casa, antes. Así que ayer ya es antes. En un acto que debería haber sido solemne hice entrega de mis llaves a Yoli, después de dos años y medio de convivencia. Pero como, aunque a mi me gustaría, la vida no es una película, resultó de lo más light.
Llegamos a la casa de Ópera un 7 de Diciembre, huyendo de aquel horror en que se había convertido la casa de Atocha. Por esas fechas caía el cumpleaños de Rory y lo celebramos junto con la inaguración. Recuerdo que un inglés se cayó borracho sobre la mesa y se hizo pequeñas heridas con cristales en la espalda, había manchitas de sangre en su camiseta. Otro de ellos recibió un directo a la mandibula de manos de un vecino enfurecido que acechaba en la escalera. Anyway aquel guiri no nos caía muy bien, era de color rosa.
La casa de Ópera, al contrario que la que habíamos dejado atrás, era de lo más burgués. Yo siempre lo dije: como de un matrimonio de mediana edad esperando su segundo hijo -y que por favor salga la parejita. Como dice en los carteles con los que anunciamos ahora la habitación libre tiene de todo (todas las comodidades): aire acondicionado, calefacción, parquet, lavavajillas... Y el barrio era céntrico y tranquilo, poblado de buena gente y sin problemas, aunque solo faltaba dar la vuelta a la esquina en la calle leganitos para encontrarse con todo bullicio del centro y los peligros de la noche, los indigentes, las putas,la gente armada y los taxistas.
Fui feliz en esa casa, y también fui de lo más desdichado. A veces lloré. Pero dicen que el hogar es donde ha dolido el corazón, así que supongo que fue mi hogar durante un tiempo crucial. Ayer, con la habitacíón ya completamente vacía y limpia se me encogió el pecho y me sentí traicionado al pensar que alguien vendrá ahora y llenará las paredes y los armarios con sus cosas. Es extraño despedirse de las casas vacías, igual que despedirse de un cadáver de gala y maquillado. Ayer me fumé un cigarro en el balcón y escuché mecerse al viento una vez más los árboles del Senado que tanto me acompañaron por las tardes. Cogí mis últimas cosas, bajé tres pisos de escaleras, le dije adiós a una vecina y la puerta se cerró detrás de mi cuando salí a la calle. Es curioso, por primera vez en meses llovía.
Llegamos a la casa de Ópera un 7 de Diciembre, huyendo de aquel horror en que se había convertido la casa de Atocha. Por esas fechas caía el cumpleaños de Rory y lo celebramos junto con la inaguración. Recuerdo que un inglés se cayó borracho sobre la mesa y se hizo pequeñas heridas con cristales en la espalda, había manchitas de sangre en su camiseta. Otro de ellos recibió un directo a la mandibula de manos de un vecino enfurecido que acechaba en la escalera. Anyway aquel guiri no nos caía muy bien, era de color rosa.
La casa de Ópera, al contrario que la que habíamos dejado atrás, era de lo más burgués. Yo siempre lo dije: como de un matrimonio de mediana edad esperando su segundo hijo -y que por favor salga la parejita. Como dice en los carteles con los que anunciamos ahora la habitación libre tiene de todo (todas las comodidades): aire acondicionado, calefacción, parquet, lavavajillas... Y el barrio era céntrico y tranquilo, poblado de buena gente y sin problemas, aunque solo faltaba dar la vuelta a la esquina en la calle leganitos para encontrarse con todo bullicio del centro y los peligros de la noche, los indigentes, las putas,la gente armada y los taxistas.
Fui feliz en esa casa, y también fui de lo más desdichado. A veces lloré. Pero dicen que el hogar es donde ha dolido el corazón, así que supongo que fue mi hogar durante un tiempo crucial. Ayer, con la habitacíón ya completamente vacía y limpia se me encogió el pecho y me sentí traicionado al pensar que alguien vendrá ahora y llenará las paredes y los armarios con sus cosas. Es extraño despedirse de las casas vacías, igual que despedirse de un cadáver de gala y maquillado. Ayer me fumé un cigarro en el balcón y escuché mecerse al viento una vez más los árboles del Senado que tanto me acompañaron por las tardes. Cogí mis últimas cosas, bajé tres pisos de escaleras, le dije adiós a una vecina y la puerta se cerró detrás de mi cuando salí a la calle. Es curioso, por primera vez en meses llovía.
martes, agosto 30, 2005
Miedo
Estoy realmente acojonado ante la llegada del otoño. Me pondré amarillento o marrón y me caeré al borde de cualquier camino del parque. Y allí estaré hasta que me lleve una ráfaga de viento gris o un hombre con rastrillo me coloque sobre un montón de hojas secas, amarillas o marrones. Es verano hoy aún...
viernes, agosto 26, 2005
Desidia
Desidia o apatía. La mayor parte de la semana transcurrió en casa con las persianas bajadas, viendo desde la cama la series del Paramount Comedy sumergido en la penumbra, masturbándome en exceso y alimentándome de latas de fabada Litoral. Y al encenderse las farolas de la calle acercarme hasta el bar y agarrarme fuerte a la barra como quien se agarra a un madero en un naufragio. Al volver a casa me chocaba con las paredes.
sábado, agosto 13, 2005
Aerolineas Genitales
Qué maravilla pasearse por la casa en pelota picada, caminar por el pasillo, dejarme caer un rato por el salón, sentir el fresquito de la nevera contra mi pecho desnudo, así hasta plantarme delante del espejo de cuerpo entero, comenzar a mover rítmicamente en círculos la cadera y observar, alucinando bellotas con la naturaleza y el cuerpo humano, como mis genitales comienzan a girar haciendo el movimiento de un molino o un helicóptero. Una pena no conseguir la velocidad suficiente para despegar los pies del suelo y salir volando, con mi polla y mis cojones como aspas, hasta un lugar mejor que este, como la orillita del mar en Cádiz o un estado libre asociado de conciencia.
No puedo
Básicamente soy un inútil. Si como pasa con el cerebro que está formado en capas desde el cerebro de reptil -en lo más hondo- hasta el córtex o en las muñecas rusas o en las cebollas, nosotros también nos construimos a capas dentro de mí hay, sin duda, un niño inútil, y esto me condiciona. De guaje cuando estábamos en el cole yo era el que siempre llegaba el último en el test de Cooper, el que menos potencia de escupitajo poseía y también el que perdía el balón en los partidos de baloncesto. Al llegar a la adolescencia la cosa mejoró al empezar a valorarse otro tipo de cosas como el don de gentes o los chistes malos. Pero algo de aquel niño inepto quedó y ahora existe una fuerza invisible que obra sobre mí y me impide cumplir con mis obligaciones más inmediatas.
Fumo ahora mi primer cigarro del día - son las ocho de la tarde- mirando por la ventana y pensando que Oviedo es una ciudad de juguete poblada por ciudadanos muñeco cuando se me ocurre que en vez de terminar la jornada haciendo un inventario de las cosas que he hecho mejor debería hacer lo contrario: listar las cosas que debo hacer y que nunca hago por pura desidia, como por ejemplo estudiar o visitar a mi TíaVicen. Al menos he conseguido escribir algunas cosillas en mi olvidado blog y por otra parte es preferible ser un inútil que un tonto útil, aunque menuda gilipollez, quien no se consuela es porque no quiere, eso está clarinete. Otro cuento que me cuento.
Fumo ahora mi primer cigarro del día - son las ocho de la tarde- mirando por la ventana y pensando que Oviedo es una ciudad de juguete poblada por ciudadanos muñeco cuando se me ocurre que en vez de terminar la jornada haciendo un inventario de las cosas que he hecho mejor debería hacer lo contrario: listar las cosas que debo hacer y que nunca hago por pura desidia, como por ejemplo estudiar o visitar a mi TíaVicen. Al menos he conseguido escribir algunas cosillas en mi olvidado blog y por otra parte es preferible ser un inútil que un tonto útil, aunque menuda gilipollez, quien no se consuela es porque no quiere, eso está clarinete. Otro cuento que me cuento.
La desgracia del melómano
Cuando uno entiende de música no le respeta nadie, es la hostia. He dedicado una parte importante de mi vida a escuchar discos de una gran variedad de estilos, a mangarlos en las grandes superficies, a bajármelos de internet, a mover el cacas en todo tipo de garitos, a leer libros y revistas sobre el tema, a charlar, a ir a conciertos. Pero claro, entender de música no es algo bien visto. En cambio si uno tiene por aficción los perros, los coches o los rifles es tratado como una autoridad en la materia. Nadie niega que conoce el tema en profundidad porque, en realidad, poca gente entiende de estas cosas. Pero como la música es una cosa tan común con la que nos bombardean y hasta nos hacen burla continuamente todo el mundo se cree con derecho a tener una opinión autorizada, y no es así. Cuando tu das la tuya -que generalmente si lo es- o cuando nombras una banda desconocida ya te toman por un snob que se las quiere dar de entendido. Y no es que me las quiera dar, es que lo soy. Coñe.
El clero volador
Hoy he visto a un sacerdote cruzar la calle por donde no debía y cada vez que veo algo así pierdo de nuevo la fe. Era además un cura con todas las de la ley: viejo, de pelo completamente cano y con sotana. Y sin ningún respeto por los pasos de cebra. Resulta que esos que desde los púlpitos nos exigen continuamente obediencia a las normas -al menos a sus normas- luego se saltan a la torera el código vial. Aunque claro, bien mirado tal vez sea que los curas solo están sujetos a las leyes de Dios y las leyes terrenales sean para ellos una nimiedad. Así que propongo que les instalemos bajo los faldones unos retropropulsores que los eleven por los aires y asi no interfieran el tráfico. Sería divertido ver a todo el clero volando por ahí y tal vez chocando entre ellos y cayendo del cielo cual Lucifer. Sería divino.
sábado, junio 25, 2005
Que pena de Blog
Reviso mi olvidado blog y me encuentro, sorprendido, un comentario en el último post. Dice que este es un blog muy solitario, que en otros se agolpan cientos de comentarios. Que triste, ¿verdad? Lo cierto es que ocurren varias cosas:
1. Que la gente que conozco y lee esto es mala gente, sin creatividad ni inquietudes, sin arte. Y mira que conozco gente.
2. Que escribo muy poco, prefiero pasear por el centro. Además el panorama aquí en la página no es muy halagüeño.
3. No se me ocurren más razones.
Por cierto, si se obra el milagro y decidis dejar un mensaje deberíais identificaros, siempre aparece "anonimo". En fin, ahora que acabo con mis obligaciones académicas prometo grandes sorpresas.
1. Que la gente que conozco y lee esto es mala gente, sin creatividad ni inquietudes, sin arte. Y mira que conozco gente.
2. Que escribo muy poco, prefiero pasear por el centro. Además el panorama aquí en la página no es muy halagüeño.
3. No se me ocurren más razones.
Por cierto, si se obra el milagro y decidis dejar un mensaje deberíais identificaros, siempre aparece "anonimo". En fin, ahora que acabo con mis obligaciones académicas prometo grandes sorpresas.
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